Y mira que empezó bien, con la boda entre sir Elffin y lady Elaine. Sir Elffin era un caballero joven de la casa Tilshead. Su padre, caballero sin tierras, había invertido el botín obtenido en sus campañas en armar a todos sus hijos que quisieran dedicarse al arte de la espada y los había repartido como escuderos entre las casas vecinas. Elffin, escudero en Sarum, era caballero en la casa del conde Roderick desde 485, junto con sus dos inseparables compañeros, sir Sila y sir Arcavius. La historia de Sila era parecida, sólo que venía de Silchester, del intercambio de escuderos hijos de familias menores cuando la boda del conde Roderick y lady Ellen. Arcavius, en cambio, era heredero de un señorío sito dentro del vecino condado de Hampshire, la tierra de los belgae. Los tres, junto con sir Jaradan y sir Leo, eran los caballeros jóvenes con mayor proyección del condado. Mientras que los dos últimos habían ganado su Gloria en las batallas en las que habían estado presentes, nuestros tres protagonistas se habían visto envueltos en las más raras aventuras estando de guarnición, implicándose, de la mano del propio Merlin, en el destino de Britania.
Lady Elaine, por su parte, era la heredera del gran señorío de Sutton y del vecino de Chicksgrove, Nedde arriba. Era joven pero viuda, ya que a su marido, joven y apuesto caballero de brillante futuro, lo asesinó su amante (el de ella, digo), de baja condición, que bailó en la soga por aquello. La petición de mano de sir Elffin arregló un problema de difícil solución al conde Roderick, pues no encontraba pretendientes para la casquivana joven. No como a la bella lady Adwen, a la que tres caballeros hacían la corte.
Y mira que siguió bien, pues el rey Uther había decidido hacer entrar en razón al rebelde duque Gorlois de Cornualles y hacia sus dominios partió con sus huestes. Pero la batalla, gracias a Dios, no se produjo porque la sabiduría entró en la dura mollera del duque (y en la del rey, pero yo no he dicho tal cosa) y juró fidelidad a la corona. Claro que igual influyó el apoyo del rey para las posibles campañas contra el vecino reino de Cornualles que Gorlois tuviera en mente.