Arturo – Pírixis o la búsqueda de Yaltaka, II

Los Tuatha Dé Danann se proclamaban a sí mismos como los últimos descendientes de la Atlántida, así que era una vía de investigación interesante, tratándose de una criatura de tiempos casi de la Atlántida. No figura en las crónicas cómo decidió Pírixis seguir la pista irlandesa, si se le ocurrió a ella, si fue una sugerencia de la Doncella de Hielo o de algún otro nephilim británico, algún encuentro casual… Sea como fuera, el problema que se le presentó entonces fue el cómo contactar con los Dé Danann. Estos nephilim hacía mucho tiempo que se habían retirado a su Otro Lado y roto casi todos los lazos con los humanos y el mundo material. Los nephilim que vivían entre los humanos eran casi todo de procedencia celta o jóvenes (entiéndase lo de jóvenes) nacidos en la isla. Por fortuna, Misat llevaba más de veinte años en la isla y tenía ya contactos y amigos en todas partes.

Pírixis recurrió a Asgareth para ponerse en contacto con el gato del Mago y pedirle su ayuda. Misat no tuvo reparos en prestar todo el apoyo que pudiera. Pasó los siguientes meses o años preguntando, indagando, pidiendo favores entre los nephilim de Este y el Otro Lado de Irlanda y encontró tanto respuestas como auxilio. Una corte de Dé Danann estaba dispuesta a ayudar a Pírixis y concertaron un encuentro. Desgraciadamente, este encuentro tuvo que posponerse por la revuelta de los hijos de Ulfius que, como ya hemos visto, afectó seriamente a Rydychan y luego hubo que esperar a que se dieran las condiciones propicias para que se abriera el pasaje que conducía al palacio de los Dé Danann.

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Arturo – Pírixis o la búsqueda de Yaltaka, I

Ya nos toca, ¡por fin!, hablar de la saga que marcó el final de la época de Arturo: la búsqueda de Yaltaka, allá donde estuviese. Desgraciadamente, no quedan crónicas de lo que sucedió, sólo pequeñas notas y recuerdos borrosos, así que ruego perdonen las lagunas, incoherencias y posibles fallos de esta historia.

Hagamos un poco de memoria. Corría el año 518 cuando el simulacro de Yaltaka, lord Uisnach de Rydychan, caía bajo las lanzas pictas en la Batalla del Castillo del Gozo. Lord Uisnach fue enterrado con todos los honores y la pompa que requería, pero Yaltaka había olvidado por completo cierto pequeño e insignificante detalle: que sobre él pesaba una maldición. Durante el entierro, el señor del dragón de Brent Pelham vino a por lo que era suyo: el alma de quien había matado a su mascota. El alma y consciencia de lord Uisnach nada tenía que ver en este asunto (la pobre, veinte años ha que había perdido el control de su cuerpo), así que el señor se llevó a Yaltaka ante la atónita mirada de amigos y compañeros.

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Toradora

Llevo un tiempo sin sacar ninguna reseña de anime. La razón es evidente: casi no he visto nada en el último mes y medio. Cosas que pasan. Hoy toca comentar la única serie de la temporada de otoño-invierno que he seguido al día: Toradora, posiblemente la serie más fansubeada hasta la llegada de la nueva versión de FullMetal Alchemist. La he tenido para ver en el descanso de medio día, antes de volver al curro, medio capítulo escaso mientras me tomo el café (no me puedo poner a esas horas series que enganchen, que ya he llegado tarde un par de días por no poder parar).

Toradora es una serie de harén, esto es, prota masculino con un montón de tías coladitas por sus huesos, sólo que volcada a la comedia absurda y no al melodrama romántico. Esta vena absurda hace que la parte dramática esté falta de garra y que, en general, sea poco verosímil. Toradora mezcla las situaciones típicas de este tipo de series con algún giro original, pero la mezcla no termina de cuajar y uno se encuentra esperando el próximo chiste (malillo).

