Ergo Proxy

Ergo Proxy nos sorprendió en 2006 con una estética impresionante y la promesa de ser una gran serie cyberpunk. En su día no la pudimos ver en España porque fue licenciada pronto y los fansubs, siguiendo su política habitual, dejaron de trabajar en ella. Fue editada por Selecta Visión y hace poco pude, por fin, verla tranquilamente en casa. Pese a los 4 años pasados, es una serie que sigue dejando con la boca abierta por su animación y el diseño de personajes y escenarios. Desgraciadamente, sólo por eso.


Re-l Mayer, gibsoniana

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Los juegos a los que juego: Selenim

Selenim fue el único suplemento de Nephilim que llegó a publicar Joc. Una pena, porque nos perdimos todas las campañas que sacaron, ese tipo de suplemento que cada vez se hace más difícil de encontrar. Pero tenemos esa joyita. Posiblemente, el mejor juego de vampiros que se haya hecho.

Lo de juego quizás sea exagerar un poco. Es un suplemento. Un suplemento grande, del tamaño de un manual básico. Un manual básico de los años noventa, se entiende: unas doscientas páginas. Como suplemento, no explica las reglas básicas. Sin embargo, como usa una variante del BRP de Chaosium, es posible dirigirlo sin tener Nephilim. De hecho, es más fácil, porque el reglamento de Nephilim es confuso como él solo. Como no explica las reglas básicas, puede usar el espacio para cosas más útiles. Dos tercios del libro están dedicados a ambientación, mezclada con las reglas propias de los Selenim. El último tercio es una de las mejores campañas que he leído. Una campaña épica, para jugar con personajes novatos, que mide muy bien los tiempos y los mete en la trama con una maestría que ya quisiera yo para las mías.

Cuando salió Selenim mandaba Vampiro y Mundo de tinieblas, así que pasó desapercibido. La verdad es que tampoco podría haber sido de otra manera porque Selenim es un juego difícil, muy sombrío. Exigente con la interpretación y la puesta en escena; a fin de cuentas, un selenim es un monstruo que lo ha perdido todo, olvidado de su mundo, con una inmortalidad frágil que pesa como una losa y la necesidad de alimentarse de humanos para satisfacer un hambre extraña que nunca antes había sentido. Y exigente con el trabajo del máster y de los jugadores, porque es una ambientación muy política pero muy individualista y abierta. Competir con el fuertemente estructurado, simple y vitalista Vampiro (eres un superhombre inmortal con poderes de la leche, puedes pertenecer a estos clanes y en la ciudad donde discurre la aventura la jerarquía es esta y éstas son las normas) era tarea imposible.

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Decepción en Sevilla

En fin, nada salió como se esperaba. En el pequeño Salón del Manga sevillano encontramos mucho ambiente, mucho cosplay y mucho, mucho calor. Sobre todo, calor. Había talleres y actividades interesantes, pocos stands comerciales y con poco material y mucho, mucho calor. Sobre todo calor. El sitio elegido, el Casino de la Exposición, no era el mejor sitio posible para un evento de este tipo, que pide espacios más amplios. Pero, lo que era criminal en esta época del año, es tener un sitio pequeño, cerrado, sin ventilación ni aire acondicionado: entrabas del calor asfixiante de las 6 de la tarde y te dabas de bruces con un calor peor, húmedo y pegajoso, con el aire viciado.

A los cinco minutos de entrar me tuve que ir, mareado y con el cuerpo destrozado, con un golpe de calor en camino que, por fortuna, no llegó a más (volver al alojamiento, ducha fría, descanso y luego un buen rato fresquito en la Fnac). Un desastre organizativo que, espero, no haya tenido graves consecuencias para nadie.

Aparte de tachar de la lista de salones manganeros andaluces el de Sevilla, el resto del fin de semana fue provechoso, cervecero y entretenido y ha dejado entre mis manos el juego de rol del Mundodisco, lectura interesante y que espero dé para partidas divertidas. Y también planes para unas futuras minijornadas roleras más que interesantes. Y el D20 en la acera.

