El Priorato de Sión I

Historia

Durante el caos que siguió a la caída de Cómodo, Máximo Galca, Maestre templario, dándose cuenta de la decadencia del Imperio convocó un Consejo de las principales sociedades secretas. En aquel entonces, eso era como decir los templarios, la Rosa-Cruz y los distintos Misterios. El objetivo: planificar el futuro, que en opinión de Máximo, pasaba por la creación de un Segundo Imperio, controlado por las sociedades secretas. La reunión, totalmente secreta y a la que asistieron únicamente los grandes cargos y consejeros de las distintas organizaciones, contaba también con la presencia de los míticos Sabios de Sión. Los Sabios de Sión eran una antigua leyenda, una sociedad oculta incluso a los Misterios, de bibliotecarios y estudiosos, poseedores del mayor volumen de conocimientos ocultos del mundo. El anciano Máximo había dedicado gran parte de su vida a buscarla, como otros muchos… Sólo que él tuvo éxito.

La reunión se produjo en territorio neutral, en Chipre, y duró seis o siete meses. Lo único que salió de allí fue el germen del Gran Plan templario, consecuencia directa de los conocimientos que los mismos consiguieron de los Sabios de Sión, y cierta cooperación entre las distintas sociedades. Los Sabios de Sión volvieron a desaparecer en la bruma de la historia.

Claro que eso no fue lo único que ocurrió. La reunión supuso el nacimiento de una nueva sociedad secreta, dentro y por encima de las demás: la Orden de Sión, más tarde conocida como el Priorato de Sión. Incluyendo a los Sabios de Sión y a muy selectos miembros de los diferentes poderes, su objetivo era gobernar en las sombras a quienes gobiernan en las sombras, una sociedad secreta que buscaba dominar a las otras, de igual modo que éstas buscan dominar el mundo. Así, debía ser más cuidadosa, más sutil y trabajar con más paciencia que nadie. Tejer planes que se cumplirían generaciones después.

Estas fueron las intenciones. Lo cierto es que estuvo a punto de desaparecer, o seguir como los Sabios de Sión, al poco de nacer. La necesidad de actuar con un cuidado y lentitud extremos recién creada, para dar tiempo a que se olvidase el Consejo de Chipre, la anquilosó, la durmió. En el siglo VI sobrevivía aún, aunque a duras penas. Un núcleo de veinte personas, sin apenas contactos con los Sabios, y ninguna pertenecía a otras sociedades. Grandes planes, castillos en el aire, imposibilidades y auténticos disparates: a eso estaban reducidos… Hasta que llegó Alarico Constantino, el visigodo.

Alarico era hijo adoptivo de Constantino Máximo, Maestre y conocido comerciante bizantino. Era también su filidh, su aprendiz. De mente ágil y muy práctica, fue también instruido por los Sabios. No parece que comprendiera mucho de los grandes secretos de la orden, sus implicaciones mágicas y metafísicas, pero sí se dio cuenta de que necesitaba un gran cambio, empezando por relacionarse con el mundo exterior. Aún como filidh fue organizando una pequeña red de contactos en Tierra Santa y en el Imperio Bizantino. Su gran jugada, que le valió el reconocimiento de los Ancianos, fue captar a un templario. Para cuando obtuvo su asiento en el Consejo, tenía agentes en el gobierno bizantino, en los templarios y los rosacruces de la zona y la Orden pudo vanagloriarse de enterarse de lo que sucedía entre el Éufrates y las fronteras bizantinas casi antes de que sucediera. Como Maestre reformó profundamente la Orden, tanto sus estructuras como su política, dando a la orden una forma de actuar y un objetivo concreto.

En tiempos de las cruzadas y Montségur, la Prieuré era una organización muy poderosa, aunque pequeña, quizás la que contaba con mayor conocimiento de los nephilim. Su nombre era susurrado apenas en los grandes círculos, envuelto en misterios y leyendas. Algunos grandes ocultistas la buscaron sin éxito durante toda su vida, para otros no era más que un mito, un cuento para los amigos de las conspiraciones.

Organización

Alarico el visigodo reorganizó toda la orden al poco de ser nombrado Maestre. Esa misma organización es la que, con pequeñas variaciones, se ha seguido desde entonces.

