Hace poco he vuelto a empezar la Gran Campaña de Pendragón, con el mismo grupo que jugó Fort Nakhti. Ya lo había intentado con Pírixis y Yaltaka hace un tiempo y se junta a toda una serie de campañas, campañas fallidas y partidas sueltas que he dirigido a este juego. Pero ésta me tiene perplejo.
Veréis, siempre he considerado Pendragón un juego donde el tema del daño está muy bien equilibrado, donde es fácil incapacitar a un personaje (herida grave) pero bastante difícil matarlo. En todos estos años no había matado a un pj en Pendragón. A lo más que llegué fue a causar una herida mortal (perder todos los puntos de vida o más de una hostia) a un pj que se metió con un oso sin llevar armadura ni escudo…
Pues todo lo que no maté entonces lo llevo matado ahora. Dos caballeros muertos. Otro, salvado in extremis (y en negativos) por una poción. Dos tiradas afortunadas que redujeron a caballos a pulpa sanguinolenta, para alivio de sus (vivos) caballeros. Varias ocasiones entre la vida y la muerte, a menos de cinco o seis puntos del fatídico cero. Aunque los caballeros se revuelven a veces (un fomoriano de cuatro brazos despachado en dos golpes por un solitario caballero).
No deja de ser curioso que, hasta la fecha (y salvo una aventura, la de los bandidos del bosque de Morgaine), sigo las mismas aventuras que jugué con Pírixis y Yaltaka y allí, con apuros y tal, pero vivos, dos caballeros no tuvieron tantos problemas como tres ahora.
Cuando los hados (o dados) se ponen puñeteros…