Sakura — La cabaña errante

El grupo permaneció unos días en tierras de los Masaki, mientras Hosoda Genji se recuperaba de las heridas sufridas en su duelo con Mikoshi Yotaro. Kato Misaki aprovechó esos días para volver con su familia y poner sus asuntos en orden. Ishikawa Reiko pasó los días en el archivo, buscando información sobre los Shimazaki, el esquivo clan que compartía, con los Okuzaki, la titularidad del Templo de las Cuatro Estaciones de Tsukikage. Lo poco que encontró apuntaba al norte del Bosque Karasu, en tierras de los Karasuma, un gran bosque con fama de encantado que ocupaba la península que hacía de extremo norte de la gran isla de Varja. Coincidía con lo que le había contado Hitomi. Reiko sospechaba que los Shimazaki eran daimah, al igual que los Okuzaki. La acólita no parecía saber nada o, si lo sabía, no había respondido al sutil tanteo de Reiko.

Para Hosoda Genji, aquellos días en los que obligó a su señora a esperar por él fueron un suplicio. En su vida se había sentido un lastre tan inútil. Abandonó pronto el lecho, pese a las protestas del médico. A falta de cascada helada bajo la que meditar y con la prohibición expresa de Reiko de practicar kendo, optó por los paseos. Al principio a pie, luego a caballo. Iba solo, acompañado de Hitomi o, un par de veces, de Reiko. Precisamente, en uno de estos paseos vivieron una de sus aventuras más extrañas.

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Sakura — Matsukaze o La enfermedad del daimio

El descenso de la montaña no fue menos complicado que la subida. Mover a tres personas (Ishikawa Reiko, Hosoda Genji e Hitomi) y cinco monturas (dos caballos de guerra, un palafrén y dos mulas) no era, en absoluto, tarea fácil entre aquellas laderas cargadas de nieve, a un paso del alud. Pero el guía conocía aquellas tierras como la palma de su mano y con un simple vistazo elegía el mejor camino. Hosoda Genji sospechaba que debía ser cazador furtivo o mover contrabando o fugitivos a un lado y otro de las montañas, mas nada dijo. El hombre era correcto en el trato y cumplió con lo pactado, dejándoles en el camino al dominio de los Masaki, al pie del puerto. Embolsándose la plata ganada, más un plus por mantener su boca cerrada, se despidió con una reverencia y volvió a las montañas.

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Cadeus — Vilhelm “Vil” Zadovsky

Hijo de unos granjeros de Helenia, su aldea fue arrasada por unos monstruos lobunos y él fue el único superviviente: su madre logró esconderlo en el sótano y él permaneció durante horas o días en silencio, escuchando como las bestias se alimentaban de su familia, con su olor almizclado mezclándose con el de la sangre y las vísceras de sus víctimas.

Fue recogido por una caravana de nómadas zínner, que se ganaban la vida con pequeños espectáculos circenses. Vivió con ellos como uno más de la familia: comió con ellos, rio con ellos, lloró con ellos y, con los demás pequeños, comenzó a participar en los espectáculos. Esta nueva vida duró dos años, hasta que la caravana y la aldea donde estaban fueron atacadas por los mismos o similares monstruos. Esta vez, Vilhelm los oyó y, aterrorizado, se refugió en la iglesia de la aldea con una chiquilla de la caravana, Mara. Sobrevivieron ellos dos y el sacerdote. El inquisidor que acudió al informe del sacerdote encontró interesantes a los chavales, o bien se apiadó de ellos, y los envió a El Dominio, a Cadeus, para ser entrenados como inquisidores. Llegó a probar a Vilhelm y el agudo oído del niño lo sorprendió.

