Anifainder II.1 — Categorías

Hablaba el otro día de la modificación de las categorías de Ánima. Voy a intentar explicar más a fondo lo que quiero lograr.

Habilidad de defensa

En Ánima, recordemos, tenemos dos habilidades de defensa: Parada y Esquiva. De éstas, desarrollamos una (o ninguna, para magos y psíquicos, pero eso es otra historia). Cuál viene obligada, la mayoría de las veces, por la categoría escogida: el coste de la Esquiva es siempre de 2 (necesitamos 10 puntos de desarrollo para comprar 5 puntos de habilidad), mientras que el de Parada es 2 o 3, dependiendo de la categoría.

Todas las categorías que no son del arquetipo Luchador tienen Parada a coste 3, y algunas categorías dentro de Luchador, también. Así, el Ladrón está obligado a Esquiva, pero también lo está el Guerrero acróbata. Luego, sólo algunos de los Luchadores pueden elegir entre Parada y Esquiva.

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Proyectos roleros

Tengo una lista de proyectos roleros futuros. En tiempos, la ponía en la entrada de fin de año, para ver al año siguiente si había cumplido algo, pero dejé de hacerlo cuando el Tiempo empezó a comportarse de forma tan extraña. Pero, ahora que ya se vislumbra el final de Baile de máscaras, la he desempolvado y la estoy revisando, a ver qué encuentro:

Jugar

Esto es lo primero. Si no juego, no dirijo. Es sentarme a la mesa y entrarme ganas de ponerme al otro lado de la pantalla, me vienen ideas de aventuras y de campañas, de reglas, mil cosas. Me tiro una temporada en dique seco (o esclavizado dirigiendo) y empiezo a considerar la petanca como mi siguiente hobby.

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Anifainder I

En 2018 tuvimos el anuncio de la 2ª edición de Ánima Beyond Fantasy (edición que, sinceramente, no albergo esperanzas de ver nunca). De lo poco que supimos, es que abandonaba el d100 en favor del d10 y buscaba simplificar el sistema, siguiendo el camino marcado por D&D5. Este punto fue para mí un «pues se acabó». Con la primera edición oficialmente muerta (en aquellos momentos, también descatalogada, aunque un tiempo después volvieron a la venta en pdf), me sentí libre de despegarme de la edición en curso (digamos 1.5, Core Exxet) y montarme mi Pathfinder de Ánima a mi gusto.

Cuando me planteé esto, estaba por empezar una nueva campaña, Baile de máscaras. Como no tenía pensado que fuera muy larga, aplacé el tema. Luego vino la pandemia, problemas mentales, problemas con la campaña y mil cosas más y aquí seguimos sin terminarla, camino de sus cinco años de vida. Pero se acerca a su fin, así que he desempolvado notas y apuntes y tener una visión de adónde quiero ir.

Está todo muy verde. En muchos casos, son apenas ideas. Y luego habrá que testearlo en mesa y quitar o poner según los resultados, pero el camino que me he marcado es éste:

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Otro año más en la contienda

Pues resulta que se acaba ya 2023. No tengo muy claro dónde se ha ido, porque el invierno fue movido y lento (se fueron dos compañeros del departamento y hubo que reestructurar muchas cosas), en primavera estábamos haciendo planes para el verano y… es 29 de diciembre.

Ha sido un año extraño, marcado por las lesiones de Menxar y donde mi estado de ánimo ha ido dando tumbos, con una profunda astenia primaveral que no me daba desde la universidad y una crisis en noviembre, donde se me vino el mundo encima. De momento, lo voy tramposeando centrándome en el trabajo. Con extra de trabajo.

En la parte lúdica ha ido peor. Llevo desde antes de pandemia con una campaña que no me gusta dirigir y que había ido solventando con oficio, pero en septiembre decidí colgar los dados tras una partida nefasta por mi parte. Sólo quedan tres aventuras y sé que todo es sentarse, prepararlas y luego dirigirlas, pero ahora mismo no soy capaz. Como no tengo tiempo ni para respirar (ver párrafo anterior), de momento puedo escaparme. Pero tengo una campaña de Runequest (The Red Cow, de Heroquest) esperando y no puedo dedicarle tiempo mientras no cierre Baile de máscaras.

El blog también está casi abandonado (11 míseras entradas). Sobrevive de normal con la narración de mis campañas y las nueve aventuras jugadas este año están sin escribir. El que sí he resucitado un poco es el otro, el de informática.

