Baile de máscaras — La maldición de los Lafleur

Llegaron a la mansión de los D’Aubigne el cuarto día al anochecer, sin más imprevistos. Estaba situada a media legua del propio pueblo de Aubigne y era grande, más incluso que la casa de los condes de Carbellac y mucho más que el palacio que la familia tenía en Chaville. El servicio, encabezado por Olivier, el mayordomo (un hombre de sesenta y tantos años, recto y serio), les dio la bienvenida. Los postillones recogieron los caballos y se los llevaron de vuelta a la casa de postas del pueblo, los mozos de cuadra se encargaron de retirar los coches y los criados se hicieron cargo del equipaje, mientras Olivier y su esposa, el ama de llaves, enseñaban, a los dos hermanos y a sus invitados, las habitaciones. Julien y Jacques se hospedaban en sus cuartos, en el ala familiar, claro. Los invitados nobles se repartieron por el ala de invitados de la misma planta, que disponía de amplios dormitorios con antecámara y baño. Gwen y los niños fueron alojados en el ala preparada para invitados menores.

Había un lago, alimentado por un riachuelo que venía del parque, en el que pudieron pescar y disfrutar de una hermosa puesta de sol.


Esa noche cenó con ellos el tío de Jacques y Julien, Jérôme. Tenía los cuarenta y pocos años, con el cabello aún negro, que llevaba largo y recogido en una coleta, salvo en las sienes, que lucía plateadas. Era de andares felinos, mirada encendida y cuerpo aún atlético. Las piezas frontales de la dentadura eran de oro y tenía una peculiar forma de hablar. Sin ser frenillo, resultaba un tanto extraño y desasosegante.

Vivía Jérôme, que nunca se había casado, en la casa vieja, al otro lado del parque, y se encargaba de las cuentas y negocios de la casa. Vivía casi recluido y eso se notaba en su falta de modales y tacto. Avergonzó a Julien y a Jacques contando andanzas de juventud, preguntó si iban a llevar a las invitadas a las pozas, a bañarse y disfrutar, como ya habían hecho con una serie de mozas que se aseguró de nombrar. Marie estaba escandalizada, Chloé se aguantaba la risa como podía, Colette fusilaba con la mirada a Julien, Noel le transmitía a su hermana con un «te lo dije» bien claro y Gwen suspiraba esperanzada; Michel esbozaba una sonrisa sardónica, Jacques le decía a su hermano en un encogimiento de hombros «¿ves?, por esto no quería venir».

Peor aún fue cuando se enteró del apellido de Colette y Noel, que le habían sido presentados como «hijos del conde de Dunois». Ahí soltó un:

—Deberías dejar de juntarte con los Leclair. Nada bueno sale de esa familia y haremos bien en mantenernos lejos de ellos, me decía siempre mi abuelo y nunca se equivocó.

Aquello fue de una grosería extrema, que empeoró al dejar de hablar o siquiera mirar a Noel o a Colette el resto de la velada. Julien no sabía como disculparse ante sus invitados.

Para quitarse el mal sabor de boca de la cena, bajaron al pueblo después de cenar. El mayordomo les dijo que una compañía itinerante de cómicos zigeuner errantes representaría una obra esa noche y les pareció a todos una buena forma de empezar sus vacaciones.

La compañía había montado un escenario al aire libre en la era del pueblo. Todo (escenario, decorado, y bancos) salió de los dos carromatos que eran, además sus viviendas. La obra estuvo entretenida. La Comedia del Arte era un estilo que ya no estaba de moda entre la burguesía y nobleza de Gabriel, pero seguía teniendo mucho predicamento entre las clases populares. Brighella era muy rígido, pero Arlequín y Colombina lo arrastraban sin problemas. Pantaleón y Scaramouche eran dos veteranos con muchas tablas y arrancaban risas y aplausos en cada intervención.

Jacques se acercó luego a hablar con el jefe de la compañía, el que hacía de Pantaleón, de nombre Sergei. Así supo que la compañía venía de Moth y que acompañaba a otros jornaleros itinerantes durante el verano, bajando hacia el sur hasta la vendimia y luego volviendo a Moth para el invierno. Actuarían un día más en Aubigne antes de seguir hacia el siguiente pueblo, Cère. Allí se quedarían unos pocos días, donde actuarían y trabajarían también en la cosecha. Buscarían refugio en una antigua mansión abandonada cerca del pueblo, como era costumbre de años anteriores y entre los jornaleros. Por las indicaciones de Sergei, Jacques supuso que debía tratarse de la vieja mansión Origal. Como los jóvenes tenían intención de visitar la mansión, después de descubrir que el misterioso señor de la isla de Pálias era un Origal, entendieron que deberían esperar a que los cómicos se marchasen.