Y la anéctoda del liche. «Tengo más vida social que tú». Me encanta intercambiar anécdotas roleras.

De viking al Salón del Manga de Sevilla

De forma sorpresiva e inesperada me enteré el otro día de que Sevilla también tiene su Salón del Manga (¿hay alguna ciudad española que no tenga ya el suyo?) y que es este fin de semana. Como mi ascendencia nórdica (ese pelo rubio del bigote) tira, he reunido a mi banda y preparado el drakar para irnos de viking a tierras andaluzas, a ver qué podemos pillar (una insolación, quemaduras, golpe de calor y cerveza fría, de fijo).

Por lo pronto, el plan incluye pillar a algunos pardillos jugadores para una partida de Ánima el sábado por la tarde, que mis jugadoras y yo le hemos cogido gusto a eso de probar sangre fresca, yumyum. ¿Podré mantener mi estadística de mayoría femenina en mesa? ¿El paladín oscuro que hizo Q seguirá ganando todas sus iniciativas, pese a ser el más lento sobre el papel e independientemente del jugador que lo lleve? ¿Veremos el regreso de los gallipandas? Ya se verá. El lunes lo cuento.

Y ahora, a seguir preparando la partida que, de momento, lo que tengo es una aventura para Runequest Tierra de ninjas. Tengo que dividir entre dos el número de combates para que empiece a parecerse a una partida jugable de Ánima (jugable en poco más de dos horas, digo).

La pena es que no podré sumarme a la iniciativa de Ediciones Sombra de organizar una aventura ambientada en el día D, cuyo aniversario es este fin de semana. Y eso que tengo mono de Comandos de guerra.

Fin de semana musical

Este fin de semana hubo algo de jaleo en Badajoz. No tengo claro el qué, pero vi a mucho militar y a mucho civil con cara de pasárselo bien, y a mucho militar y a mucho civil con cara de estar comiéndose un marrón. El sábado igual se había varado alguna ballena en la playa, porque vi mucha gente asomada en el puente y en el paseo, y helicópteros, lanchas y algún avión asomándose a ver qué pasaba, pero echando más humo que un Minardi con el motor reventado. La cosa debió terminar bien para las ballenas, o igual ganó el equipo local de voley-playa o qué se yo, pero los bares del centro fueron tomados por una marea humana a medio día que se desparramó más allá, ocupando hasta la última mesa y el último cachito de barra libre. Por la tarde, el calor sahariano trajo algunos problemas extraños, como la plaga de langosta en forma de banda de música militar que se abatió sobre El Boche, saqueando sus despensas para desgracia de los que se nos ocurriera ir a cenar allí.

Pero, sobre todo, en Badajoz este fin de semana hubo música. Terminaba el Festival ibérico de música, que va ya por su vigesimoséptima edición y había empezado el 19 de mayo. Hay varios conciertos a los que me hubiera gustado asistir, pero para los que vivimos fuera se impone una selección. Y, como el sábado había concierto de abono, la selección estuvo bastante clara.

Ensemble Oxalys

El viernes, con el López de Ayala tristemente semivacío, actuó el conjunto de cámara belga Ensemble Oxalys. Era el primer concierto de música de cámara al que asistía y, encima, con muy buenos asientos, y fue una delicia en lo sonoro y muy divertido en lo visual. Martijn Vini, el chelista, era todo un espectáculo (y, según mi acompañante, de fino y educado oído, con una respiración como la de un elefante tras correr una maratón), así como la complicidad de todo el cuarteto de cuerda (quinteto en la segunda parte, cuando se les sumó un contrabajo). La instrumentación la completaban piano y armonio, fagot, clarinetes, oboe y corno inglés, flauta y flautín y percusión.