Mantuvo la base de la Prieuré: la relación maestro-alumno. El novicio era adoptado como aprendiz por un miembro de la orden, que le enseñaba todo cuanto sabía. Cuando el maestro creía que su alumno estaba preparado, se le sometía a un duro examen, el Nacimiento, pasado el cual el aprendiz se convertía en miembro de pleno derecho de la orden. Aún después, la relación entre el maestro y el alumno se mantenía fuerte. Esto también se aplicaba al Consejo: cada consejero debía elegir a su sucesor y entrenarle y enseñarle.

Sin embargo, todo lo demás lo cambió Alarico: reformó el Consejo, cuyo número de miembros cambió de veinte a nueve (aunque a lo largo de la historia su número a variado entre siete y doce, según las necesidades), dio un tercio de los asientos a los Sabios de Sión, que antes tenían voz, pero no voto, y eliminó la figura del Maestre omnipotente. El Consejo sería el órgano rector de la Orden, tomando las decisiones por votaciones. Los consejeros recibieron el nombre de oradores y uno de ellos sería el Primer Orador. Entre sus atribuciones estaban el hablar el primero y el último y, en determinadas votaciones, su voto valía más, de forma que a la facción que apoyase le bastaba con un tercio de los votos para ganar.

La Orden mantuvo una estructura iniciática muy simple a lo largo de su historia. Tenía tres rangos por debajo del Consejo y dos más para el Consejo.

El grado inferior era el de aprendiz, que originalmente recibió el nombre de Corax, tomado del mitraísmo, pero en la Edad Media recibió finalmente el nombre de Escudero. Por encima de él estaban los equites o caballeros, los ojos, oídos y manos de la Orden, infiltrados en las sociedades herméticas, las órdenes militares y los distintos gobiernos; y, por encima de los equites, los magister, magistrados, posteriormente llamados emires. Éstos eran los jefes de las provincias en que la Prieuré dividía el mundo conocido, los enlaces entre los equites y el Consejo. Por su parte, los Sabios seguían con su propia organización, de la que no hablaremos aquí.

En el Consejo estaban los oradores. Cada orador debía formar y adiestrar a su sustituto, que recibía el nombre de filidh. Un filidh era un tipo de bardo-druida especializado en adivinaciones y su nombre representaba en la Prieuré que el discípulo debía tanto guardar las tradiciones como labrar el futuro de la Orden. El Primer Orador formaba a su propio filidh, el que ocuparía su asiento de orador, pero también designaba, entre los oradores, a su sucesor. Este debía ser ratificado por el Consejo, por mayoría simple. Si no lo era, cualquiera podía presentar su candidatura en un proceso de selección bastante peculiar fruto del retorcido sentido del humor de Alarico:

1) Un candidato no podía votarse a sí mismo, esto es, en su votación no participaba. Si sólo había dos candidatos, ninguno de los dos participaba en las votaciones.

2) Las candidaturas se votaban por separado. El candidato debía ser elegido por unanimidad y no quedar empatado con ningún otro.

3) Se hacían rondas sucesivas hasta que esto ocurría, quitando tras cada una la candidatura menos votada hasta que quedaban sólo dos. El resultado habitual es que siempre se llegaba a esta situación, ya que con dos únicos candidatos estos no participaban en las votaciones. En las rondas con más candidatos, uno no podía votarse a sí mismo pero sí a los demás (en contra, es de suponer).

4) La elección debía hacerse antes de un año tras la muerte o renuncia del anterior Primer Orador. Se disponía de un máximo de cuatro rondas de votaciones que no debían llevar más de tres meses. Si tras ese tiempo no se había llegado a un acuerdo, era nombrado Primer Orador aquel designado por el anterior Primer Orador o, si no indicó sucesor, por el orador más anciano.

En general, todo el proceso se ha tomado siempre como una crítica de Alarico hacia el resto de sociedades secretas y, salvo las pocas veces que ha habido verdadera y enconada lucha política en el Consejo, el procedimiento habitual que se sigue es: se rechaza al sucesor propuesto por el Primer Orador saliente; luego se presentan todos como candidatos, se hacen las cuatro rondas de votaciones entre mucho alcohol y comida sin llegar a nada y el sucesor es nombrado Primer Orador. No está claro cuándo se hizo por primera vez así pero se ha convertido en toda una tradición.

