Adiós, Stephen Furst

Hoy me he levantado con la noticia de la muerte de Stephen Furst, que dio vida a Vir Cotto en Babylon 5. Se suma a la lista de actores de la serie que nos han dejado ya. El tiempo pasa y nos hacemos viejos.

Adiós, Stephen Furst, y gracias por todo. Siempre nos acompañará tu trabajo. Y el de Richard Biggs, Michael O’Hare, Jeff Conaway, Andreas Katsulas, Tim Choate, Jerry Doyle y Robin Sachs.

Otro año que se va y seguimos en la brecha

Me gusta sentarme en estas fechas y escribir una entrada sobre lo que ha dado de sí el año y las esperanzas para el nuevo. No sólo porque se acabe el año: en diciembre de 2007 arrancaba Cuberterías de Albacete, Import & Export y me sirve también para festejar el aniversario del blog. ¡Nueve años ya!

2016 ha sido un año agridulce. En el trabajo, un año de estancamiento, el segundo tras el 2015. Muchos frentes abiertos, cosas mega-urgentes que obligan a parar el resto del trabajo y que luego terminan durmiendo durante meses en un metafórico cajón, costuras que saltan cuando se combinan picos de trabajo, limitaciones del sistema y malos vicios (de verdad que alucino con la capacidad de algunos usuarios para retorcer el funcionamiento del sistema, llegando a tener tablas escritas a boli para anotar la ubicación donde le han dicho al sistema que han puesto la mercancía y la ubicación donde realmente la han dejado) y pocas posibilidades de aprender cosas nuevas (soy bueno buscándome las habichuelas, pero la autoformación tiene sus límites).

En lo personal, no ha estado mal. Hemos tenido buenas series anime, películas interesantes, me he reencontrado con viejos amigos de la universidad y he vuelto a poder tomarme unas buenas pintas de Kilkenny, después de que desapareciera de los pubs irlandeses en favor de la Murphy roja a finales de los 90. Pero roleramente, lo que viene a ser mi vida social, la cosa ha estado bastante peor: Los viajes del Ícaro ha quedado en forzoso stand-by al desarrollar uno de los jugadores alergia gatuna. Los intentos de encontrar sitio alternativo no fructificaron y ya doy la campaña por perdida.

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X jornadas de rol y estrategia de Sevilla

Este fin de semana El Dirigible ha celebrado sus jornadas de rol, después de dos años de parón. En un principio se anunciaron para primavera y luego para septiembre. Un problema burocrático (o burrocrático) de última hora les obligó a atrasarlas quince días más, con cabio de sitio incluido, pues se ha cambiado la Alameda de Hércules por Las Setas, ya saben, el mamotreto ese que han levantado en el centro que costó cuatro pastizales, un proyecto de un harquitecto hartista cuyos cálculos no valían ni como papel higiénico (vamos, que no se podía construir), pero como el señor alcalde de entonces padecía la misma faraonitis que Gallardón, se terminó levantando a base de millones.

Decía, que desvarío, que se han celebrado en dicho lugar, al aire libre pero cubiertos por el mamotreto ese, con chiquillería chillona jugando a la pelota o con el patinete, guiris sacando fotos y un montón de ruidosos bares que amenaza, perdón, amenizan la velada a los vecinos… si sobrevive alguno. Los días han salido espléndidos, pero la estación no perdona y a las 20:30 ya no se ve un higo, no digo ya mirar lo que marca el dado.

Por lo demás, pues bien, más o menos como las otras veces que he asistido, es decir, el viernes por la tarde está la cosa tranquila (se caen bastantes partidas por falta de jugadores), el sábado por la mañana se acerca más peña (se caen algunas partidas) y por la tarde se llena hasta la bandera.

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Daniel Rabinovich

El pasado viernes 21 de agosto andaba yo de comida familiar en Quintanar de la Sierra cuando un viejo amigo me dio la mala noticia. El mundo se había vuelto más triste. ¿Qué puedo decir que no se haya dicho ya? ¿O que sí se haya dicho? Conocí a Les Luthiers a finales de los noventa, gracias a una cinta grabada con Hacen muchas gracias de nada y tuve la ocasión de verlos en Granada en 2008. Pasaron por Sevilla estando yo ya aquí, pero ya tenía yo el vicio de comer todos los días y tuve que pasar, temiendo que aquella fuera la última oportunidad de verlos. En lo referente a Daniel, así ha sido.

