El ataque de la Máquina nos pilló a todos con el pie cambiado, centrados en el intento de asesinato del comerciante Ffáfner y de conseguir las piezas que necesitamos para reparar el Ícaro. Por fortuna, la capitana Edana Conway había estado preparando un dispositivo de alerta temprana que detectó la llegada de la aeronave de la Máquina y pudimos mandar un equipo de reconocimiento (Dragunov, Smith y Su Wei) que constataron que los recién llegados eran hostiles. El enemigo avanzaba raudo hacia Nidik, pero gracias a los esfuerzos del grupo del sargento Dragunov, pudimos reorganizarnos y agruparnos. Las fuerzas de la Máquina estaban formadas por más de un centenar de grandes moscardones mecánicos, drones, y varios humanoides con grandes poderes telequinéticos a los que los lugareños llaman tecnócritas. Estos, supimos después, usaban pequeñas aeronaves personales en forma de dardos.
Zoichiro, nuestro equipo de artillería móvil, recibió al enemigo como mejor sabe: con una gran explosión que causó graves daños a los drones. Sin embargo, la llegada de un tecnócrita nos obligó a refugiarnos en el bulevar subterráneo que habíamos descubierto por la mañana. La civil Sassa Ivarsson cubrió nuestra retirada, bloqueando el ataque de los drones hasta caer malherida por el tecnócrita. No recibimos ayuda de la población local: el pánico que le tienen a este enemigo es tal que algunos hasta se quitaron la vida ante su llegada.
Conseguimos poner a salvo a algunos lugareños, trabajadores y gente del palacio y el templo que estaban en las inmediaciones. Medio centenar de personas, entre los que se encuentran el sacerdote local, Sylvanthi, y Starnia, hija bastarda del rey y que es una especie de sacerdotisa. No vino con nosotros el rey, que corrió a palacio en busca de su hijo, ni el jefe de la guardia, Bodoni, que fue con él.