Michel y Chloé fueron a dar un paseo tras la obra. Primero, se pararon a ver a los cómicos desmontar el escenario. Se fijaron entonces que uno de los carros tenía numerosas marionetas colocadas a un lado, sobre unos bancos. Se acercaron para examinarlas. Eran todas de personajes de la Comedia del Arte y las había de distinto tamaño y calidad, incluyendo unas de tamaño real. El dueño era Scaramouche, de nombre real Costin, un hombre de mediana edad y prominente barriga. Michel conversó un rato con él, averiguando que era un gran coleccionista y que las mayores, auténticas obras de arte, las había conseguido el invierno anterior, en una casona abandonada en Moth.

Esas fueron sus primeras horas en Aubigne. El día siguiente fue viernes, comienzo de un fin de semana que aprovecharon al máximo. Desayunaban y comían en el comedor familiar, pues eran demasiado pocos para utilizar el comedor principal. Los hermanos de Gwen pronto descubrieron el laberinto de pasadizos que recorrían la casa y desaparecieron de la vista, aunque oían sus risas y comentarios salir de las paredes. La casa tenía unos buenos jardines y un parque que resultó ser un espeso bosque bien cuidado de cuarenta hectáreas. Había un lago, alimentado por un riachuelo que venía del parque, en el que pudieron pescar y disfrutar de una hermosa puesta de sol. La sala de música se la agenció Marie, gran pianista. Pronto, se reunieron con ella Noel, Michel y Chloé en una velada improvisada en la que las dos muchachas rieron sin preocupaciones por primera vez en semanas. Gwen revoloteaba alrededor de Jacques, presa de su primer enamoramiento de verano. Y Julien y Colette paseaban, conversaban y se perdían en el parque, para volver sacudiéndose las hojas y el musgo prendido en sus ropas.

Pero no todo eran vacaciones. La casa tenía una gran biblioteca, en la que querían perderse Julien y Colette para buscar información sobre el extraño don del primero. Michel se adelantó. Se había enterado durante el viaje de que Noel y Colette iban a visitar a los Leclair del cercano pueblo de Bélis (a 7 leguas de Aubigne, pasando Cère), la familia de la bisabuela de los dos gemelos y a los que se había referido de forma tan despectiva el tío Jérôme. De alguna forma, había supuesto que los cuchicheos y secretos que se traían Colette y Julien se debían a esa visita y a la enfermedad de Noel. En su visita a la biblioteca, dio con la genealogía de la familia Leclair, vizcondes de Vizaret, y descubrió que todas las personas que habían ostentado el título, desde el año 696, habían sido mujeres. Michel se reuniría a solas con Julien y le dijo que él también era amigo de los gemelos Leclair y que no le dejaran al margen, mientras Julien componía su mejor cara de póker. Una exclamación ahogada les indicó que alguien los escuchaba. Aunque Michel salió corriendo, no vio a nadie, pero la estantería de las partituras estaba desordenada. ¿Su hermana Marie los espiaba?

Cuando Colette y Julien pudieron asaltar la biblioteca, fue más interesante lo que no encontraron. Los antepasados de Julien habían sido grandes coleccionistas y las gacetillas de los últimos 140 o 150 años de las tres grandes ciudades de Gabriel (Chaville, Dupois y La Roche) estaban allí, cuidadosamente encuadernadas y etiquetadas. Buscaron la de la primavera de 898 de Dupois, la que recogía la noticia del duelo entre Andriet de la Croix y Ailexandre Lafleur, que Colette encontrara en los archivos de la Universidad, dentro de las pertenencias del profesor Gaubert, donados por su viuda. La gacetilla no aparecía por ninguna parte y Colette, examinando con detenimiento el tomo donde debía encontrarse, se dio cuenta de que alguien se había tomado muchas molestias en desencuadernar el tomo, retirar la gacetilla y volverlo a encuadernar.

Aún les quedaba por examinar el despacho de la casa, pero la llave la tenía Jérôme. Julien fue a su casa a recogerla, tropezándose allí con la que había sido doncella de su hermana. Cuatro años atrás, el padre de Julien los había sorprendido en mal momento, lo que había terminado con Julien tres años en la Citadelle de Beaufort. El joven siempre se había preguntado por el destino de la muchacha, sin atreverse nunca a preguntar. ¡Y la habían enviado a casa de su tío! Para la muchacha fue un shock verlo allí y se fue corriendo, dejándolo en la puerta.

Repuesto de la sorpresa, pudo hablar con su tío, conseguir que se comprometiera a pedir disculpas a los gemelos Leclair y volver con la llave del despacho.