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Sakura — El viejo de la montaña

Tras derrotar al segundo oni, Ishikawa Reiko y Hosoda Genji registraron la posada para descartar la presencia de más ninjas. Luego, corrieron a las ruinas humeantes del cuartel de la policía, buscando supervivientes. Fue en vano. De vuelta a la posada, tranquilizaron al personal y a los huéspedes y los pusieron a trabajar, enviando a los criados a recuperar los cadáveres. Un recuento de armas, entre lo que había en la posada y lo que recuperaron de los policías muertos fuera de la zona del incendio, dio varias lanzas, cuchillos, hachas y un par de katanas que repartieron entre todos los que podían manejarlas.

No hay montaña que se precie que no tenga uno de éstos

El cuerpo de Okuzaki Jin lo amortajaron ellos mismos, sin dejar que nadie se acercara. Al morir, la magia que camuflaba su aspecto había desaparecido, quedando a la vista los rasgos animales del daimah. En la mortaja, Reiko inscribió el mon del clan Okuzaki, por si querían recuperar el cuerpo en un futuro. Luego, lo cargaron con el resto de cadáveres en el carro de la posada y lo enviaron con los criados a la aldea más cercana, para que los depositaran en su Puerta del Infierno.

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Ánima Beyond Fantasy — Absorción vs Tabla de combate

Ánima vio el mundo con una única tabla de combate que recordaba un montón a las miles de tablas de Rolemaster —al cruzar el resultado del ataque con la armadura de la víctima— y, a la vez, resolvía el problema de ese montón de tablas a una sola. Aun así, fue muy criticada por farragosa y en la última edición —la llamada Core Exxet— se sustituía por un nuevo sistema llamado Absorción. Yo no puedo saber hasta qué punto estas quejas sobre la tabla se hicieron masivas, pues ya se sabe que se nota más a los que se quejan a viva voz que a los que permanecen en silencio, pero hasta la fecha todos los jugadores y directores de Ánima con los que me he cruzado han seguido utilizando la vieja tabla y no ha sido hasta ahora cuando me he sentado a la mesa de un director de juego que ha empezado con la versión Core Exxet y usa, por tanto, la Absorción. Para mis jugadores habituales, Menxar y Charlie, el cambio de sistema está suponiendo algunos problemas de cálculo, así que aquí va una pequeña comparación entre ambas variantes.

Son sistemas para el cálculo del daño, es decir, el resto del sistema no cambia. Recordemos que el resultado del combate era la diferencia entre el ataque (habilidad de ataque + tirada +- modificadores) y la defensa (habilidad de defensa + tirada +- modificadores) y si este resultado era mayor a 0 el defensor, por defecto, era puesto a la defensiva (perdía la posibilidad de hacer acciones activas) y podía sufrir daños.

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Sakura — Trae el invierno, lo que de verdad pasó

Una historia salvaje es una historia que desea ser contada y está al acecho en busca de cualquier oportunidad. Una historia domesticada es una historia tranquila, criada con mimo y que tiene un comportamiento que se pliega a nuestros deseos. Una historia salvaje no: tras una apariencia inofensiva, saltará de improviso y nos arrastrará en una vorágine difícil de controlar. En el camino, puede hasta que engulla nuestra bonita historia domesticada y nos deje… otra cosa.

Como máster dado a la improvisación, he sufrido el ataque de historias salvajes. Algunas me han llegado a reescribir una campaña de arriba abajo (la trama de Caos en Guardianes del Grial), otras… bueno, ahí queda el dragón en su mansión multidimensional que se dedicaba a la venta por catálogo, partida del Ícaro que aún no sabemos si considerar o no canon y que no he llegado a contar porque me da algo de vergüenza de lo absurda que fue.

La última ocasión fue durante la estancia en Tsukikage, capital imperial. La conté ayer, dentro de lo malo no fue muy salvaje y, aprovechando una pausa entre dos sesiones, puede agarrarme a su lomo y llevarla más o menos en la dirección que yo quería. Ha cambiado toda la parte central de la campaña, pero casi parece que lo tuviera planeado desde el principio. A riesgo de perder el respeto de mis jugadores, esto es lo que de verdad ocurrió:

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