No soy bueno metiendo gestión de recursos en mis aventuras. El dinero es algo que está ahí pero al que no presto demasiada atención o, incluso, es algo que no está: en las dos campañas de los Visnij los pjs trabajaban para la familia a cambio de un buen sueldo, asistencia letrada y médica y derecho de saqueo, pero nunca, nunca, se especificó lo que significaba «bueno». Incluso en Los viajes del Ícaro, donde la escasez de recursos (en especial, de comida para el invierno que se acerca) es uno de los ejes de la campaña, lo estoy tratando de forma medio abstracta, es decir, sin montar un Excel que calcule las necesidades alimenticias de la expedición frente a los recursos disponibles ni tener a los jugadores calculando el trigo que les hace falta y los costes de transportarlo a 3.000 metros de altura. Y una de las razones por las que tengo aparcado Pendragón es la falta de un sistema de gestión para feudos de tamaño medio que no degenere en un juego de construcción y gestión.
Con este planteamiento, donde la microeconomía (es decir, el pagar en una posada o por una comida) apenas tiene peso, dedicar tiempo al desarrollo de los distintos sistemas monetarios que los personajes pueden encontrarse en sus aventuras (incluyendo una tabla de conversión) puede parecer una frivolidad. Sin embargo, creo que es algo que le da profundidad al mundo y también «vidilla», al permitirnos meter situaciones donde los pjs tengan que buscar un cambista o vean sus monedas rechazadas en la taberna, sin que la complejidad sea excesiva.


Asuna en acción