La búsqueda en el despacho descubrió otras misteriosas ausencias. Había una amplia colección de diarios personales, costumbre que empezó, por lo que vieron, Auzia Laflèche, la esposa de Johannotus Lafleur, primer vizconde d’Aubigne. No era un recorrido exhaustivo por la historia de los Lafleur, pero, aun así, quedaba claro que había huecos entre los años que debían corresponder a diarios desaparecidos. Los diarios estaban desordenados (distribuidos por estética y no por fechas), pero Noel estaba con ellos y supo componer el puzzle.

Entre los documentos más interesantes, estaban las copias de los títulos de vizconde (683) y conde d’Aubigne (807) y los originales de adquisiciones de tierras de la comarca. Empezaba todo con la donación del pueblo de Aubigne. Julien no había tenido el documento nunca en sus manos, sólo había visto la primera página, expuesta en un atril dentro de una vitrina del despacho. Pero en las páginas siguientes, donde se detallaban las tierras y rentas de la donación, se indicaba que Ansellus Origal donaba aquellas tierras a Jules Lafleur «por los servicios prestados» el 10 de diciembre de 643. Recuerde el lector, si se marea con las fechas, que nos encontramos en este relato a últimos de agosto del año 988.

Entre las adquisiciones de tierras posteriores, la más importante, tanto en tamaño como en volumen de la documentación, había sido la partición de las tierras de los Origal, fechada en el año 809, 22 años de la huida del último Origal ante las pesquisas de la Inquisición y tras un largo pleito con la Iglesia que se recogía en el legajo. Las posesiones de los Origal se habían dividido entre los Lafleur (hasta el pueblo de Cère) y los Leclair (desde allí), salvo la mansión, que, aunque abandonada, como bien sabían Jacques y Julien, resultó pertenecer al obispado de Chaville, sede episcopal de la que dependía la Inquisición en Gabriel.

Fue una sorpresa para todos descubrir que la historia de la familia Lafleur se entrelazaba con la extraña familia Origal.

Jérôme Lafleur tenía un aire a este señor

Pero aún habría tiempo para más sorpresas. Jacques, informado de las ausencias en la biblioteca por su hermano, se preguntó si su tío, del que sabían tenía también una gran biblioteca, tendría algo que ver o, al menos, más información. Una de las noches, mientras los invitados se retiraban a descansar y su hermano se encerraba en el despacho, a seguir leyendo diarios y cartas, cruzó el parque y se acercó a la casa vieja. Por una ventaja, que resultó ser de la habitación de su tío, vio a éste jugando a las cartas con su lacónico secretario. No identificó el juego, pero se fijo en las botellas vacías que se amontonaban a un lado de la mesa. Sonrió mostrando el colmillo y rodeó la casa para llamar a la puerta.

Se sumó al juego hasta que el secretario se disculpó y se retiró. Ya a solas con su tío, siguió dándole de beber mientras distraía sus propias copas, intentando sonsacarle el porqué de su vida de retiro y de su escaso trato con su hermano. La respuesta fue como una bomba:

—Tu padre se avergüenza de mí porque no tuve la decencia de quedarme muerto.

Jacques casi se cayó de la silla al oír eso. Pero se recompuso y siguió interrogando y sirviendo alcohol. Con paciencia, averiguó que Jérôme se había enamorado en su juventud de Lucille Vidal, la hermosa hija de un rico terrateniente. Pero fue un amor no correspondido: Lucille se casó con el barón de Rieunette y Jérôme intentó suicidarse con la pistola de su padre. De aquello tenía los dientes de oro, el defecto al hablar y una cicatriz en la parte posterior de la cabeza que cubría dejándose el pelo largo. Y el convencimiento, como le había ocurrido a Julien, de que estaba maldito. Investigó su linaje, descubriendo que no había sido el único con tal don o maldición. Convencido de que se transmitía de padres a hijos, uno por generación, guardó celibato y se recluyó en la vieja casa.

Jacques ayudó a su tío a acostarse. Antes de salir, le dijo:

—No cargues todo el peso tú solo. Habla con mi hermano. Os entenderéis bien.

Volvió a la mansión y fue al cuarto de Julien. Necesitaba contárselo a su hermano y no podía esperar al alba. Entró a oscuras, pues siempre había tenido muy buena visión nocturna, tomó una botella del mueblecito bar de la antecámara y dos copas. Dejó una en la mesita al lado de la cama, despertó a la forma bajo las sábanas con una orden seca y se volvió para encender una luz.

Colette había acudido al dormitorio de Julien por los pasadizos que éste le había enseñado, para encontrarlo vacío. Esperando la pronta vuelta de su amado, se había desnudado y metido en la cama. Y se había dormido. Se despertó e incorporó. En un principio, no reconoció a Jacques, pues de espaldas eran muy parecidos los dos hermanos, hasta que le vio de perfil. Se cubrió como pudo con las sábanas y colcha.

