El desafío de los 30 días — Día 26 Fuera de tu entorno rolero eres…

Soy rebelde, antisocial y violento. ¡Eh, no miento! Es lo que me ha salido en la tabla de rasgos de personalidad de Cyberpunk. Ya más en serio diré que…

  • No soy cubano, ni me llamo Pepe. José Sánchez Aguamejía, alias “El Cubano” o “Ercubano” fue un personaje mío de Cyberpunk. Y Cuberterías de Albacete, Import & Export, una tapadera de su negocio de tráfico de armas al por menor.
  • Estoy felizmente casado (si digo otra cosa, seguro que cobro al llegar a casa). La conocí en un club de rol, en una época en la que andaba justo de jugadores. Era la más prometedora del club, así que la fiché tentándola con todas mis artes de máster (véase la entrada del día 5). Ella se vengó usando malas artes (nunca me he podido resistir a unas cañas) para conquistarme.
  • Mi vocación por la informática es tardía. Tras largo periplo universitario sin frutos, decidí cambiar de tercio. Con un FP, porque era más barato. De administración de sistemas, porque no me gustaba programar. Ahora tengo un trabajo que me apasiona, en una empresa en crecimiento. En el departamento hemos conseguido que se quede en casa lo que antes se mandaba hacer fuera (implantaciones, desarrollos…). Hasta le he cogido el gusto a la programación. Mi última criatura lleva en tiempo real los movimientos de almacén y producción y para el año que viene tenemos ya un proyecto más grande.
  • Pero el trabajo se ha comido buena parte de mi vida. Llevo cuatro años sin un sitio de trabajo en casa (una mesa donde poner el ordenador y sentarme cómodamente, vamos) y lo he notado: no he jugado a videojuegos en todo este tiempo; no he podido seguir con el fansub (y lo echo de menos, era relajante) y casi me cuesta este blog (el otro lo tengo ya casi dado por perdido).
  • Con la edad mis habilidades sociales se han ido anquilosando y ahora me siento muy incómodo entre multitudes (más de cinco personas).

Nos vemos en el Forlon.

El desafío de los 30 días — Día 25 Una película que debería ser juego de rol

Pues… No sé. Se me ocurren varias opciones, pero para campañas. Por ejemplo, Ronin (Cyberpunk sin ciberequipo), El guerrero nº 13 (Runequest) o Los violentos de Kelly (Comandos de Guerra). Cualquiera de aventuras de los años 30, como Beau Gest (me acerqué con Fort Nakhti) o Tres lanceros bengalíes. Y creo que no habría sandbox más épico que una adaptación de El hombre que pudo reinar. Cambiando de tercio, la misteriosa y desasosegante Shin Sekai Yori daría para una campaña autojugable estilo las que está sacando Nosolorol de primer nivel.

Y no sé qué más decir.

El desafío de los 30 días — Día 24 El libro rolero más raro que tienes

Pues… ni idea, oiga. No tengo incunables, ni ediciones numeradas, ni un Runequest primera edición. Mi colección rolera es pequeña como para tener bichos raros. La verdad es que pensaba saltarme esta entrada, pero después de leer lo que han contado otros blogs, voy a proponer tres candidatos y me decís si alguno puede considerarse raro:

  • Un Comandos de Guerra de Cronópolis firmado por el autor (de un campeonato de dicho juego, en las semana cultural de aeronáuticos técnicos hace la tira de años).
  • Nephilim y Selenim. No hay más porque no se publicaron más en español. No sé de cuánto sería la tirada, pero con los años me he encontrado a un montón de gente que conoce el juego, así que tan raro no será.
  • The Babylon Project, el primer juego de rol de Babylon 5. Lo sacó una compañía pequeña, desapareció en seguida, pero el sistema es, pese a sus errores de juventud, mucho más interesante que el Babydungeon 5 que sacaron después.

