El Ícaro — Personajes: Kuro

Kuro era uno de los misterios del Ícaro, sólo que nadie se acordaba de él. Era un mestizo de asher y ryuan (occidental y oriental, para entendernos) de pelo rubio y ojos almendrados y grises. Natural de Phaion, nunca hablaba de su pasado (y, cuando lo hacía, la gente lo olvidaba). Todo parece indicar que fue criado en una familia normal, con una infancia más o menos normal y que en la adolescencia su alma d’anjayni lo apartó de la sociedad, primero con pequeños delitos gracias a su habilidad de olvido, como hurtos, irse sin pagar y cosas similares, y luego ya con asuntos mayores, al convertirse en un ejecutor a sueldo de las distintas bandas mafiosas y cofradías de ladrones que se pueden encontrar en las ciudades de Phaion. Fue reclutado en Deimos por un agente de Wissenschaft que luego se olvidó de él. Sus notas en la organización durante su adiestramiento fueron mediocres, fundamentalmente por su falta de interés y sus continuas faltas de asistencia que el siempre negaba. Cansados de él, lo destinaron al equipo del capitán Paolo, confiando en que el ex-paladín pudiera enderezarlo. Su primera misión de campo fue la de Itezlhaya, donde fue seleccionado por su perfil, aunque nadie recordaba haberlo visto a bordo del dirigible.

Si el psicoanálisis se hubiera desarrollado en Gaïa, Kuro habría sido diagnosticado como sociópata. Es muy dado a gastar bromas, desde las más simples a las más elaboradas y aprovecha especialmente sus capacidades para pasar desapercibido. Tiene bruscos cambios de humor y es muy vengativo. Es un gran asesino, precisamente por su falta de remordimientos. No es dado a crueldades innecesarias, pero no le tiembla el pulso a la hora de cortar gargantas ni dedica más pensamientos a sus víctimas que los que dedica a un pollo del corral al que acaba de sacrificar para la cena. Es uno de los personajes más oscuros, si no el que más, de la expedición.

Kuro (después de las aventuras en Córdoba)

Asesino, nivel 6. Nephilim d’anjayni, natural de Phaion Eien Seimon, mestizo. Edad: 29 años.

Características: Agi 11, Con 8, Des 10, Fue 8, Int 6, Per 8, Pod 5, Vol 5. Puntos de vida: 140. Turno base, 135.

Ventajas: Apto en atléticas (2), Sentidos agudos, Maestro marcial (2), +1 Agi. Raíces culturales.

Habilidades de combate: Ataque, 155. Esquiva, 135. Armas conocidas: Tae Kwon Do (base); Armas cortas; Katana. Habilidades de ki: Uso del ki, Control del ki, Detección de ki, Erudición; Eliminación de peso; Extrusión de presencia, Armadura de energía, Extensión del aura, Daño incrementado; Uso de la energía necesaria, Ocultación de ki, Eliminación de penalizadores; Inhumanidad.

Habilidades: Acrobacias, 70; Atletismo, 90; Montar, 50; Nadar, 50; Trepar, 60. Callejeo, 30; Estilo, 35; Etiqueta, 30; Persuasión, 50. Advertir, 160; Buscar, 135; Rastrear, 80. Frialdad, 65. Cerrajería, 75; Disfraz, 65; Ocultarse, 160; Robo, 50; Sigilo, 245; Trampería, 105; Venenos, 100. Baile, 85.

Suele vestir el uniforme de Wissenschaft (pantalón y chaqueta gris oscuro) y lleva una gabardina armada con capucha. A su arsenal de armas cortas (tanto, shuriken, kunais) ha sumado una katana +10 obtenida de uno de los asesinos de Finisterra, tras ser entrenado en su uso por Zoichiro.

Sobre la creación del personaje: empezó a nivel 4, pudiendo usar libremente los PC de nivel 2 y 4 para coger ventajas, no sólo para subidas de características. Recibió gratis la ventaja de Raíces culturales (versión del Gaïa post-Core Exxet). Para las características, 60 puntos repartidos libremente. El resto de la creación, normal.

El Ícaro — Aventuras en Entreaguas: el baile

Decíamos ayer que, al volver del teatro donde conocieran al marqués de Córdoba, el SG-1 paró a ayudar a un burgués y su hermosa acompañante que eran asaltados por un maleante, quizás un amante despechado. El asunto se torció y terminó con el maleante malherido en el suelo tras cuchillada trapera y envenenada de la joven, que se dio a la fuga. El capitán Paolo y Renaldo salieron tras ella, dejando a Kuro al cuidado del herido, momento en el que el burgués hizo mutis por el foro. En estas se presentó la guardia, cuyo sargento, al ver al herido, exclamó:

—¡Capitán!

A lo que Kuro, escamado, respondió:

—¡No es lo que parece!

