Arturo – Badon y el Reino del Verano

518-530

Mientras en el Castillo del Gozo se decidía el futuro de los nephilim en Britania, en Badon los britanos defendían el suyo en tres días de batalla sin cuartel contra más de 30.000 bárbaros (sajones, jutos, anglos, pictos, irlandeses, tropas mercenarias…). Las tropas britanas, comandadas por Arturo y Merlin, sufrieron gravísimas pérdidas, pero se alzaron con la victoria, conjurando la amenaza de la invasión sajona por una generación al menos. En el campo de batalla, sobre los muertos sajones, Arturo fue coronado rey por sus hombres. La ceremonia se repitió, con gran pompa y esplendor y algún rey tragando bilis, en Londinium en Navidad, así como la boda del nuevo Alto Rey con lady Ginebra, hija del rey Leodegrance de Cameliard.

Como monarca de un reino en paz, una de las primeras decisiones de Arturo fue edificar una capital: Camelot, levantada con ayuda de druidas y arquitectos venidos de todo el mundo. Su torre principal albergó a la Hermandad de la Tabla Redonda, sociedad secreta de humanos y nephilim creada por Merlin que buscaba construir un mundo donde ambas razas convivan en paz y que se convirtió en el principal órgano de gobierno del reino, junto con la Asamblea de Reyes. La Hermandad de la Tabla Redonda estuvo formada inicialmente por los principales capitanes de Arturo: su campeón Bedwyr, el senescal del reino Cai, Tor ap Uisnach, Bors, Gwalcmai, Gwalchavad; el campeón de la reina Lanzarote del Lago; reyes fieles como Uryens de Gore y Cador de Cornualles y caballeros nephilim de renombre: Pellinore, Alain le Gros, Lamorak de Gales y, a título póstumo, Uisnach de Rydychan. Como consejeros estaban Merlin y la Dama Rhonwyn.

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Arturo – El Dragón de Brent Pelham II

En 492 Uisnach Yaltaka daba muerte al dragón de Brent Pelham. En 518 moría él a su vez, atravesado por diez lanzas pictas en la Batalla del Castillo del Gozo. Yaltaka, con su nuevo simulacro, su compañera Pírixis, su vasallo y amigo Éctor, su vecino el rey Madog y su guardia de élite, los Cinco Hermanos, y los caballeros supervivientes de su unidad (que serían conocidos desde entonces como los Cinco Inmortales) acompañaron el cuerpo del monarca de Rydychan hasta Oxford. De Badon trajeron a su hijo Cuall, muerto en la batalla. Dicen que Liadain envejeció ese día diez años de un golpe.

Allí se celebró un gran y emotivo funeral al que asistieron los principales señores de Britania: Arturo, que sería coronado pocas semanas después en Londinium, sus capitanes Cai, Bedwyr, Gawain, Ulfius y Brastias; Bors de Ganis (que vació las reservas de cerveza de Oxford al grito de Por las que no beberemos juntos), el anciano rey Gilbert de Hertford y su hijo; los reyes Cunomor de Celyddon y Madog de Sauvage; Merlin, la Doncella de Hielo, la dama Vivianne, la dama Rhonwyn Pírixis y otros muchos grandes guerreros y reyes.

Preguntado Yaltaka qué funeral quería para su amado simulacro, respondió que uno acorde a su vida y hechos y eso tuvo. Pero cuando el cuerpo sin vida de Uisnach era bajado a la tumba, se abrió el cielo y por allí apareció el gran señor que poseyera al dragón de Brent Pelham a reclamar el alma de Uisnach Yaltaka que, muerto el simulacro, era el propio Yaltaka. Sin que nadie pudiera hacer nada para impedirlo y ante la atónita mirada de los nephilim presentes (los humanos nada vieron y de nada se enteraron), arrancó a Yaltaka de su nuevo simulacro y se lo llevó consigo a través de la brecha del cielo, que se cerró tras de sí.

En Oxford quedaron, huérfanos, mudos, sin saber qué hacer, amigos y compañeros.

Y la jugadora de Yaltaka aprendió a apuntar bien lo que ocurre en las partidas, que nunca sabes cuándo te harán falta. Porque la solución de este problema se la dio su compañera cuando derrotaron al dragón (que te entierren en el muro de la Iglesia) y no se acordaba ya de esta espada de Damocles que sobre su cuello pendía.