Bueno, ustedes dirán. ¿Alguno entra en la categoría de raro?

El desafío de los 30 días — ¿Por qué te compraste ese juego?

No soy un gran comprador de rol. En su día me aficioné a Nephilim (sólo dos libros publicados en España) y Pendragón (4). Picoteé algo de Runequest. De MERP compré poco, pues en aquel entonces estaba en un club de rol y las estanterías se combaban por el peso. Así que, de aquella época, me arrepiento de no haberme comprado algunos libros (Piratas, Far West), pero no al revés.

Desde entonces, han entrado en mi casa algunos libros que apenas he rentabilizado: Exo y varios de sus suplementos me los compré por coleccionismo, no he dirigido nunca y es una ambientación que me abruma, pero me encanta y lo considero una buena compra; Heroquest sólo lo he usado una vez, pero me sigue entusiasmando por su sistema y le he sacado cosas para otros juegos; Roleage cayó de saldo, también por coleccionismo, como la caja de Reinos Olvidados o la de Retorno a la Tumba de los Horrores (que usé parcialmente para Fort Nakhti); a Las tierras del sueño espero darle utilidad algún día, lo mismo que a un módulo de Ars Magica que tengo por ahí. Pero lo que son compras bluff tengo tres:

  • Yggdrasill. Como libro de ambientación está muy bien, pero el sistema de juego es muy, muy flojo y la campaña que trae no me inspiró nada, aparte de traer un exceso de literatura. Tiempo después le eché el ojo a alguno de sus suplementos, a ver si la cosa mejoraba. Como compra de la edición de bolsillo, hubiera sido una buena opción, pero me compré el manual en tapa dura.
  • La ciudad perdida de Eldarad. Compré este suplemento de saldo, a 6 euros o así, nuevecito y precintado, en un tiempo en el que logré hacerme del Runequest avanzado (el básico tuve que fotocopiarlo) y del Vikingos. Eldarad es un peso muerto del que soy incapaz de sacar lo más mínimo. No lo veo como entorno de campaña, no tiene aventuras o tramas de interés… No tiene nada para mí, y eso que le he dado vueltas y vueltas. Es uno de los pocos libros al que le daré boleto algún día.
  • La llamada de los dioses, la caja negra de Aventuras en la Marca del Este. Ésta es dolorosa porque fue por impulso y se me llevó 40 euros que podía haber invertido en una copia física de Runequest 6, en el Walhalla o en el Steam States. La culpa es mía, of course, quería meterme con una campaña de dungeoneo de sabor clásico y odio leer en pdf, pero yo no soy capaz de coger eso y darle utilidad. Para mi gusto no tiene un mínimo de coherencia interna y se limita a mover a los personajes de localización con bichos a localización con bichos con una mala excusa de fondo. Otro (el segundo) que me alegraré el día que salga de mi casa.

Nos vemos en el Forlon.

El desafío de los 30 días — Día 22 ¿Has jugado online?

Esta pregunta pensaba saltármela, al no tener nada que decir en ella. ¿He jugado online alguna vez? No. Siguiente pregunta.

No sólo no he jugado, es que no me atrae lo más mínimo. Cielos, si prácticamente tampoco juego a juegos de mesa porque si hay gente para un juego de mesa, hay gente para una partida de rol. En tiempos lo intenté, confieso. Llegué a hacer pruebas con programas que incluían mapa, chat, generador de tiradas… Y estuve a puntito, pero las limitaciones del programa (se colgaba si ponías una tilde en la ventana del chat) me hicieron arrinconarlo. Si no tuviera más remedio, volvería a intentar alguna cosa por el estilo, pero, por fortuna, ahora tengo mi partida semanal y no estoy tan desesperado.

Aunque me falta una jugadora y no hay día que no lo note.

