Tras un mes con el blog abandonado por razones tanto laborales (falta de tiempo) como vacacionales (ganas de estar lejos de la máquina maligna), intentamos retomar el ritmo este mes de noviembre (noviembre ya, ¡cómo pasa el tiempo!). Hace ya un año que aterricé en tierras sevillanas y, en la medida que el tiempo y la cartera lo han permitido, la Reina de las Hadas y yo hemos tanteado varios restaurantes japoneses (o chinos reconvertidos, que también) de la zona. Lo que es malo, porque en Badajoz tenemos el Tanuki-san y eso son palabras mayores (también para la cartera, of course) y el listón estaba muy alto. De momento, resultado irregular.
Primero probamos el Kaede, en la Puerta de la Carne. Resultó caro. El pato estaba rico pero escaso (por el mismo precio en el Tanuki ponen más, y acompañado de ensalada y arroz), el sushi y el sashimi muy fríos, perdiendo su sabor. Y el arroz del sushi era, francamente, mejorable.
Al lado encontramos el You Sushi. Éste fue todo un descubrimiento. Es un local amplio y tranquilo y tiene un precio ajustado. Los rollitos, la ensalada y el arroz frito están de muerte. El yakisoba me resultó un poco grasiento, pero sabroso. El pescado estaba bueno, no una maravilla pero sí bueno, y con un buen corte. Y el arroz del sushi no estaba nada mal.
El sábado pasado nos llegamos al Samurái, junto a República Argentina. Se pone hasta las trancas, así que le teníamos echado el ojo desde hace algún tiempo. Lástima que encontráramos mesa: un sitio ruidoso, con un servicio malísimo, una carta escasa y una cocina que oscila entre lo pasable y lo horroroso. Entre lo pasable, el arroz y el pollo fritos, ambos muy sabrosos. Entre lo horroroso, el sashimi: pesado absolutamente insípido, en trozos enormes e incomibles, con un corte para echarse a llorar. Entre eso y que nos retiraban los platos antes de terminar, salimos jurando no volver.
Bueno, también comimos un día en un restaurante oriental en el polígono Calonge, pero nos dejó tan fríos que ni recuerdo el nombre.
En fin, a ver si algún día podemos permitirnos ir al del Casino.
El movimiento retroclón ha escapado siempre a mi comprensión y me he metido en más de una ocasión con él. A la idea de base (dejar D&D3.x y sus miles de manuales, clases, dotes y cosas para volver a un reglamento más imperfecto pero simple y a las viejas aventuras de la patada en la puerta del dungeon y saqueo y trampas y peleas) no le he visto en ningún momento la gracia. Claro que, para mí, D&D3.x es un juego que evito como la peste, AD&D tenía un sistema tan encantador como malo y la Caja Roja es la de Nestlé.