Arturo – La aventura del Castillo del Gozo II

El Rey Pescador les recibió en el gran salón. En lugar de trono, había un lujoso diván sobre el que estaba echado el Rey Pescador, envuelto en mantas, pálido y demacrado, quien les dio la bienvenida con voz queda. Para Pírixis sobre todo, que era quien más le había tratado de los Guardianes, fue un shock encontrar así al otrora majestuoso y poderoso nephilim. El grupo se sentó en silencio, sumido en sus pensamientos, a la mesa que los pajes preparaban ya. Entonces, se abrió una puerta al fondo del salón por la que entró la procesión del grial: encabezados por un muchacho que sostenía una lanza de la cual caía un hilillo de sangre, todos los objetos mágicos y místicos que poseía el Rey Pescador pasaron, portados por nephilim de su corte, por delante de los atónitos visitantes. Todos los objetos menos uno: el Grial, que hubiera sido reconocido al momento por los Guardianes. El Rey Pescador, como comentamos en su día, había recibido el Grial, así como las estasis de los Guardianes, de manos del de Arimatea. Después de ser herido por Balin, el Caballero de las Dos Espadas, el Rey Pescador temió no ser lo suficientemente fuerte como para defender el más importante de los objetos que tenía, así que lo había entregado a la Doncella de Hielo.

La extraña comitiva pasó entre el silencio respetuoso de los Guardianes, que percibían la magia que desprendía, y el atónito Éctor, que fue incapaz de formular pregunta alguna. Una vez el salón volvió a la normalidad, empezó la cena, frugal por el sitio de Klingsor y las tierras baldías. El Rey Pescador, muy fatigado, fue llevado a sus aposentos, así que los Guardianes quedaron en compañía de algunos nephilim del castillo. Así pudieron comentar con la dama Brisen, que hacía de lugarteniente del Rey Pescador, la situación y los posibles caminos a tomar. La dama les pidió que fueran en busca de ayuda, pues temía que el Caballero Pardo, herido como le dijeron que estaba, no pudiera traer los refuerzos a tiempo. Les dio los nombres de amigos y aliados del Rey Pescador, así como de aliados de Klingsor que seguramente vendrían a la batalla, encomendándoles que trajeran a todos los posibles de los primeros y, si podían, convencieran a los segundos de no acudir a la llamada de Klingsor. También les habló del Enemigo Injusto, quien estaba destinado a matar al Rey Pescador a causa de un terrible malentendido. Era muy importante identificarlo y sacarlo de su error (la dama Brisen era vidente y sus visiones, para lo acostumbrado, eran muy exactas… pero no lo suficiente como para poder indicar siquiera algún rasgo del Enemigo Injusto que sirviera para reconocerlo).
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Cuentos viejos: yo, marino experimentado

Hubo una campaña de Piratas! que fue de total improvisación. La jugábamos cuando otra campaña programada para ese día se caía o si estábamos aburridos. Todas las veces se decidía jugar así: venía alguien y me decía «Cubano, juguemos a Piratas!» y yo preguntaba «¿Está Diego?». Si la respuesta era afirmativa, subía a cafetería a por un tercio y aprovechaba esos cinco minutos para pensar una idea básica para la partida. Mucho Salgari he leído como para que en cinco minutos no se me ocurra algo. Luego, todo era cosa de Diego.

Diego era un personaje injugable. Era un tahúr ludópata, codicioso, lujurioso, cobarde y paranoico (estaba convencido de que los ingleses le perseguían para colgarle). También tenía un sentido del peligro sin igual y muchísima, muchísima labia. Su jugador, increíblemente, era capaz de jugarlo todo en todo momento y nos dejó gloriosos momentos para la posteridad. Este es uno de ellos:

Iban los personajes de pasajeros en un barco cuando estalló una violenta tormenta. O iban de pasajeros en el barco, habían sido atacados por piratas y ahora iban de prisioneros. Sea como fuera, el barco estaba escaso de brazos para la que tenían encima. Diego, muchacho voluntarioso como pocos, convenció (por labia del jugador y habilidad del personaje) al capitán del buque de que era un marino experimentado y que tifones más gordos había visto, así que el capitán le mando al contramaestre quien, también convencido, lo mandó al sitio más crítico. De nada sirvieron las súplicas de sus compañeros para que no fuera, la tragedia fue inevitable: alguien se hizo un lío con las velas y los cabos y acabó desplegando la mayor en pleno temporal: palo abajo, hora de coger las chalupas y salir con lo puesto.

Pese a todo, consiguió que pareciera que no había sido cosa suya y, mientras se acercaban a unas rompientes, convenció a los de la chalupa de que le dejasen remar a él también. De esa nadie se libró: la chalupa naufragó, la mitad de los marineros se ahogaron y los personajes jugadores a duras penas lograron llegar a tierra.

Arturo – La aventura del Castillo del Gozo I

517 terminó, bélicamente hablando, con la Batalla del bosque de Celyddon, una costosa victoria para las tropas britanas. Para nadie pasó desapercibido el hecho de que si el ejército bárbaro hubiera sido más grande, la victoria podría haberse convertido en derrota. Para 518 todos esperaban una batalla aún mayor: los sajones veían que aquello ya era o Arturo o ellos y pidieron ayuda a sus parientes del continente.

