Ishikawa Reiko, Hosoda Genji e Hitomi llegaron a la posada bien entrada la noche. Los hombres de Saito habían dejado sus pertenencias en las habitaciones reservadas por el bibliotecario Ishikawa Nobou y las monturas en el establo. Durmieron con mil ojos abiertos, preocupados por las palabras del policía. Se sabían perseguidos y las nuevas identidades que les había proporcionado no los tranquilizaban: las monturas y la propia reserva de la posada formaban un rastro fácil de seguir. Hosoda vio una cara que le resultaba conocida entre los huéspedes, lo que no ayudaba a su estado de ánimo.
Al día siguiente, Reiko se disfrazó de chico con tal maestría que ni su padre la hubiera reconocido. Mandaron un mensaje al Colegio Onmyoji para quedar con Nobou para comer y salieron de compras: necesitaban ropa nueva y más ligera que sus remendados ropajes invernales y también buscar a Hitomi algo que no fuera el hábito de miko, por mucho que pudiera protestar.