Taiga y Ami
Taiga y Ami

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Leloup, eh… ¿Eh?

Por razones de familia (¡ah, la Familia!, pronúnciese con voz grave y algo cascada) no pude asistir al noveno concierto de abono de la Orquesta de Extremadura, así que le toca a nuestra enviada especial cubrir el evento. Que digo yo que por una vez que la crítica del concierto la haga alguien con educación musical y buen oído, pues no está mal, no.

El noveno concierto de la temporada, bajo la batuta de Jesús Amigo, director titular, comenzó con un pequeño cambio en el programa. El estreno de Cáceres, Rapsodia para clarinete, corno di bassetto y orquesta pasó a abrir el concierto y ocupar toda la primera parte debido a un problema logístico. El caso es que para esta obra en concreto la orquesta se tenía que dividir en dos orquestas enfrentadas y para volver a la distribución normal era necesario bastante tiempo, así que aprovecharon el descanso para hacerlo.

Para explicar mi opinión acerca del estreno de la obra de Phillipe Leloup, lanzo un desafío:

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Arturo – Los hijos de Uisnach

No, no me refiero a la leyenda de Deirdre (muy recomendable el disco de los hermanos Dana), sino a la prole de Uisnach Yaltaka, que dan para una nueva entrega de Dinastía.

Recordemos que Yaltaka, bajo el nombre de su simulacro, Uisnach, un caballero errante sin mucha fortuna, después de vencer al dragón de Brent Pelham conquistó el reino de Rydychan, en el centro de Logres, para restituírselo a su legítima heredera, lady Liadain de Oxford. Por supuesto, en un reino hace falta un hombre que lleve la corona, aunque sólo sea para espantar moscones y Uisnach Yaltaka casó con lady Liadain. Fue un matrimonio feliz y razonablemente enamorado.

Uisnach y Liadain tuvieron hijos. El número exacto es algo en lo que las crónicas y manuscritos que obran en mi poder no se ponen de acuerdo. Tuvo tres varones y dos o tres hembras (quizás cuatro). De las hembras no queda constancia de los nombres ni de su destino, aunque siendo quien era su padre, a buen seguro tuvieron buen casamiento y dote. Lo que sí se sabe es que todas fueron unas arpías de cuidado. Aquí hablaremos, pues, de los hijos.

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Arturo – El fin del Reino del Verano II

Pírixis fue de «tapada» casi toda su vida y la época de Arturo no fue una excepción. Renegaba públicamente del poder y la política y para sí aparentemente sólo tuvo sus seminarios del Carro (aunque famosos y concurridos, ella nunca tuvo ni aceptó un puesto de relevancia en el Arcano) y su lago cerca de Camlann. Para muchos no era más que la amiga de Yaltaka a quien este arrastraba en sus disparatadas aventuras, el ama de cría del cachorro de Merlin y, en general, alguien que se dejaba arrastrar, sin voluntad y sin importancia. De ella decían a sus espaldas que era tan buena que era tonta y, en la partida que se jugaba en Britania, ni le dieron el papel de peón.

Si bien es cierto que repudiaba la política y no ambicionaba poder alguno (razón, junto con su gran sentido de la justica, por la que Merlin la incluyó en el Consejo Gris), nada en su currículum indicaba esa apatía y falta de resolución que quisieron ver algunos, supongo que cegados por la arrolladora personalidad de Yaltaka.

Pírixis seguía buscando a Yaltaka y no estaba en Camelot cuando se produjo el ataque de Nerrad, pero acudió tan rápido como pudo. Se encontró con la Corte en estado de pánico, tal y como pretendía Nerrad. Con Arturo, el reino estaba enfermo: la cosecha moría, el bosque enfermaba, el Otro Lado se esfumaba, los Yermos avanzaban. Humanos y nephilim estaban aterrorizados y no sabían qué hacer y Nerrad esperaba en el Norte el momento de aparecer, con su hijo, como salvadora. Ante tal situación, Pírixis hizo lo único que podía hacer: tomar la responsabilidad de salvar el reino. Era Dama del Lago, era consejera de la Tabla Redonda (aunque rara vez había asistido a alguna reunión y apenas había participado, al menos públicamente, en las decisiones que se tomaran), era la madre adoptiva de Arturo y era Guardián del Grial.

