Sakura — La Doncella Salvaje

Cuando el dolor y las náuseas remitieron y se le aclaró la vista, Hosoda Genji vio que no seguía en la casa ni había rastro alguno de los daimah y los atacantes: estaba en un bosque, un robledal denso, oscuro y en silencio. Miró, asombrado, a su alrededor. A pocos metros, vio a Reiko, con el tanto de Minako-hime en la mano, y a Hitomi. La piel desnuda de las dos relucía a la luz de la Luna. Reiko lo miró con los ojos muy abiertos, luego se miró y la sorpresa dio paso a la vergüenza. Se giró, tapándose con los brazos.

—¡Genji! —gritó.

El samurái dio la espalda a las muchachas. Palpó su cuerpo con la mano libre, notando su propia desnudez. ¿Y la ropa? Intentó pensar. Había desaparecido todo rastro de los Shimazaki, incluso la ropa que les habían dado. Pero ellos estaban aquí. ¿Estarían también sus cosas? Intentó orientarse, recordar la distribución de la casa. ¡Bingo! Ahí estaba el equipaje.

Continuar leyendo »

Toaru Hikūshi e no Koiuta

A nadie sorprenderá ya si digo que tengo debilidad por el subgénero bélico de escuadrón. Toaru Hikūshi e no Koiuta (Canción de amor para un piloto) entra dentro de este género. Es una serie de novelas ligeras de Koroku Inumura (historia) y Haruyuki Morisawa (ilustraciones), adaptada al anime en 13 capítulos bajo la dirección de Toshimasa Suzuki y producido por el veterano estudio TMS Entertainment.


Kal-el y su hermanastra Ariel en uno de los cascajos de entrenamiento

Continuar leyendo »

Sakura — El bosque encantado

Grandes coníferas cuyos troncos ni seis hombres podrían abarcar; helechos que superaban la altura de un caballo; pájaros fantásticos volando de rama en rama; kodamas, con su extraña mueca, asomándose tras los troncos; una humedad pegajosa que hacía que les gotease ya el cabello y la punta de la nariz y unos colores tan vivos que hacían daños a los ojos. Ni rastro ya de los yermos del Sendero del Bushido ni del portal que habían cruzado cinco minutos antes. Habían llegado y todos esperaban que fuera el destino buscado.

Continuar leyendo »

Sakura — El sendero del bushido

Hosoda Genji forcejeó para poder sacar el tanto y cortar la red. Los tengu estaban ya lejos, volando rumbo al norte. Ignoró al ronin medio muerto que yacía a pocos metros de él y se dirigió hacia donde oía a Kato Misaki. Lo encontró luchando con su oponente, a mordiscos incluso, atados ambos bajo la misma red. Genji no estaba para bromas y les pegó cuatro gritos para que se estuviesen quietos. Tras cortar la red, señaló al ronin el camino seguido por sus compañeros.

—¡Largo!

El ronin no dudó: en los ojos del samurái había promesas de muerte.

—Los tengu tienen a Ishikawa-dono y a Hitomi —informó a Kato—. Si no los perseguimos rápido, las perderemos.

Volvieron a la carrera a donde habían dejado los caballos. El campamento había sufrido un huracán: mantas, utillajes, los sacos del arroz… estaban todos tirados y desparramados. Los caballos habían roto sus ataduras y estaban dispersos: las dos mulas colina abajo, el caballo de Kato y el Hitomi juntos más allá, los de Reiko y Genji (Hirano ambos) en mitad del destrozo, esperando pacientemente a sus amos. Genji reagrupó y ensilló las monturas mientras Kato recogía lo salvable.

Continuar leyendo »

Sakura — Un asunto de honor

Se pusieron en marcha bien avanzado abril. Ishikawa Reiko, Hosoda Genji, Kato Misaki y Hitomi, con caballos y dos mulas con la impedimenta. Rumbo al norte, esperando encontrar las tierras del clan Shimazaki, en el misterioso Bosque de Karasu, en tierras del clan Karasuma. El tiempo seguía imprevisible, una pugna entre el sol de primavera y el ritual del invierno que tan pronto traía nevadas como lluvias o días de temperatura agradable, que provocaban aludes y crecidas en los ríos; por la noche, las heladas acababan con las pocas plantas que se atrevían a brotar. Los campesinos estaban asustados, más que de costumbre, y se echaban a temblar ante las nevadas, ante el sol que calentaba, ante los samuráis que pasaban y ante los lobos que aullaban cada vez más cerca.

Continuar leyendo »

Isekai Sokudou

Peculiar serie de este verano, basada en la serie de novelas ligeras de igual título, que nos haba de un restaurante de cocina occidental del Tokio actual que los sábados abre sus puertas en un mundo medieval-fantástico. Puertas en plural: la puerta del restaurante aparece repartida a lo largo y ancho del mundo, en muchos lugares. Y, así, los sábados se junta una variopinta colección de personajes en el local: un viejo mago, un samurái, un hombre león cubierto de cicatrices, un hombre lagarto, un grupo de hadas golosas, una dragona antigua y cuasi divina…

El restaurante, en hora punta

Continuar leyendo »

Sakura — La cabaña errante

El grupo permaneció unos días en tierras de los Masaki, mientras Hosoda Genji se recuperaba de las heridas sufridas en su duelo con Mikoshi Yotaro. Kato Misaki aprovechó esos días para volver con su familia y poner sus asuntos en orden. Ishikawa Reiko pasó los días en el archivo, buscando información sobre los Shimazaki, el esquivo clan que compartía, con los Okuzaki, la titularidad del Templo de las Cuatro Estaciones de Tsukikage. Lo poco que encontró apuntaba al norte del Bosque Karasu, en tierras de los Karasuma, un gran bosque con fama de encantado que ocupaba la península que hacía de extremo norte de la gran isla de Varja. Coincidía con lo que le había contado Hitomi. Reiko sospechaba que los Shimazaki eran daimah, al igual que los Okuzaki. La acólita no parecía saber nada o, si lo sabía, no había respondido al sutil tanteo de Reiko.

Para Hosoda Genji, aquellos días en los que obligó a su señora a esperar por él fueron un suplicio. En su vida se había sentido un lastre tan inútil. Abandonó pronto el lecho, pese a las protestas del médico. A falta de cascada helada bajo la que meditar y con la prohibición expresa de Reiko de practicar kendo, optó por los paseos. Al principio a pie, luego a caballo. Iba solo, acompañado de Hitomi o, un par de veces, de Reiko. Precisamente, en uno de estos paseos vivieron una de sus aventuras más extrañas.

Continuar leyendo »