Sakura — Ni rendición ni retirada

—¡Genji! Lo necesito vivo.

—Mató a vuestro padre y mi señor.

—En la batalla contra el Dios Insidioso que está por venir todas las deudas kármicas serán saldadas.

—¡Estaba con Arata!

—Eso nos lo tendrá que explicar.

Habían acampado en un claro, a orillas de un riachuelo que les permitiera limpiar sus heridas y abrevar las monturas. Estaban a una hora de la aldea de Shiro, aún faltaba para el amanecer y los ninjas rondaban cerca. Asai Yoriko y Manobu Raiden montaban guardia; Hitomi había estado atendiendo a Hosoda Genji, afectado por un veneno que ya conocía bien; el onmyoji dormitaba y Asai Kikuko y el señor Shingen permanecían sentados, en apariencia descansando o meditando.


Con movimientos aún rígidos, Genji siguió a Reiko y se sentó frente a Shingen. Su posición no engañaba a nadie: parecía un duelista en un torneo de iaido.

—Estoy feliz de volver a veros, tío —comenzó Reiko—. Desaparecisteis de la faz de la tierra y temí que hubierais muerto. Mas nunca esperé encontraros entre los hombres de Kamyu Arata. Contadme.

—Muerto estoy, aunque el día que ocurra me es aún incierto. Estuve tentado de lavar mi falta y unirme a mis fieles vasallos, que ninguna culpa tuvieron en esto. Pero luego me acordé de ti, pensé en lo que te afectaría todo y me di cuenta de que lo ocurrido no… no encajaba. Las sospechas de mi hermano; las prisas por la segunda boda; que esa noche, cuando nombró heredero al joven Taro, no estuvieran los oficiales que os podían ser fieles, pero sí yo y el señor Maruyama… Recordé lo que me habías contado del intento de robo de Yukikaze, del tanto de Minako-hime y del shugenja Kamyu Arata y me pareció ver juego sucio.

»Me deben favores en el Otro Lado. Me los cobré todos para llegar a la ciudad mágica de Yokai e investigar sobre Kamyu Arata. Llegué hasta una organización de cuatro shugenjas al servicio del Dios Insidioso y logré infiltrarme en ella, hasta llegar a Arata. Sin embargo, estaba resultando ser un camino muerto, pues nada conseguí averiguar de Arata.

—Quizás fue porque sabía quién erais —interrumpió Yoriko—. Le oí comentarlo en su huida con un tal Yashamaru: esperaba que vos y vuestra sobrina os mataseis mutuamente.

—Al final no hemos conseguido nada —se lamentó Reiko—: se nos ha escapado Arata y no hemos demostrado que sea Araya Souren ni tampoco mi inocencia.

—Quizás sí: también le oí decir que debían correr al castillo para hablar con la regente. Esto demuestra que la regente es una traidora.

—No necesariamente —apuntó Genji—. Si Arata es Araya, llegar a la regente antes que nosotros y dar su versión de los hechos acabaría con nuestra credibilidad y con la vuestra, señorita Asai. La capitana podría ser considerada una traidora.

—Necesitamos ayuda —pensó Reiko—. ¿Podemos contar con sus vasallos, capitana Asai?

—Mis tierras están demasiado lejos, sería una pérdida de tiempo.

—¿Y los Okuzaki? —repuso Raiden—. Sus sacerdotes saben lo ocurrido en el santuario de la kitsune y son un clan respetado.

Era una buena idea, pero nadie, ni siquiera la capitana, sabía llegar a las tierras Okuzaki, en el interior del Bosque Sellado.

—Si sus tierras están tan ocultas como las de los Shimazaki, no llegaremos sin un guía —dijo Genji, evitando mencionar su naturaleza no humana.

—Entonces, estamos solos —terminó Reiko—. ¡A caballo, samuráis! Iremos al castillo Mitsumi. La capitana Asai y Yoriko nos introducirán en la fortaleza y de ahí seguiremos nosotros. ¡A galope!

 

Galoparon hacia el sur, bordeando el Bosque Sellado. Eran dos días de camino y luego girarían al sureste, para cruzar el bosque por el camino principal. En la entrada del bosque había un apostadero militar en donde la capitana les dijo que podrían cambiar los caballos.

—No nos lleva más de tres horas de ventaja. Lo alcanzaremos antes de que llegue al castillo.

Sólo si va por caminos normales, pensó Genji, recordando las extrañas sendas del Bosque Karasu. Pero no dijo nada.