De repente, había aparecido un peón en séptima y había coronado.

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Arturo – El fin del Reino del Verano I

Corría el año 530 cuando el Reino del Verano llegó a su fin. Su agonía se prolongaría durante diez años más, pero murió el día que Arturo sorprendió a Lanzarote del Lago y a Ginebra en adulterio. El mismo día en que yació con Morgana. El mismo día que desapareció Merlin. El mismo día, de paso, en que alguien clavó un puñal de 8 pulgadas a Asgareth, provocando la muerte de su simulacro y que él fuera reabsorbido por su estasis. Fue el día que Nerrad se quitó la máscara y decidió dar cerrojazo a la partida. Y fue el día que descubrió que había un jugador de más.

Nerrad, la Emperatriz, experta en la magia de Luna, manipuladora, ambiciosa y algo desequilibrada, había aprovechado el ataque sobre París para eliminar al encargado del arcano de la Emperatriz y salvar al resto de adeptos, ganándose así el respeto de sus compañeros (por lo segundo, lo primero se ocupó de que nadie lo viera, claro). Al poco de llegar a Britania ya dirigía, aunque de manera extraoficial, a la Emperatriz en las Islas y, pocos años después, recibía el nombramiento oficial. Ya para entonces se había fabricado una nueva identidad en el Norte: Morgana. Que pudiera hacerse pasar por nativa con tanta facilidad y que en tan pocos años liara la que lio hace pensar a muchos que ya había pisado las Islas en alguna encarnación anterior. Hay quien piensa que su plan estaba tan perfectamente orquestado que lo tenía planeado desde mucho antes.

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Arturo – Personajes: Malabar

Ángel, eolim. Arcano mayor XVIIII, el Sol.

Bajo la apariencia de un hombrecillo de aspecto humilde y bonachón se esconde un nephlim cínico, traicionero, manipulador y ambicioso, con graves delirios de grandeza. Busca desde hace mucho tiempo controlar el ka-sol. En encarnaciones pasadas estudió la posibilidad que tienen algunos humanos de lanzar conjuros y controlar criaturas, encontrando casos reales y documentados en sociedades iniciáticas galas y germanas. Por desgracia, en su nuevo despertar se encontró con que los conocimientos de los antiguos druidas galos se habían perdido. Cuando ya casi se había decido por ir al corazón del África negra, sus agentes le informaron de dos lugares en Europa donde aún quedaban sociedades iniciáticas druídicas: las Islas Británicas y el noroeste de Hispania. Tras estudiar los informes, decidió que Britania era el mejor lugar y utilizó todas sus influencias para conseguir que el Arcano le autorizara a abrir y dirigir una sede en la isla.

El nombramiento de Malabar no sentó bien a los afiliados al Sol que ya estaban en Britania. Casi todos eran supervivientes de París y, cuando llegaron Malabar y su equipo en 505, tenían montada una estructura no oficial bastante eficiente y mantenían buenas relaciones con otros arcanos y con los nephilim locales. Malabar los ninguneó, teniendo el trato mínimo con ellos, centrándose en su equipo y sus investigaciones.

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Arturo – Personajes: Misat

Gato, Onirim. Arcano mayor I, el Mago.

