El nacimiento de una campaña: desarrollando la trama II, el conflicto

El Babylon Project, manual de cabecera de un servidor, nos cuenta que el conflicto es la base de cualquier historia, larga o corta. Nuestra trama ha de estar construida sobre un conflicto, que definirá las dificultades que tendrán que superar los personajes y el curso de los acontecimientos a los que se enfrentarán. Sin conflicto no hay campaña. Sin conflicto, no hay aventura. Oh, en una campaña con un arco argumental definido podemos tener alguna aventura sin conflicto (por ejemplo, recuperar un viejo artefacto en unas ruinas sin que nadie nos lo dispute) y en una campaña tipo sandbox o tipo episódica el conflicto va en las aventuras, no en la campaña. Pero la regla general está ahí e incluso el viejo dungeon crawling, que nunca se ha preocupado por la lógica o el argumento, suelen articularse alrededor de un conflicto. Aunque sea el viejo «putear al señor del mal local».

La historia épica habitual suele girar en torno a unos héroes «buenos» que superan las extrañas pruebas y desafíos que el destino y sus oponentes ponen en su camino. Estos héroes se distinguen del resto del mundo por «algo», ya sea este algo sus habilidades (Aquiles), su nacimiento (Perseo) o su propia cabezonería y estupidez (Merry y Pippin). A mí, personalmente, me gusta más el héroe ambiguo con un punto oscuro, como Athos, Sandokán, Dantés… Un conflicto ambiguo y personajes ambiguos no significa un relato menos épico (pocas hazañas hay más sorprendentes y épicas que la primera Cruzada, pero a los cruzados se les puede llamar de todo menos «buenos») y permite plantear dilemas morales si los jugadores entran en el juego y el propio sistema de juego lo permite (algunos, como (A)D&D, apenas lo permiten; otros, como Pendragón, basan gran parte del sistema en estos dilemas).

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El papel del máster

La novedad principal de su sistema se basa en la capacidad de los jugadores para afectar al desarrollo de los acontecimientos. El éxito en una tirada da la posibilidad de definir hechos concretos de la situación, que pueden dar un vuelco a la historia o al entorno.

(…)¿Necesitas una puerta secreta para escapar de la horda de trolls? Búscala, si lo consigues encontrarás la puerta. ¿Quieres hacerte con una espada mágica de ese aventurero muerto? Saquea el cuerpo, la encontrarás si tienes éxito. ¿Te preguntas que hay al otro lado de la puerta? Derríbala y le dirás al DJ lo que hay detrás.

Es un fragmento de la reseña de Donjon, juego de rol publicado ahora en español por ConBarba. Unido a un artículo del Laboratorio Friki sobre control narrativo, me ha llevado a preguntarme si soy un dinosaurio a medio fosilizar. Porque, sinceramente, al Donjon no le veo utilidad más allá de partidas improvisadas cuando no hay otra cosa que hacer o fallan jugadores de la campaña seria.

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Tipos de campañas

Hace unos días, no recuerdo en qué blog, leí una entrada en la que se comentaban los distintos tipos de campaña que nos podemos encontrar y se mencionaban dos, sólo dos. Por sus nombres en inglés, railroad y sandbox. Lineal y no-lineal. Me parece una manera muy simplista de ver las cosas. Así, al pronto, a mí se me ocurren tres grandes tipos, con algunas variantes. Y eso, desde luego, bajo un punto de vista teórico. En la práctica, una campaña cogerá elementos de los tipos que al autor y/o al máster se le ocurran.

1) Sanbox. El término en inglés de caja de arena hace referencia, en los juegos de rol, a una campaña en la que el máster prepara el trasfondo (puede ser una ciudad, puede ser una galaxia) y da libertad a sus jugadores para moverse en él. Es la campaña más difícil de llevar a cabo porque exige que los jugadores tengan la iniciativa, y elijan a dónde ir, qué hacer y por qué hacerlo. En la práctica, el máster suele proponer un número limitado de aventuras a sus jugadores, y a la vez se cubre las espaldas por si estos se salen de la propuesta. Son campañas que permiten una gran evolución de los personajes, pues están basadas en estos. Urgencias es un buen ejemplo de este tipo.

