Baile de máscaras — Un poco de historia familiar

Estoy estos días intentando recuperar el tono de Baile de máscaras, en el limbo por dos motivos fundamentales: la Covid y sus efectos secundarios por un lado y, por el otro, que la campaña se me atraganta desde el principio. Con los parones, se me han ido desdibujando los personajes no jugadores, hasta el punto de no ver su evolución futura. También me encuentro con el bloqueo de una de las tramas personales, la de Colette, que empezó muy avanzada en algunas partes y muy vacía en otras y no lograba ver el cómo continuarla. Así que he cogido y he vuelto a las bases: repasar personajes no jugadores, sus motivaciones e historias. La mayor parte de la historia estaba ya escrita, ya en modo de boceto en alguna aventura, ya repartida por varias entradas del blog. Al escribirlas de seguido y poner especial cuidado en fechas y edades, de repente, ha empezado a encajar todo. Recordemos de paso que, en Gabriel, la nobleza no existe como estamento separado, sino que es alta (o muy alta) burguesía.


Jean Louis, conde de Carbellac

Empecemos por la familia Carbellac. Nunca han tenido apellido y siempre nos hemos referido por su título y voy a seguir así. Jean Louis, conde de Carbellac, no nació ni fue educado para ostentar el título. Hijo segundón de una familia venida a menos, se buscó la vida en la carrera de las armas: en la Marina Imperial, donde llegó a ser un condecorado capitán de mar y de guerra, con varias campañas contra los piratas del Mar Interior. Conoció a su esposa Jehanne en una Danza de los Carruajes en Dupois y se casaron por amor. De ella, sabemos que se educó en Astria y que, para tener libertad para tomar marido, debía ser poco importante: la hija menor de unos vizcondes. Ese punto en el que tanto vale su formación como plus de cara a un casamiento, por poder llevar los negocios del marido, o para dedicarse a la consultoría (léase diva).

Mientras estuvo Jean Louis en la Armada, vivieron en Brudge, en el principado de Kanon, por ser su principal base. Sería un matrimonio como todos los matrimonios con hombres de mar: se verían pocas semanas al año e, incluso, podrían estar años sin verse. Tuvieron allí a su única hija, Chloé. Luego vendría la muerte sin descendencia del hermano de Jean Louis. Da igual si no tuvo hijos o si los tuvo y murieron de niños: aquella rama de la familia se extinguió y el título de conde de Carbellac recayó en Jean Louis.

¿Cuándo ocurrió esto? Bien, tomemos la edad de Jean Louis al inicio de la campaña. Para presentarlo, usé una foto de Henry Fonda en Guerra y Paz, que se estrenó en 1956, y Henry Fonda nació en 1905, así que Jean Louis tenía 51 años. Jehanne es dos años menor (me inspiré en Katharine Hepburn, que nació en 1907). Chloé tenía 17 años, es decir, la tuvo con 32 años. Incluso habiéndose casado a los veintitantos años, es un plazo de tiempo importante, que nos habla de problemas para quedar embarazada, quizá abortos, y la imposibilidad de tener más hijos.

Jehanne de Carbellac

Teniendo Chloé unos cinco años es cuando la familia obtiene el título de condes de Carbellac y vuelven a Gabriel. Jean Louis vendió la mayoría de las posesiones heredadas para sanear las arcas familiares y Jehanne tuvo que recordar su formación para los negocios de Astria para gestionar las inversiones. Se establecieron en Chaville (recordemos que los Carbellac son de Dupois), donde ambos montaron sus respectivas academias, que cogieron fama rápidamente (en especial La Vera Cruz de él).

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Tenemos, por otro lado, a los Leclair de Dunois, de los que sabemos que el bisabuelo y el abuelo de Colette estuvieron 40 años sin hablarse. Tuvo que ser un escándalo de los que hacen época, ¡el heredero del condado desheredado y expulsado de la familia! Sabemos que fue por casarse sin permiso, pero tuvo que haber algo más para que el viejo Jean Baptiste Parmentier se cogiera tal enfado: su hijo Hugues debió casarse con alguien muy por debajo de su nivel social, quizás extranjera. Pudo ser hasta una boda de penalti, pero eso no lo he considerado. El caso es que Hugues fue expulsado de la familia, tomó el apellido de su madre, Leclair, y tuvo que buscarse la vida. Huyendo del escándalo, marchó al extranjero, donde trabajaría como agente de la familia materna, los Leclair, antes de independizarse y establecerse por su cuenta.

Volvieron a Chaville al entrar su único hijo, Jean Baptiste, en la adolescencia. Serían entonces unos burgueses acomodados y eso permitió que Jean Baptiste se casara con la hija menor de un caballero, Odile.

Aún sin título ni apellido familiar, Hugues había mantenido amigos y contactos entre la nobleza de Gabriel, por lo que Jean Baptiste pudo codearse con los hijos de éstos, que lo trataron como un amigo caído en desgracia. Fueron precisamente estos amigos quienes mediaron para la reconciliación de Hugues con su padre.

Jean Baptiste Leclair, donde de Dunois, al comienzo de la campaña. Nótese que la familia mantiene el apellido «Leclair»

Jean Baptiste Parmentier, conde de Dunois y vizconde de Mazet, cambió testamento en su lecho de muerte y volvió a reconocer a su primogénito Hugues. Quizás el encanto natural de su bisnieto, Jean Baptiste (el hermano mayor de Colette, el que moriría de una caída de caballo) ablandó el corazón del anciano. Tenía el conde de Dunois más de ochenta y cinco años. Hugues, ya viudo, estaría en los sesenta y pocos; Jean Baptiste Leclair estaría bien entrado en la treintena y sus hijos, Jean Baptiste los 12 y Noel y Colette, los 6. El escándalo fue mayúsculo. Su otro hijo, Regnier, llevaba no menos de quince años actuando como conde y sus hijos ya daban por hecho quién sería conde y quién vizconde. De repente, les fue arrebatado el título, propiedades y gran parte de su fortuna. Por supuesto, hubo abogados de por medio (¡y sigue habiéndolos!), pero el testamento se cumplió.

Hugues sobrevivió a su padre poco más de un año, y el título recayó en Jean Baptiste. Fue un cambio radical: pasar de tener una situación desahogada, pero sin estridencias, que les permitía vivir en una casa con cuatro o cinco criados, a tener un palacio, casas de campos, caballos, rentas y acciones. Las familias que tenían amistad o trato con Regnier y sus hijos les dieron la espalda o esparcieron rumores; las familias amigas de Hugues no supieron cómo tratarlos al principio y las amistades burguesas de Jean Baptiste y su esposa Odile se sintieron desplazadas o intentaron aprovecharse de la situación. Esto, unido a que el escándalo les hizo estar en todas las gacetillas durante meses, provocó una fuerte crisis en el matrimonio.

En esta época es cuando llegan a Chaville los Carbellac.

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Y, así, todo encaja: la profunda amistad entre los Dunois y los Carbellac, donde los segundos están al tanto de la enfermedad de Noel; el enroque de los padres de Noel por evitar otro escándalo y más enfrentamientos con los Mazet, aun a costa del futuro de su hija; o la libertad que le dan a Chloé sus padres a la hora de buscar marido. Lo mejor, que ya estaba todo hecho (mi subconsciente a veces me da un poco de miedo cuando se pone a armar historias).

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