Hakuouki Shinsengumi Kitan

Después de dos reseñas de juegos de rol y que a Cubano se le ocurriese que publicase yo misma algo en su blog, aquí os dejo el comentario sobre una de las series que he visto últimamente: Hakuouki Shinsengumi Kitan.

Una serie de estudio DEEN que se emitió en 2010 y consta de 12 episodios (también existe una segunda parte de 10 episodios). Es una serie que mezcla varios estilos como género histórico, shounen y shojo (la vida cotidiana del Shinsengumi durante las luchas que se produjeron en la última etapa del shogunato mezclado con situaciones provocadas por el día a día en un harem de chicos que protegen y ayudan a la protagonista); de hecho la serie está basada en un otome game (hasta hoy no sabía ni que eran), un juego para chicas donde tienes que conseguir una cita con el protagonista.

La historia tiene lugar durante el último período del shogunato Tokugawa. Todo comienza cuando Yukimura Chizuru decide viajar desde Edo a la capital imperial (Kioto) disfrazada de hombre para buscar a su padre, un médico practicante de la medicina occidental que trabaja para el Bafuku pero que ha desaparecido sin dejar rastro. Allí, es atacada por dos hombres vestidos con los uniformes del Shinshengumi, pero que exhiben una violencia extrema, tienen los ojos rojos y el pelo blanco. En el último momento es rescatada por los miembros del Shinsengumi. Estos la toman en custodia, y descubren que es la hija del doctor que también buscan. El Shinsengumi decide acoger a Chizuru y ayudarle en la búsqueda de su padre.

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Cierra Ars Epica

La noticia saltó ayer y hoy es comentario habitual de esta pequeña blogosfera nuestra. Ars Epica, la editorial tras Roleage (pero también distribuidora de diversos productos, estudio de diseño, imprenta…) anunció por sorpresa el fin de sus actividades. Tras sacar al mercado en otoño pasado el suplemento de campaña de Roleage (fantástica edición) y con dos juegos nuevos anunciados (el post-apocalíptico Fenris, Pain of Gaia y Hero Knights, de superhéroes) y tenernos al día (vía cara-de-libro y otros) de sus avances en esos proyectos, este cierre nos ha cogido a todos a pie cambiado. Un día triste que nos deja para el recuerdo la calidad de los productos en los que, en mayor o menor grado, intervinieron (el propio Roleage, Aventuras en la Marca del Este…).

Sólo puedo, desde aquí, darles las gracias por su trabajo de todos estos años y desearles lo mejor para el futuro.

Juegos de rol y narrativa

Uno de los apartados que más problemas internos nos causa en los Poliedro, de cara a definirlos, es el de Mejor Narrativa. Problema que no se da, por ejemplo, en el de Mejor Arte Interior, donde nadie se pregunta si se debe premiar los mejores dibujos o que estos acompañen al juego, ayudando en su definición. Cada año surge la cuestión de si mantener o no la categoría de Mejor Narrativa, olvidando tal vez que un manual de rol es tanto un libro como un manual de instrucciones y que los dibujitos de colores y la edición vistosa (y las más de las veces, incómoda de leer) son bonitos adornos, pero adornos al fin y al cabo.

Como libros que suelen tener doscientas o trescientas páginas (hablamos aquí de manuales básicos) o más, debemos pedirles que sean de lectura fluida y atrapen al lector. Como manuales de instrucciones, que expongan las reglas de forma clara y concisa, sin lagunas o ambigüedades y acompañándolas de los suficientes ejemplos. En la práctica, hay libros que dan prioridad a una u otra vertiente: por ejemplo, Gañanes ganó el Poliedro de este año con una prosa simpática, cuidada, pero que dejaba la explicación de las reglas en un segundo plano, volviéndola más compleja de lo necesario e incluso provocando grandes dudas en su aplicación; el divertido Pangea seguía el mismo principio; por el contrario, el viejo Rolemaster se decantó por ser un manual de instrucciones, con una estructura de capítulos y apartados especialmente pensada para este fin.

