Baile de máscaras — El eclipse

El sábado 17 de marzo, el día del eclipse de luna, amaneció radiante, con el rocío fresco y abundante en los campos y la atmósfera limpia, con una brisa que se llevaba los pesados olores de Chaville. Era el segundo día de la desaparición de Émilien y todos sentían que el tiempo apremiaba.

Fernand, con gran dolor, no pudo participar en la búsqueda de su hermano: su visita a Chaville había sido por un asunto profesional, unas consultas que debía hacer. Apelando a la desaparición de Émilien, había conseguido retrasarlas al sábado por la mañana, para luego tomar la diligencia de vuelta a Dupois. Ya se había despedido del resto del grupo tras la cena.

Jacques Lafleur se había levantado bien temprano esa mañana, con idea de organizar la cuadrilla de búsqueda que había comentado la noche anterior. Tiró de amigos, conocidos y los criados de éstos y, para las diez de la mañana, tenía un grupo de veinte o veinticinco personas en el camino de poniente.


Continuar leyendo »

Baile de máscaras — La desaparición de Émilien Duchamp

Michel Laffount de Gévaudan fue el primero en presentarse en casa de Émilien Duchamp, cercanas las 10 de la mañana y tras terminar sus quehaceres en el ayuntamiento, donde su padre le había buscado acomodo esperando que hiciera carrera política. Era una casa bastante céntrica y tradicional, con porche delantero y patio trasero y un pequeño patio de luz central al que se abrían las estancias. El patio trasero tenía su propia entrada y disponía de cuadra para los dos caballos de la casa (el de Émilien y el de su ayuda de cámara) y un gallinero. Michel la conocía bien y, por eso, se quedó sin habla al ver la cara de preocupación del ama de llaves al abrirle la puerta. Antes de que pudiera decir nada, una potente voz del interior preguntó:

—¿Es mi hermano?

Continuar leyendo »

Baile de máscaras — En casa del conde de Carbellac

En la tarde del 15 de marzo de 987, un jinete solitario entró en el parque de la mansión que el conde de Carbellac tenía en las afueras de Chaville, la capital de Gabriel, sobre una cala privada. No tenía nada de especial que llegara alguien, ya fuera a caballo o en carruaje, pues la casa del señor de Carbellac siempre estaba concurrida, ya fueran alumnos de su afamada escuela de esgrima, la Compañía de la Vera Cruz, alumnos de su mujer, que preparaba a los y las jóvenes para los eventos de la alta sociedad, o invitados, tertulianos y visitantes en general, que acudían a su biblioteca, sus simposios, conciertos y exposiciones.

El jinete vestía de uniforme. No los vistosos uniformes que se veían en la ciudad, con sus dueños pavoneándose envueltos en escarlata o azul: el suyo era de un sufrido pardo que podía ser confundido con el de una milicia o guardia de una pequeña ciudad. El ojo conocedor, empero, reconocería el tono como el usado por la infantería ligera, los cazadores u otros escaramuzadores, las únicas tropas de tierra del principado con experiencia real en combate, acostumbrados a lidiar con bandidos, contrabandistas y saqueadores de la frontera. La espada de hoja recta lo identificaba como perteneciente al primer cuerpo; su porte al montar y al desmontar, el aplomo con el que entregó las riendas de su montura al criado y se encaminó a las escaleras de entrada denotaban a alguien de noble cuna, acostumbrado a mandar y ser obedecido; la falta de galones vistosos indicaba, incluso antes de verle el rostro noble, apenas bronceado por el sol y el viento, que se trataba de un joven de veintipocos años, un alférez con poco tiempo en el ejército; y la forma en que escudriñaba los rincones con sus hermosos ojos verdes lo delataban como veterano.


Continuar leyendo »

Baile de máscaras — Dramatis personae

¿Una campaña mía sin cienes de personajes? ¡Vive Dios, que no será así! Si ni en el desierto me libré de un montón de nombres, menos en una campaña notablemente urbana, llena de enredos, líos de faldas, líos de espada y conspiraciones a tutiplén. Y lo de urbana es un decir, que ya habrá tiempo para tocar las distintas ramas del género. Que ya tengo pnjs para Henry Fonda, Mel Ferrer, Stewart Granger, Katharine Hepburn y Burt Lancaster, pero aún tengo que buscar acomodo a Gregory Peck, Errol Flynn y Gary Cooper.

Listemos los nombres, ¡pardiez!, que es una lista bien larga y encima en francés o casi, y ni yo, que soy el autor, me acuerdo ya de quién es quién. En negrita, como siempre, los personajes jugadores, que pueden ser consultados en detalle aquí.
Continuar leyendo »

Mai HiME

Dentro del género de chicas mágicas, el estudio Sunrise sorprendió en la temporada de otoño de 2004 con Mai HiME, serie original de 26 episodios dirigida por Masakazu Obara (Accel World) y escrita por Hiroyuki Yoshino (Macross Frontier). Mezclaba en una batidora de gran potencia los clichés del género con mucho humor absurdo, ecchi y fanservice (de 2004, o sea, mucho más discreto que lo que se tercia ahora, con insinuaciones, chistes y dobles sentidos) y con drama en grandes dosis. Todo ello para contarnos la historia de unas chicas con poderes, con familiares (Childs) pegándose con otros bichos (Orphans) mientras intentan ir a clase, trabajar a tiempo parcial, enamorarse y demás.


