Full Metal Panic! Invisible Victory

Ya no tenía esperanzas de ver una tercera temporada de Full Metal Panic!. La primera, de la mano de Gonzo, llegó en 2002. Fíjense ustedes si ha llovido que el formato era cuadrado, no panorámico. Fueron 24 episodios que desglosaron, en varios arcos argumentales, las andanzas del literal Sousuke Sagara (Tomozaku Seki, Chiaki en Nodame Cantabile) y de la agresiva Kaname Chidori (Satsuki Yukino, Kagome Higurashi en Inuyasha) en un mundo parecido al nuestro, pero con mechas.

Chidori y Sagara, de vuelta por fin

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Wotaku ni Koi wa Muzukashii

Divertimento corto (once capítulos, que dejan con ganas de más), adaptación del manga del mismo nombre de la mano de A-1 Pictures y bajo dirección de Yoshimasa Hiraike (Amagami SS, Working!!). Cuatro compañeros de trabajo, los cuatro otakus, en su día a día. Y ya. Una comedia ligera, sin pretensiones, ideal para este verano que acaba. Pero también es una producción muy cuidada: dibujo, animación, guion, ritmo y una gran selección de actores de voz (poco conocidos la pareja protagonista, más veteranos el resto). Una agradable sorpresa.

El cuarteto protagonista

He seguido la versión de Hakoniwa. Un buen trabajo, aunque algunas frases lo deslucen.

Houseki no Kuni

Trozos antropomórficos de minerales con forma de muchachas dándose de leches con selenitas de reminiscencias hindúes a espadazos, mientras la habitual protagonista inútil, patosa y voluntariosa intenta madurar y hacerse más fuerte. Envuelto en una animación por ordenador que, al principio, choca bastante, es lo que ofrece Houseki no Kuni, adaptación del manga homónimo o, mejor dicho, del principio del manga, pues sus 12 episodios dejan muchas preguntas y pocas respuestas.

¿Quién no pierde un pedazo en el fragor de la batalla?

No puedo decir que sea una gran serie y, sin embargo, me ha enganchado y me ha dejado con ganas de una segunda temporada. Quizás sea su planteamiento, que recuerda a una historia bélica, subgénero de escuadrón (presentación de los personajes, patrullas interminables, esporádicos combates, el aburrimiento o la rutina entre alertas, las bajas). Sirve también para conocer múltiples minerales y repasar su formulación y estructura en las cortinillas del intermedio.

Sin una segunda temporada que avance la trama de fondo, me resulta difícil recomendarla, pero creo que ya por el arco de la babosa marina o del invierno merece la pena. Dirige Takahiko Kyougoku (Gate) y tiene un plantel de voces que quita la respiración.

La versión que he seguido ha sido la de Anacrónico Fansub.

Violet Evergarden

Tengo especial debilidad por Kyoto Animation (más o menos, la misma que tenía hace quince años por Gonzo). Tienen grandes series en su haber, creadas con mucho mimo: Kanon, Clannad, Hyouka, Hibike! Euphonium…, y otras que no lo son tanto. Pero, por lo general, un trabajo suyo despierta mi atención y hace que quiera echarle, por lo menos, un vistazo.

Violet Evergarden es la serie de Kyoto para la temporada de invierno de 2018 y es lo mejor que nos han dejado estos fríos meses. Es la adaptación de la novela ligera del mismo título, ganadora de un premio organizado por el propio estudio. La historia es de Kana Akatsuki (ni idea), con ilustraciones de Akiko Takase (uno de la casa). La adaptación al anime corre de parte de Reiko Yoshida (Koe no Katachi), bajo la dirección de Taichi Ishidate (otro que ha intervenido en la mayoría de los animes de la casa).

