1618, estación del fuego, primeras semanas
Con el cambio de estación, llegó al castro la reina Ivartha con su séquito. La tribu Cinsina no tenía un palacio donde viviera su rey todo el año, al contrario que otras, como la tribu Colymar. Sus jefes hacían un recorrido anual entre los clanes, pasando unas semanas en cada uno. Con todo, el castro era la principal fortaleza de la tribu e Ivartha, entre que era Vaca Roja de nacimiento y su enemistad con el jefe Ivar de los Dolutha de Vado Peligroso, pasaba allí más tiempo que en el resto de las tierras.
El Gran Salón de la fortaleza se llenaba de verdad estos días y el castro bullía en actividad. Aprovechando la venida de la reina, llegaban mercaderes, emisarios, sacerdotes errantes, santones, pedigüeños y aventureros. En el banquete de bienvenida, el clan no escatimaba para dejar patente la riqueza de su ganado y sus campos.
Como la historia del robo de ganado a Recodo del Arroyo ya estaba en boca de todos, nuestros héroes tuvieron asientos de honor que les permitieron codearse con el séquito de la reina, contar sus historias, bailar y beber hasta caer rendidos o dormir acompañados.




En mi juventud, Runequest era el tercero en discordia. Tenías AD&D, tenías MERP/Rolemaster y tenías Runequest. Eran los tres juegos de rol de fantasía que teníamos en castellano. En el club en el que yo estaba en mi primer periplo universitario (Alas de Dragón) cogía polvo en la estantería. En los tres años que pasé allí, nunca jugué. Había coñas con su mortalidad y con los patos y ya. Yo me especialicé en juegos que no se jugaban en el club, por tener más variedad de directores de juego. Dirigí a Far west, a Piratas!!, a Nephilim. Con Runequest, cogía los libros, veía las portadas, los interiores, los comparaba los de AD&D y MERP y los volvía a dejar en su sitio.