Lo normal es encontrarnos con un punto intermedio: prosa cómoda sin ser destacable y las reglas entendibles pero con lagunas a poco que rasquemos. Me vienen a la mente manuales como el venerable Runequest o el viejo Comandos de guerra. Sin embargo, a veces nos encontramos manuales para cuya lectura nos hace falta hacer el máster de contrainteligencia del Mossad para entender lo que nos cuentan.

En mi estantería, con el paso del tiempo, han caído varios dignos ejemplares de esta peculiar galería de los horrores. Hablaré hoy de tres de ellos, aunque imagino que el lector podrá aportar muchos más:

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Y el Poliedro es para…

El lunes pasado se hizo público la lista de ganadores de los tradicionales Premios Poliedro (recordad, primera vez, novedad; segunda, costumbre; y tercera, tradición). Este año han venido con novedades, como categorías nuevas (la separación entre mejor juego en español y mejor juego traducido), un aumento del número de nominados y el cambio de fechas, dejando el aniversario de la muerte de Gary Gygax por un insulso 31 de enero. Repasamos la lista de ganadores y comentamos lo que ha dado de sí esta edición.

La llamada de Cthulhu, en su nueva (y primera) edición a color editada por Edge, se ha llevado los premios de mejor arte interior y edición y, en su vertiente caja con pantalla, mapas y dados, el de producto del año.

Aquelarre, decano de los juegos de rol españoles, se llevó en su tercera edición, de NSR, los premios de mejor juego de rol creado en castellano y mejor portada.

El anillo único, nueva visita al universo de Tolkien, consiguió los de mejor juego traducido y mejor ambientación.

Dragon Age, basado en un (al parecer) popular videojuego, sale de enero con el premio al mejor sistema de juego.

El escenario de campaña de Aventuras en la Marca del Este, el de mejor suplemento.

Tras el velo de la muerte, aventura de fantasía medieval gratuita, pues eso, el de mejor aventura.

Gañanes se llevó el de mejor narrativa gracias a su original desarrollo.

Cacería de Bichos, en su versión sin maquetar ni imágenes, el de mejor producto gratuito.

Fanzine rolero, el de mejor fanzine.

Red de rol, el de mejor medio de difusión.

Han sido unos premios muy repartidos y, en algunas categorías, muy reñidos. También han sido los premios más injustos en estos tres años de vida. Y no porque los premiados no se lo merecieran (salvo lo de Dragon Age, que escapa totalmente a mi comprensión), o porque los nominados no se hayan ganado su derecho a estar ahí. 2011 ha sido uno de los mejores años en lo que a publicación rolera se refiere que hemos vivido en España y varios grandísimos productos se han quedado fuera de las nominaciones, apeados en la fase previa, porque no podían estar todos. Ha sido el año de la tercera edición de Aquelarre, de la cuarta de La leyenda de los 5 anillos, de la primigenia de La llamada de Cthulhu, y alguna con cambios radicales, como la nueva de Warhammer. El año en el que Cthulhutech vio por fin la luz. Y volvimos a pisar la Tierra Media de la mano de El anillo único y las heladas tierras de Escandinavia con Yggdrasill. La moda del retroclón siguió, esta vez a lo grande con Dragon Age y un sistema de juego no basado en el viejo D&D. Hablando de eso, D&D 4 tiró la toalla, pero no antes de dejar un rosario de hermosos manuales, aunque pocos pueden competir con el colorido de El Imperio Ígneo. También Ánima nos dejó su habitual libro anual y Cacería de Bichos vio por fin la luz. Ha habido ausencias notables, como R&P o Shan Hu, posiblemente el gran olvidado de los juegos españoles de este año, tanto como Mazes & Minotaurs lo es de los juegos traducidos (lo de M&M va camino también de ser tradición). Ha sido otro año (más) en el que la historia de España (o en general, una ambientación histórica) no ha tenido tirón para llevarse premio.

El empleado de la Era

En justicia, su nombre habría sido conocido por todos; habría dado charlas de formación y conferencias; habría sido alabado y felicitado por sus superiores y servidor de ejemplo para todos. Pero dejar en evidencia a los superiores es recompensado con el ostracismo y el olvido.

Nadie quería ese trabajo: era una de esas cosas que se hacen por tradición pero en la que nadie cree. Además, nunca salía bien. Sólo se hacía porque las viejas cabezas que dirigían aquella empresa creían en el romanticismo de la idea y en las viejas y enraizadas tradiciones.

