Grancrest Senki

Una joven e impertinente maga que no quiere servir al señor que la ha contratado por su fama de mujeriego, tima a un joven caballero vagabundo y le complica la vida hasta límites insospechados. Posiblemente, esta sinopsis de Grancrest Senki no es la que encontrará el lector por ahí (hablará más de los nobles enfrentados, de la amenaza del Caos y cosas así), pero en mi casa esta serie ha sido conocida como “la de la maga entrometida y el chaval carismático”.

“Tú atacas el flanco derecho, tú el izquierdo y yo el centro. Nos vemos en el campamento enemigo”

Es una serie de fantasía clásica, alejada del entorno videojueguil en vigor, lo que no es de extrañar proviniendo de la pluma de Ryo Mizuno (Record of Lodoss War). Empieza suave, pero en el capítulo nueve gira a un tono más sangriento y despiadado. Tiene un mogollón de personajes, tantos que parece una campaña de rol mía: entre nobles, magos, ayudantes y el tipo que pasaba por allí suman un par de decenas, al menos, todos fácilmente reconocibles, ya por un gesto o una forma de comportarse: la maga de las largas mangas, el mago de corte al que le rompen los esquemas cada dos por tres, el criado-guardaespaldas…

Son 24 episodios que, sin ser ninguna maravilla, suponen un soplo de aire clásico muy de agradecer. La única pega de importancia son algunas escenas de acción que parecen dibujadas por el becario. La versión que he seguido ha sido la de Ñyuum.

Goblin Slayer

Siguiendo con la moda de las series de ambientación rolera (variante videojuego japonés, cuyo enfoque siempre es pintoresco), donde los personajes se ven atrapados en un mundo de videojuego convertido en real o viven en un mundo con claras semejanzas, este otoño hemos tenido dos series, la de Tensei Shitara Slime Datta Ken (en mi casa conocida como la del limo) y Goblin Slayer. Como la primera sigue en emisión, hablaré hoy de la segunda.

Típico grupo de aventureros (cada cual de su padre y de su madre) en el descanso nocturno

Goblin Slayer es una serie de novelas ligeras, escritas por Kumo Kagyu e ilustradas por Noboru Kannatsuki. En mundo muy, pero que muy Old School, narra las andanzas de un aventurero especializado en la caza y exterminio del Cobalus malignans o goblin común. Su principal gancho es el tono descarnado con el que muestra el horror que supone el ataque del goblin para las zonas rurales.

La adaptación al anime, en 12 episodios (aunque seguramente vengan más temporadas) viene de la mano del estudio White Fox, que ya tiene alguna serie del tipo (Re:Zero kara Hajimeru Isekai Seikatsu), y dirige Takaharu Ozaki. Tiene un buen elenco de voces, entre las que destaca, para mí, Yōko Hikasa (Mio en K-ON!), por el tono desquiciante que le da a la bruja.

La serie es sí ha sido una decepción. Empieza bien, con una mala baba que me hizo recordar a Hai to Gensō no Grimgar, pero decae rapidísimo. La estructura es repetitiva (arco argumental, episodio de descanso, otro arco, otro descanso…); el ritmo de los episodios, irregular; las escenas de acción, también irregulares; la animación, tres cuartos de lo mismo. Me recuerda mucho a Gate: había chicha para hacer grandes cosas, pero las limitaciones tanto del original como de la adaptación lastran demasiado el conjunto.

Yagate Kimi ni Naru

Yagate Kimi ni Naru ha sido la agradable sorpresa de la temporada de otoño de 2018 y una buena forma de despedir el año que empezaba con Violet Evergarden. Adaptación de (parte del) manga homónimo de Nio Nakatani, nos presenta a doña perfecta Touko Nanami (Minako Kotobuki, Asuka en Hibike!), estudiante de segundo año y presidente del consejo estudiantil del instituto; a su compañera Sayaka Saeki (Ai Kayano, Kanade en Chihayafuru) y a la novata y voluntariosa Yuu Koito (Yuuki Takada). Nanami es la chica más popular del instituto, todos la tienen como ejemplo o acuden a ella y recibe montones de declaraciones de amor, pero tiene fantasmas en el armario suficientes para llenar un contenedor de 40 pies y Koito, en principio ajena a los problemas hormonales de los jóvenes de su edad, se terminará convirtiendo en su válvula de escape.

