Cuentos viejos: el sacerdote

Ocurrió que un día (seguimos hablando de Warhammer) un compañero nuestro llegó en compañía de un clérigo de algún dios del Bien, quien nos saludó muy efusivamente. Al poco, nos enteramos de que el susodicho clérigo venía de un área asolada por una peste y podía estar infectado, así que, algo cabreados, le abrimos la cabeza de un hachazo (no sé si fui yo, pero es muy posible).

Ya nos dábamos la vuelta, olvidado tan desagradable incidente (haber podido pillar la peste) cuando nuestro mago, a la sazón un demonólogo del copón, cayó en la cuenta de que las vísceras de un clérigo del bien son ingrediente indispensable de múltiples conjuros bonitos. Así que tuvimos que esperar, algo alejados, eso sí, a que el mago sacara los botes de cristal, el formol, los guantes, sierra, bisturí, etc. e hiciera una disección al pobre hombre.

Nota: no logro recordar si conseguimos llevárnoslo antes de que hiciera la autopsia o si, efectivamente, se hizo de los ingredientes: corazón, hígado, mano…

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