Nadie quería comerse ese marrón, que fue de mano en mano, de superior a subordinado, hasta llegar al último mono. Si en aquella época hubiera habido becarios, sin duda, le habría tocado a uno.

Así pues, nuestro currito suspiró y se puso en marcha: se desesperó buscando información sobre la tarea que le aguardaba; preparó un plan de acción, lió el petate y se fue, sin mucha confianza en que le pagaran las dietas.

Y, contra todo pronóstico, tuvo éxito.

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Explorando el Imperio Ígneo

Hubo un tiempo en el que las especies astrales vivieron apartadas las unas de las otras, sitiadas en aquellos reinos y continentes en los que sus astros creadores los depositaron sobre Geos. Este mundo ha estado destinado a una lucha constante por el equilibrio de las esencias de poder, a manos de los hijos de Nhul, Señor de Hamman.

Thyriel, Señor y Astro de Fuego concibió en los tiempos antiguos a los Terranos dotándolos así de su poder, temperamento e ímpetu. El hogar de esta especie fue Rising, conocido también como Ígnea, uno de los continentes más amplios y extensos de toda Geos, cuna de densos bosques, desfiladeros, amplios desiertos y peligrosas costas que acunaron durante eras a una de las especies más relevantes en la historia d este mundo.

Los Terranos formaron a fuego, sangre y esencia el Imperio Ígneo, la primera gran nación predominante sobre el resto de especies astrales.

Una nación concebida desde sus inicios para servir los designios de su astro creador, envuelta desde el inicio de las Eras por la especie terrana en un manto de guerras a lo largo de los ciclos solares. Los terranos provocaron a través de sus actos el inicio de la Era de las Sombras, aunque también se convirtieron en la esperanza para el resto de especies astrales de Geos tras la Alianza de los Tres Príncipes.

Contraportada de El Imperio Ígneo (resumen de la historia de Ígnea).

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Carrusel bloguero de juegos de rol: Campañas legendarias – La tela de las parcas

En todos estos años he jugado pocas campañas oficiales. He estado a punto de dirigir alguna, como la de El guardián oscuro de Star Wars (proyecto que abandoné porque requería demasiado esfuerzo para convertirla en algo jugable) o la enorme Gran Campaña de Pendragón. La gran campaña épica e inolvidable (y también incompleta) que he dirigido ha sido propia, pero incluí en ella la única campaña publicada de Nephilim en castellano (y vuelvo a decir que es una lástima, pues hubo varias y con muy buena pinta): Selenim. Del libro en sí hablé ya en su día. Hoy, aprovechando el Carrusel Bloguero de este mes de enero, voy a centrarme en la campaña que ocupa el último tercio del libro.

La tela de las Parcas es una campaña épica de 66 páginas planteada para personajes novatos. Una de las combinaciones más difíciles que hay para hilvanar una campaña creíble ante los jugadores (tema del que ya hablé en su día y al que volveré próximamente). Tristan Lhomme se las apaña para presentarnos uno de los mejores ejemplos de cómo llevar a un grupo de personajes novatos y meterlos en trama… para horror de sus jugadores.

Partimos del punto inicial que se nos ha ido narrando en el libro: una poderosa organización, el Culto a Lilith, que busca regir sobre toda la sociedad selenim. Y otra venida a menos, el Arcano XIII, derrotada y dominada por el Culto desde la Edad Media. Y los planes ocultos de unos y otros.

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Año que se va, año que viene

Así, sin darme cuenta casi, terminó 2011, uno de los años que más rápido se me ha ido y que más cambios ha traído a mi vida. Trabajo nuevo, mudanza (x2) a otra ciudad, vida marital… Mi vida, digamos, friki debía resentirse por fuerza, aunque al final ha sido más grave de lo que esperaba. En lo rolero, bien, gracias. Tres Valles duerme el sueño de los justos, avanzando cada seis meses o así y echo de menos a Pírixis, jugadora en mi mesa desde el 99, pero Fort Nakhti (a ver si le hago un día de estos la página) va camino de ser una de las mejores campañas que un servidor haya dirigido y la de Macross que tengo como jugador apunta maneras. Me gustaría engancharme a alguna otra como jugador, pero todos los intentos han terminado en fracaso.