Pero no se quedó aquí Alarico. Ante la necesidad de mantener en secreto la existencia de la orden y la imposibilidad de lograrlo, ideó utilizar organizaciones tapadera, montar pantallas alrededor de la Prieuré, siguiendo el dicho de “las ramas no dejan ver el bosque”. Así aparecieron dos grados más: los siervos eran los miembros de esas organizaciones tapadera. Dentro de estas podían tener rango elevado, como por ejemplo un Caballero León de la Orden del Manto Púrpura, pero para la Prieuré no dejaban de ser carne de cañón sacrificable. Todas estas órdenes estaban controladas por equites, que normalmente eran los Grandes Maestres y, obviamente, los siervos nada sabían de su triste papel. El último grado era el de compañero o acompañante, que era dado a aquellos que ayudaban a la Orden sin conocer nada del mundo oculto: mercenarios, bandidos, comerciantes. Cosa curiosa, muchas veces eran mejor considerados y tratados por el Consejo que los siervos.

Con el paso del tiempo, los oradores empezaron a tener nombres propios: chambelán, senescal, etc., de igual manera que algunos equites con cargos administrativos. Igualmente, las sociedades-pantalla fueron ganando complejidad, convirtiéndose en auténticas órdenes herméticas, normalmente pequeñas, que se codeaban con las grandes, templarios, hospitalarios, rosacruces, teutónicos, etc., sin sospechar que sus actos y conocimientos estaban controlados.

Objetivos

Dominar el mundo, claro. Pero no es eso lo que nos interesa aquí.

Los conocimientos de los Sabios de Sión son increíbles, sobre todo en lo concerniente al Legado de Akhenatón. Posiblemente sepan más que los propios nephilim. En una búsqueda de conocimientos que dura ya siglos, los Sabios han averiguado que Akhenatón escondió sus enseñanzas codificadas en las 22 tablillas. Algunos de los Sabios sostienen que, además de los 22 mensajes individuales, las tablillas esconden una única enseñanza, distribuida y codificada en todas ellas. Aunque no hay pruebas, el análisis de las tablillas en poder de los Sabios ha revelado detalles que no pueden ser ignorados. Así, un objetivo constante de la Prieuré es conseguir las tablillas. Muchos de los oradores han pensado que el Gran Mensaje de Akhenatón, si existe, les dará un control y poder absolutos. Por ello, la Orden busca hacerse con las 22 tablillas de Akhenatón, y ese objetivo sí que nos interesa en esta historia.

Uno de sus agentes, infiltrado entre los cátaros, informó de la presencia del Grial en el Montségur. Como robarlo provocaría tal cantidad de pesquisas y atraería tanto la atención que posiblemente la Prieuré (la auténtica) sería descubierta, decidieron mantenerlo bajo vigilancia y aguardar el momento oportuno. El ataque al Montségur es la ocasión que esperaban. Supusieron que, antes de que cayera el castillo, los cátaros intentarían poner a salvo el Grial. Si conseguían hacerse con el Grial entonces, eliminando a quienes lo transportaran, todo quedaría envuelto en el misterio y las tinieblas (¿un accidente?, ¿un robo?, ¿un engaño?; ¿fueron los templarios, acaso los teutónicos?; ¿quizás la Torre?).

La Prieuré se puso en marcha: encomendó a un caballero de la Orden y preceptor templario formar un grupo de compañeros para mantener bajo vigilancia Montségur y a los atacantes, para que el Grial no se escapase o cayese en manos de la Iglesia o del rey francés, y como apoyo al grupo principal. Este estaría formado por Sigbert von Öxfeld, orador y comendador teutónico, y su filidh Constancio de Selinonte. Un grupo de apoyo, al mando del también orador Séamus se establecería en Otranto para controlar el Mediterráneo oriental.

La partida empezaba.

2 comentarios para “El Priorato de Sión I

  1. Tengo una pregunta, más bien retórica, ¿por qué les da todos por querer dominar el mundo, si al final lo que obtienes son demasiados problemas y dolores de cabeza?

    La partida empezaba y nosotros nos dirigíamos irremediablemente a meter la pata.

    Y como reflexión propia y retorcida: para mí gusto demasiadas manos en la sombra de manos en la sombra, aunque en la actualidad eso me daría opciones de investigación (es una ventaja conocer a algunos de ellos, da un poco igual que estén en el cementerio jeje). Si siguiésemos con la campaña sería interesante ser la mano en la sombra de alguna de estas manos en la sombra.

  2. Estoy estos días intentando preparar una partida ligera de Heroquest, para probar el sistema más que nada, e invariablemente me salen varias manos en la sombra: el malo, el que controla al malo, el que pasaba por ahí y también quiere sacar tajada… Me gusta jugar partidas simples y directas, pero me cuesta horrores prepararlas.

Deja un comentario