Baile de Máscaras — Remontando el Carignan

Los tres jóvenes aún permanecieron un rato en casa del marqués de l’Aigle Couronné, escribiendo cartas a sus familias contando lo ocurrido y discutiendo el plan de acción. Eran pasadas las diez cuando, tras encomendar las cartas al marqués, incluyendo una de Jacques Lafleur para Eloise de Ferdeine, abandonaron la casa.

El viaje propuesto por el marqués: de Dupois (1) a la aldea de Grausse (2) por río y de ahi a Ourges (3). El plan de los aventureros era ir ahí a Voillermont por carretera, atrochar por sendas a Le Drac y volver por barco a Chaville


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Baile de máscaras — Duelo al amanecer

El día siguiente, miércoles, era el día de la fiesta de los D’Aubigne. Los hermanos Leclair y Michel se permitieron disfrutar del ambiente festivo de la ciudad, para recogerse a media tarde, vestirse y acudir a la fiesta.

El local elegido por Jacques estaba muy bien situado, con vistas al lago central de la ciudad y al precioso Palais Du Blanc. Su estilo, antiguo y pasado de moda, había sido hábilmente disimulado por Julien. Fue una fiesta pequeña, para cuarenta o cincuenta invitados, que dejó muy buen sabor de boca y daría de hablar.


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Baile de máscaras — Eloise de Ferdeine

—La maldita estocada al corazón del marqués de la Tour d’Azur —rezongó Eugène de Guignes, marqués de l’Aigle Couronné—. Siempre al corazón, siempre mortal. Ni los dos mejores espadachines de la Orden de Justine, el conde de la Fethe y Fortune d’Averne, se atreven a enfrentarse a Loup de la Croix. No sé la de veces que la he visto en acción y todavía no he averiguado cómo defenderme de ella.

Era la mañana del martes, justo después del funeral de Fernand Duchamp. Se habían reunido en una taberna cercana a la iglesia los hermanos Lafleur, Colette Leclair como su hermano Noel (el joven no se había recuperado de los excesos del domingo), Michel Laffount y el marqués de l’Aigle Couronné. Michel había contado los acontecimientos de la víspera al marqués, entre unos tragos de vino y brindis en memoria del fallecido.

…entre unos tragos de vino y brindis en memoria del fallecido.


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Fune wo Amu

El polvoriento y olvidado departamento de diccionarios de una gran editorial intenta sacar adelante un nuevo diccionario, el Daitokai. Desde el punto de vista de la última incorporación al departamento, el raro Mitsuya Majime (Takahiro Sakurai, Kururugi en Code Geass), conocemos el departamento y el largo desarrollo del diccionario.

Peculiar planteamiento para una serie peculiar, basada en la novela homónima de Shion Miura y dirigida por Toshimasa Kuroyanagi para el estudio Zexcs. 11 episodios de buena factura técnica donde tenemos un poco de todo: la carta de amor de varias páginas de Majime; el buen tándem de trabajo que hacen éste y el comercial Masashi Nishioka (Hiroshi Kamiya, Izaya en Durarara!!); la vieja casera de Majime, Take Hayashi (Ikuko Tani); la presencia relajante y estimulante a la vez del profesor Matsumoto (Mugihito, el veterano doctor de Uchuu Senkan Yamato 2199)… Todo un descubrimiento, ideal para las tardes de otoño que se avecinan.

La serie, hoy por hoy, está disponible en España en Amazon Prime como The Great Passage.

El misterio del cadáver decapitado

Llevaba un tiempo dándole vueltas a una campaña de samuráis que tuviera como uno de sus protagonistas a un «oficinista» al estilo de los samuráis que salen en Seibei del Ocaso. Un procedimental de investigación, por lo menos en sus comienzos. Este verano, antes de vacaciones, salió la oportunidad de jugar un día y tuve que improvisar una partida. Y volví sobre esta idea, se lo planteé a los jugadores y así surgieron el cínico Saito Mori (Charlie) y el novato Tanaka Yasunobu (Menxar).

El día a día de Saito y Tanaka


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De vacaciones

He estado estos días desconectado de todo (ordenador, trabajo, anime, rol…) con nuestro habitual periplo veraniego por tierras burgalesas. Como siempre, hemos tenido un poco de todo: la edición de este año de Las edades del hombre se celebraba en Lerma, así que hemos aprovechado para acercarnos, que son exposiciones siempre interesantes; completamos el viaje cultural con nuevas visitas al monasterio de Santo Domingo de Silos (mala suerte, nos tocó el mismo guía de voz monocorde) y al siempre recomendable museo de la colegiata de Covarrubias.

