Sakura — Notas del máster

Sakura, un cuento de Lannet es la tercera campaña más larga que he dirigido, tras Los viajes del Ícaro y Guardianes del Grial. Y, de lejos, la más larga que he acabado. Pensada para 21-24 sesiones y aventuras, al final han sido 28, la mayoría de ellas dobles (6-8 horas) y una final que rondó las 16. La primera temporada fueron 9 sesiones con 8 aventuras principales, dos cortas y dos interludios; la segunda, 13 sesiones para 10 aventuras, y esta última, 6 sesiones y siete aventuras. Empezamos en julio de 2016 y la hemos terminado en julio de 2018.

En el plano formal, ha sido una campaña estructurada en tres actos, con una trama fuertemente centrada en los personajes jugadores (en uno, concretamente, y que inicialmente planteé para que pudiera ser tanto pj como pnj). Los personajes empezaron muy limpios, apenas bocetados y sin kilométricos trasfondos que en algunas mesas gustan tanto, y usé las primeras aventuras para hacer ese trasfondo (personalidad, amigos, enemigos, motivaciones). La trama en sí empezó apenas bocetada: el asesinato del señor Hideo y la muerte del señor Iwao fue lo primero que hice. La trama de Kamyu Arata y el robo de la Magatama surgió en paralelo, al desarrollar Yukikaze a partir de la idea de aventura que trae el libro de Gaïa y que me llevó a bocetar también la aventura del tanto de Minako-hime y la aventura clave del robo de la Magatama. El resto fue cosa de juntar ambas y ver qué pasaba.

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Sakura — Epílogo

Ishikawa Reiko tenía en su mano hundir la casa Asakura o apuntalarla y eligió esto último. El día siguiente al combate por la Magatama se sentó, aún en el templo, con la apenas recuperada regente y planteó su jugada. En aquella reunión en la pradera, junto a la laguna, tomando las provisiones del templo, mientras los samuráis lo limpiaban, llevándose los muertos fuera del valle, y esperaban la respuesta a los mensajeros enviados, en aquella reunión informal, digo, se gestó el futuro de la familia Asakura y el auge del clan Ishikawa. Y también se forjó la versión oficial de lo ocurrido.


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Sakura — El desquite de Reiko

O Fortuna
velut luna
statu variabilis…

Con las primeras luces del alba, Reiko abandonaba el Segundo Castillo seguida de los suyos y los árboles parecían florecer a su paso. Cuarenta jinetes, incluyendo a Okuzaki Akira y cinco de sus samuráis, cincuenta y cinco monturas. Era 14 de junio y el Sol remoloneó poco en coronar las Sen Monogatari e iluminar el valle. Los primeros rayos los saludaron saliendo del valle, camino de las tierras del hatamoto, adonde llegaron poco después de las nueve. El hatamoto Sakoda los esperaba, acompañado de sus hijos y vasallos, del hijo de Goto y del caballo de Reiko.

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Sakura — En los valles de Minako-hime

Primero planta el pabellón, discute luego

Viejo proverbio inglés

Minako-hime se levantaba orgullosa, con su corona blanca acariciada por el sol de la tarde. Descendían de ella, en sucesivas capas, los frondosos montes del dominio: su hogar. Ishikawa Reiko, el señor Shingen y Hosoda Genji la contemplaban desde lo alto de una loma. A sus pies, un hito en el camino marcaba la frontera del dominio; tras ellos, en una hondonada, la capitana Asai Kikuko, su sobrina Yoriko y Manobu Raiden preparaban el campamento. Había sido una dura jornada, llevando las armaduras del escuadrón de Katayama pese al calor, para evitar a las demás patrullas que hubiera en su busca.

—Tendremos que salir de madrugada para cruzar el dominio sin contratiempos —dijo Genji—. Según Manobu, Nakamura controla ahora el Tercer Castillo y, con él, la carretera de Aimi. Y él no dejará pasar a un escuadrón de samuráis sin que den explicaciones, por mucho que la capitana Asai esté al mando.

Shingen puso la mano sobre el hombro de su sobrina.

—Allí hay gente que aún os es fiel.


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Sakura — Ni rendición ni retirada

—¡Genji! Lo necesito vivo.

—Mató a vuestro padre y mi señor.

—En la batalla contra el Dios Insidioso que está por venir todas las deudas kármicas serán saldadas.

—¡Estaba con Arata!

—Eso nos lo tendrá que explicar.

Habían acampado en un claro, a orillas de un riachuelo que les permitiera limpiar sus heridas y abrevar las monturas. Estaban a una hora de la aldea de Shiro, aún faltaba para el amanecer y los ninjas rondaban cerca. Asai Yoriko y Manobu Raiden montaban guardia; Hitomi había estado atendiendo a Hosoda Genji, afectado por un veneno que ya conocía bien; el onmyoji dormitaba y Asai Kikuko y el señor Shingen permanecían sentados, en apariencia descansando o meditando.