Si os digo la verdad, de haberme leído la sinopsis antes, seguramente no le hubiera dedicado tiempo ni al primer capítulo. Lo que en realidad tenemos entre manos es la desmilitarización de una niña soldado, el largo camino que debe recorrer para adaptarse a la vida civil alguien que nunca ha tenido una vida normal y para lo que debe, antes, convertirse en ser humano, todo ello con el telón de fondo de unos países y unas personas con las profundas heridas de una guerra que da aires (en lo tecnológico y en lo violento) a la Gran Guerra.

Poco más que decir. Son 13 capítulos muy vistosos, sin llegar al empacho moe de anteriores productos. La serie empieza suave, para ir cogiendo velocidad en la zona media y seguir sin aflojar hasta el final.

He seguido la versión de Happiness Team Fansub. Está disponible también en Netflix.

Mahoutsukai no Yome

Adaptación del manga del mismo nombre y precedida por un ova a modo de precuela que puso los dientes largos, Mahoutsukai no Yome ha sido una de las mejores series de la temporada de otoño-invierno. La serie sigue las andanzas de Chise Hatori, una mestiza pelirroja que ve desde pequeña a criaturas mágicas, invisibles al ojo humano. Tras una infancia desdichada (el padre la abandona, la madre se suicida tras intentar matarla, los parientes se la pasan de mano en mano), es captada por un tipo extraño justo antes de intentar suicidarse que le ofrece una peculiar salida: venderse en una subasta especial. Así termina en manos de Elías Ainsworth, un extraño mago, un no-humano obsesionado con la humanidad que la quiere de aprendiz y esposa. A partir de ahí, seguimos las andanzas de Chise, adentrándose en el mundo sobrenatural y encontrando a un montón de gente peculiar.

Mahoutsukai no Yome está ambientada en Inglaterra y presenta muy bien el mundo sobrenatural de las islas, que debe resultar muy exótico para el lector/espectador nipón: diseño aparte, la serie recoge muy bien la extraña moralidad (o falta de) de las criaturas feéricas, desde el propio Elías y su incapacidad para entender los sentimientos a las juguetonas hadas. Con ellas lidiará Chise, dispuesta a dejarse la piel ayudando como forma de justificar su vida.

La adaptación viene de la mano de Wit Studio (Shingeki no Kyojin y Koutetsujou no Kabaneri). Es una serie muy hermosa: entra por los ojos con un dibujo muy cuidado y colorista y atrapa con una narración bien hilada y un montón de personajes carismáticos. Ha sido de lo mejor de 2017.

La versión que he seguido ha sido la de Ñyuum.

Just Because

En sus últimos meses de bachillerato, un chaval vuelve al instituto del que se fue tres años antes, encontrándose con viejos amigos y viejos amores. Éste es el planteamiento de Just Because, serie de otoño de 2017, con historia de Kiseki Himura (Getsuyōbi no Tawawa) y de Hajime Kamoshida (Sakura-sō no Pet na Kanojo), dirigida por Atsuchi Kobayashi y producida por el estudio PINE JAM (Gamers!).

Eita, el protagonista, y Ena Komiya, posiblemente lo mejor de la serie

No hay mucho que decir de la serie: no tiene un planteamiento ni un desarrollo originales; se limita a contar una historia sencilla y cercana de las relaciones entre los chavales y de sus preocupaciones por el futuro (universidad, trabajo…), con unos personajes que se hacen querer y con los que es fácil identificarse. Su falta de pretensiones es su principal baza. Tiene un algo que engancha y es de ver agradecido.

El apartado técnico no es para echar cohetes. El dibujo es curioso y distintivo, que entre tanto moe clónico se agradece, pero la animación en los primeros episodios es para irse a un rincón a llorar, en especial las del movimiento de los personajes contra el fondo (andando o subiendo escaleras).

La versión que he seguido ha sido la de Ani Henjin Fansub, con un gran curre en la traducción de las eternas conversaciones de LINE de la serie (hay tantas que, a veces, parece un anuncio de la dichosa aplicación).