Klingsor decidió que era el momento justo para pasar a la acción si quería salvar Britania y a los nephilim británicos. Dio todo su apoyo a los sajones, llegando a acuerdos con sus chamanes (nephilim) y sus jefes e incluso donando riquezas para que contrataran mercenarios. Pero sabía que todo eso sería insuficiente. Los sajones (y anglos, y jutos, y picos y…) serían derrotados (lo que, por otra parte, deseaba) y Arturo y Merlin serían vencedores si seguía actuando en las sombras. Era la hora del todo por el todo.

Su objetivo era simple: debilitar al bando de Merlin antes de la campaña sajona del verano. Sabía que sin el pleno apoyo de Merlin en el campo de batalla, Arturo estaba perdido. Y si Merlin se volcaba en ayudar al muchacho, sus aliados caerían ante él sin remedio. Para empezar la ofensiva eligió el eslabón más débil: el Rey Pescador.

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Cuentos viejos: la máscara de soldar

Esto es viejo, viejo: partida de Star Wars usando GURPS del curso 95/96. Ya ha llovido.

El comando rebelde, con un transporte ligero y un caza de escolta, llegan a un planeta perdido de la mano de Dios a recuperar unos datos de una nave que lo ha elegido para estrellarse. Cuando llegamos vemos, todavía desde el aire, a la susodicha nave medio sumergida en un pantano y unos piratas indeseables (es decir, gente que busca lo mismo que nosotros, que no son nosotros y han llegado antes) que la abordan.

El equipo de asalto desciende sobre la nave para reducir a los piratas. A bordo queda el piloto, que va a buscar terreno firme donde posarse y yo, el artillero, como apoyo. El piloto consigue encontrar un cacho de césped donde dejar la nave, coge sus armas y una máscara de soldar. Luego echa a correr como alma que lleva el diablo.

Cuando entramos en la nave, nos encontramos al aprendiz de jedi y al resto del comando a ambos lados de la puerta del puente, mientras desde el mismo los piratas, atrincherados, no dejan de vomitar fuego.

El piloto, sin aflojar el paso (y seguido por un artillero que estaba a punto de echar los higadillos), se calza la máscara, saca la pipa, saca una granada lumínica, la tira dentro del puente, se tira él a continuación y, mientras están todos cegados por el fogonazo, los masacra a discreción. El artillero, que ha visto la jugada, se ha cubierto los ojos, y entra detrás de él, cumpliendo su trabajo de apoyo y pensando que todos los pilotos están locos. El resto de compañeros del comando, cegados, maldicen al piloto. Los piratas, también.

Creo que no es necesario que diga quién era el jugador del piloto.

Hrothgar

Soy Hrothgar, hijo de Höel, hijo de Ragnar.
Hace una vida fui un respetado godi de mi pueblo.
Hace una vida tuve una mujer que me amaba.
Hace una vida tuve dos hijos valerosos y fuertes.
Ahora todos participan en el banquete de los dioses. Todos menos yo.
Soy Hrothgar el vagabundo y ésta es mi historia.

El valle de Nirgal es un largo y profundo valle en el Techo del Mundo, de tierras fértiles donde crece el trigo y la cebada y buenos pastos para el ganado. Un espeso bosque proporciona madera y caza y una profunda laguna que se alimenta del deshielo, abundante pesca. Sólo hay un paso para entrar y salir del valle y está cerrado la mayor parte del año. En las noches más frías del invierno, los lobos bajan al valle a guarecerse de los horrores que caminan allí arriba.

Valgard Hacha-sangrienta vino al valle en tiempos del gran guerrero conocido como Cristo y, desde entonces, el clan Stonedale ha vivido aquí. Una pequeña aldea y un puñado de granjas esparcidas por el valle. Hombres rudos y valerosos, fieles siervos de su rey.
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Thomas Rösner, maestro

Primer fin de Semana Santa y concierto de abono de la Orquesta de Extremadura, octavo ya, y que formaba parte del Festival de Música Sacra de Badajoz. En el Manuel Rojas había un montón de caras nuevas: se ve que mucha gente se había ido de vacaciones, dejando su abono a familiares y amigos.

El concierto empezó con Le Tombeau de Couperin, de Ravel, una pieza, pese a su fúnebre título, alegre, picara y muy bonita. Ravel era un genio usando la orquesta y el sábado, bajo la batuta del maestro Thomas Rösner, la Orquesta estuvo especialmente inspirada. Para mí, de las mejores interpretaciones de la temporada, a la altura del concierto de Turovsky: a la fuerza habitual que tiene esta orquesta unieron un sonido limpio y delicado que les resulta más difícil de conseguir.