2) Episódicas. El máster se prepara una aventura. Se juega. El máster se prepara otra aventura, sin relación con la anterior. Se juega. El tiempo entre aventuras se obvia o apenas se describe. La llamada Old School usa este tipo de campaña: los personajes son contratados, resuelven el dungeon o el entuerto, cobran, venden el tesoro y vuelta a empezar. Yo aquí distingo dos subtipos, dependiendo de si los personajes evolucionan (no en habilidades y equipo, sino en personalidad, contactos, amantes, amigos y enemigos) o no. El Equipo A o Star Trek son buenos ejemplos de este tipo de campañas.

3) Con trama. Aquellas que cuentan una historia, con un principio y un final. Puede estar pensada como una única y gran campaña (Babylon5) o en forma de «temporadas», arcos argumentales más cortos e independientes con los mismos personajes (Ángel, Buffy). Es más previsible que la sanbox, pero no tiene por qué ser lineal. Este tipo de campaña, cuando se ve una vez jugada, siempre parece lineal, pero internamente depende de la propia campaña, del máster y de sus jugadores: es lineal, esto es, sigue el guión establecido por el máster, si los jugadores hacen y consiguen lo que el máster tenía pensado (resuelven misterios, obtienen objetos, se interesan por tal rumor oído en la taberna…) o si el máster es malo de narices y a) obliga a los jugadores a hacer lo que él ha pensado o b) los pjs no pintan nada en el discurrir de la historia. Sin embargo, si los personajes no logran los objetivos fijados para una aventura, ignoran un gancho, matan a quien no deben (o insultan, que puede ser peor) o incluso si jugamos con «condiciones de victoria» que deben lograrse a lo largo de varias aventuras, tendremos una campaña más abierta de lo que los propios jugadores o un observador externo puedan pensar. Un ejemplo de este tipo la he ido narrando en este blog, la segunda campaña de los Visnij: los personajes no lograron los objetivos de una aventura y el guión original se fue a paseo.

El nacimiento de una campaña: desarrollando la trama I

Queremos una campaña con historia. Una campaña con un principio y un final donde veamos crecer a los personajes, hacerse mejores (o peores) personas, cogiendo su destino por los cuernos. Una campaña épica (o casi). Quiero eso. Tengo un folio en blanco y un lápiz. Bueno, vale, una libreta cuadriculada y un bic azul de toda la vida. ¿Por dónde empiezo?

Lo primero es preparar la historia. La trama sobre la cual levantaremos el edificio de nuestra campaña. Son sus cimientos, así que no podemos tomarnos su creación a la ligera: una campaña articulada sobre una trama débil se viene abajo con una facilidad pasmosa, y hablo por experiencia. Para reducir todo lo posible el riesgo de gatillazo por mala trama, hay una serie de principios que sigo cada vez que planteo una historia. A saber,

1) Es una historia abierta. Parece evidente, ¿no? Sin embargo, es algo que muchos directores de juego pasan por alto, tanto a la hora de preparar campañas como, sobre todo, aventuras. Plantean una historia cerrada, más útil como base para una novela, relato o película y, claro, llega la hora de la verdad y los jugadores quieren jugarla, el director de juego quiere obligarles a seguir su guión y todo se va al traste. Como directores de juego, vamos con una protohistoria que ofrecemos a nuestros jugadores y, entre todos, creamos una gran historia.