Continuar leyendo »

Baile de máscaras — Personajes jugadores

Arrancamos nueva campaña, Baile de máscaras. De Ánima Beyond Fantasy, of course, que, después de 13 años es, junto con Pendragón, el juego con el que más cómodo me siento. Tocamos esta vez el género de capa y espada, folletín de aventuras a fin de cuentas, que me sirve de excusa, de paso, para ponerme al día con Sabatini y dedicar unas cuantas horas a Dumas (¡qué grande es el maestro, voto a tal!). Como en Sakura, uso de arranque una semilla de aventura del Gaïa I (¡qué gran libro de ambientación, lleno de posibilidades e ideas para el máster!) y añado a la mezcla alguna aventura de cosecha propia y muchas adaptadas de otros juegos.

Ambientada en Gabriel, el equivalente en Gaïa a la Francia del XVII-XVIII, pero con una nobleza que es alta burguesía con título, en Baile de máscaras seguiremos, si ustedes gustan, las andanzas de jóvenes de buena familia de la populosa Chaville, la capital:

Continuar leyendo »

Kakushi ken: Oni no tsume

Kakushi ken: Oni no tsume es la segunda película de la llamada trilogía samurái de Yoji Yamada. Fue rodada dos años después de Tasogare Seibei y es a ésta lo que El Dorado a Río Bravo, es decir, una revisitación sobre la misma historia… sólo que Yamada, por bueno que sea, no es Hawks.

Masatoshi Nagase se las apaña para mostrar un protagonista sólido y el primer tercio de la película mantiene bien el tipo, mostrando los problemas de unos samuráis anclados en la edad media enfrentados a los intentos de adiestramiento militar moderno. El resto tiene regusto a algo ya visto (los problemas domésticos del pobre samurái son iguales, aun sin niñas ni madre demente de por medio, y la historia de amor, aunque aquí se trate de un amor entre personas de distinta casta, recuerda demasiado a la de Seibei) y carece de fuerza en el guion o en los secundarios para considerarla algo más que un buen trabajo de artesano.

Baile de máscaras

Una detonación seca se coló en el salón de baile por los grandes ventanales abiertos, levantando gritos de sorpresa entre los jóvenes de ambos sexos que, hasta el momento, habían estado concentrados en el difícil arte de la danza. En la explanada frente a la casa, un grupo de excitados jóvenes revoloteaban entre risas alrededor del marqués de l’Aigle Couronné, que sostenía un vetusto trueno de mano aún humeante.


Continuar leyendo »

Shinrei Tantei Yakumo

Shinrei Tantei Yakumo es una serie de 2010 que tenía aburrida en el disco duro, esperando su oportunidad. 13 episodios del estudio Bee Train bajo la batuta de Tomoyuki Kurokawa que adaptan la novela de Manabu Kaminaga, un thiller sobrenatural que empieza con el caso de la semana que van enlazándose para desarrollar la trama central.


Yakumo, Kazutoshi y Haruka

La serie sigue las andanzas de Yakumo Saitō (Daisuke Ono, el rubio Shizuo Heiwajima en Durarara!!), un arisco estudiante universitario con un ojo rojo que le permite ver fantasmas, y su compañera Haruka Ozawa (Ayumi Fujimura, la protagonista de la simpática Kaichō wa Maid-sama!), y los líos en que se meten: el misterio que trae Haruka, las colaboraciones con el policía Kazutoshi Gotou (Hiroki Tōchi, Abel en Trinity Blood) y, conforme avanzamos, los propios misterios que rodean a Yakumo. Complementan a los protagonistas un nutrido grupo de secundarios: el tío de Yakumo, monje budista, y su hija; el novato compañero de Gotou, su capitana, el extravagante forense, la periodias; y los antagonistas, claro.

La serie me ha sorprendido y me ha gustado. Me ha sorprendido porque al principio me esperaba un desarrollo de «caso de la semana», con algo de desarrollo en los personajes, no que planteara una trama tan amplia en el tiempo y enlazando a tantos personajes como lo hace. Sin ser un anime sobresaliente, tiene un sabor a cine negro que lo hace una buena elección para un maratón de fin de semana.

La versión que he seguido es una colaboración de Ñyuum y RedlineSP.

Grancrest Senki

Una joven e impertinente maga que no quiere servir al señor que la ha contratado por su fama de mujeriego, tima a un joven caballero vagabundo y le complica la vida hasta límites insospechados. Posiblemente, esta sinopsis de Grancrest Senki no es la que encontrará el lector por ahí (hablará más de los nobles enfrentados, de la amenaza del Caos y cosas así), pero en mi casa esta serie ha sido conocida como «la de la maga entrometida y el chaval carismático».

«Tú atacas el flanco derecho, tú el izquierdo y yo el centro. Nos vemos en el campamento enemigo»

Es una serie de fantasía clásica, alejada del entorno videojueguil en vigor, lo que no es de extrañar proviniendo de la pluma de Ryo Mizuno (Record of Lodoss War). Empieza suave, pero en el capítulo nueve gira a un tono más sangriento y despiadado. Tiene un mogollón de personajes, tantos que parece una campaña de rol mía: entre nobles, magos, ayudantes y el tipo que pasaba por allí suman un par de decenas, al menos, todos fácilmente reconocibles, ya por un gesto o una forma de comportarse: la maga de las largas mangas, el mago de corte al que le rompen los esquemas cada dos por tres, el criado-guardaespaldas…

Son 24 episodios que, sin ser ninguna maravilla, suponen un soplo de aire clásico muy de agradecer. La única pega de importancia son algunas escenas de acción que parecen dibujadas por el becario. La versión que he seguido ha sido la de Ñyuum.