Sus temores se confirmaron en la tarde del segundo día, cuando vieron una gran nube de polvo que recorría el camino en dirección contraria. Era inútil esconderse en aquel paraje de tierras de cultivo, sin elevaciones ni bosques y tampoco podían huir con las monturas tan cansadas, así que desmontaron y se prepararon para lo que viniera. Hitomi y el onmyoji quedaron en retaguardia, con Yoriko protegiéndolos; la capitana y Manobu tomaron el flanco izquierdo, mientras que Shingen se encargó del derecho; Reiko se sentó a la vera del camino, con Genji a su lado.

Pronto, bajo la nube de polvo, vieron los sashimono y las armaduras. Era una partida de guerra y todos supieron lo que eso significaba.

El destacamento avanzaba rápido: sus caballos estaban frescos, así que venían del apostadero o los habían cambiado allí.

—Katayama está al mando —musitó la capitana al reconocer al oficial al frente del destacamento—. Es un buen hombre. Esto lo hará desagradable.

Los samuráis llegaron hasta ellos. Eran dos docenas. La mitad eran arqueros y se desplegaron por detrás. El resto formó tras su oficial en columna de a tres. Los arrozales a ambos lados del camino les impedían maniobrar con soltura.

—¡Ishikawa Reiko, Asai Kikuko, todos: rendíos! La regente ordena vuestra captura por conspirar para haceros con la Magatama sagrada —exclamó el oficial.

—¿Qué locura es ésta, Katayama? —gritó la capitana—. ¿Quién puede creerse que yo conspire contra mi clan?

—Sabemos que no es culpa vuestra, capitana, y vuestra familia no correrá peligro. Araya Souren sobrevivió al ataque de Ishikawa Reiko y consiguió llegar al castillo para desvelar los planes de la bruja. Sabemos así que es capaz de dominar la mente de las personas y cambiar su lealtad. Así logro que un inocente sacerdote Okuzaki hiciera un abyecto ritual en Tsukikage que nos trajo el innatural invierno de este año para debilitar los sellos que protegen a la Magatama, ¡sin importarle cuántos campesinos morirían por sus actos!

—¡Esos son los planes del shugenja oscuro Kamyu Arata, que se hace pasar por el onmyoji Araya Souren! —interrumpió Reiko—. Está tan desesperado que confiesa sus crímenes y me los carga a mí para ganar algo de tiempo. ¡Escuchad, señor Katayama! ¿Qué razón tendría yo para…?

—¡Callad! A los demás los conduciré a prisión, pero a vos tengo orden de ejecutaros de inmediato y si intentáis influir en mi mente y hago algo extraño, los arqueros nos matarán igual. En cuanto a la razón, también la sabemos. El señor Hideo descubrió la terrible verdad de vuestro nacimiento y no hacéis sino vengaros por haber sido desheredada, utilizando las impías artes que vuestro linaje maldito…

—Esta conversación ya aburre —musitó Shingen. Y se movió como un rayo, metiéndose entre los jinetes y cortando y apuñalando a hombres y bestias.

El veterano samurái esperaba que Raiden y Genji, los más rápidos, aprovecharan el desconcierto para cargar contra los arqueros, pero los nervios y la inexperiencia en combates tan desventajosos les hizo ignorar a los arqueros. El primero atacó a los samuráis que tenía delante, para evitar que les rodeasen, y el segundo cerró distancias con Katayama para proteger a Reiko.

En estas, el oficial que comandaba los arqueros ordenó disparar contra Reiko, aunque Katayama estuviera en ese momento en medio.

La descarga fue mortal. Genji intentó apartar a Reiko, pero la joven lo esquivó y saltó sobre Katayama, derribándolo del caballo y protegiéndolo con su cuerpo. Y fue alcanzada por cinco o seis flechas y cayó sin un suspiro.

La acción cogió a todos por sorpresa. Los samuráis de Katayama, la capitana, Raiden, Yoriko… sólo tres personas se movieron: Hitomi, que corrió hacia el cuerpo de Reiko; Shingen, que terminó de cruzar la columna y cargó contra los arqueros; y Genji, que, loco de furia, rodeó por la izquierda para conseguir ángulo y usar Las nieves eternas de Minako-hime, el terrible ataque a distancia de Yukikaze. El golpe de frío extremo dio de lleno a los arqueros, congelando las juntas de las armaduras, astillando arcos e impidiéndoles lanzar una segunda descarga. Antes de que pudieran sacudirse el hielo, Shigen y él mismo llegaron con promesas de muerte. Los heridos y los más lentos no lograron escapar.

 

En segundos había acabado todo: los arqueros, desbandados o muertos; la caballería pesada, con las armas bajas y sin ganas de seguir luchando; Katayama, ileso y en shock, no podía apartar la vista de la ensangrentada Reiko; y Hitomi, la miko, aguantándose las lágrimas, atendía a la joven: le había dado un bebedizo de los ninjas y con el tanto de Minako-hime, que había tomado de sus manos, le abría las heridas para extraer las fechas y poder cosérselas.

