Sakura — El oni

La noticia de la boda entre el señor Hideo (42 años) y la viuda Asakura Nao (23) se convirtió en la comidilla del castillo Mitsumi. Los protagonistas fueron enviados a prepararse y purificarse a sendos monasterios, por lo que el único miembro de la ecuación que quedó en el castillo se convirtió en el centro de todas las miradas y todos los cotilleos: la joven Reiko. Todos sabían que, en el pasado, los Asakura habían presionado al señor Hideo para que tomara una segunda esposa, pues que el destino del clan dependiera de un solo hijo era algo de mucho riesgo. También entendían que el que el señor Ishikawa diera su brazo a torcer ahora se debía a que su hija se había pasado la primavera metiéndose en lío tras lío y saludando a la muerte en demasiadas ocasiones.

Los comentarios y rumores se volvían especialmente hirientes cuando señalaban el hecho de que la regente Katsumi había forzado el casamiento del padre y no de la hija, como hubiera sido más normal. Cuando Okuzaki Akira, capitán de caballería, oyó que el motivo era que el señor Hideo era sumiso como una doncella y su hija, un semental salvaje imposible de domar, ofreció a la muchacha el irse ella también de retiro espiritual.

—En el Bosque Sellado hay un santuario que rememora el lugar donde Minako-hime se despidió de sus vasallos antes de abandonar este mundo con los demás kami, hace 700 años. Siendo como sois descendiente de su más importante sirviente y heredera de sus dominios, creo que os hará bien visitarlo.

—En el bosque está Maruyama, cazando al oni —repuso Hosoda Genji—. ¿No será peligroso acercarnos?

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Otro año que se va y seguimos en la brecha

Me gusta sentarme en estas fechas y escribir una entrada sobre lo que ha dado de sí el año y las esperanzas para el nuevo. No sólo porque se acabe el año: en diciembre de 2007 arrancaba Cuberterías de Albacete, Import & Export y me sirve también para festejar el aniversario del blog. ¡Nueve años ya!

2016 ha sido un año agridulce. En el trabajo, un año de estancamiento, el segundo tras el 2015. Muchos frentes abiertos, cosas mega-urgentes que obligan a parar el resto del trabajo y que luego terminan durmiendo durante meses en un metafórico cajón, costuras que saltan cuando se combinan picos de trabajo, limitaciones del sistema y malos vicios (de verdad que alucino con la capacidad de algunos usuarios para retorcer el funcionamiento del sistema, llegando a tener tablas escritas a boli para anotar la ubicación donde le han dicho al sistema que han puesto la mercancía y la ubicación donde realmente la han dejado) y pocas posibilidades de aprender cosas nuevas (soy bueno buscándome las habichuelas, pero la autoformación tiene sus límites).

En lo personal, no ha estado mal. Hemos tenido buenas series anime, películas interesantes, me he reencontrado con viejos amigos de la universidad y he vuelto a poder tomarme unas buenas pintas de Kilkenny, después de que desapareciera de los pubs irlandeses en favor de la Murphy roja a finales de los 90. Pero roleramente, lo que viene a ser mi vida social, la cosa ha estado bastante peor: Los viajes del Ícaro ha quedado en forzoso stand-by al desarrollar uno de los jugadores alergia gatuna. Los intentos de encontrar sitio alternativo no fructificaron y ya doy la campaña por perdida.

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Tabla de eventos de banquete

Repasando la 5ª edición de Pendragón y La Gran Campaña me he dado cuenta de que no incluye la tabla de eventos de banquete del venerable Caballeros Aventureros. Es una tabla a la que, la verdad, no presté mucha atención en su día, pero la última vez que encaré La Gran Campaña fue muy aplaudida por mis jugadores, hasta el punto de hacerme sacar más banquetes para poder tirar en la dichosa tabla. Con el uso, se ha ganado mi cariño. Es una buena herramienta para profundizar en los personajes, plantar semillas de aventuras, rellenar un rato muerto y echarse unas risas. He llegado a usarla en otros juegos e, incluso, en mi propia boda (estuvimos hablando un rato de cetrería).