—¡Jacques! —gritó.

—¡Demonios! —exclamó Jacques al volverse, tirando botella y vaso.

En ese momento, entraba Julien, que había perdido la noción del tiempo en el despacho. A los dos gritos, cruzó la antecámara en dos zancadas y se plantó en la puerta del dormitorio. Al ver la escena, le volvió a la memoria Colette y Jacques abrazados en la casa de la niebla, con Colette tan ruborizada y su mano se crispó buscando el estoque que no llevaba.

—¡Fuera!

—No es lo que parece —le dijo Jacques al salir—. He estado emborrachando a nuestro tío y resulta que tiene una habitación secreta con libros heréticos y ocultistas. Ah, y tiene tu misma maldición. —Le puso una mano en el hombro—. Te buscaba para decírtelo y la encontré a ella en la cama. Buenas noches.

Al día siguiente, tío y sobrino tuvieron una larga conversación donde se sinceraron el uno con el otro. Jérôme había investigado su maldición durante más de quince años y retirado de la casa principal cualquier indicio que apuntara a ella (gacetillas, diarios y cartas), pero, en el fondo, no sabía más de lo que Julien y Colette ya habían averiguado. Ninguno de los Lafleur había tenido una vida extremadamente larga, así que podían decir que el don o maldición no la alargaba y, con ellos, sólo tenían cuatro casos claros. Con todo, con el primer caso conocido, el de Jacob Lafleur, hijo de Johannotus, primer vizconde d’Aubigne, podían afirmar que aquello estaba en la familia prácticamente desde los orígenes del linaje.

*****

Ese lunes, Noel, Colette, Michel, Chloé y Marie tomaron la diligencia para ir a Bélis. Los dos primeros, para entrevistarse con Yvonne Leclair, vizcondesa de Vizaret, y los otros, para seguir haciendo turismo. Eso dio a Julien y a Jacques tres días en los que pudieron hablar largo y tendido con su tío y explorar su archivo personal, en el que se mezclaban los resultados de sus investigaciones con libros esotéricos y de historia antigua. Entre ellos, Jacques encontró un libro sobre los asentamientos élficos en la Costa del Comercio en tiempos anteriores a Cristo escrito por un tal P. Loupe.

—Me parece que voy a tener que hablar con el padre de Sara. ¿O era su tío? —pensó. Tras las últimas averiguaciones, estaba cada vez más seguro de que la maldición que tenían Julie y él nada tenía que ver con la que compartían Jérôme y Julien. ¡Ah, qué lío de maldiciones!

Julien también aprovechó esos días para encontrarse con la antigua doncella de su hermana y dejar las cosas claras. En cuanto a Gwen y los niños, éstos tenían todo lo necesario para divertirse y ella siguió intentando, sin éxito, que Jacques se fijase en ella.

Baile de máscaras, campaña para Ánima Beyond Fantasy 2×06-2×07. Con Julien Lafleur d’Aubigne (Alcadizaar) y su hermano Jacques (Aldarion), Colette/Noel Leclair de Dunois (Menxar) y Michel Laffount de Gévaudan (Charlie).

Fue una sesión y cuarto (de las nuestras, es decir, de 7-8 horas) de mucho hablar. Como máster, era una situación complicada: la investigación del don/maldición de Julien sólo afectaba a Julien y a Colette (y ésta tenía, además, la propia indagación sobre su linaje). Jacques podía tener algún gancho débil para sumarse a la aventurar por ser hermano de Julien. Para Michel, sinceramente, no tenía nada. Así que preparé (mayormente, improvisé) escenas cotidianas y líos propios de comedia romántica, para alternar con la investigación propiamente dicha y no encontrarme con jugadores de brazos cruzados y sin nada que hacer.

Por fortuna, Aldarion y Charlie supieron meterse ellos mismos en el berenjenal. Cuando ya tenían bastantes sospechas de que Jérôme tenía la misma maldición que Julien, y tras dejar pasar Alcadizaar la oportunidad de confrontarlo, Aldarion entró a fondo con la escena de la borrachera. No era lo que tenía previsto, pero hay que recompensar la inventiva de los jugadores.

Charlie, por su parte, jugó la baza de su preocupación por los Leclair en la conversación llena de equívocos entre Julien y Michel. Un uso muy inteligente del metajuego, separando bien lo que sabía el jugador de los conocimientos del personaje, pero planteándolo de forma ambigua para buscar algún desliz de su interlocutor que permitiera a su personaje averiguar más cosas. También lo intentaría después con Jérôme, pero ya en una conversación intrascendente que no menciono en la entrada. Ese interés mostrado por su personaje, en todo caso, le permitió no descolgarse del resto de personajes, aún sin participar en la investigación propiamente dicha.

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