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Enseñanzas de la guerra submarina en partidas de Ánima

Dicen las malas lenguas que, de cuando en cuando, se me va un poco la pinza y se me ocurren auténticas fumadas. Infundios y calumnias. Sólo intento obtener respuestas a pequeñas dudas que se me ocurren en un momento dado (normalmente, durante unas cañas o a altas horas de la madrugada), como qué supone la existencia de armas de fuego en Gaïa, cuáles son las verdaderas intenciones de la Prieuré de Sión, cuántas personas son 9 caballeros (los 9 caballeros templarios originales que patrullaron Tierra Santa en solitario durante 9 años) y pequeñas cosas así. El caso que me ocupa hoy, aplicado a Ánima, es la detección de personajes y criaturas. Ya me contaréis qué tiene de fumada existencial un problema tan evidente para el máster y para el jugador. Un problema casi inexistente o de mucha menor importancia en otros juegos de fantasía medieval donde las reglas no contemplan la visibilidad o no de los poderes sobrenaturales como parte fundamental del sistema. Añádase al cóctel que me encantan las películas de submarinos, las novelas de submarinos y los juegos de submarinos.

No va a ser este un artículo detallado que busque cubrir la mayor cantidad de casos posible, sino un simple recorrido por aquellos, algunos dirán que evidentes, que me han ocurrido como máster. Como, por fortuna, no he tenido ningún fanático de la guerra submarina como jugador, no he tenido aún ninguna partida que haya degenerado en La caza del Octubre Rojo, lo que me lleva a pensar que quizás publicar esto sea un error. El tiempo dirá.

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El nacimiento de una campaña: Prólogo

Tras un piloto hace unos meses y un comienzo un poco titubeante, el domingo pasado y de forma algo «contraprogramativa» arrancó mi nueva campaña. Demasiado pronto, demasiado sujeta con andamiajes y con dudas de adónde se dirigirá, pero aquí está y se junta a Tres Valles (ésta con frecuencia muy irregular por motivos de distancia) como campaña seria. Como campaña seria, que busca ser más que un pasarratos para una tarde lluviosa y estar a la altura de los jugadores que a la mesa se sientan, requiere un trabajo de desarrollo si no quiere verse abocada al fracaso. Así que no me queda otra que desempolvar el Libro (cada maestrillo tiene el suyo) y echarle tiempo. Y rápido, que los jugadores no esperan.

Cosa sabida es que hay varios tipos de campaña. Uno, que es máster limitadillo, se dedica a las campañas con trama de corte más o menos épico (desde salvar el mundo a salvar la corporación que te paga los garbanzos, pasando por venganzas poco heroicas), dejando las campañas episódicas con poca evolución de personajes para los pasarratos y evitando el resto de opciones por inútil.

Dentro de la preparación de campaña de corte epiquillo, mi Libro tiene tras manuales de referencia de obligada consulta que sirven tanto de guía como de inspiración. Por orden alfabético, son los siguientes:

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Los que no son nombrados

Uno de los consejos habituales a un director de juego es que haga pnjs interesantes y que sean fáciles de reconocer: algún rasgo físico, tic o comportamiento único que haga que su presentación en cada escena donde salgan sea breve y los jugadores los identifiquen rápidamente, aunque hayan pasado meses de su anterior aparición.

Sin embargo, puede darse el caso de que queramos justo lo contrario: pnjs recurrentes, que van a aparecer en varias ocasiones o que, directamente, siempre están ahí y a los que no vamos a dar rasgos distintivos, más allá de su número, profesión o posición social.

Veamos esto con un ejemplo, que a mí los casos abstractos se me dan fatal: en mi campaña de Tres Valles, en el castillo capital del condado hay cuatro caballeros. Uno, el castellano, es un pj. De los otros tres sabemos (los jugadores y yo) que uno es más joven, inexperto o tiene poco nervio, pues así lo decidió el jugador del castellano cuando tuvo que dejar a uno de los tres al mando. Desde esa primera vez, los tres han salido más veces (el joven incluso derrotó de forma apabullante al tanque del grupo en un torneo) y alguno tiene familia a su cargo, ya sea esposa, concubina, hijos… porque en su día mencioné que vivían con sus familias en tal ala del castillo. De igual forma, del segundo jefe de la milicia local sabemos que es panadero y tiene una hija joven. Conforme ha ganado protagonismo como pnj se ha ido desdibujando, perdiendo algunos rasgos que tenía en un principio y hasta el nombre.