Colegiata de Covarrubias


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Irozuku Sekai no Ashita kara

Se nos presenta aquí una serie de instituto con el tradicional extraño club (cuatro chicas y tres chicos), con sus problemas y neuras. La protagonista es Hitomi Tsukishiro, una muchacha con problemas de depresión y baja autoestima que le provocan que vea en blanco y negro. Su llegada por sorpresa al instituto nos sirve de punto de entrada con el resto del club de fotografía, francamente encantadores (Shou Yamabuki, el fotógrafo y chico guay; Asagi Kazeno, su amiga de la infancia y especializada en hacer fotos a animales; el excéntrico Chigusa y la divertida Kurumi), y del más soso, pero con su encanto, miembro del club de arte: Yuito Aoi. Por algún motivo, Hitomi puede ver los colores de los dibujos de este último.

El grupo protagonista, al completo

La llegada de la abuela de Hitomi, Kohaku, todo lo contrario a su nieta, completa el club y el grupo de amigos.

Sí, he dicho su abuela.

Para dar un toque de originalidad a una historia más que vista, Iroduku mete magia y viajes en el tiempo en la ecuación: la Kohaku del futuro manda a su nieta al instituto de la Kohaku joven. Quitando la parte de la magia, el resto es el bien conocido paso de la infancia a la madurez a través de la adolescencia.

Serie de P.A.Works (True Tears, Glasslip), con el buen hacer habitual del estudio y que basa su encanto en un gran, gran trabajo de dibujo (edificios, calles, parques…), colores y música. Es del 2018 y está en Amazon Prime como Iroduku. Quizás lo más destacable sean los paseos por los cuadros, un toque a lo Mary Poppins con final oscuro.

Una serie interesante de ver por su apartado técnico, entretenida, aunque algo irregular.

Rutger Hauer

La semana pasada nos dejó Rutger Hauer. Actor holandés cuyos orígenes corren parejos a los del director Paul Verhoeven, se coló en producciones de Hollywood en los 80 y quedó relegado a películas de bajo presupuesto y producciones televisivas a partir de los 90. Su papel más recordado es el del replicante Roy Batty de Bladerunner y con ese papel y su monólogo final ha sido recordado en prensa y televisión estos días.

Para mí, cosas de la infancia, es, primero y ante todo, el capitán Navarre de Ladyhawke (Etienne de Navarra leo en la Wikipedia, aunque nunca lo había visto así antes). Y, algo después, fue también el detective Harley Stone de Segundo sangriento, película que me sirvió mucho para captar el lado más sórdido de Cyberpunk 2020 y de la que guardo en la memoria el haber jugado una continuación bajo la batuta de MvR.

No estará en ninguna lista de los mejores actores de todos los tiempos, pero su sola presencia realzaba cualquier producción en la que participara.

Baile de máscaras — La Danza de los Carruajes

Dupois, la ciudad del cisne blanco, la joya de la corona de Gabriel, edificada en una zona de manantiales y lagos que alimentaban el Carignan. Sus grandes bulevares, sus magníficos palacios y teatros, sus populosos barrios se levantaban en terreno ganado a las marismas y, a su alrededor, granjas, ríos, bosquecillos y los lagos supervivientes lucían hermosos y perfectos, como si un regimiento de jardineros obsesionados e incansables cuidasen de que hasta la última briza de hierba estuviera en armonía con el resto. Las aves que invernaban en los lagos seguían siendo la estampa más conocida de la ciudad y el espectáculo de la migración de primavera, es especial de los cisnes, había sido tema de poemas, sonatas y sinfonías y era festejado con verbenas y bailes de toda condición social.

La Danza de los Carruajes

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Baile de máscaras — El eclipse

El sábado 17 de marzo, el día del eclipse de luna, amaneció radiante, con el rocío fresco y abundante en los campos y la atmósfera limpia, con una brisa que se llevaba los pesados olores de Chaville. Era el segundo día de la desaparición de Émilien y todos sentían que el tiempo apremiaba.

Fernand, con gran dolor, no pudo participar en la búsqueda de su hermano: su visita a Chaville había sido por un asunto profesional, unas consultas que debía hacer. Apelando a la desaparición de Émilien, había conseguido retrasarlas al sábado por la mañana, para luego tomar la diligencia de vuelta a Dupois. Ya se había despedido del resto del grupo tras la cena.

Jacques Lafleur se había levantado bien temprano esa mañana, con idea de organizar la cuadrilla de búsqueda que había comentado la noche anterior. Tiró de amigos, conocidos y los criados de éstos y, para las diez de la mañana, tenía un grupo de veinte o veinticinco personas en el camino de poniente.


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