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Uchouten Kazoku

Toca hoy hablar de esta serie, una de las mejores y más extrañas del 2013. En ella seguimos las andanzas de Yasaburo (Takahiro Sakurai), el tercer hijo de la familia Shimogamo. Una importante familia de tanukis de Kioto. Sí, tanukis. Tanukis que se pueden transformar en cualquier cosa, además. Siguiendo las andanzas de Yasaburo, nos enteramos de que su padre, gran, gran tanuki, terminó sus días en un estofado (con el fatalismo y aceptación con que lo tratan en la serie, una forma de muerte natural para un tanuki), de que el mayor de sus hermanos quiere ocupar su puesto, de que el segundo es una rana-en-un-pozo (a mí no me mire, debe ser algo del folklore japonés) y el cuarto es tonto; de la historia del maestro Akadama (un tengu, un tipo de demonio o hada japonés) y de la misteriosa Benten (Mamiko Noto) y, en definitiva, de lo que sucedió la trágica noche en la que se comieron al padre de familia.


Yasaburo hablando con su hermano (en el pozo)

La serie consta de 13 episodios, es del estudio P.A. Works (Glasslip, True Tears) y está basada en una novela de Tomohiko Morimi. Es una preciosidad visual y narrativa. Por su peculiar historia, donde se mezcla por igual fatalismo y optimismo, y su ritmo, lento al principio para ir ganando conforme avanza, no es una serie para todos los públicos, pero supone una bocanada de aire fresco. La versión que he seguido es la de Anacrónico Fansub, un BDRip en mkv de gran calidad y muy buena traducción.

El Ícaro — Personajes: Renaldo

Renaldo José Fernández Olivares era un gigantón bonachón y amigo de la comida, a ser posible en grandes cantidades. Se había hecho un nombre en Argos como luchador de feria, enfrentándose en el cuadrilátero contra grupos enteros por unas pocas monedas. Su fama le llevó a ser reclutado para aventuras más arriesgadas y lucrativas. Tras una serie de rocambolescas casualidades, terminó en Wissenschaft. Formaría equipo con su compatriota el capitán Paolo antes de ser destinado al Ícaro, convirtiéndose en su mano derecha.

Renaldo es un hombre clave en el destacamento de Wissenschaft. Tiene un talento innato para mezclarse entre el pueblo llano, consiguiendo parecer un buen mozo y no un gigante de dos metros treinta de estatura. Sus gustos sencillos y su amor por la comida casera le hacen meterse en el bolsillo a hombres casados y a madres, lo que le permite obtener información en ambientes vedados para el resto de la expedición. Han sido esos gustos sencillos, también, los que le han convertido en el primer miembro del Ícaro en tomar esposa en este extraño mundo.

Renaldo José Fernando Olivares (después de las aventuras en Córdoba)

Tao, nivel 7. Humano, natural de Argos. Edad: 27 años.

Características: Agi 8, Con 11, Des 10, Fue 12, Int 5, Per 6, Pod 6, Vol 5. Puntos de vida: 220. Turno base, 135 (145 desarmado).

Ventajas: Maestro marcial (2), Reflejos rápidos (1), +2 a Fuerza, +1 a Constitución. Raíces culturales.

Habilidades de combate: Ataque, 180 (190 artes marciales); Esquiva, 140 (160 artes marciales); Artes marciales conocidos: Grappling, Pankration, Boxeo, Kardad y Lama a grado avanzado; Melkaiah, grado base. Habilidades de ki: Uso del ki; Control del ki, Dominio físico, Multiplicación de cuerpos arcana y Magnitud; Eliminación de peso; Extrusión de presencia, Extensión del aura al arma, Daño y velocidad incrementados; Uso de la energía necesaria, Aumento de características; Inhumanidad. Técnicas: Quien golpea primero, golpea dos veces (+50 al turno, mantenida. Agi 2 (1 mant.), Des 2).

Habilidades: Acrobacias, 105; Atletismo, 110; Trepar, 55. Estilo, 45; Intimidar, 25. Advertir, 125; Buscar, 50. Frialdad, 40; Proezas de fuerza, 125; Resistir el dolor, 85. Sigilo, 50. Trucos de manos, 125.

Sobre la creación del personaje: empezó a nivel 4, pudiendo usar libremente los PC de nivel 2 y 4 para coger ventajas, no sólo para subidas de características. Recibió gratis la ventaja de Raíces culturales (versión del Gaïa post-Core Exxet). Para las características, 60 puntos repartidos libremente. El resto de la creación, normal.

Renaldo es uno de los personajes más carismáticos que tenemos en la campaña. Su papel puede parecer bastante tópico (pienso así al pronto en Obélix y en Goliath, el compañero del capitán Trueno), pero eso no hace sino confirmar que el arquetipo funciona.

