Made in Abyss

La temporada de verano nos ha dejado un remake curioso de Marco. En este caso, tenemos a una niña de doce años, Riko (Miyu Tomita), con su mascota Reg (Mariya Ise, la princesa Raynesia de Log Horizon), un androide con apariencia de un niño de doce años, pilila incluida, y gran capacidad destructiva. La madre no ha desaparecido en los Andes, sino en el fondo de un abismo sin fin, lleno de peligros y maldiciones, en el que aguerridos exploradores se adentran para encontrar algunas reliquias, locura y muerte (el Abismo me recuerda a cierto cuento de William Gibson, qué queréis que os diga).

Riko y Reg. Clase práctica de limpiar y cocinar pescado del Abismo

Coñas aparte con Marco, la serie sorprende con diseño de personajes que da aires de serie infantil que no se corresponde para nada con lo descarnado y cruel de los episodios, con escenas con muy mala leche, incluyendo instrucciones de cómo hacer una amputación de emergencia. Hasta la conejita achuchable deja un regusto amargo de pobreza infantil, abusos y cosas peores.

La serie (12 capítulos normales y un especial de 47 minutos) adapta el manga del mismo nombre de Akihito Tsukushi, bajo la dirección de Masayuki Kojima (Monster) y con música de Kevin Penkin. Es de lo mejor, si no lo mejor, del año: diseño de personajes, guion, diseño de fondos, animación, música… Da gusto encontrarse con una serie tan redonda. Como el manga sigue en curso, la serie no tiene un final real (aunque cierra muy bien una etapa), por lo que veremos si hay segunda temporada en un futuro.

La versión que he seguido ha sido la de Anacrónico Fansub-Fictional Movement.

Toaru Hikūshi e no Koiuta

A nadie sorprenderá ya si digo que tengo debilidad por el subgénero bélico de escuadrón. Toaru Hikūshi e no Koiuta (Canción de amor para un piloto) entra dentro de este género. Es una serie de novelas ligeras de Koroku Inumura (historia) y Haruyuki Morisawa (ilustraciones), adaptada al anime en 13 capítulos bajo la dirección de Toshimasa Suzuki y producido por el veterano estudio TMS Entertainment.


Kal-el y su hermanastra Ariel en uno de los cascajos de entrenamiento

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Isekai Sokudou

Peculiar serie de este verano, basada en la serie de novelas ligeras de igual título, que nos haba de un restaurante de cocina occidental del Tokio actual que los sábados abre sus puertas en un mundo medieval-fantástico. Puertas en plural: la puerta del restaurante aparece repartida a lo largo y ancho del mundo, en muchos lugares. Y, así, los sábados se junta una variopinta colección de personajes en el local: un viejo mago, un samurái, un hombre león cubierto de cicatrices, un hombre lagarto, un grupo de hadas golosas, una dragona antigua y cuasi divina…

El restaurante, en hora punta

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Koe no Katachi

La comentaba la semana pasada por redes sociales, recién vista y demasiado vapuleado emocionalmente como para dedicarle una entrada. Tengo que confesar que ni me había enterado de la existencia de esta película, y es raro porque intento seguir los trabajos de Kyoto Animation.

Koe no Katachi (A Silent Voice, no sé si Selecta traducirá el título) es una película de 2016 que adapta el manga homónimo de Yoshitoki Oima, dirigida por la directora de la casa Naoko Yamada (K-On, Tamako Market). Cuenta una historia de acoso escolar en tres fases: cuando el protagonista acosa, cuando el protagonista es el acosado y, luego, en el instituto, cuando intenta enfrentarse a lo que ocurrió y seguir adelante.

La madre de Souya, una mujer sin igual

La película, dentro del estilo moe que caracteriza a la casa, tiene mucha mala baba. Habla de la maldad de los niños, de la cobardía de la gente, del egoísmo intrínseco de cada uno, de la necesidad de encajar en el grupo y de lo que llega a hacer uno por ello, sin ser realmente consciente de la gravedad de sus actos. Mantiene un ritmo constante y no tiene giros repentinos del argumento. Se ve por dónde va, sin que eso lo haga desmerecer. Va en busca de la lágrima fácil y juega bien sus cartas.

Tiene muy buenos personajes. El protagonista, Shouya Ishida (Miyu Irino), despierta lástima y asco a partes iguales y al final se hace querer. Los secundarios están todos muy bien, destacando la madre de Shouya, Miyako (Satsuki Kaname Chidori Yukino) y la hermana de la protagonista y chupando cámara de manera inmisericorde el contrapunto humorístico, Tomohiro Nagatsuka.

Película para tarde lluviosa de domingo, para ver en compañía y con provisión de pañuelos.

Kimi no na wa

Conocida en medio mundo (España incluida) como your name. (en minúscula y con punto final), el último largometraje de Makoto Shinkai (Hoshi no koe, 5 centímetros por segundo, El jardín de las palabras) levantó mucha expectación fuera de los círculos habituales por ser la película más taquillera de Japón en 2016 con una historia que, a raíz de lo poco que se contaba, parecía en exceso trillada. En España se ha llegado a estrenar en cines de la mano de Selecta, en principio para un único fin de semana, pero en muchos cines estuvo varios en cartel. Por mi parte, me quedé sin verla porque el precio de dos entradas de fin de semana (más de 20 euros) era más de lo que me podía permitir ese mes.

Mitsuha Miyamizu, ella

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El recuerdo de Marnie

Tras el interesante debut de Arriety y el mundo de los diminutos, tenía mucho interés en la carrera del director, Hiromasa Yonebayashi. Su segunda película, El recuerdo de Marnie, se basa también en una novela para jóvenes de una escritora británica (When Marnie Was There, de Joan G. Robinson), con los cambios pertinentes para adaptarlo al Japón actual.


¿Es Marnie una chica real, una amiga imaginaria o un fantasma?

Nos cuenta la historia de Anne, una adolescente huérfana, asmática y necesitada de encontrar su sitio en el mundo que trae de cabeza a sus padres adoptivos. Sin saber muy bien qué hacer, la mandan con unos parientes a un pueblecito costero, con la típica excusa del clima, pero con la secreta esperanza de que la vieja Setsu Oiwa la ablande (vale, esto último es de mi cosecha, pero el amoroso acoso y derribo fraternal de la mujer es espectacular). La muchacha se adapta a la vida con los Oiwa, pero no con el resto del pueblo y busca refugio en la única amiga que encuentra: Marnie, una chica extranjera que vive en la mansión al otro lado de la marisma.

El recuerdo de Marnie es relato más íntimo que Arriety, más realista y, al mismo tiempo, más mágico, con personajes sólidos, incluso los que apenas salen en pantalla (en algún caso, también tópicos, pero un viejo gruñón y solitario, ya sea pastor o pescador, nunca sobra). Un gran segundo trabajo de Yonebayashi. Tengo ganas de ver el tercero.

Saekano

Saenai Heroine no Sodatekata esconde, tras su kilométrico nombre, una tópica serie de harén con protagonista pazguato y montón de chicas enamoradas de él por alguna extraña razón. El prota, crítico de anime, juegos y novelas en su blog, de cierta importancia en el mundillo, toma como musa a una chica un tanto sosa y convence a dos compañeras, una ilustradora amateur y una escritora profesional, de crear una novela visual con una protagonista basada en su musa. La serie sigue los tópicos del género. En algunas situaciones, los exageran de forma forzada y plenamente consciente, parodiando el género de videojuego de citas, en paralelo a la creación del suyo. Cuando decae el ritmo, se echa mano a algo de fanservice.

Megumi Katou, la impasible protagonista

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