En fin, un año raro, otro más desde pandemia. Un año más que seguimos, de alguna forma, por aquí. Ya veremos que trae el siguiente (llevamos pandemia, guerra, genocidio… a ver qué toca).

Nos vemos en el Forlon.

Sacrificio a Mammón

Este septiembre he dibujado un intrincado sello (sacado del Clavículas de Salomón que tengo en la estantería) y he utilizado un afilado cuchillo lleno de símbolos místicos para sajar mi tiempo libre y ofrecérselo a Mammón, dios de la codicia. En román paladino, he empezado a hacer de lancero libre por las tardes, para traer unos maravedíes más a casa. He empezado a apuntar en mi hoja de pj las pérdidas de puntos de cordura que conlleva estar todo el día con SAP a vueltas y espero adaptarme pronto, por mi salud y mi cordura.

The worship of Mammon


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El síndrome del máster eterno

Aunque ya había jugado alguna partida suelta en el instituto, cuando de verdad empecé a jugar a rol fue en Madrid, en la universidad. Jugué y luego me animé a dirigir, pero fue la única época de mi vida en la que jugué más que dirigí. En mi etapa en Badajoz podría contar las partidas jugadas con los dedos de dos manos, pero dirigí tres años de una gran campaña de Nephilim y me las apañé para dirigir también bastante a Pendragón, junto con algunas partidas sueltas de otros juegos (Comandos de guerra, Cyberpunk, Babylon Project, Piratas!!).

La primera década del siglo la puedo dividir en dos partes claras: la primera, donde apenas hubo rol práctico (le di mucha caña a Runequest, hasta el punto de quemarlo para quince años, pero mucho de desmontar y montar el sistema de juego y discutir en foros y listas de correo más que llevarlo a una mesa que no tenía entonces, por cuestión de lejanía física). En la segunda mitad, descubrí Ánima Beyond Fantasy (otoño 2005) y, poco a poco, volvimos a montar mesas de juego. Como máster, of course, pero también conseguí jugar alguna partida.

Yo, hoy.


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Anime — Primavera 2023

En la pasada temporada de primavera no seguimos tantas series como en invierno, pero las ha habido muy buenas.

Tengoku Daimakyou, también conocida con su título en inglés (Heavenly Delusion). Nos sitúa en un Japón post-apocalíptico. Un chaval de quince años, Maru, busca un lugar conocido como El paraíso. Kiruko, una chica de 18-20 años, está contratada como su guardaespaldas. Siguiendo el viaje de estos dos, veremos el mundo en ruinas y la vida de sus habitantes: enclaves que funcionan, bandidos, peligros… Se añade a la ecuación unos monstruos de diseño extraño que aparecen de cuando en cuando y son capaces de poner en peligro hasta asentamientos bien establecidos.

Kiruko y Maru


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Vacaciones accidentadas

(Disclaimer: esta entrada lleva spam a punta pala).

Este año he tenido las vacaciones a primeros de julio, por primera vez en muchos años. Y empezaron mal, con el coche en el taller. Paso la revisión todos los años para el Corpus y en esta visita le sacaron a Alphonse unos cuantos problemas que requerían arreglo antes de meternos cerca de 3000 kilómetros cruzando España. Total, que de salir el viernes nos olvidamos, porque las fugas eran más graves de lo esperado en un principio y las piezas necesarias llegaron tarde. El sábado intentamos paliar este gatillazo vacacional dando una vuelta por Sevilla, que me llevó a probar el helado de palmera de Bolas (¡qué cosa más rica!), pero el lunes y el martes por la mañana fueron de mordida de uñas. ¿Saldríamos de vacaciones?

Alphonse, quince años llevándonos a todas partes. Ya tocaba que le salieran los achaques.


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George Winston

El pasado 4 de junio nos dejó George Winston, mítico pianista de las nuevas músicas y artista más reconocible del no menos mítico sello Windham Hill. Posiblemente, el primer nombre que se nos venga a la cabeza al pensar en un pianista de finales del XX. Descansa en paz y gracias por todo.

Disclaimer: yo siempre he sido más de Narada y al pensar en pianista, el primer nombre que se me viene es David Lanz, pero George Winston vendrá detrás.

Ian Bairnson

Me entero por mi hermano de que el 7 de abril de este año nos dejó el guitarrista Ian Bairson, uno de los pilares fundamentales y más reconocibles de The Alan Parsons Project.

Descansa en paz y gracias por todo.