Terry Pratchett

Conocí al maestro cuando estudiaba en Madrid. Un compañero del club me dejó Pirómides, edición de Martínez Roca. No fue un amor a primera vista: tuve que esperar a que Plaza & Janés volviera a publicar los primeros libros del Mundodisco. El resto, como se dice, es historia. Primero, persiguiendo los libros de bolsillo. Luego, rastreando la zona de novedades del Corte Inglés de Badajoz en busca del último libro. El temor al principio de que aquello no vendiera bien y la editorial nos dejase sin más material. Las consultas a La concha de Gran A’Tuin para buscar referencias, chistes explicados y errores de traducción. La época tranquila, con las traducciones de Javier Calvo y la colaboración de Manu Viciano. Y, entre medias, los gnomos, Buenos presagios, la cruda Nación. Y la estantería que se ha ido llenando todos estos años, tanto como mi vida.

Ayer el hombre del sombrero nos dejó. No por esperada fue una noticia menos dolorosa. Me enteré en el trabajo, por un escueto mensaje de mi hermano. Y sé que la próxima vez que coja un libro suyo se me saltarán las lágrimas.

Gracias por todo, sir Terry Pratchett.

Otro año que se va…

…Y no tengo claro por dónde. 2014 ha sido muy estresante, muy intenso y, a la vez, rápido y eterno. Ha estado dominado por el trabajo, con la puesta en marcha del almacén y las líneas de Sevilla y, con ello, del movimiento de mercancías y fabricación en tiempo real, o sea, radiofrecuencia, pistolas y tablets con lectores de código de barras y toda la parafernalia. Una vieja ambición de la empresa (ha habido intentos fallidos previos) que en este arranque definitivo casi que nosotros nos lo guisamos, nosotros nos lo comimos. El programa que se come el marrón es de un servidor, y puedo decir que, estrés aparte, he aprendido un montón, pero un montón, sobre SAP Business One y su api de datos. También he aprendido, a las malas, cómo las decisiones de despacho chocan con el mundo real y cómo no puedes darle resquicio a un almacenero para que haga su voluntad, so pena de que te la líe pero bien.

Tal estrés se ha visto agravado por la necesidad de preparar auténticos maratones de rol para los sábados. La campaña de Los viajes del Ícaro goza de buena salud, pese a la traición del cuarto jugador, que nos dejó tirados a cuentagotas, con circunloquios y evasivas, hasta que ya íbamos tan avanzados que no hubo forma de encontrar un sustituto. Hay partidas en que se ha notado que el grupo es de tres y hay grupos que estaban pensados para ir acompañados por un cuarto, pero conforme hemos ido avanzando el problema se ha diluido. Ahora me toca aprovechar las vacaciones navideñas para meterle candela a la tercera temporada de la campaña, mientras maldigo mi suprema y absoluta ineptitud a la hora de hacer mapas. Me encanta esta campaña y quiero hacerla inolvidable.

Tanto estrés lo he querido combatir dirigiendo a otra cosa, pero sólo han salido algunas partidas sueltas sin mucha fortuna: una prueba de Runequest, otra de Las Sombras de Esteren… El problema fundamental es el tiempo que no tengo para preparar otras aventuras y la falta de material ya hecho que me haya gustado. A ver si este año nuevo encuentro algo, o se me enciende la bombilla y termino La Subasta o sale en español La Gran Campaña o Las Sombras de Esteren o me enamoro de Steam States o… En todo caso, queda descartado cualquier estilo old school y tal, lo he intentado pero soy incapaz de dirigir la exploración de un dungeon.

Por fortuna, me he podido quitar algo de estrés como jugador. He empezado hace poco una campaña de Stormbringer muy divertida, he jugado algunas de D&D pero lo mejor ha sido disfrutar como jugador Ánima de forma continuada, con las aventuras del SG-5 (los camisas rojas) de Charlie. Llevo muchos años queriendo jugar a Ánima y, salvo un par de aventuras de Pírixis, siempre me ha tocado dirigir. Ha sido fantástico sentarme al otro lado de la pantalla con un buen máster y unos buenos jugadores.

Y, entre unas cosas y otras, son ya siete años de blog y casi, casi, 600 entradas.

Nos vemos en el Forlon.

Pequeña tanda de cambios

He aprovechado la tranquilidad del viernes por la tarde para hacer unos pequeños cambios en el blog. Los más evidentes son:

1) He añadido botones de compartir en feisbuk, guglemás y tal. He notado que el blog carga algo más lento, así que ya veré si los mantengo o los quito.

2) He creado la ya habitual página de campaña para Los viajes del Ícaro. De momento no hay muchas entradas, pero espero que en los próximos meses crezca y crezca, que tengo muchas esperanzas depositadas en esta campaña (y me está haciendo recuperar el ritmo de publicaciones, ya sólo falta que Pírixis vuelva con sus reseñas).

Nos vemos en el Forlon.