Siguió el programa con el estreno de José de Arimatea, un monodrama para actor y orquesta compuesto por José Zárate para este festival y que contaba con el actor irlandés Denis Rafter como actor/narrador. La obra, dividida en siete escenas, recrea diferentes momentos de la Pasión de Cristo, combinando música y actuación de forma acertada. La obra da, sin embargo, impresión de estar a medio acabar. Tiene momentos muy buenos (la flagelación pone los pelos de punta, la muerte de Jesús en la cruz), otros buenos (los solos de violín y viola) y otros francamente mejorables (el abuso de los estridentes solos de viento, la total falta de garra de la última escena). La orquesta, la sencilla pero muy expresiva puesta en escena, el trabajo de Denis Rafter y la batuta de Rösner suplieron los fallos de la obra.

Para la segunda parte teníamos el Requiem de Fauré, con el Coro Fundación Orquesta de Extremadura, la soprano Elena de la Merced y el barítono Stephan Genz (quien, por cierto, podría sentarse mejor). Obra delicada y hermosa que, desgraciadamente, no pude disfrutarla como se merece (y como la tocaron). Mi congestión brutal volvió a la carga, dejándome con un persistente pitido de oídos y medio asfixiado, intentando no toser para no molestar (y no respirar mucho para no toser). Súmese a esto el tísico compulsivo de la fila de atrás, que estuvo especialmente ruidoso esta noche (a su edad y que nadie le haya enseñado a cubrirse con la mano al toser), dos móviles, sí, DOS, el primero de los cuales hizo parar en seco a Thomas Rösner (dice mucho de la profesionalidad de todos que siguieran como si nada) y un follón que se montó en la puerta de la derecha (la izquierda si se mira desde el escenario) a cargo de un hombre de mediana edad, alto, moreno y vestido con un jersey claro. Es una pena que el maestro Rösner se lleve tan mala impresión de Badajoz y su público. Espero de corazón que en Cáceres, el viernes, fueran más civilizados.

Cuentos viejos: el sacerdote

Ocurrió que un día (seguimos hablando de Warhammer) un compañero nuestro llegó en compañía de un clérigo de algún dios del Bien, quien nos saludó muy efusivamente. Al poco, nos enteramos de que el susodicho clérigo venía de un área asolada por una peste y podía estar infectado, así que, algo cabreados, le abrimos la cabeza de un hachazo (no sé si fui yo, pero es muy posible).

Ya nos dábamos la vuelta, olvidado tan desagradable incidente (haber podido pillar la peste) cuando nuestro mago, a la sazón un demonólogo del copón, cayó en la cuenta de que las vísceras de un clérigo del bien son ingrediente indispensable de múltiples conjuros bonitos. Así que tuvimos que esperar, algo alejados, eso sí, a que el mago sacara los botes de cristal, el formol, los guantes, sierra, bisturí, etc. e hiciera una disección al pobre hombre.

Nota: no logro recordar si conseguimos llevárnoslo antes de que hiciera la autopsia o si, efectivamente, se hizo de los ingredientes: corazón, hígado, mano…

Aturo – La aventura del Castillo del Gozo, prólogo

La aventura del Castillo del Gozo es la aventura más larga y desarrollada que trae El joven Arturo y el más moderno La gran campaña de Pendragón. Cuando desarrollé esta época, El joven Arturo fue fuente básica de aventuras, mapas, nombres y fechas (aunque la influencia principal fue tanto el ciclo Pendragón de Lawhead como la película Excalibur). Desde el principio quise jugar esa gran aventura en la campaña de Nephilim. La adaptación de Pendragón a Nephilim fue fácil (Nephilim es muy agradecido a ese respecto): decidir quién era nephilim, quién humano, qué khaiba, qué efecto-dragón y adaptar o rehacer los datos de los personajes. La aventura del Castillo del Gozo gira en torno a un enfrentamiento directo entre el Rey Pescador y Klingsor, enfrentamiento que, extendido y enriquecido, fue el fondo de gran parte de mi campaña, tal y como hemos visto. La aventura del Castillo del Gozo está pensada para extenderse un año, mientras los personajes jugadores van de acá para allá, invernan, se preparan… Sin embargo, tanto tiempo era imposible en Arturo: un invierno de preparativos llevaría a una guerra abierta entre nephilim de mucha mayor escala de la que quería tener, así que hubo que comprimirla en unos pocos meses, en algún caso concreto quedando poco realista algún tiempo de viaje. En Madrid la campaña acabó en mitad de esta aventura, al acabarse el curso, pero a lo que pasó entonces ya le dedicaré una o dos entradas más adelante.

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