Baile de máscaras

Una detonación seca se coló en el salón de baile por los grandes ventanales abiertos, levantando gritos de sorpresa entre los jóvenes de ambos sexos que, hasta el momento, habían estado concentrados en el difícil arte de la danza. En la explanada frente a la casa, un grupo de excitados jóvenes revoloteaban entre risas alrededor del marqués de l’Aigle Couronné, que sostenía un vetusto trueno de mano aún humeante.


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Shinrei Tantei Yakumo

Shinrei Tantei Yakumo es una serie de 2010 que tenía aburrida en el disco duro, esperando su oportunidad. 13 episodios del estudio Bee Train bajo la batuta de Tomoyuki Kurokawa que adaptan la novela de Manabu Kaminaga, un thiller sobrenatural que empieza con el caso de la semana que van enlazándose para desarrollar la trama central.


Yakumo, Kazutoshi y Haruka

La serie sigue las andanzas de Yakumo Saitō (Daisuke Ono, el rubio Shizuo Heiwajima en Durarara!!), un arisco estudiante universitario con un ojo rojo que le permite ver fantasmas, y su compañera Haruka Ozawa (Ayumi Fujimura, la protagonista de la simpática Kaichō wa Maid-sama!), y los líos en que se meten: el misterio que trae Haruka, las colaboraciones con el policía Kazutoshi Gotou (Hiroki Tōchi, Abel en Trinity Blood) y, conforme avanzamos, los propios misterios que rodean a Yakumo. Complementan a los protagonistas un nutrido grupo de secundarios: el tío de Yakumo, monje budista, y su hija; el novato compañero de Gotou, su capitana, el extravagante forense, la periodias; y los antagonistas, claro.

La serie me ha sorprendido y me ha gustado. Me ha sorprendido porque al principio me esperaba un desarrollo de «caso de la semana», con algo de desarrollo en los personajes, no que planteara una trama tan amplia en el tiempo y enlazando a tantos personajes como lo hace. Sin ser un anime sobresaliente, tiene un sabor a cine negro que lo hace una buena elección para un maratón de fin de semana.

La versión que he seguido es una colaboración de Ñyuum y RedlineSP.

Grancrest Senki

Una joven e impertinente maga que no quiere servir al señor que la ha contratado por su fama de mujeriego, tima a un joven caballero vagabundo y le complica la vida hasta límites insospechados. Posiblemente, esta sinopsis de Grancrest Senki no es la que encontrará el lector por ahí (hablará más de los nobles enfrentados, de la amenaza del Caos y cosas así), pero en mi casa esta serie ha sido conocida como «la de la maga entrometida y el chaval carismático».

«Tú atacas el flanco derecho, tú el izquierdo y yo el centro. Nos vemos en el campamento enemigo»

Es una serie de fantasía clásica, alejada del entorno videojueguil en vigor, lo que no es de extrañar proviniendo de la pluma de Ryo Mizuno (Record of Lodoss War). Empieza suave, pero en el capítulo nueve gira a un tono más sangriento y despiadado. Tiene un mogollón de personajes, tantos que parece una campaña de rol mía: entre nobles, magos, ayudantes y el tipo que pasaba por allí suman un par de decenas, al menos, todos fácilmente reconocibles, ya por un gesto o una forma de comportarse: la maga de las largas mangas, el mago de corte al que le rompen los esquemas cada dos por tres, el criado-guardaespaldas…

Son 24 episodios que, sin ser ninguna maravilla, suponen un soplo de aire clásico muy de agradecer. La única pega de importancia son algunas escenas de acción que parecen dibujadas por el becario. La versión que he seguido ha sido la de Ñyuum.

Goblin Slayer

Siguiendo con la moda de las series de ambientación rolera (variante videojuego japonés, cuyo enfoque siempre es pintoresco), donde los personajes se ven atrapados en un mundo de videojuego convertido en real o viven en un mundo con claras semejanzas, este otoño hemos tenido dos series, la de Tensei Shitara Slime Datta Ken (en mi casa conocida como la del limo) y Goblin Slayer. Como la primera sigue en emisión, hablaré hoy de la segunda.

Típico grupo de aventureros (cada cual de su padre y de su madre) en el descanso nocturno

Goblin Slayer es una serie de novelas ligeras, escritas por Kumo Kagyu e ilustradas por Noboru Kannatsuki. En mundo muy, pero que muy Old School, narra las andanzas de un aventurero especializado en la caza y exterminio del Cobalus malignans o goblin común. Su principal gancho es el tono descarnado con el que muestra el horror que supone el ataque del goblin para las zonas rurales.

