Baile de máscaras — La maldición de los Leclair

Bélis, a 7 leguas de Aubigne, era el centro de las tierras de los Leclair. Era una zona de colinas escarpadas y valles estrechos y vieron cultivos en terrazas, mucho bosque y dehesas para el ganado. El propio pueblo se encontraba entre dos colinas, la menor coronada por la iglesia y la mayor, por la mansión de los vizcondes de Vizaret. Era una mansión alargada, que seguía la cresta de la colina y que había crecido desde una torre de piedra de origen, sin duda, militar.

Colette y Noel habían mandado a su cochero tan pronto llegaron a Aubigne para avisar de su visita y les esperaba un coche al bajarse de la diligencia, un elegante faetón tirado por mulas. Con los hermanos Leclair iban Michel, Marie y Chloé, que querían aprovechar el viaje al máximo.

Fueron recibidos en el jardín de la mansión, que se extendía en terrazas ladera abajo, por la vizcondesa, una anciana tan encantadora como aguda.

La vizcondesa de Vizaret tenía un aire a esta señora.


—No os acordaréis de mí —dijo a los dos hermanos—, pero os conocí en el funeral de vuestro abuelo Hugues. Claro que tendríais entonces seis o siete años.

A los demás también les dio la bienvenida. No conocía el título de Gévaudan, pero sí el de Carbellac e intercambió con Chloé algunos comentarios sobre Dupois.

La anciana vivía en la casa de Bélis todo el año, normalmente sola. Ese verano estaban con ella su hija y heredera, Amanda, con su marido e hijos. Había acudido a Bélis en invierno para dar a luz, pues en el pueblo estaba el mejor médico de la comarca, médico personal, además, de los Leclair. Noel y Colette si conocían a Amanda. Como ya hemos contado, los padres de los gemelos visitaban siempre la casa de los Leclair en La Roche en su veraneo a los Grandes Lagos.

Esa tarde se reunieron Noel y Colette con la vizcondesa Yvonne y le contaron los pleitos con los Mazet, los rumores sobre la bastardía de Hugues y la idea de Noel de probar lo contrario si su extraña enfermedad se había visto antes entre los Leclair. Al oír lo de la enfermedad, la anciana entrecerró los ojillos y pidió más datos. Conforme Colette decía los síntomas, ella fue completando la lista:

—¿Violentos espasmos? ¿Hipersensibilidad? ¿Problemas para digerir alimentos? ¡Ay, Cielo Santo!

Colette negó con la cabeza, asustada.

—No, no, esos no los tiene. Sólo los primeros.

—¡Ay, Cielo Santo! ¡Pero si es un chico!

La vizcondesa les cogió de las manos y les contó que esa enfermedad era una maldición que estaba con los Leclair desde hacía siglos. Siempre afectaba a mujeres, una por generación. Mostraban los síntomas en la adolescencia, como Noel, y éstos se iban agravando hasta la muerte, nunca más allá de los veinticinco años. La enfermedad afectaba luego a una niña nacida después de la muerte de la anterior, y siempre en su misma rama de la familia: en sus nietas, si había tenido hijas, en sus sobrinas o, incluso, en sus hermanas. Era por eso por lo que el título se heredaba siempre entre mujeres y cuando se sabía o sospechaba en qué rama se iba a producir el siguiente caso, para mantener la maldición controlada.

Había ocurrido alguna vez que la maldición se había saltado una generación o dos. El caso claro se producía cuando la fallecida ya había tenido hijas (algo que sólo había ocurrido una vez). En otros, se suponía que era por aborto o por la muerte durante la infancia de quien la iba a sufrir. Además, nunca se había trasmitido por vía paterna, porque las Leclair siempre habían dado a luz a varias hijas en cada generación.

Por eso el caso de Noel era tan extraño. Oh, cierto que habían vigilado a Agnes, la bisabuela de Noel y Colette y tía de Yvonne. Fue una generación extraña, porque la maldita había sido la primogénita, es decir, la hermana mayor de Agnes, y los síntomas se habían mostrado muy tarde. En la siguiente generación, la de Yvonne, no hubo ningún caso y Agnes sólo tuvo hijos varones, Hugues y Renier, y no sufrió ningún aborto, que supieran, así que la descartaron y el título recayó en la hermana menor de Agnes, la madre de Yvonne.

Tampoco hubo casos entre las hijas de Yvonne o de sus hermanas, ni ningún caso de fallecimiento infantil o aborto conocido. Se vigiló también a la descendencia de Hugues y Ragnier, pero Hugues sólo tuvo a Jean Baptiste y entre las hijas de Ragnier no había habido ninguna enfermedad extraña ni fallecimiento temprano.