¡Tate! Y, ¿por qué iba a querer yo hacer tal cosa rara? La respuesta es bien sencilla: esos cuatro pnjs son reemplazos, «huecos» para cubrir bajas entre los pjs, de forma que los jugadores puedan hacerse personajes que encajen en la campaña y tengan la mayor parte de la información que tiene el jugador y tenía el personaje fenecido. De igual forma, para el resto de los pjs es natural y no queda forzado que este nuevo-antiguo personaje se una a ellos.

Ésta es una forma simple y elegante de evitar esas incongruencias que se dan cuando un nuevo pj se une al grupo. En campañas centradas en un emplazamiento fijo, como la del ejemplo, o donde los personajes pertenezcan a alguna organización (como un grupo mercenario o una orden cabalística y secreta de la rosa-cruz) es fácil hacerles un hueco (aunque sea como innombrados compañeros de francachelas o el compañero habitual en las timbas de póquer el día de paga) y, si al final no hacen falta como reemplazos o sus apariciones son muy demandadas por los pjs, podemos «mutarlos» a pnjs de pleno derecho y conseguir una campaña más rica.

¿Qué es un escenario “sandbox”?

Hoy he tenido una revelación. Siempre he tenido problemas para explicar qué es un escenario o una campaña sandbox, incluso antes de conocer el término en inglés, pero hoy he visto la luz. Es como la caja de arena del gato. Nosotros echamos la arena limpia, la extendemos, la alisamos y dejamos el cajón que parece un jardín zen, bello, simple y elegante. Luego llega el gato y remueve la arena, la amontona a un lado, deja visible el fondo del cajón por otro, la tira fuera y, además, hace sus necesidades. Y nos toca limpiar, reponer la arena y poner orden en semejante desastre. Una campaña sandbox es igual: le dedicamos todo el amor a la ambientación para que lleguen los jugadores y revuelvan, amontonen, escarben donde les da la gana y hagan sus necesidades (masacrar, saquear y todo eso).

Mi mundo, uno solo

Cuando dirigí la campaña de Nephilim de Guardianes del Grial, la falta de material oficial (y también de material no oficial en castellano, para qué negarlo) me hizo crear un ecosistema amplio de organizaciones y pnjs, enriquecido por el propio devenir de la campaña y, por supuesto, por el hacer de los jugadores y sus personajes. Como resultado, en cualquier partida o campaña futura de nephilim existirán esos pnjs, esas organizaciones y esas historias que se jugaron en su día.

Aquella campaña me marcó tanto que ahora es para mí natural considerar para una ambientación dada que es sólo una, para todas las posibles aventuras que juegue en ella. Así estoy haciendo en Gaïa, el mundo de Ánima: los personajes y aventuras de Tres Valles arrancan antes que la primera campaña de los Visnij y la historia de uno de los pnjs de ésta enlazará seguramente con la de un pj de aquélla, aunque ambos personajes jamás se encuentren o sepan el uno del otro.

En parte es por la falta de ambientación oficial a ese respecto (hay muchas ideas por desarrollar en Gaïa, el libro de mundo más útil que he leído nunca, pero lo poco concreto que ha salido es para el juego de miniaturas y no es práctico para una campaña); en parte porque los módulos tipo sandbox nunca me han llenado (por ahí tengo La isla de los grifos, que lo dejé de lado por inútil, y otro, de una ciudad perdida, que fue otro gasto inútil): mucha información, muchos pnjs, pero soy incapaz de sacarles partido. Y es que yo lo que necesito son aventuras, el trasfondo donde ocurren es cosa mía.