La adaptación al anime, en 12 episodios (aunque seguramente vengan más temporadas) viene de la mano del estudio White Fox, que ya tiene alguna serie del tipo (Re:Zero kara Hajimeru Isekai Seikatsu), y dirige Takaharu Ozaki. Tiene un buen elenco de voces, entre las que destaca, para mí, Yōko Hikasa (Mio en K-ON!), por el tono desquiciante que le da a la bruja.

La serie es sí ha sido una decepción. Empieza bien, con una mala baba que me hizo recordar a Hai to Gensō no Grimgar, pero decae rapidísimo. La estructura es repetitiva (arco argumental, episodio de descanso, otro arco, otro descanso…); el ritmo de los episodios, irregular; las escenas de acción, también irregulares; la animación, tres cuartos de lo mismo. Me recuerda mucho a Gate: había chicha para hacer grandes cosas, pero las limitaciones tanto del original como de la adaptación lastran demasiado el conjunto.

Yagate Kimi ni Naru

Yagate Kimi ni Naru ha sido la agradable sorpresa de la temporada de otoño de 2018 y una buena forma de despedir el año que empezaba con Violet Evergarden. Adaptación de (parte del) manga homónimo de Nio Nakatani, nos presenta a doña perfecta Touko Nanami (Minako Kotobuki, Asuka en Hibike!), estudiante de segundo año y presidente del consejo estudiantil del instituto; a su compañera Sayaka Saeki (Ai Kayano, Kanade en Chihayafuru) y a la novata y voluntariosa Yuu Koito (Yuuki Takada). Nanami es la chica más popular del instituto, todos la tienen como ejemplo o acuden a ella y recibe montones de declaraciones de amor, pero tiene fantasmas en el armario suficientes para llenar un contenedor de 40 pies y Koito, en principio ajena a los problemas hormonales de los jóvenes de su edad, se terminará convirtiendo en su válvula de escape.

Koito y Nanami

Planteamiento un tanto pintoresco el de la relación entre Nanami y Koito y que, sin embargo, se mantiene bien como nexo sobre el que giran el resto de los personajes: la propia Saeki, como vértice más alejado del triángulo, esperando su momento; los miembros masculinos del consejo estudiantil; la profesora de literatura (voz de Mai Nakahara) y su pareja; las compañeras de clase de Koito; su perspicaz hermana (se ve que la cosa viene de familia) y demás, con el fantasma del pasado y la obra dentro de la historia marcando el camino de esta historia de autodescubrimiento disfrazada de serie romántica. Espero ver pronto una segunda temporada.

La versión que he seguido es la de Onion no Fansub, que es, en general, más que correcta.

Durius, la última frontera

Primero dominó esa tierra un imperio élfico. Levantaron grandes maravillas que aún perduran, se extendieron por todo el mundo conocido, entraron en una espiral de decadencia y desaparecieron. Ocuparon su espacio una tribu de enanos, venida del lejano oriente. Rudos, amantes de la cerveza y la mantequilla, miraban por encima del hombro a sus ahora súbditos humanos y elfos. Nunca fueron una gran potencia y no pudieron resistir el embate orco, la ola que todo lo barrió, hasta estrellarse en las montañas del norte, donde se refugiaron los últimos hombres, elfos y enanos libres.

El tiempo tampoco perdonó al imperio orco, que terminó fragmentado en pequeños reinos, enfrentados entre sí. Y la tierra bajo las montañas, a orillas del gran río quedó desierta, una gran tierra de nadie, la nueva frontera. Y se fue poblando. De hombres, buscando tierras de cultivo y la libertad de no servir a señores de medio pelo; de trasgos, escapando del dominio orco; de bandidos, mercenarios, mercaderes, algún dragón despistado.


Necrópilis de Cuyacabras

Niebla, la última ciudad, es el punto de contacto entre el reino y la frontera. Apenas un pueblo grande, bajo la autoridad del rey, en un escarpado y profundo valle. A sus espaldas, la seguridad de las montañas y la autoridad del rey; a sus pies, la tierra prometida; entre sus murallas y su castillo, el último refugio seguro. Un lugar de encuentro donde comienzan los sueños.

Una idea de campaña de dungeoneo clásico para AD&D o D&D5 o algo similar que se me ha ocurrido estos días, mientras me volvía a ver Hai to Gensou no Grimgar y Menxar me contaba que había encontrado un manual del jugador de AD&D fotocopiado en casa de sus padres.

