La Perla y el Albatros dorado estaban posados uno junto al otro, con una lona extendida entre ambos para proteger a las tripulaciones del inclemente sol. Al otro lado del riachuelo, los elfos levantaban el campamento ignorando cuidadosamente las miradas curiosas de Svala Ojos de Hielo, de Sassa Ivarsson y de Su Wei. El resto de los hombres del Ícaro sesteaban junto a los barcos mientras los oficiales discutían un curso de acción bajo la lona.
—Hay cinco entradas repartidas regularmente en un diámetro de 25 kilómetros, como una estrella de cinco puntas —explicaba la segunda comandante Edana Conway—: a la boca norte, llamémosla número 1, llegan dos grandes tuberías que descienden del norte. Si el sueño del ingeniero Powell con Maetel fue real, las tuberías vienen del helado norte y creemos que traen agua y, quizás, alcohol. Pensamos que usan el agua para excavar y para máquinas hidráulicas y el alcohol sería necesario para los motores de claudia que moverían toda la maquinaria. Es la única entrada de la que no sabemos nada de su interior.
»La boca número dos, según el sentido de las agujas del reloj, es la noreste. Es un túnel enorme, como un hangar. Hay una gran aeronave, como la que atacó Nidik en primavera, pero cabrían varias más.
»La boca tres, sureste, es una fábrica de drones. Hay maquinaria y muchos drones, puede que varios centenares.
»La cuatro, suroeste, parece un astillero. Hay una gran aeronave en construcción. La cinco también es algún tipo de fábrica. Los homúnculos de Powell informaron de grandes estructuras metálicas triangulares. Esa zona es más montañosa y parece que están arrojando por ahí todos los desperdicios de la excavación.
»No sabemos cuánto se adentran esos túneles, ni si hay más niveles, pero hay tuberías que inyectan agua en el subsuelo rico en claudia muy adentro bajo el bosque.
