Nephilim — Los años oscuros

Cuando empecé con el blog, una de mis intenciones era narrar una vieja campaña de Nephilim que nos marcó a mis jugadoras y a mí. La campaña se desarrolló en tres cursos lectivos, en la universidad, entre 1998 y 2001. Cogí un buen ritmo al principio, ventilándome la primera temporada de la campaña (Akhenatón-Jesús-Arturo) en año y medio. Pero con la segunda, ¡ay! Con la segunda llevo desde junio de 2009 a un ritmo cada vez más tectónico. Hay varias causas para este bajón de ritmo: he vuelto a jugar de manera regular, por lo que el tiempo que antes dedicaba a las entradas de Nephilim ahora lo dedico a preparar partidas y luego a resumirlas; también encontré un trabajo que me encanta pero que me quita las ganas de usar el ordenador después de la jornada laboral. Por último, me he adentrado en un segmento de la campaña bastante oscuro, flojo y del que apenas guardo notas.

Un poco de resumen: estamos en el siglo XIII. La trama principal de la campaña, el Grial y su destino, se me murió muy rápido al perderlo las jugadoras a manos de la Prieuré. Los intentos de buscar pistas sobre su paradero fueron infructuosos por escasos y poco motivados, prefiriendo las jugadoras centrarse en las tramas personales de sus respectivos personajes. La trama de Caos, entonces aún la trama personal de Menxar, se cerró súbitamente con la inesperada muerte de Sarrask. La trama Selenim de Pírixis, a falta de aparecer un pnj importante para el siglo XX, estaba completa también. Y la jugadora de Yaltaka, la más dotada para tirar del grupo (barranco abajo, las más de las veces), nos dejó una temporada por caer en brazos de Cupido. Añádase a esto mi inexperiencia en aquel entonces y que mi tiempo libre se lo llevaba el final de la campaña, el enfrentamiento contra el Temple.

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El Ícaro — El mal del norte III, la noche más larga

La larga noche del 31 de agosto estuvo a punto de comenzar con tragedia. El Albatros dorado, que debía acercar al SG-6, el grupo del ingeniero Powell, a las grandes tuberías de la máquina, se comió una loma que la traicionera luz del anochecer confundió con la llanura. Nada grave: contusionados, daños menores en el casco y las jarcias hechas un desastre. Noche de trabajo en la oscuridad y el equipo se quedaba sin apoyo aéreo.

La misión de sabotaje discurrió sin novedad: tras caminar dos o tres kilómetros hacia poniente dieron con las grandes tuberías. Un reconocimiento desveló una estación secundaria de bombeo con presencia de la Máquina. Destruirla dañaría más el sistema que reventar un tramo de tuberías, así que Powell y Dragunov se pusieron a hacer cálculos. A las 23:30, la estación de bombeo volaba por los aires por una onda de sobrepresión provocada por el cuidado sabotaje de las válvulas línea abajo. Lo comunicaron, vía eru pelegrí, al puesto de mando en la Perla y volvieron al barco.

Se perdieron, claro. No dieron con la loma hasta las primeras luces del alba y para encontrarse con el barco abandonado. El reconocimiento subsiguiente dio con un nido de balzaks bajo el permafrost, que habían capturado a la tripulación para usarla como alimento o sacrificios. Los balzaks no esperaban ni las letales técnicas ki de Su Wei ni las armas de fuego de Dragunov ni los impenetrables escudos de Powell y, tras perder a varios guerreros y sacerdotes, se atrincheraron en lo más profundo de las galerías, esperando a que los invasores se fueran, cosa que hicieron en cuanto encontraron a los tripulantes del Albatros.

Entre unas cosas y otras, hasta media mañana no levantaron el vuelo, siempre con el temor de ser atacados por la Máquina. Pero volvían sin bajas y con unos cuantos juguetitos interesantes.

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Hibike! Euphonium

Tengo abandonada la parte de anime del blog (bueno, más bien el blog al completo), aunque sigo consumiendo anime, más reshares (o revisitaciones a series ya vistas) que series de temporada, por lo pobre del panorama actual, tanto en series como en fansubs. Con todo, de vez en cuando consigo engancharme a algo y este fin de semana le di carpetazo a uno de esos “algos”: Hibike! Euphonium. Serie de Kyoto Animation (los de Clannad y K-On) dirigida por Tastuya Ishihara (el de Clannad y K-On), de 13 capítulos, con el estilo propio del estudio y con la mano del director bien visible, esto es, moe, llena de color, con una puesta en escena muy cuidada, cocida a su ritmo.