Amaama to Inazuma

No sé si clasificar esta serie como “de cocina” o “extra ternura“. Tenemos un profesor de instituto y padre viudo que intenta sobreponerse a la pérdida de su esposa y criar a su hija. Ésta, de buen paladar, sufre no sólo la pérdida de su madre: también de quien le preparaba la comida, porque el padre y la cocina no se llevan nada bien. En una extraña carambola del destino, ambos terminan relacionándose con una de las alumnas del padre, una joven de buen yantar cuya madre, dueña de un cuco restaurante, no está casi nunca en casa tras haber encontrado más éxito en la televisión. Los tres formarán un extraño grupo de cocina, quedando en el restaurante de ella para aprender a hacer diversos platos que permitirán al padre y a la hija seguir adelante con su nueva vida.

¡A zampar!

No hay mucho más que contar de la serie: extra de ternura con recetas de cocina (no ver con hambre) en 12 episodios. Para verse un capítulo de tanto en tanto, soltar la lagrimita o la sonrisa y coger fuerzas para seguir en este mundo.

La versión que he seguido ha sido la de Unmei no Chikara.

Maoyuu Maou Yuusha

Me hice con esta serie en un reshare, me vi los primeros minutos y dije “Ah, serie de fantasía con héroe resultón y harén donde destaca la mala o la hija del malo”, la guardé y me olvidé de ella. Hace unos días, buscando algo que ver durante la cena, la rescaté. Tras el primer capítulo, Menxar y yo nos miramos sorprendidos y nos pusimos a buscar más información sobre la “cosa” que acabábamos de ver y fuimos de sorpresa en sorpresa.


No te lo creerás, pero esta serie habla de rotación de cultivos, viruela, aranceles…

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Made in Abyss

La temporada de verano nos ha dejado un remake curioso de Marco. En este caso, tenemos a una niña de doce años, Riko (Miyu Tomita), con su mascota Reg (Mariya Ise, la princesa Raynesia de Log Horizon), un androide con apariencia de un niño de doce años, pilila incluida, y gran capacidad destructiva. La madre no ha desaparecido en los Andes, sino en el fondo de un abismo sin fin, lleno de peligros y maldiciones, en el que aguerridos exploradores se adentran para encontrar algunas reliquias, locura y muerte (el Abismo me recuerda a cierto cuento de William Gibson, qué queréis que os diga).

Riko y Reg. Clase práctica de limpiar y cocinar pescado del Abismo

Coñas aparte con Marco, la serie sorprende con diseño de personajes que da aires de serie infantil que no se corresponde para nada con lo descarnado y cruel de los episodios, con escenas con muy mala leche, incluyendo instrucciones de cómo hacer una amputación de emergencia. Hasta la conejita achuchable deja un regusto amargo de pobreza infantil, abusos y cosas peores.

La serie (12 capítulos normales y un especial de 47 minutos) adapta el manga del mismo nombre de Akihito Tsukushi, bajo la dirección de Masayuki Kojima (Monster) y con música de Kevin Penkin. Es de lo mejor, si no lo mejor, del año: diseño de personajes, guion, diseño de fondos, animación, música… Da gusto encontrarse con una serie tan redonda. Como el manga sigue en curso, la serie no tiene un final real (aunque cierra muy bien una etapa), por lo que veremos si hay segunda temporada en un futuro.

La versión que he seguido ha sido la de Anacrónico Fansub-Fictional Movement.

Toaru Hikuushi e no Koiuta

A nadie sorprenderá ya si digo que tengo debilidad por el subgénero bélico de escuadrón. Toaru Hikūshi e no Koiuta (Canción de amor para un piloto) entra dentro de este género. Es una serie de novelas ligeras de Koroku Inumura (historia) y Haruyuki Morisawa (ilustraciones), adaptada al anime en 13 capítulos bajo la dirección de Toshimasa Suzuki y producido por el veterano estudio TMS Entertainment.


Kal-el y su hermanastra Ariel en uno de los cascajos de entrenamiento

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