No hace mucho leí un comentario considerando esta serie «auténtico culebrón venezolano». Yo disiento. Kimi ga Nozomu Eien es lo que los culebrones venezolanos quieren ser de mayor. Es una serie que tiene ya un tiempo (otoño 2003) pero sigue siendo el culebrón por excelencia, y varios grandes fansubs sacaron versiones en mp4 de gran calidad, así que no hay excusa posible. Son 14 episodios llenos de amor, algo de sexo, alcohol… remordimientos, sacrificios, culpabilidad, pérdida. Un cóctel contundente, que necesita de pañuelos y una cuidada dosificación. Lástima que cuando pasa uno del séptimo capítulo no hay forma de parar, y la paliza emocional es de las que hacen que uno no vuelva a asomarse a la serie en años, muchos años. Un ejemplo claro de que Japón está en otro plano existencial distinto al nuestro es que el origen de este cóctel es un juego hentai. Aquí no habría podido hacerse porque al porno lo último que le pedimos es que nos cuente una buena historia. Y encima, que nos haga llorar.

Shinji, Haruka, Mitsuki y Takayuki

La anárquica y extrañamente funcional estructura del Carro sufre una serie de cambios desde el siglo IX, cambios que se originan sobre todo en las escuelas árabes y cuyo resultado más visible será la eclosión de las universidades europeas a partir del siglo XII. La estructura interna se jerarquiza, apareciendo diversos grados de iniciación. Los antes dispersos adeptos del Arcano se agrupan ahora, formando escuelas con maestros, alumnos, planes de estudio… Utilizan las escuelas islámicas y judías y las universidades como tapadera. Además, la red de refugios sigue funcionando igual de bien, y es tan anárquica como siempre: un «oye, voy a abrir una sede en mi pueblo» es lo único que se necesita.