Aquí la dejo, por si alguien no la conoce. Pendragón gana mucho con ella, de verdad.

Sakura — La corte Asakura

En el solsticio de verano, el gran señor Asakura Tatsuya recibía a sus principales vasallos en el gran castillo Mitsumi, centro de su poder. El gran señor Tatusya tenía seis años y quien mandaba era la regente, su tía Katsumi, hermana de su fallecido padre, pero eso no cambiaba las formas. Así pues, el señor Ishikawa Hideo se puso en camino diez días antes del solsticio, acompañado por su hija Reiko, quien debía dar explicaciones de lo sucedido con la familia Hirano a finales del invierno, sus principales oficiales y consejeros, el tren de intendencia adecuado, con heraldos, mensajeros, cocineros, pajes, criados y criadas, cocineros y demás, y veinticuatro samuráis de escolta. Iban el hatamoto Sakoda Moritano, el chambelán Saiki, Goto Yasumori, el onmyoji Junichi, pero no el señor Shingen, el hermanastro y principal espada de Hideo: la reciente muerte del anciano señor Iwao aconsejaba prudencia y no dejar el dominio sin gobierno. Maruyama Yoshitaka, el portador de la katana Yukikaze, también era de la partida. Recordemos que Maruyama había sido convocado por los Asakura en el solsticio de verano para acabar con un oni y había pasado los últimos días como invitado en el castillo Sakura. El joven Manobu Raiden formaba parte del séquito personal de Reiko, junto con Nakamura Nobi, y Hosoda Genji comandaba el escuadrón de exploradores.

Los exploradores, precisamente, protagonizaron la única anécdota de interés en el viaje, pues localizaron a una compañía de infantería imperial abelense en el pueblo de Magome. Debían pertenecer a la guarnición del Fuerte de Santa Elienai, en el paso de Azuma, uno de los pocos que cruzaban la gran cordillera de Sen Monogatari, y, dada la gran afluencia de mercaderes, debían estar aprovisionándose. Ishikawa Hideo prefirió evitar cualquier contacto con los extranjeros y ordenó acampar y esperar hasta que se fueran para cruzar el pueblo. Envió también a Hosoda tenerlos bajo vigilancia. Por consejo del chambelán, Hosoda se llevó consigo a los samuráis más jóvenes, para que vieran a los diablos gaijin que sometían al glorioso Imperio de Lannet.

—Dejaos ver, que se den cuenta de que no pueden moverse por nuestras tierras sin que lo sepamos.

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Sakura — La muerte del anciano señor Iwao

—Reiko-hime, venid rápido a despediros de vuestro abuelo.

La primavera había llegado, faltaban pocos días para el florecimiento de los cerezos y la vida del anciano Ishikawa Iwao llegaba a su fin. Su deterioro en las últimas semanas había sido tan grande que el triste desenlace era esperado como mera cuestión de tiempo y los principales vasallos habían acudido al castillo Sakura a despedirse del gran guerrero. Cuando Reiko llegó a la cámara, estaban todos allí, arrodillados alrededor del lecho los principales, de pie al fondo los jóvenes: su padre; su tío; Saiki, el chambelán; Sakoda Moritano, el hatamoto; Hosoda Takao, el comandante de caballería; Goto Yasumori; Nakamura Ken; Junichi, el onmyoji; los jóvenes Hosoda, Nakamura, Manobu y otros. Todos con rostro grave y no pocos llorando sin ocultar las lágrimas. Sobre la cabeza del lecho, imponente, la figura negra del sacerdote del crepúsculo que debía guiar su espíritu.

Reiko se movió como aturdida entre los presentes. El olor a muerte e incienso eran muy penetrantes. Su tío le apretó con cariño el brazo al pasar. Su padre le dio un abrazo —el último que le dio jamás— y la empujó con suavidad hacia el lecho. La joven se arrodilló y observó aquel cuerpo marchito y apergaminado en el que apenas quedaba un hálito de vida y unos ojos que miraban ya más allá de este mundo. De repente, rápido como una centella, el brazo del anciano salió de entre las mantas y atrapó la muñeca de la muchacha. Con el mismo impulso, se incorporó, mirándola, escudriñando su rosto.