La vizcondesa no dudó en ningún momento de los dos gemelos. Su mirada transmitía comprensión y tristeza y, también, alivio. Tras la incertidumbre de tantos años sin casos, aquello podía ser la respuesta al misterio y la salvación de sus hijas y nietas. Como los gemelos llevaban consigo informes médicos, acordaron ver al día siguiente al médico de la familia.

Los gemelos no cenaron esa noche. La adorable anciana había dicho sin pestañear que a Noel le esperaba una muerte cercana. Para Colette, el peso era mayor: una de las hijas que tuviera con Julien sufriría la misma suerte. Y, luego, una de sus nietas. Ninguno se sentía con fuerzas para hablar con nadie. Yvonne tampoco cenó, así que le tocó a su hija Amanda hacer de anfitriona con el resto de invitados.

Marie, que no conocía el secreto de los gemelos, esto es, que el enfermo era él, quiso disculpar sus ausencias:

—Seguro que a la frágil salud de Colette le ha pasado factura tanto viaje.

—¿Colette tiene problemas de salud? —se interesó al momento Amanda.

Chloé tuvo que intervenir, pues Marie no sabía nada más.

—Sufre ataques intermitentes. Fiebres, dolores…

—¿…vómitos de sangre? ¿Espasmos? —continuó la lista Amanda, visiblemente excitada. Luego, hubo un momento de silencio incómodo cuando todos se dieron cuenta de que estaban hablando de más y cambiaron de tema. Pero para Chloé y Michel, fue un claro indicio de que la expedición de Noel para demostrar la legitimidad de su abuelo había encontrado más de lo que esperaba.

Al día siguiente, los gemelos pasaron la mañana con Yvonne, Amanda y el médico de la familia, mientras el marido de Amanda llevaba a los demás a conocer los alrededores. Con los informes de Noel, parecía claro que el joven padecía el mal de los Leclair. El médico prometió acudir a Chaville en otoño o primavera para poder conversar personalmente con el doctor Besson, para estudiar mejor el caso.

La mañana del último día la pasaron revisando los archivos del juzgado, junto con Michel, Chloé y Marie. Pese a ser menor que Aubigne, Bélis tenía tanto juzgados como gendarmería y los archivos ocupaban toda un ala del viejo ayuntamiento. Encontraron copia de las donaciones de Origal a Jules Lafleur, de la partición de las tierras de los Origal y los registros de los títulos de vizconde y conde d’Aubigne y de vizconde de Vizaret.

Encontraron algo más. Algo que les llenó de desasosiego. Yvone les había contado que los Leclair habían vivido siempre en la comarca, como granjeros acomodados que, para 696, tenían suficiente riqueza para comprar el título de vizcondes. En los archivos, encontraron la fuente de una parte de esas riquezas: la donación del pueblo de Bélis y tierras circundantes por parte de Ansellus Origal a Alina Leclair «en compensación por los males sufridos». ¡No podía ser posible tanta coincidencia!

En el viaje de vuelta, Michel y Chloé intentaron comentar el asunto de las donaciones, sin éxito. Colette y Noel llevaban encerrados en sí mismos desde la primera noche y, pronto, el ambiente dentro de la diligencia fue opresivo. Hasta el otro pasajero, un tratante de vinos, suspiró aliviado cuando los jóvenes se apearon en Aubigne.

Julien había acudido a recogerlos con el landó de los Leclair y no pudo evitar fijarse en las caras que traían todos.

—A ver si tú averiguas qué les ocurre. Llevan así desde que hablaron con la vieja. Te aseguro que no quiero pasar cuatro días así con ellos en el viaje de vuelta —le comentó por lo bajo Michel antes de subir al coche.

Baile de máscaras, campaña para Ánima Beyond Fantasy 2×07. Con Julien Lafleur d’Aubigne (Alcadizaar) y su hermano Jacques (Aldarion), Colette/Noel Leclair de Dunois (Menxar) y Michel Laffount de Gévaudan (Charlie).

Terminamos la larga 7º sesión con la visita a los Leclair de Bélis, la familia de la bisabuela de Colette. Buscando respuestas a la enfermedad de Noel, se encuentran con una maldición terrible que trae no sólo la sentencia de muerte de Noel, sino también la de una de las futuras hijas de Colette. Un duro golpe para el personaje y para su jugadora.

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