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Sakura — La aldea de Shiro

Asakura Kujaku seguiría su propio camino, aunque Reiko siempre sospechó que Arata había tenido algo que ver, y ellos continuaron hacia su encuentro con el shugenja oscuro. La propia Reiko, Genji, Hitomi y Asai Yoriko en un principio. Luego, una vez se tranquilizó la situación en el santuario, les siguió la capitana Akiko con el joven onmyoji Naoki y con Manobu Raiden, que se había dejado caer por el templo en busca de noticias de Reiko.

Así, los siete, no todos samuráis, llegaron a la aldea de Shiro, donde se encontraba el santuario de la Casa Blanca, lugar de la cita con Arata. Una aldea dispersa en el bosque, con granjas y edificios repartidos entre cerros y valles y pocas zonas de cultivo. El núcleo principal del asentamiento lo formaban el propio santuario, una posada y unos pocos edificios de uso común. La capitana Asai Kikuko había estado en el santuario una vez, años atrás, y pudo explicarles lo que se encontrarían.


El santuario de la Casa Blanca

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Sakura — Espíritus inquietos

El shogún Kagutsushi Shin viajaba de incógnito al Santuario del Espejo. Lo que quería decir que iba vestido de “gran señor que viaja de incógnito” y esto le permitía ir con una reducida escolta, por veredas apartadas y evitando farragosas sesiones de reverencias, intercambio de presentes, ceremonias del té y otras actividades cortesanas, pero también dejaba clara su posición para evitar que alguien pudiera insultarlo por error. Iba acompañado de su principal guardaespaldas y ayuda de cámara, Inada Tetsu, y de otro samurái cuyo kimono tenía un curioso tono rojizo.


Asakura Kujaku

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Sakura — Jinbo

Jinbo era el nombre que les había dado Honjo Satoshi, el samurái renegado: el nombre del agente de los yogoreta que hacía de enlace con el shogún oscuro y los cuatro shugenjas del grupo de Kamyu Arata. También era el nombre a quien Saburo, el archivero traidor, rendía cuentas. Y era, esperaban Reiko y Genji, el hombre que los llevaría hasta el mismísimo Arata.

Salieron en su busca en cuanto acabaron sus asuntos en Tsukikage, la capital imperial: recoger las nuevas tsubas para sus armas y la vaina Taiyonotsuki y comprobar que Ishikawa Nobou se recuperaba bien del ataque ninja. Partieron Ishikawa Reiko, Hosoda Genji e Hitomi. A Manobu Raiden lo enviaron de vuelta a Aimi.

Sabían que Jinbo se movía en esos días en la carretera del noreste, la de Koga, y tenían la ayuda de los agentes del señor Saito. No tardaron mucho en dar con él.

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Sakura — El bibliotecario

Ishikawa Reiko, Hosoda Genji e Hitomi llegaron a la posada bien entrada la noche. Los hombres de Saito habían dejado sus pertenencias en las habitaciones reservadas por el bibliotecario Ishikawa Nobou y las monturas en el establo. Durmieron con mil ojos abiertos, preocupados por las palabras del policía. Se sabían perseguidos y las nuevas identidades que les había proporcionado no los tranquilizaban: las monturas y la propia reserva de la posada formaban un rastro fácil de seguir. Hosoda vio una cara que le resultaba conocida entre los huéspedes, lo que no ayudaba a su estado de ánimo.

Al día siguiente, Reiko se disfrazó de chico con tal maestría que ni su padre la hubiera reconocido. Mandaron un mensaje al Colegio Onmyoji para quedar con Nobou para comer y salieron de compras: necesitaban ropa nueva y más ligera que sus remendados ropajes invernales y también buscar a Hitomi algo que no fuera el hábito de miko, por mucho que pudiera protestar.


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Sakura — Dragón de Jade

Ishikawa Reiko, Hosoda Genji e Hitomi abandonaron Montaña Blanca dos días después del ritual de la primavera. Llevaban consigo tres caballos y dos mulas. A Honjo Satoshi, el samurái renegado, lo enviaron finalmente con Kato Misaki para que lo dejara a buen recaudo en las mazmorras del castillo de los Masaki. Acordaron con él una contraseña de entrega, pues estaban seguros de que el señor Saito, jefe de policía en Aimi y agente de la inteligencia imperial, querría interrogarlo a fondo.

El falso invierno provocado por el ritual de Okuzaki Jin había durado casi dos meses. Dos meses de frío intenso, fuertes heladas y mucha nieve. Ahora, mayo quería recuperar el tiempo perdido y el sol calentaba con fuerza, deshelando los campos y los montes. Se avecinaban días de aludes, crecidas e inundaciones.

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