—¡Aoba, mi querida Aoba! ¡Ya nada me separará de ti!

Fueron las últimas palabras del anciano señor Iwao. Sin fuerzas, se echó en el lecho y el aliento de la vida lo dejó con una sonrisa en los labios.

Nadie vio la tormenta de emociones que cruzó el rostro del daimio Hideo, su hijo.

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La Gran Campaña de Pendragón en español

Lo que nunca vi
Ni espero ver
Es un elefante volar

A estas alturas, hay poco que decir de La Gran Campaña de Pendragón que no se haya dicho ya. Desglose, año a año, de los diez últimos años de reinado de Uther, los quince de interregno y los años de Arturo. 80 años, uno a uno, con eventos de corte, aventuras y batallas. Y más aventuras, algunas cortas, otras largas, minicampañas. Y mapas, reglas adicionales, documentación. Una campaña que puede dar más de 100 sesiones de juego. No es la única campaña existente para Pendragón, pero sí la que mejor recoge la esencia del juego. Es El joven Arturo (suplemento publicado por Joc) elevado a la octava o novena potencia.

Vi La Gran Campaña en físico en Nostromo (Sevilla), hace la tira de años. No me la compré, no había dinero. Tiempo después, conseguí el pdf y la imprimí. Y la empecé dos veces. En la segunda, llegamos hasta la Anarquía. No me la he leído entera nunca, era un tocho impresionante, en inglés y, a veces, nada fácil. Porque estaba en inglés, claro. En España no veíamos nada en español de Pendragón desde la edición de Joc y tampoco fue una línea con mucho recorrido (el básico, el Caballeros aventureros, el Magia céltica y El joven Arturo). Y nunca esperé ver La Gran Campaña en la lengua de Cervantes.


Desembalando La Gran Campaña, mi copia y la de Pírixis

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Sakura — Interludio: el viaje de vuelta

Cinco días después de la muerte de Hirano Tooru, Ishikawa Reiko volvió a casa. Iban con ella Nakamura Ken, su hija Nobi, el joven Hosoda Genji y una nueva incorporación a su séquito: el hijo mayor de Manobu el mayordomo, Raiden (hay quien opinaba que se llamaba así por haber nacido en una noche tormentosa, y quien, por ser un torbellino, muy distinto a su calmado padre). Un muchacho imberbe, de dieciséis años, al que su padre enviaba para estrechar lazos con su futura señora y con los otros samuráis del dominio. También cargaba con la deuda de la familia con Genji, por salvar el honor del padre y de la casa en el duelo.

El viaje de vuelta lo hicieron por la carretera de Aimi a las tierras orientales; ya estaban cansados de emociones. Tres días de viaje, bajo un tiempo desapacible y lluvioso, pero durmiendo en posadas y comiendo en tabernas y casas de comidas, hasta llegar al Tercer Castillo de Los Valles de Minako-hime. Tan pomposo nombre pertenecía, en realidad, a una mansión fortificada, levantada sobre una mota artificial y rodeada por un muro bajo y una zanja. Se levantaba sobre la carretera, a la entrada al valle principal del dominio. Al estar en tan provechosa encrucijada, a su alrededor había florecido un pequeño pueblo en el que vivían casi todos los comerciantes y artesanos de la comarca. El señor de la casa era el hermanastro del daimio, un hombre enjuto y taciturno que era la mejor espada del sureste y la mano derecha de su señor. Hijo del anciano señor Hideo con su concubina Oshima Aoba, no portaba el apellido Ishikawa ni usaba el de la madre, así que para todos era, sencillamente, el señor Shingen.

El señor Shingen salió a recibir a su sobrina. Conforme ésta desmontó, se acercó a ella y le puso la mano sobre el hombro, una muestra de afecto rara en él. Al reparar en la cicatriz que delineaba la mejilla de Reiko, apretó la mano.

—La mayor victoria en la primera batalla es volver vivo —le dijo, tras unos segundos de silencio.

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