—¿Son los actos de una bruja? —le espetó Genji a Katayama—. Se ha sacrificado por ti.

—¿Por qué? ¿Por qué lo ha hecho?

—Porque ella no es la que quiere robar la Magatama y llevarse al Dios Insidioso. Ni la que quería provocar el invierno innatural. Ni quien intentó robar Yukikaze, haciendo matar a Maruyama, primero en Aimi, donde falló por su intervención, y luego en Minako-hime, ocultándolo con el asesinato del daimio. Ni quien atacó el templo de la kitsune de hielo el año pasado para hacerse con un arma sagrada. No es ella quien ha engañado a la regente y os ha engañado a todos y ahora campa libre. Libre para terminar lo que empezó. Y ahora me diréis que Araya Souren va al templo de la Magatama y todo se irá al infierno.

—Pero… Pero… ¡La regente va con él!

—¡Por todos los kami!

La capitana Asai tranquilizó a Genji poniéndole la mano en el hombro.

—Sólo los miembros de la familia principal Asakura pueden entrar en el templo prohibido. Y en el castillo sólo están ella y el pequeño señor —Se volvió hacia Katayama—. ¿Quién las escolta?

—Imada Fumiko y su compañía de onna bugeisha, su guardia personal. Son las mejores. Si Araya es un shugenja oscuro, como decís, nada podrá hacer.

Genji había palidecido al escuchar el nombre. Más atrás, Yoriko ahogaba una exclamación de sorpresa.

—¡Era esa Izumi! —dijo. Al ver las expresiones de sus compañeros, Yoriko continuó—. La guardaespaldas de Arata. Me sonaba su cara, pero no lograba ponerle nombre. Claro, la última vez que la vi yo tenía diez años si acaso. Era Izumi, la hermana de Fumiko. Descubrieron que era saniwa en la pubertad y la encerraron en Kagami Jiin, pero no aguantó la vida de las sacerdotisas del espejo y huyó. Fue una vergüenza para la familia, que renegó de ella y la despojó del apellido. Estos años oí rumores de que se movía en los bajos fondos, pero no quise hacerles caso.

Genji agarró el brazo de la capitana con el rostro desencajado.

—Imada Aiko, la samurái que quería llevar a Reiko al templo de la Magatama y murió en combate, ¿era…?

—La hermana mayor de Fumiko y de Izumi.

—¡No puede ser una coincidencia! Hitomi, ¿cómo está hime-dono?

—Es un milagro: las flechas no han alcanzado ningún órgano. Le he dado un bebedizo de los ninjas y sus heridas ya se están cerrando. Esta noche podrá tomarse otro y para mañana ya podrá montar.

Reiko, que había recobrado la consciencia a tiempo de escuchar el final de la conversación, hizo señas a la capitana para que se acercara.

—¿Dónde está el templo?

—A una jornada al este del paso Azuma.

—Genji, con el camino del castillo Mitsumi cortado, tendremos que continuar hacia el sur y luego tomar la carretera de Aimi hacia el este —Ese camino los llevaba a pasar por sus antiguas tierras—. Esto es lo que haremos…

 

Continuaron al día siguiente, vestidos con las armaduras del destacamento de Katayama para despistar a las demás patrullas. Al oficial y sus hombres los enviaron de vuelta al castillo Mitsumi, con orden de convencer a los oficiales de enviar tropas al templo de la Magatama. Durante la noche, Genji escribió una carta al shogún contando todo lo ocurrido y los planes de Arata. Una carta que significaría el fin de la familia Asakura y de sus clanes vasallos. Se la entregaron a Hitomi y la enviaron, con el onmyoji, de vuelta a Kagami Jiin.

—Si fracasamos, házsela llegar al shogún a través de las sacerdotisas. Hablad con Tsuki.

Sakura, un cuento de Lannet 3×06. Con Hosoda Genji (Menxar) e Ishikawa Reiko (Charlie) y la colaboración especial de Manobu Raiden (Norkak).

Ya nos queda poco. Primera parte de la última y larguísima sesión de la campaña (11am-2am). El encuentro con Shingen en la ciudad de Yokai estaba previsto cuando boceté la campaña, pero, al final, no hizo falta ni los jugadores fueron a esa ciudad. Así que las investigaciones de Shingen continuaron su curso y por eso se lo encontraron en la anterior sesión.

El enfrentamiento con los samuráis estuvo a un pelo de acabar muy mal. Menxar y Norkak se olvidaron de los arqueros, ¡y eso que moví a Shingen y a la capitana para cubrirles y darles libertad de movimiento! Charlie usó la ventaja de campaña ¡Noooooo! para salvarse de una muerte segura y, de paso, salvar a Katayama y dar la vuelta al enfrentamiento de una forma muy curiosa.

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