El desafío de los 30 días — Día 22 ¿Has jugado online?

Esta pregunta pensaba saltármela, al no tener nada que decir en ella. ¿He jugado online alguna vez? No. Siguiente pregunta.

No sólo no he jugado, es que no me atrae lo más mínimo. Cielos, si prácticamente tampoco juego a juegos de mesa porque si hay gente para un juego de mesa, hay gente para una partida de rol. En tiempos lo intenté, confieso. Llegué a hacer pruebas con programas que incluían mapa, chat, generador de tiradas… Y estuve a puntito, pero las limitaciones del programa (se colgaba si ponías una tilde en la ventana del chat) me hicieron arrinconarlo. Si no tuviera más remedio, volvería a intentar alguna cosa por el estilo, pero, por fortuna, ahora tengo mi partida semanal y no estoy tan desesperado.

Aunque me falta una jugadora y no hay día que no lo note.

El desafío de los 30 días — Día 21 Nunca podré entender que jueguen a…

Día 21. Entramos en el último tercio del desafío con una pregunta que da para el flame y tirarnos los trastos a la cabeza. A mí me coge ya mayor para entrar en estas discusiones. Cada cual que juegue a lo que quiera, que hay gustos para todo. Un buen máster puede abstraer el sistema o usarlo de forma que te encante, por más que experiencias anteriores hayan sido un desastre o las propias bases del juego nos produzcan sarpullidos.

Sin embargo, hay algo que, por mucho que viva, jamás alcanzaré a comprender: el bum de Vampiro en los años 90, como sólo se jugaba a Magic y Mundo de Tinieblas (Vampiro, principalmente), ignorando al resto de juegos del mercado. Quizás el bum del D20 fuera algo similar, pero mientras que el primero me cogió, más o menos, en mi propio bum rolero personal, en el segundo ya estaba de misionero en tierra extraña intentando formar un grupo con el que tener una partida semanal y ni me enteré de su existencia hasta varios años después.

Desde mi punto de vista de entonces, Vampiro tenía un sistema que era un horror estadístico y que era narrativo por lo que era. El sistema de creación de personaje era a base de clases (llamadas “clanes”) tan rígidas como en el venerable AD&D y las mesas se llenaban de “el brujah, el gangrel, el ventrue” como en otros juegos eran “el guerrero, el clérigo”. La ambientación me resultaba asfixiante, sin margen de maniobra para los jugadores y sin mucho sitio para que el máster montara sus aventuras.

No es menos cierto que nunca tuve un buen máster de Vampiro y que, por aquel entonces, yo era joven e inexperto. Bueno, joven, joven, igual no tanto. Yo no empecé a jugar hasta la universidad. Una vez descubiertos los juegos de rol, jugué a todo lo que pude (ventajas de estar en un club bien nutrido de manuales y de másters). Quizás era demasiado novato para apreciar las bondades de Vampiro frente a MERP, AD&D, Cyberpunk, Comandos de Guerra, Pendragón y tal. También es posible que madurara demasiado rápido, pues poco después encontré Nephilim y, después de leer Selenim, Vampiro me ha parecido un luminoso juego de superhéroes metrosexuales haciéndose los atormentados.

En todo caso, nunca he podido entender el éxito que tuvo. Es decir, por la temática y la época, es normal que se vendiera y que se jugara, pero monopolizar las mesas y las estanterías como lo hizo… Jamás lo entenderé.

El Ícaro — La muerte de Paolo

Con las primeras luces del alba tiñendo el horizonte, llegaron al santuario de Cahul donde se celebrara la thing de verano. El capitán Paolo, Renaldo y Sassa Ivarsson, con monturas mágicas creadas por el profesor Jason Callahan. Las monturas llevaban el escudo del Ícaro, por supuesto.

El santuario no era más que un montículo pelado sobre el que había varios menhires y un altar, destacando en la pradera alpina y a pocos pasos de un lago. Alguien había excavado en el montículo: encontraron un pico roto y escombros amontonados junto a un agujero que daba al techo de un estrecho y empinado túnel artificial que se perdía en la oscuridad. El pasadizo les llevó a una sala amplia, iluminada por una luz entre rojiza y dorada que provenía de un pozo en su centro.

La sala estaba abarrotada: un dvergar, Neltha inconsciente y atada a una camilla y un montón de sicarios. Aquello llegó al overbooking cuando Renaldo se multiplicó a sí mismo y consiguió superioridad numérica. El dvergar, viendo que pintaban bastos, ordenó a los sicarios que seguían a su lado empujar la camilla con Neltha por un pasillo que salía de la sala. Para parar al grupo del Ícaro, soltó a un ifrit, un elemental de fuego con muy mala leche. Pero el elemental, quizás por las instrucciones recibidas, quizás porque le caían bien, no quiso freír a los sicarios y eso permitió que Paolo llegara hasta él y lo despachara con certeros golpes de su legislador inquisitorial.

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El desafío de los 30 días — Día 20 ¿Recuerdas aquel momento en el que se lio pardísima en una partida? ¿Qué pasó?

Estas cosas siempre son dolorosas de recordar. Y más cuando es la única vez que he levantado la voz en una partida. Veréis, no tengo problemas con que la partida se salga de lo que tengo planeado, improviso bien. Que me matan a tal o cual pnj, que la lían parda aquí, que en vez de ir a Cuenca van a Yokohama… Si la cosa se va mucho, a lo mejor tengo que parar la partida con una disculpa por no tener preparado más allá de tal punto y ya está.