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Cuentos viejos: los grifos no existen

Quedó la última partida de Ánima a la mitad, va ya para dos meses, y aún no sé cuándo podremos terminarla. Pero, pese a ser una partida lenta y que debía haber cortado a tiempo, dejó su pequeño momento inolvidable.

Estaban los jugadores en una ermita abandonada, alrededor de un altar de piedra que daba acceso (oculto) al la cripta. En el guión figuraban dos cabezas en relieve en los lados cortos del altar: un perro y un lobo. El perro, el pastor del rebaño, abría la puerta. El lobo, el que acecha al rebaño, activaba la trampa. Era un acertijo muy simple y evidente que se complicó cuando me hicieron describir todo el altar, y me tocó improvisar. Tuve que añadir tres cabezas más por lado largo, según se me iban ocurriendo. Así, fui diciendo mientras señalaba en el dibujo de la ermita:

Lobo; león, hombre barbado, grifo; perro; águila, oso, demonio…

En ese momento oí mentalmente las campanas y bocinas del Un, dos, tres. Acababa de repetir demonio. Una mirada de reojo a Pírixis me bastó para saber que se había dado cuenta y que tal metedura de pata mía venía de la improvisación. A ver cómo salgo de esta.

Por fortuna, un comentario de uno de los jugadores nos despistó a todos. Un intento de enfocar el acertijo quitando seres fantásticos.

—Los grifos no existen.

Hubiera quedado hasta bien… en otro juego.

El caso es que jugábamos a Ánima y su personaje era un conjurador. Había estado a punto de morir en brazos de una súcubo, va con él un espíritu en forma de niña pequeña, ha conocido a una señora de las pesadillas… Lo sobrenatural es su pan de cada día.

En fin, todos tenemos días así.

Extraña y divertida noche de mayo

Los calores veraniegos del fin de semana pasado se llevaron el décimo concierto de abono A de la Orquesta de Extremadura. Un concierto con cambios en el menú, pues se cayó el director programado, Maximiano Valdés, por motivos de salud, y fue cambiada la obra de la segunda parte: la programada Segunda sinfonía de Schumann (tenía ganas a esta, que no la conozco) fue reemplazada por la Tercera, la Renana, obra que ya abriera la temporada pasada. Así pues, Jesús Amigo tuvo que tomar la batuta de un concierto en cuya primera parte destacaba el Concierto para viola y orquesta «Der Schwanendreher» del compositor alemán de la primera mitad del siglo XX Paul Hindemith, tras la Obertura de Don Giovanni de Mozart. ¡Qué grande que era el jodío!

El concierto de viola… En fin, no sabría qué decir. Me dejó un poco como cuando escuchaba ciertos discos de ECM en Discos Tak sin entender nada y luego volvía agradecido a Narada. Una orquesta peculiar, con las cuerdas reducidas a cellos, contrabajos, arpa y el solista y una obra difícil que escuché con atención y me dejó, como entonces, sin entender nada. El solista era el alemán Nils Mönkemeyer, que tanto en el concierto como en el bis demostró ser un hacha, pero empiezo a pensar que la viola y yo no congeniamos.

Tras el descanso, una alegre y vivaz Renana nos hizo disfrutar de lo lindo y se llevó una gran ovación. En lo personal, la Renana me duró mucho… no pude quitármela de la cabeza en toda la noche. Me encanta la Renana, pero en directo ya es otro mundo.

Por otra parte, hubo algún problema con las puertas y gente que entró a destiempo al comienzo del concierto de viola, y las ya habituales diferencias entre los integrantes de la orquesta y lo indicado en el programa (por ejemplo, el cambio en la «alineación» de fagots, y esta vez estoy seguro de no haberme confundido).

Recital de piano

El miércoles pasado asistí a un recital de piano en la Casa de la Cultura de Villanueva de la Serena. Era eso o corregir otro capítulo de Queen’s Blade, con lo que la elección era sencilla: aceptar la mala acústica del salón de actos, la puerta que golpea por simpatía cuando la puerta de la calle se abre, las toses, los que llegan tarde y haciendo ruido, las bolsas de chucherías y demás maleducancia y «problemas técnicos» y esperar algo interesante a cambio.