En el resto… Pues muy sufrido. Cuarto año de vida de este blog con sólo 62 entradas publicadas frente a las 101 del año pasado y las 147 de 2009. Cromo, la filial de informática, ha quedado prácticamente abandonada con unas tristes once entradas (y aun así se apaña para subir un 40% en número de visitantes). Por Foroswindows apenas logro pasar ya, más allá de ejercer mis labores de moderador. Y mi labor como corrector en Nanikano se ha ido al garete: no he conseguido sentarme frente al ordenador con la regularidad necesaria. Y lo echo de menos, la verdad. Era relajante. La verdad es que estoy totalmente desconectado de series anime o de imagen real y sólo he conseguido cierta regularidad ya en otoño, a la hora de la cena con mi reina, primero con Patlabor, luego con Noir y ahora con Babylon 5.

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Bares sí, tabernas no

Un cliché típico en aventuras de fantasía medieval es que el grupo de personajes jugadores, una heterogénea mezcolanza de razas y profesiones, sea contratado en una taberna por un tipo, a veces misterioso, a veces representante de algún poder local. Está tan arraigado que ha llegado a convertir las posadas y tabernas en ETT de profesionales de la espada, el hurto y la magia, con tablones de anuncios donde los futuros patrones exponen sus ofertas de trabajo. No voy a hablar, tranquilos, de lo que puede suponer esta economía sumergida (no paga impuestos) para las arcas del reino, ciudad estado o república donde esté situada la taberna, ni para los propios aventureros (sin contrato, sin seguro médico).

De lo que voy a hablar es, sencillamente, de que no me gusta este cliché. He leído muchas aventuras y campañas que empiezan así, he jugado a un buen número y, salvo contadísimas excepciones (por ejemplo, una interesante campaña de D&D que duerme de momento el sueño de los justos), esa forma de meter a los pjs en la trama me ha parecido una forma débil o incluso nefasta.

Por otra parte, me encantan las aventuras de Cyberpunk que empiezan con el grupo contratado en una mesa de un pub, en especial si es el Forlon Hope.

Extraña dicotomía ésta en la que estuve pensando el otro día (conducir solo por una autovía requiere de estas cosas para no dormirme al volante de puro aburrimiento). ¿Por qué uno sí y el otro no? ¿Por qué huyo de la peste de un mercader que contrata a dos guerreros, un clérigo, un ladrón y un mago y me gusta la imagen del fixer contratando a dos mercenarios, un tecnomédico, un técnico y un netrunner? Pero si es lo mismo, ¿no?

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Nochebuena, coñac y gusanos

Rashid se tomó su sueño como premonitorio y las huellas que encontraron al día siguiente atravesando la salina, yendo y volviendo de las ruinas, lo convencieron. Volvían al fuerte, confiando en llegar para la fiesta de Nochevieja. Habían evaluado también otras posibilidades: la historia de Menna no acababa en el sueño. Su marido fue tras el Caminante de la Muerte para recuperar a su hijo, pero jamás volvió. Encontraron restos de ropas y de su montura cerca de la sima de un gusano de las arenas. Menna volvió con su familia. Era prima de Ahmed y estaba en su grupo el día de los zombies.

Tenían el macizo rocoso que vieron en los frescos de las ruinas, el lugar donde parecía estar un templo o ciudad de los Caminantes de la Muerte. O investigar más la historia de los dos desgraciados devas a los que habían dado descanso eterno. O ir al oasis de El-Jeriyah, donde se perdía la pista de la expedición Lunzberg. O al misterioso macizo Jabbarem (¿quizás el mismo macizo negro de las ruinas?) que Steffan confesó a Sassa era uno de los objetivos de Lunzberg años atrás, en Lucrecio.

Sin embargo, decidieron volver al fuerte. Cargados de presentes por la ayuda prestada y lo sacado de las ruinas: sellos de oro, el incómodo grimorio, una extraña daga… y con un recluta para la compañía de Regulares: Hodor, el grandullón ojo de águila y mente de esponja primo de Rashid al que Du Pont había cazado con el viejo sistema de emborracharlo primero.

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