El desafío de los 30 días — Día 21 Nunca podré entender que jueguen a…

Día 21. Entramos en el último tercio del desafío con una pregunta que da para el flame y tirarnos los trastos a la cabeza. A mí me coge ya mayor para entrar en estas discusiones. Cada cual que juegue a lo que quiera, que hay gustos para todo. Un buen máster puede abstraer el sistema o usarlo de forma que te encante, por más que experiencias anteriores hayan sido un desastre o las propias bases del juego nos produzcan sarpullidos.

Sin embargo, hay algo que, por mucho que viva, jamás alcanzaré a comprender: el bum de Vampiro en los años 90, como sólo se jugaba a Magic y Mundo de Tinieblas (Vampiro, principalmente), ignorando al resto de juegos del mercado. Quizás el bum del D20 fuera algo similar, pero mientras que el primero me cogió, más o menos, en mi propio bum rolero personal, en el segundo ya estaba de misionero en tierra extraña intentando formar un grupo con el que tener una partida semanal y ni me enteré de su existencia hasta varios años después.

Desde mi punto de vista de entonces, Vampiro tenía un sistema que era un horror estadístico y que era narrativo por lo que era. El sistema de creación de personaje era a base de clases (llamadas “clanes”) tan rígidas como en el venerable AD&D y las mesas se llenaban de “el brujah, el gangrel, el ventrue” como en otros juegos eran “el guerrero, el clérigo”. La ambientación me resultaba asfixiante, sin margen de maniobra para los jugadores y sin mucho sitio para que el máster montara sus aventuras.

No es menos cierto que nunca tuve un buen máster de Vampiro y que, por aquel entonces, yo era joven e inexperto. Bueno, joven, joven, igual no tanto. Yo no empecé a jugar hasta la universidad. Una vez descubiertos los juegos de rol, jugué a todo lo que pude (ventajas de estar en un club bien nutrido de manuales y de másters). Quizás era demasiado novato para apreciar las bondades de Vampiro frente a MERP, AD&D, Cyberpunk, Comandos de Guerra, Pendragón y tal. También es posible que madurara demasiado rápido, pues poco después encontré Nephilim y, después de leer Selenim, Vampiro me ha parecido un luminoso juego de superhéroes metrosexuales haciéndose los atormentados.

En todo caso, nunca he podido entender el éxito que tuvo. Es decir, por la temática y la época, es normal que se vendiera y que se jugara, pero monopolizar las mesas y las estanterías como lo hizo… Jamás lo entenderé.

El Ícaro — La muerte de Paolo

Con las primeras luces del alba tiñendo el horizonte, llegaron al santuario de Cahul donde se celebrara la thing de verano. El capitán Paolo, Renaldo y Sassa Ivarsson, con monturas mágicas creadas por el profesor Jason Callahan. Las monturas llevaban el escudo del Ícaro, por supuesto.

El santuario no era más que un montículo pelado sobre el que había varios menhires y un altar, destacando en la pradera alpina y a pocos pasos de un lago. Alguien había excavado en el montículo: encontraron un pico roto y escombros amontonados junto a un agujero que daba al techo de un estrecho y empinado túnel artificial que se perdía en la oscuridad. El pasadizo les llevó a una sala amplia, iluminada por una luz entre rojiza y dorada que provenía de un pozo en su centro.

La sala estaba abarrotada: un dvergar, Neltha inconsciente y atada a una camilla y un montón de sicarios. Aquello llegó al overbooking cuando Renaldo se multiplicó a sí mismo y consiguió superioridad numérica. El dvergar, viendo que pintaban bastos, ordenó a los sicarios que seguían a su lado empujar la camilla con Neltha por un pasillo que salía de la sala. Para parar al grupo del Ícaro, soltó a un ifrit, un elemental de fuego con muy mala leche. Pero el elemental, quizás por las instrucciones recibidas, quizás porque le caían bien, no quiso freír a los sicarios y eso permitió que Paolo llegara hasta él y lo despachara con certeros golpes de su legislador inquisitorial.

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