Y en parte porque se convierte en algo nuestro, mío y de los jugadores que participan en la creación del mundo, y la ambientación que era extraña se convierte en familiar, un refugio conocido y cómodo, un abrigo cálido que nos reconforta en el frío invierno.

A veces, eso sí, hay que retorcer algo los hechos para que medio encajen, pero uno es lector de Sandokán y encuentra estas cosas son habituales (Tremal-Naik conoce a Ada en 1855; uno o dos años después caen en manos de Sandokán y sus piratas, después de lo cual se casan; Ada muere al dar a luz y su hija es secuestrada por los thugs cuando tiene cuatro años, en 1857. ¿Problemas de fechas? Futesas sin importancia). De igual forma, las aventuras del alfeñique medio pelo y el tipo de negro resultó que no ocurrieron después de aquello, sino antes, y sir Nae habrá conseguido Gloria luchando en muchas batallas que no detallaremos porque en la Gran Campaña no existieron, y… Eso sí, cuidando mucho la interacción entre pjs de ésta y de aquélla, si por alguna razón se encuentran (que no deberían), y lo de meter como pnj un antiguo pj propio, si se hace, con muchísimo cuidado.

El lenguaje del rol

Cuando alguien quiere ser director de cine lo primero que debe hacer es ver mucho cine. Para dedicarse a escribir, primero se ha de ser lector. Y en la música siempre se habla de las influencias de fulanito en menganito. De igual forma, en los juegos de rol (de ahora en adelante y de forma incorrecta «el rol») es importante aprender de los veteranos. El aquí firmante ha tenido la suerte de que jugadores más sabios y más experimentados le enseñaran que la mantequilla, las tizas, un espejo pequeño y 30 metros de cuerda pueden ser los mejores amigos de un aventurero. Bueno, y jugadores en las antípodas de la sabiduría me han enseñado lo que no se debe hacer, eso también. En mi camino como máster he tenido la suerte de ver o jugar con másters realmente buenos (y alguno en el otro extremo), como MvR, H.W., Fer… Una experiencia muy importante y una influencia que se agradece y se muestra sutil acá, directa allá (a ver si aquí funciona el método Blackwolf).

Soy un privilegiado, «criado» en una asociación con solera y varias generaciones. Sin embargo, con la endogamia habitual de los grupos de rol no siempre es posible haber «catado» a varios másters de estilos distintos antes de dar el salto a la dirección. Oh, los libros hablan mucho de campañas y partidas, pero la mayoría no te saca del problema (que si puntos de experiencia, que si tesoros, que si el clima… ¡Señor! ¿Y cómo hablo a mis jugadores?). Y aquí llegan los problemas porque el rol tiene su propio lenguaje. Tenemos el ejemplo habitual del cine y la literatura, cada uno con su lenguaje, y cómo las adaptaciones de un medio al otro salen mal si el adaptador no entiende que debe coger la idea y contarla en el otro lenguaje y no hacer una «traducción» literal (defecto claro de esas películas que buscan ser adaptaciones tan fieles a la novela que se hacen insufriblemente largas, lentas y aburridas). Entonces, si no tenemos otros másters a los que observar y los manuales son poco útiles (son manuales, que también vienen bien, pero necesitamos ejemplos), ¿cómo hacemos para pulir nuestras habilidades como directores de juego/narradores/use el término que más le guste?

El lenguaje del rol debe mucho a la novela y al cine. Está en un punto intermedio, y no me refiero a la hora de buscar inspiración, sino al momento de narrar una partida. También se parece al lenguaje de los cuentacuentos, y a veces tiene algo de árbitro de categorías infantiles (los jugadores del equipo serían los pjs, los padres de los chavales, tus jugadores). Teniendo esto en mente y extrapolando un poco, podemos hacernos una idea de cómo enfrentarnos a esa manada de fieras salvajes que nos aguarda al otro lado de la pantalla. Recuerda: la regla de oro es demostrarles que no les temes.

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