No es muy original: habla del repoblamiento de la cuenca del Duero en la Reconquista y se inspira en la zona de los Picos de Urbión y la Sierra de la Demanda, de las evocadoras tumbas de Revenga, de Cuyacabras, de Palacios de la Sierra. Llevo bastante tiempo dándole vueltas a una campaña de Runequest (ahora Mythras) en aquellas tierras en torno al siglo IX y esto no deja de ser otra variante.

Undécimo año en la brecha

Otro año se aproxima a su fin y toca la habitual entrada resumen. Undécimo año del blog y un año paupérrimo, lo mire por donde lo mire: una veintena escasa de entradas.

Ha sido un año marcado por dos mudanzas: una personal, pues a finales del invierno cambiamos de piso y eso marcó la primera mitad del año, con poco tiempo libre y poco rol; y una segunda, más o menos terminada, profesional, al mudarse de sede mi empresa. Un lío mayúsculo, estrés y poco tiempo libre. En lo laboral, ha sido un año frustrante por la mudanza, que ha obligado a aparcar muchas cosas y mover prioridades, pero estimulante.

En lo rolero, ha sido flojo. Terminamos Sakura, que resultó ser una grandísima campaña. Pero eso fue en julio. Desde entonces, no he conseguido plantear otra campaña (una arrancada que no sé realmente como llevarla y otras como ideas que no terminan de cuajar) y empiezo a desesperarme del mono que tengo. La falta de partidas como jugador, crónica en mí desde hace veinte años, no hace sino acrecentar el problema. Estos días estoy viéndome la saga de Harry Potter y no puedo evitar pensar en la maldición de los personajes que me hablan, en lo que pudo ser y no fue y eso me pone aún más melancólico.

Para el año que viene… Bueno, no sé que vendrá. Me gustaría ampliar la mesa de juego, que ahora sólo tiene dos jugadores. Me gustaría disfrutar de una campaña como jugador y coincidir al mismo lado de la pantalla con Charlie y con Menxar. Y lanzar la campaña de la escuela de magos y que cuaje.

Y seguir con el blog, claro. Falta menos para el 2020 con todo lo que eso supone para esta cabecera y este nick surgidos de Cyberpunk 2020.

Nos vemos en el Forlon.

Full Metal Panic! Invisible Victory

Ya no tenía esperanzas de ver una tercera temporada de Full Metal Panic!. La primera, de la mano de Gonzo, llegó en 2002. Fíjense ustedes si ha llovido que el formato era cuadrado, no panorámico. Fueron 24 episodios que desglosaron, en varios arcos argumentales, las andanzas del literal Sousuke Sagara (Tomozaku Seki, Chiaki en Nodame Cantabile) y de la agresiva Kaname Chidori (Satsuki Yukino, Kagome Higurashi en Inuyasha) en un mundo parecido al nuestro, pero con mechas.

Chidori y Sagara, de vuelta por fin

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Sakura — Notas del máster

Sakura, un cuento de Lannet es la tercera campaña más larga que he dirigido, tras Los viajes del Ícaro y Guardianes del Grial. Y, de lejos, la más larga que he acabado. Pensada para 21-24 sesiones y aventuras, al final han sido 28, la mayoría de ellas dobles (6-8 horas) y una final que rondó las 16. La primera temporada fueron 9 sesiones con 8 aventuras principales, dos cortas y dos interludios; la segunda, 13 sesiones para 10 aventuras, y esta última, 6 sesiones y siete aventuras. Empezamos en julio de 2016 y la hemos terminado en julio de 2018.

En el plano formal, ha sido una campaña estructurada en tres actos, con una trama fuertemente centrada en los personajes jugadores (en uno, concretamente, y que inicialmente planteé para que pudiera ser tanto pj como pnj). Los personajes empezaron muy limpios, apenas bocetados y sin kilométricos trasfondos que en algunas mesas gustan tanto, y usé las primeras aventuras para hacer ese trasfondo (personalidad, amigos, enemigos, motivaciones). La trama en sí empezó apenas bocetada: el asesinato del señor Hideo y la muerte del señor Iwao fue lo primero que hice. La trama de Kamyu Arata y el robo de la Magatama surgió en paralelo, al desarrollar Yukikaze a partir de la idea de aventura que trae el libro de Gaïa y que me llevó a bocetar también la aventura del tanto de Minako-hime y la aventura clave del robo de la Magatama. El resto fue cosa de juntar ambas y ver qué pasaba.

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