La serie se centra en las actividades de club de las protagonistas, que están en la banda de música del instituto. Dicho así, puede recordar a K-On, pero donde aquélla se enfocaba en el nadismo de sus personajes (esto es, en el arte de no hacer nada día tras día en la sede del club), en ésta se centra en la preparación para los campeonatos veraniegos de turno, el esfuerzo no siempre recompensado, la rivalidad, la amistad y todas las cosas habituales en estas series.

No es, por lo tanto, una serie original. Nada que Kyoto no nos haya presentado en una forma u otra en los últimos años. Y, sin embargo, no da sensación de hartazgo o de estar ante lo mismo otra vez y nos hace desear una segunda temporada. Además, tiene una larga escena que es una auténtica obra maestra: el cortejo el día del festival. Sólo por eso ya merece la pena ver la serie.

La versión que he seguido es una “co-producción” de Natsuyoru y Yoru no Kousen, dos fansubs jovencitos que no lo hacen nada mal.

El Ícaro — El mal del norte II: planificando el ataque

La Perla y el Albatros dorado estaban posados uno junto al otro, con una lona extendida entre ambos para proteger a las tripulaciones del inclemente sol. Al otro lado del riachuelo, los elfos levantaban el campamento ignorando cuidadosamente las miradas curiosas de Svala Ojos de Hielo, de Sassa Ivarsson y de Su Wei. El resto de los hombres del Ícaro sesteaban junto a los barcos mientras los oficiales discutían un curso de acción bajo la lona.

—Hay cinco entradas repartidas regularmente en un diámetro de 25 kilómetros, como una estrella de cinco puntas —explicaba la segunda comandante Edana Conway—: a la boca norte, llamémosla número 1, llegan dos grandes tuberías que descienden del norte. Si el sueño del ingeniero Powell con Maetel fue real, las tuberías vienen del helado norte y creemos que traen agua y, quizás, alcohol. Pensamos que usan el agua para excavar y para máquinas hidráulicas y el alcohol sería necesario para los motores de claudia que moverían toda la maquinaria. Es la única entrada de la que no sabemos nada de su interior.

»La boca número dos, según el sentido de las agujas del reloj, es la noreste. Es un túnel enorme, como un hangar. Hay una gran aeronave, como la que atacó Nidik en primavera, pero cabrían varias más.

»La boca tres, sureste, es una fábrica de drones. Hay maquinaria y muchos drones, puede que varios centenares.

»La cuatro, suroeste, parece un astillero. Hay una gran aeronave en construcción. La cinco también es algún tipo de fábrica. Los homúnculos de Powell informaron de grandes estructuras metálicas triangulares. Esa zona es más montañosa y parece que están arrojando por ahí todos los desperdicios de la excavación.

»No sabemos cuánto se adentran esos túneles, ni si hay más niveles, pero hay tuberías que inyectan agua en el subsuelo rico en claudia muy adentro bajo el bosque.

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El Ícaro — El mal del norte I: elfos y mujeres

El Ícaro sufrió graves daños cuando se estrellaron en la isla volante de Ynys Mawr, en el ya lejano febrero. El comandante albergaba la esperanza de repararlo durante el largo invierno que se avecinaba, en parte por ser la nave que le habían confiado, en parte por ser muy superior a los barcos volantes de que disponían los pueblos de la zona. La isla, en forma de ciudad abandonada, grandes bosques y poblaciones cercanas, aportaba la mayor parte de las necesidades de piezas y material: acero, cobre, madera, colas y barnices… Incluso materiales desconocidos o casi desconocidos, como aluminio de gran calidad, plásticos y materiales compuestos. Sin embargo, seguían sin poder reparar la cubierta o la celda de gas número 2. Para la cubierta eran necesarios unos 400 metros cuadrados de tela barnizada. Destruidos los telares de Nidik durante el ataque de la Máquina, en marzo, la esperanza ahora era Sevilla, en Entreaguas, a donde habían enviado al profesor Jorgen Forgen.

El asunto de la bolsa de gas era harina de otro costal. Necesitaban estómago e intestino de vaca tratado en cantidades absurdas para los pequeños asentamientos que conocían. La primera intención, sugerida por un comerciante enano, había sido comprarlo en Finisterra, pero los enfrentamientos con el gran reino de poniente les habían cerrado esa puerta. Durante la recepción en Córdoba, el capitán Paolo había tanteado a los comerciantes locales, sólo para descubrir que la ganadería en Entreaguas era anecdótica. Pero, le contó Herschel hijo de Glóin, dvergar libre y comerciante de pieles, en las Grandes Llanuras abundaba el búfalo, del que los elfos eran grandes cazadores. Elfos que él conocía y que se veían amenazados por un gran mal contra el que no eran capaces de defenderse.

