El sábado pasado pude relajarme (es un decir) al otro lado de la pantalla. Entre unas cosas y otras, dirijo mucho más que juego y siempre es agradable el cambio. Además, jugaba con un personaje que me encanta y al que apenas he podido catar cuatro veces en tres años: Hrothgar el vagabundo. Además, por primera vez en años, pero años (10 ó 12), pude jugar a mi estilo, para desgracia del máster, que era, en esta ocasión, Pírixis, que se prodiga tanto dirigiendo como Malick. A saber: arrastrado por otro jugador, lo que supone que yo le empujo y él me arrastra y yo le empujo y… Una de las partidas más divertidas y memorables a ese respecto fue una de AD&D en la que a un pj (y, por lo tanto, a su jugador) le cayó una maldición que le obligaba a hablar en verso y yo le seguí tanto el ritmo que, al rato, hablábamos a dúo, completando nuestras respectivas rimas… Para desesperación de varios de nuestros compañeros.
En fin, la partida del sábado fue de esas. Un lago helado en Haufman (una montañosa Noruega, para que ustedes me entienden), un galés loco (Nandvs/Arik) y dos vikingos (bueno, y tres urbanitas que, por algún error de cálculo del máster, aún seguían con nosotros). Añádase a la receta algún tipo de barrera que no nos dejaba salir de allí, el mal yuyu que daba el lago y el grupo de lugareños que no-apareció en el bosque conminándonos a que les siguiéramos. No-aparecieron porque ninguno se atrevió a salir del bosque para que les viéramos. Y el galés que les insulta, les grita, les desafía. Y los lugareños que responden con flechas de aviso. Y toca decidir.
1) Entrar en modo conciliador y hacer de contrapeso a Nandvs toda la partida, refrenando sus ansias suicidas.
2) Decidir que un vikingo no va a ser menos que un galés y envidar más.



En fin, nada salió como se esperaba. En el pequeño Salón del Manga sevillano encontramos mucho ambiente, mucho cosplay y mucho, mucho calor. Sobre todo, calor. Había talleres y actividades interesantes, pocos stands comerciales y con poco material y mucho, mucho calor. Sobre todo calor. El sitio elegido, el Casino de la Exposición, no era el mejor sitio posible para un evento de este tipo, que pide espacios más amplios. Pero, lo que era criminal en esta época del año, es tener un sitio pequeño, cerrado, sin ventilación ni aire acondicionado: entrabas del calor asfixiante de las 6 de la tarde y te dabas de bruces con un calor peor, húmedo y pegajoso, con el aire viciado.