Koito y Nanami

Planteamiento un tanto pintoresco el de la relación entre Nanami y Koito y que, sin embargo, se mantiene bien como nexo sobre el que giran el resto de los personajes: la propia Saeki, como vértice más alejado del triángulo, esperando su momento; los miembros masculinos del consejo estudiantil; la profesora de literatura (voz de Mai Nakahara) y su pareja; las compañeras de clase de Koito; su perspicaz hermana (se ve que la cosa viene de familia) y demás, con el fantasma del pasado y la obra dentro de la historia marcando el camino de esta historia de autodescubrimiento disfrazada de serie romántica. Espero ver pronto una segunda temporada.

La versión que he seguido es la de Onion no Fansub, que es, en general, más que correcta.

Full Metal Panic! Invisible Victory

Ya no tenía esperanzas de ver una tercera temporada de Full Metal Panic!. La primera, de la mano de Gonzo, llegó en 2002. Fíjense ustedes si ha llovido que el formato era cuadrado, no panorámico. Fueron 24 episodios que desglosaron, en varios arcos argumentales, las andanzas del literal Sousuke Sagara (Tomozaku Seki, Chiaki en Nodame Cantabile) y de la agresiva Kaname Chidori (Satsuki Yukino, Kagome Higurashi en Inuyasha) en un mundo parecido al nuestro, pero con mechas.

Chidori y Sagara, de vuelta por fin

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Wotaku ni Koi wa Muzukashii

Divertimento corto (once capítulos, que dejan con ganas de más), adaptación del manga del mismo nombre de la mano de A-1 Pictures y bajo dirección de Yoshimasa Hiraike (Amagami SS, Working!!). Cuatro compañeros de trabajo, los cuatro otakus, en su día a día. Y ya. Una comedia ligera, sin pretensiones, ideal para este verano que acaba. Pero también es una producción muy cuidada: dibujo, animación, guion, ritmo y una gran selección de actores de voz (poco conocidos la pareja protagonista, más veteranos el resto). Una agradable sorpresa.

El cuarteto protagonista

He seguido la versión de Hakoniwa. Un buen trabajo, aunque algunas frases lo deslucen.

Houseki no Kuni

Trozos antropomórficos de minerales con forma de muchachas dándose de leches con selenitas de reminiscencias hindúes a espadazos, mientras la habitual protagonista inútil, patosa y voluntariosa intenta madurar y hacerse más fuerte. Envuelto en una animación por ordenador que, al principio, choca bastante, es lo que ofrece Houseki no Kuni, adaptación del manga homónimo o, mejor dicho, del principio del manga, pues sus 12 episodios dejan muchas preguntas y pocas respuestas.

¿Quién no pierde un pedazo en el fragor de la batalla?

No puedo decir que sea una gran serie y, sin embargo, me ha enganchado y me ha dejado con ganas de una segunda temporada. Quizás sea su planteamiento, que recuerda a una historia bélica, subgénero de escuadrón (presentación de los personajes, patrullas interminables, esporádicos combates, el aburrimiento o la rutina entre alertas, las bajas). Sirve también para conocer múltiples minerales y repasar su formulación y estructura en las cortinillas del intermedio.

Sin una segunda temporada que avance la trama de fondo, me resulta difícil recomendarla, pero creo que ya por el arco de la babosa marina o del invierno merece la pena. Dirige Takahiko Kyougoku (Gate) y tiene un plantel de voces que quita la respiración.

La versión que he seguido ha sido la de Anacrónico Fansub.

Violet Evergarden

Tengo especial debilidad por Kyoto Animation (más o menos, la misma que tenía hace quince años por Gonzo). Tienen grandes series en su haber, creadas con mucho mimo: Kanon, Clannad, Hyouka, Hibike! Euphonium…, y otras que no lo son tanto. Pero, por lo general, un trabajo suyo despierta mi atención y hace que quiera echarle, por lo menos, un vistazo.

Violet Evergarden es la serie de Kyoto para la temporada de invierno de 2018 y es lo mejor que nos han dejado estos fríos meses. Es la adaptación de la novela ligera del mismo título, ganadora de un premio organizado por el propio estudio. La historia es de Kana Akatsuki (ni idea), con ilustraciones de Akiko Takase (uno de la casa). La adaptación al anime corre de parte de Reiko Yoshida (Koe no Katachi), bajo la dirección de Taichi Ishidate (otro que ha intervenido en la mayoría de los animes de la casa).

Si os digo la verdad, de haberme leído la sinopsis antes, seguramente no le hubiera dedicado tiempo ni al primer capítulo. Lo que en realidad tenemos entre manos es la desmilitarización de una niña soldado, el largo camino que debe recorrer para adaptarse a la vida civil alguien que nunca ha tenido una vida normal y para lo que debe, antes, convertirse en ser humano, todo ello con el telón de fondo de unos países y unas personas con las profundas heridas de una guerra que da aires (en lo tecnológico y en lo violento) a la Gran Guerra.