—Habida cuenta de lo que cantan los bardos sobre vos y vuestra gente, capitán, quizás podríais echarles una mano y negociar con ellos la recompensa que os sea más útil. Me ofrezco de guía y consejero, por supuesto, a cambio de una pequeña comisión.

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El Ícaro — Aventuras en Entreaguas: García de Paredes

Sabed, capitán, que García de Paredes nos pasa información desde el principio, había dicho al despedirse el Gato Negro, tras el intercambio de rehenes. La excusa perfecta para ir a por el pobre tipo, al que el SG-1 tenía ojeriza desde su llegada a Entreaguas. Pero no es lógico que el De Paredes se reuniera con los piratas en su casa de Córdoba, pensaron, y preguntaron a María la castaña y a su guardaespaldas por otras posesiones del secretario. Tenía una quinta, dijeron, entre Córdoba y Sevilla. Finca que, calculando, se encontraba a unos diez kilómetros al norte de donde estaban fondeados.

Así, pues, encomendaron al capitán de la pinaza seguir rumbo si al día siguiente no habían vuelto, tomaron el esquife, cruzaron el río Grande y se perdieron en los montes bajo un tormentón de aúpa, para llegar a la quinta bien entrada la madrugada y empapados como si salieran del baño. Lo intentaron primero con un reconocimiento sigiloso y, luego, pidiendo asilo haciéndose pasar por náufragos víctimas de piratas, pero fueron reconocidos y aquello terminó como solía, en sangre, gritos y entrechocar de aceros. Pronto, se hicieron con el control de la finca, reduciendo o eliminando a todos los guardias salvo a uno, que Paolo dejó libre, un error que pagarían caro. En el enfrentamiento Kuro a punto estuvo de hacer compañía al fenecido Smith (día que presento mis reglas de reanimación, día que hubo que utilizarlas).

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Esa peli de Peckinpah dirigida por Tarantino y protagonizada por Benny Hill

Este sábado jugamos la, creo, cuarta sesión de la tercera temporada de Los viajes del Ícaro. Programa doble muy curioso y agotador que comenzó con las andanzas del SG-2, un grupo peculiar al que he cogido cariño: la capitana Conway, en su eterno nivel 5+2, sigue siendo un personaje mal planteado que ha sufrido el problema básico que nos encontramos en juegos con experiencia por niveles cuando queremos hacer experimentos y se empieza ya a cierto nivel, esto es, que como el experimento salga mal, enderezarlo es mucho más difícil que si se empieza a nivel 1. Se suma al problema el que la raza escogida, tuan dalyr, el cambiaformas de Ánima Beyond Fantasy, tiene un ajuste de nivel exagerado para lo que ofrece. Esto último lo he corregido parcialmente mejorando la forma animal, pero el problema principal (un reparto de puntos que ha demostrado no ser el más adecuado) sólo se corregirá con tiempo y px.

También estaba Dragunov, el segundo personaje de Charlie, que estuvo en el primer contacto con los nativos de Ynys Mawr y que luego ha quedado relegado casi a tareas de pnj (forja y armería), un peculiar maestro de armas pensado para combate a distancia y el único a nivel 6 del grupo. Y Powell, el sustituto del fenecido Smith, un mago estrictamente defensivo sobre el papel y un ingeniero polivalente con tupé y adicto a los chicles en la mesa.

Así, una oficial estricta pero con tendencia a perder el control (y arrancar alguna yugular de paso) y los dos tipos más indisciplinados del Ícaro tuvieron que lidiar con elfos-indios que no hablaban con mujeres y búfalos tan grandes como mamuts y sufrir el ataque de una Ira de la Naturaleza. El bicho en cuestión era tocho y contra otro grupo habría sido un oponente formidable. Contra éste no contaba yo más que con el primer ataque. Y así fue (casi hago Dragunov a la parrilla): después de ese primer momento de sorpresa, la partida perdió todo aire de juego de fantasía al sacar Dragunov su escopeta de corredera y Conway montar su Dragunov F-1 (un antiaéreo de 20mm reconvertido en fusil de nómada). Parecía aquello una peli de Tarantino, pobre bicho.

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