¿Por qué se hizo cargo de la más noroccidental y aislada de las sedes del Mago? Posiblemente, ni él lo sabe con certeza. Antes, ni siquiera pertenecía al Arcano. Llegó a Bretaña escapando por poco de algún turbio asunto y, tras la muerte del simulacro y posterior absorción por la estasis del anterior encargado, se hizo cargo del refugio, una taberna portuaria situada doscientos años atrás en una secundaria pero transitada ruta comercial entre las Galias y Britania y ahora olvidada por todos. A los dirigentes del Mago más próximos les pareció bien: la sede se mantenía a sí misma y, de no encargarse Misat, la tendrían que cerrar, pues nadie quería hacerse cargo de ella.

En todos los años que estuvo al frente del refugio apenas pasaron nephilim por allí, hasta lo de París. Prácticamente el único que pisó la sede fue Asgareth, que estuvo un largo invierno aprendiendo todo lo posible sobre Britania antes de cruzar el Canal. Entre los dos nephilim pronto surgió una fuerte amistad y, cuando Asgareth abrió la sede de Londinium, Misat subordinó la suya a la de este.

Tras el desastre de París se hizo muy respetado por los nephilim, tanto egipcios y británicos, por su valor y su capacidad para manejar situaciones complicadas, por no decir críticas. Por estas habilidades le fue encomendada la tarea de encontrar un modo factible de unir el cristianismo y las antiguas creencias. La «experiencia piloto» la llevó a cabo en Eire, de donde le viene el nombre por el que sería conocido a partir de entonces: San Patricio.

Misat fue un pnj importante cuando jugué la campaña en Madrid y al que le tengo gran cariño. Sin embargo, con Pírixis y Yaltaka apenas apareció porque cumplía la misma función que Ethiel, es decir, la de facilitador. Aunque ambos eran muy distintos (Ethiel era más juguetón, travieso y con un punto de crueldad, como un gatoy poco dado a tomar decisiones, pero era único recopilando información, mientras que Misat era más grave y calmado, sin tantas florituras y más de acción, como un tigre) temí que pudiera ser fuente de confusión para mis jugadoras, así que Misat fue sacrificado y apenas apareció (aunque fue recompensado cuando le repesqué en el siglo XX).

Arturo – Personajes: lord Éctor

Lord Éctor pertenecía a una familia noble britano-romana, aunque lo único que se conoce de esta es la espada familiar, un gran mandoble con gemas y un escudo indescifrable en el puño que siempre llevaba consigo. Tenía educación militar, y era un fuera de serie con la espada y con la lanza. Sin embargo, cuando aparece en esta historia, no tenía ni tierras ni señor, sino que era un bardo vagabundo. Un bardo con un caballo de carga que, además del arpa, llevaba una cota de mallas, dos espadas, escudo, lanzas, un hacha y varias jabalinas, pero un bardo con todas las de la ley. Pertenecía a una de las múltiples sociedades iniciáticas celtas que pululaban por Britania, que los nephilim británicos usaban como cantera de simulacros y como agentes. Tenía un ka-sol muy desarrollado y su entrenamiento le permitía percibir a los nephilim y a los efectos-dragón. Era de carácter franco, abierta sonrisa, buen conversador pero discreto. Llevaba años recorriendo la isla y era conocido en todas partes, así que no resulta extraño que Merlin recurriera a él como guía de los recién despertados Guardianes del Grial cuando el asesinato de Aurelio le trastocó sus planes.

Y Éctor cumplió, desde luego. Fue un guía de fiar, les llevaba a dónde ellos querían sin preguntar y luchaba cuando tocaba. Los Guardianes se acostumbraron a tenerle al lado, explicándoles las costumbres de las gentes, la historia de los pueblos que cruzaban, amenizando la noche con leyendas acompañadas de la suave música del arpa. Se acostumbraron también a dejarle atrás, al cuidado de los caballos; verle clavar la enorme espada de la familia en el suelo y sentarse apoyando la espalda en ella. Y se acostumbraron aún más a volver, heridos, cansados y sin aliento y verlo, sentado con la espalda contra la espada y con un cálido fuego en el que se asaban alegremente unos conejos a su lado.

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