Poco más que decir. Son 13 capítulos muy vistosos, sin llegar al empacho moe de anteriores productos. La serie empieza suave, para ir cogiendo velocidad en la zona media y seguir sin aflojar hasta el final.

He seguido la versión de Happiness Team Fansub. Está disponible también en Netflix.

Mahoutsukai no Yome

Adaptación del manga del mismo nombre y precedida por un ova a modo de precuela que puso los dientes largos, Mahoutsukai no Yome ha sido una de las mejores series de la temporada de otoño-invierno. La serie sigue las andanzas de Chise Hatori, una mestiza pelirroja que ve desde pequeña a criaturas mágicas, invisibles al ojo humano. Tras una infancia desdichada (el padre la abandona, la madre se suicida tras intentar matarla, los parientes se la pasan de mano en mano), es captada por un tipo extraño justo antes de intentar suicidarse que le ofrece una peculiar salida: venderse en una subasta especial. Así termina en manos de Elías Ainsworth, un extraño mago, un no-humano obsesionado con la humanidad que la quiere de aprendiz y esposa. A partir de ahí, seguimos las andanzas de Chise, adentrándose en el mundo sobrenatural y encontrando a un montón de gente peculiar.

Mahoutsukai no Yome está ambientada en Inglaterra y presenta muy bien el mundo sobrenatural de las islas, que debe resultar muy exótico para el lector/espectador nipón: diseño aparte, la serie recoge muy bien la extraña moralidad (o falta de) de las criaturas feéricas, desde el propio Elías y su incapacidad para entender los sentimientos a las juguetonas hadas. Con ellas lidiará Chise, dispuesta a dejarse la piel ayudando como forma de justificar su vida.

La adaptación viene de la mano de Wit Studio (Shingeki no Kyojin y Koutetsujou no Kabaneri). Es una serie muy hermosa: entra por los ojos con un dibujo muy cuidado y colorista y atrapa con una narración bien hilada y un montón de personajes carismáticos. Ha sido de lo mejor de 2017.

La versión que he seguido ha sido la de Ñyuum.

Just Because

En sus últimos meses de bachillerato, un chaval vuelve al instituto del que se fue tres años antes, encontrándose con viejos amigos y viejos amores. Éste es el planteamiento de Just Because, serie de otoño de 2017, con historia de Kiseki Himura (Getsuyōbi no Tawawa) y de Hajime Kamoshida (Sakura-sō no Pet na Kanojo), dirigida por Atsuchi Kobayashi y producida por el estudio PINE JAM (Gamers!).

Eita, el protagonista, y Ena Komiya, posiblemente lo mejor de la serie

No hay mucho que decir de la serie: no tiene un planteamiento ni un desarrollo originales; se limita a contar una historia sencilla y cercana de las relaciones entre los chavales y de sus preocupaciones por el futuro (universidad, trabajo…), con unos personajes que se hacen querer y con los que es fácil identificarse. Su falta de pretensiones es su principal baza. Tiene un algo que engancha y es de ver agradecido.

El apartado técnico no es para echar cohetes. El dibujo es curioso y distintivo, que entre tanto moe clónico se agradece, pero la animación en los primeros episodios es para irse a un rincón a llorar, en especial las del movimiento de los personajes contra el fondo (andando o subiendo escaleras).

La versión que he seguido ha sido la de Ani Henjin Fansub, con un gran curre en la traducción de las eternas conversaciones de LINE de la serie (hay tantas que, a veces, parece un anuncio de la dichosa aplicación).

Amaama to Inazuma

No sé si clasificar esta serie como “de cocina” o “extra ternura“. Tenemos un profesor de instituto y padre viudo que intenta sobreponerse a la pérdida de su esposa y criar a su hija. Ésta, de buen paladar, sufre no sólo la pérdida de su madre: también de quien le preparaba la comida, porque el padre y la cocina no se llevan nada bien. En una extraña carambola del destino, ambos terminan relacionándose con una de las alumnas del padre, una joven de buen yantar cuya madre, dueña de un cuco restaurante, no está casi nunca en casa tras haber encontrado más éxito en la televisión. Los tres formarán un extraño grupo de cocina, quedando en el restaurante de ella para aprender a hacer diversos platos que permitirán al padre y a la hija seguir adelante con su nueva vida.

¡A zampar!

No hay mucho más que contar de la serie: extra de ternura con recetas de cocina (no ver con hambre) en 12 episodios. Para verse un capítulo de tanto en tanto, soltar la lagrimita o la sonrisa y coger fuerzas para seguir en este mundo.

La versión que he seguido ha sido la de Unmei no Chikara.