Al piano estaba Davinia González Pajuelo, profesora de la Escuela Municipal de Música. Empezó agarrotada, con una Sonata KV333 de Mozart más sosa que una sopa de sobre. Técnicamente correcta, pero capaz de aburrir al más pintado. Pero en la segunda parte del recital, ya más asentada, nos dejó mudos y llorosos con un Almería de Albéniz triste, melancólico y muy expresivo, realmente hermoso. Siguió con las Variaciones Abbeg Op.1 de Schumann, con un arranque agarrotado, para olvidar, quizás provocado por el cambio radical entre la tristeza de la anterior y la alegría de esta, pero pronto se soltó, estando al mismo nivel que con la Almería. La velada terminó con el Estudio Op.10 nº 7 de Chopin y un bis sin identificar.

Primero tomaremos Toledo, luego tomaremos París

Cuentan las crónicas que un recién despertado Uzbia reunió a su gabinete de crisis en una aldea perdida de Aragón como paso previo a recuperar su Imperio. Dicho gabinete de crisis estuvo compuesto por los procónsules Yaltaka y Ethiel y otros tres propretores fieles traídos por el gato. Se dice también que hubo algunos nephilim no pertenecientes al Emperador, pero no ha quedado constancia documental.

El recién despertado Uzbia se encontraba con una situación incómoda entre manos. En teoría, bastaba con llamar a la puerta de la sede de Toledo, capital del Imperio de Occidente, para recuperar su puesto, pero todos temían lo que el pretor e imperator Ephram pudiera hacer en Francia. Podía declararse independiente, como había hecho el cónsul de Germania, Hrisleah, o unirse al Imperio Romano donde, a buen seguro, Endymythalion le recibiría con los brazos abiertos.

Ir primero a París para neutralizar a Ephram planteaba también problemas: los pretores de Hispania eran sus principales apoyos y si veían caer a aquél era también posible que intentaran una salida desesperada. De ahí que Toledo, como cabeza tanto del Imperio como de Hispania, fuera el único destino posible de Uzbia. Para controlar a Ephram decidieron realizar una operación doble: mientras Uzbia entraba en Toledo, un segundo grupo se encargaría del pretor franco. De esta manera podrían neutralizar a la oposición sin darles tiempo a reaccionar. El grupo lo formarían Ethiel y Yaltaka, arrastrando consigo a Pírixis, Menxar y el fénix, claro. Yaltaka salió de la reunión con el nombramiento de legado imperial comisionado para relevar y poner bajo arresto al imperator Ephram. También fue nombrado cónsul de las Galias y pretor de Francia, efectivo una vez tomara el control de París.

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Kara no Kyoukai

La historia de Type-Moon es curiosa: de proyecto amateur a compañía comercial de éxito. Supieron crear un mundo curioso, poblado de personajes inolvidables, en una serie de novelas y novelas visuales (un tipo de videojuego popular por aquellos lares y que consiste básicamente en leer una novela sobre imágenes estáticas teniendo que tomar una decisión de cuando en cuando; esto es, algo que aquí no consideraríamos videojuego) que tuvieron gran éxito y les permitió dedicarse profesionalmente a ello. El salto al anime era de esperar, y ya habíamos podido disfrutar de series como Shingetsutan Tsukihime y Fate/Stay Night. En el caso que nos ocupa, el salto fue mayor de lo esperado porque Ufotable, la productora, decidió tirar la casa por la ventana y presentar el proyecto como una serie de películas para la gran pantalla. Así, la novela Kara no Kyoukai, con el sobrenombre de The garden of sinners (El jardín de los pecadores) fue presentada como siete películas de distinto metraje, desde los tres cuartos de hora a las dos horas que se estrenaron entre diciembre de 2007 y agosto de 2009.


Shiki, encantadora

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