El Ícaro — Un día cualquiera

El sol de la mañana pegaba con fuerza en la ladera del Pico del Grifo, la gran mole que cerraba por poniente el valle de Nidik. Invisible salvo para el águila de mirada más aguda, una leve espiral de humo marcaba el sitio donde el artillero Sorensen fumaba su pipa intentando no dormirse. Estaba en un escalón de piedra, restos de un antiguo derrumbe, protegido por un murete. Del escalón un sendero descendía hasta los bosques. Era un sendero abierto por animales y ahora ensanchado, con pasarelas para salvar los desniveles y guías en los puntos más difíciles. Un camino peligroso que apenas permitía el paso de las mulas y que, por fortuna, aún no se había cobrado ninguna víctima.

Sobre el escalón se abría una brecha en la montaña que daba acceso al pozo de escaleras y ascensores que, en su día, unió los niveles superiores de la ciudad atlante con el bulevar inferior. Ahora estaba cortado unos pocos tramos por debajo de la brecha, pero hacía arriba, tras ochocientos metros de subida, se salía al Valle del Ojo por la estación de Hidroponía o, cogiendo el túnel de metro a la izquierda, se llegaba hasta la propia base del Ícaro.

Era un camino horrible: de dos a cinco kilómetros por túneles de metro y pasillos en total oscuridad, pasando por los ahora vacíos nidos de las blatodeas; luego, las interminables escaleras, salir al exterior, seguir aquél sendero infernal más allá de los bosques, hasta los campos de cultivo y, desde allí y ya por camino de herradura, llegar a Nidik. 10 kilómetros a vuelo de pájaro, 1.500 metros de desnivel, casi una jornada cuando tocaba subir. Y, en medio, ese escalón de piedra convertido en los ojos del Ícaro sobre Nidik y en su primera línea de defensa: un muro bajo, un mosquete pesado y tres hombres.

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El Ícaro — Aventuras en Entreaguas: Córdoba

A sus pies se abría el valle de Entreaguas en todo su esplendor. A su izquierda, al norte, suaves colinas donde se mezclaban alcornocales, olivares y tierras de cultivo, con bosquecillos en las cañadas y a orillas de los riachuelos. Al sur, las últimas estribaciones de las Tierras Altas del Sur formaban un paisaje quebrado y cubierto de pinos, robles y hayas. Entre ambos, el Aguaverde y el Río Grande se abrazaban en un intrincado laberinto de canales, ciénagas y lagunas cubierto de una feraz vegetación donde destacaban, aquí y allá, los arrozales.

—Aquél es nuestro destino —El piloto del Albatros dorado, el barco de Nidik, señaló al norte, a una ciudad que, desde lo alto del cerro, se había desparramado ladera abajo, a uno y otro lado de un afluente del Río Grande—. Cairdon la llamaban cuando no era más que un castro en el cerro. Córdoba, la llaman ahora. Tiene un puerto de donde van y vienen barcos de Cartagena y de Sevilla; y caravanas que bajan con plata de los Revan y llegan con maíz, pieles de búfalo y artesanía de los elfos de las Grandes Llanuras. Y un puerto para los barcos aéreos, allí, en aquella pradera —La codicia brilló en sus ojos—. ¡Ah, qué lástima que esté tan protegida!

»Hace quince años aquí sólo había pequeños pueblos que guerreaban entre ellos por el agua y el ganado. Eran fáciles de saquear. Luego llegó ese grupo de aventureros y ahora Entreaguas es un país rico, con ciudades, con comercio, con tropas. La gente ha adoptado sus costumbres, su religión, sus nombres y ahora son ellos, con sus impuestos y sus mordidas, quienes nos roban. Ahora son civilizados.

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El Ícaro — Monedas

No soy bueno metiendo gestión de recursos en mis aventuras. El dinero es algo que está ahí pero al que no presto demasiada atención o, incluso, es algo que no está: en las dos campañas de los Visnij los pjs trabajaban para la familia a cambio de un buen sueldo, asistencia letrada y médica y derecho de saqueo, pero nunca, nunca, se especificó lo que significaba “bueno”. Incluso en Los viajes del Ícaro, donde la escasez de recursos (en especial, de comida para el invierno que se acerca) es uno de los ejes de la campaña, lo estoy tratando de forma medio abstracta, es decir, sin montar un Excel que calcule las necesidades alimenticias de la expedición frente a los recursos disponibles ni tener a los jugadores calculando el trigo que les hace falta y los costes de transportarlo a 3.000 metros de altura. Y una de las razones por las que tengo aparcado Pendragón es la falta de un sistema de gestión para feudos de tamaño medio que no degenere en un juego de construcción y gestión.

Con este planteamiento, donde la microeconomía (es decir, el pagar en una posada o por una comida) apenas tiene peso, dedicar tiempo al desarrollo de los distintos sistemas monetarios que los personajes pueden encontrarse en sus aventuras (incluyendo una tabla de conversión) puede parecer una frivolidad. Sin embargo, creo que es algo que le da profundidad al mundo y también “vidilla”, al permitirnos meter situaciones donde los pjs tengan que buscar un cambista o vean sus monedas rechazadas en la taberna, sin que la complejidad sea excesiva.

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