El empleado de la Era

En justicia, su nombre habría sido conocido por todos; habría dado charlas de formación y conferencias; habría sido alabado y felicitado por sus superiores y servidor de ejemplo para todos. Pero dejar en evidencia a los superiores es recompensado con el ostracismo y el olvido.

Nadie quería ese trabajo: era una de esas cosas que se hacen por tradición pero en la que nadie cree. Además, nunca salía bien. Sólo se hacía porque las viejas cabezas que dirigían aquella empresa creían en el romanticismo de la idea y en las viejas y enraizadas tradiciones.

Nadie quería comerse ese marrón, que fue de mano en mano, de superior a subordinado, hasta llegar al último mono. Si en aquella época hubiera habido becarios, sin duda, le habría tocado a uno.

Así pues, nuestro currito suspiró y se puso en marcha: se desesperó buscando información sobre la tarea que le aguardaba; preparó un plan de acción, lió el petate y se fue, sin mucha confianza en que le pagaran las dietas.

Y, contra todo pronóstico, tuvo éxito.

 

Para entender todo esto debemos ir al principio de nuestra historia: cuando Menxar recibió la Marca de la Diosa. Bueno, en realidad, para entenderlo todo deberíamos ir mucho más atrás, pero entonces no terminaríamos nunca. Busquemos entonces otro punto que nos permita entender esta historia sin escribir la Biblia de nuevo.

Por ejemplo, cuando Sarrask, el Heraldo de Caos que permanecía libre, acabó con los Tejedores del Destino. La Puerta del Infierno bajo la Torre Negra quedaba así sin protección, abandonada y olvidada por todos. O casi, pues en el subterráneo que comunicaba las ruinas del convento que les sirvió de hogar con la cámara de la Puerta quedaba la última línea de defensa: un complejo sello místico que nombraba Paladín al primer desgraciado que pasara por él, si la Puerta estaba abierta y no había paladines en el mundo.

O cuando el barón Arnulfo fue premiado con el feudo que contenía la Torre Negra y la usó como torre del homenaje de su nuevo castillo. El barón tenía un mago humano, lo que suele significar un charlatán de poca monta. Pero este mago, Astartes, debía ser un renegado de alguna sociedad secreta, pues tenía conocimientos sobre el Arte. Y encontró la Puerta y pudo abrirla parcialmente.

O cuando el fénix se dejó capturar por Astartes y Nimaminanión, obligando a los Guardianes del Grial a montar una operación rescate que terminaría llevando a Menxar hacia el sello de los Tejedores.

 

La aparición del nuevo Paladín no vino acompañada de un cartel luminoso (más allá de la Marca que Menxar lucía ahora en su espalda) ni del tañer de la Campana Eterna en los Cielos. Sólo los siervos de Caos presienten a los paladines, así que el hecho de que hubiera uno en circulación pasó desapercibidos a todos salvo a Sarrask.

Fue Tarik el charpentier el primero que vio la Marca sabiendo lo que era. Algún día hablaremos de los charpentiers y qué papel juegan en toda esta historia, pero Tarik venía de un linaje de hondas raíces y recordaba el significado de los paladines. El que hubiera uno (al menos) suelto le llenó de preocupación, así que la próxima vez que viera a su contacto en la empresa de la competencia, le espetó sin miramientos:

—¿Qué hacen los Paladines bajo el Sol? ¿Ha empezado el Apocalipsis y nadie me ha avisado?

Aquello bastó para que los de arriba se pusieran a trabajar. Pero, entre topos, espías y viejos colegas la información se filtró rápidamente. Y el jefe expuso el problema al consejo de administración, y de ahí el marrón corrió y corrió hasta alcanzar a nuestro protagonista. Había que hacerlo porque era la tradición.

Y en Irlanda se encontraron. No hubo nada de místico en ello: lo único difícil fue averiguar que Menxar viajaba con Yaltaka. Seguir luego el rastro de Yaltaka era fácil: no había quien pudiera confundir a la Liadain. La otra parte hizo su jugada: en sueños invitó a Menxar a ir a la Piedra de la Verdad para conocer, eso, la verdad. Al que sería el empleado de la Era no le quedó otra que subir la apuesta: fue directamente a Menxar.

—Mira, los Paladines sólo aparecerán cuando Caos quede libre. Pero Caos sigue a buen recaudo. Que tú seas un Paladín no es más que un error. Un error que puedes aprovechar en tu beneficio. Ven conmigo y te enseñaré cómo.

La respuesta dejó al pobre diablo con la boca abierta. Iba a tener que entrenar a un Paladín.

Había tentado. Donde sus jefes lo habían intentado y fracasado con Juan el Bautista, Jesús y otros, él había tenido éxito. Y con uno de los Tres Paladines en cuyas manos estaba el destino de todo, nada menos.

Su nombre corre de boca en boca entre los demonios y ángeles de baja graduación. Su nombre es odiado y cuidadosamente olvidado entre los príncipes demonio y los arcángeles.

Porque él, el último mono, hizo que Menxar fuera el paladín de los ángeles caídos.

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4 comentarios para “El empleado de la Era

  1. Por fin, por fin, por fin apareció el empleado de la Era.

    Con la boca abierta nos quedamos también el resto de la mesa.

  2. Ains, si es que no puede tener una un mal día.
    Estas cosas son las que pasan cuando una está descentrada y el máster te caldea la cabeza con canciones en inglés y rollos raros, y claro, te llega alguien que te dice “Ven conmigo y te enseñaré, y …..”

  3. Eso dijo Vader cuando sucumbió al lado oscuro :D. Líos aparte, la verdad es que a tu personaje no le pegó para nada su papel de paladín de los de abajo.
    Lo que, por otra parte, seguramente contribuyó a que el mundo durara tanto. Si quien-yo-me-sé hubiera sido tal paladín lo de Japón el año pasado sólo habría sido un calentamiento ligero.

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