Sin embargo, si tengo cierta manía a la hora de preparar las distintas aventuras y es intentar rotar el protagonismo entre los pjs. No tanto que todos los personajes tengan su momento de lucimiento en la partida (que también), sino que hay partidas que giran en torno a uno de los pjs y ese protagonismo se va repartiendo. Viene esto de estudiar el gancho de las aventuras para los jugadores: preparo aventuras donde el gancho (y el interés) es para uno de los pjs y corresponde a éste y a su jugador tirar del resto del grupo.

Probé esto durante la campaña de Nephilim de Los Guardianes del Grial, donde había una trama secundaria centrada en cada personaje con aventuras propias. Por ejemplo, estaba el ascenso de Yaltaka dentro del Arcano Mayor (sociedad secreta) del Emperador. A priori, aventuras sin interés para el resto del grupo. Funcionaron muy bien sin necesidad de que las jugadoras tuvieran que comprar los servicios de las demás. Había compañerismo, estaba el “hoy por mí, mañana por ti” y algo de beneficio, inmediato o futuro, sacaban.

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El desafío de los 30 días — Día 19 Un libro que debería ser juego de rol

¿Un libro que debiera ser juego de rol? No termino de entender la pregunta. ¿Un libro, ya sea novela, ensayo, manual técnico, que, por cómo está escrito o lo que cuenta, debiera haber sido un juego de rol en vez de lo que es? No sé, no veo yo lo de “Resistencia de Materiales, II, el juego de rol”. En lugar de eso, voy a hablar de un libro (una saga, más bien) que debería tener su juego de rol. Bueno, creo que ya lo tiene, pero en su país de origen. Y, como éste no es España ni Francia (donde aún tendríamos esperanzas) ni de habla anglosajona, pues como si no existiera. Y eso que tiene detrás una exitosa saga de juegos de rol… de ordenador.

Hablo de Geralt de Rivia, el Brujo, del escritor polaco Andrzej Sapkowski. Saga conocida fuera de Polonia sobre todo por los videojuegos de la serie The Witcher (y en España, por la edición de Alamut/Bibliópolis con traducción de José María Faraldo). La saga del brujo nos propone un mundo duro, de pequeños reinos enfrentados o aliados entre sí según los intereses del momento y un gran imperio al sur enfrascado en guerras de conquista. Hay hechiceros (de los de bolas de fuego) y druidas; elfos, arrinconados por el hombre hasta el punto de formar grupos terroristas; enanos, banqueros y artesanos. Hay pogromos contra los no-humanos; hay monstruos hasta en las alcantarillas y basureros; antiguas ruinas, historias de antes de que el hombre llegara al continente.

Para mí, el mundo de Geralt de Rivia es más rico y atrayente, a la vez que más sucio, cruel y puñetero, que el de Canción de Hielo y Fuego. En fin, paciencia…

El Ícaro — La desaparición de Neltha Laglaush

Julio llevó a los hombres y mujeres del Ícaro al límite: cada una de las tres misiones SG implicaron a cuatro equipos de tres hombres; en las ruinas de Minas Anghen estuvieron destacados dos equipos científicos y uno de apoyo; en Nidik, el ingeniero Anderson y su grupo seguían supervisando la reconstrucción de las murallas y un equipo de seguridad controlaba el puerto, para descartar más sorpresas desagradables. En el Valle del Ojo la actividad era frenética, preparándose para el futuro invierno: se construyeron barracones para los campesinos del sur que, de acuerdo a los acuerdos firmados por el capitán Paolo, cosecharían la cebada y trigo silvestre y adecentaron caminos; el equipo de reconocimiento aéreo cartografió el valle y los antiquísimos caminos y construcciones atlantes, aún visibles desde el aire; se limpió y adecentó hidroponía, algo nada sencillo con unas patatas y unas lechugas que presentaron batalla; y se seguían explorando, revisando y adecentando la base militar atlante que se había convertido en su hogar.

La fiesta de la cosecha, que en un principio iban a celebrar sólo los campesinos locales, se convirtió en un esperado evento, en una ocasión para el relax muy necesaria. Se celebró en la pradera junto al lago y a ella asistió todo el personal de la base salvo una pequeña guardia. El comandante había encargado dos barriles de cerveza a Ostakker para alegrar la velada, pero no asistió a la fiesta: Starnia, regente de Nidik, ofrecía un banquete en honor del Ícaro, al que asistieron casi todos los oficiales, incluyendo al capitán Paolo, que acababa de volver con el Albatros dorado cargado hasta los topes. No acudieron ni Edana Conway, aún de misión, ni Walter White, encargado de llevar la parte del botín del Ícaro a la base.

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El desafío de los 30 días — Día 18 ¿Pides a los jugadores deberes entre las partidas?

¿Deberes a los jugadores? Pues no. No lo hago y lo he hecho rara vez: cuando un pj se hace cargo de una organización para la que no tengo estructura, le pido al jugador que la prepare. También si, de salida, pertenece a una. Hay situaciones en las que es normal dedicar tiempo al pj entre sesiones: si te vas a construir un castillo en Pendragón, no le vas a quitar tiempo de partida al máster y a los otros jugadores, te lo diseñas en tu casa, entre partidas, para que luego te den el visto bueno (o no, y tengas que rehacerlo). A los negocios del Cubano, en su día, le eché bien de tiempo, revisando manuales de equipo en Cyberpunk y viendo cómo llegar a fin de mes para comprar las furgonetas, montar el almacén del puerto, mudarme a un barrio chupi-guay y contratar escolta para mi esposa.

Pero eso no son deberes, eso es que te gusta la campaña, te gusta tu personaje y le dedicas un tiempo a definirlo a él y a su mundo. Que una campaña de rol no es ese rato que se prepara el máster en su casa para que tú llegues cada semana y preguntes qué dados se usan y cómo iban las tiradas.