El lunes pasado se hizo público la lista de ganadores de los tradicionales Premios Poliedro (recordad, primera vez, novedad; segunda, costumbre; y tercera, tradición). Este año han venido con novedades, como categorías nuevas (la separación entre mejor juego en español y mejor juego traducido), un aumento del número de nominados y el cambio de fechas, dejando el aniversario de la muerte de Gary Gygax por un insulso 31 de enero. Repasamos la lista de ganadores y comentamos lo que ha dado de sí esta edición.
La llamada de Cthulhu, en su nueva (y primera) edición a color editada por Edge, se ha llevado los premios de mejor arte interior y edición y, en su vertiente caja con pantalla, mapas y dados, el de producto del año.
Aquelarre, decano de los juegos de rol españoles, se llevó en su tercera edición, de NSR, los premios de mejor juego de rol creado en castellano y mejor portada.
El anillo único, nueva visita al universo de Tolkien, consiguió los de mejor juego traducido y mejor ambientación.
Dragon Age, basado en un (al parecer) popular videojuego, sale de enero con el premio al mejor sistema de juego.
El escenario de campaña de Aventuras en la Marca del Este, el de mejor suplemento.
Tras el velo de la muerte, aventura de fantasía medieval gratuita, pues eso, el de mejor aventura.
Gañanes se llevó el de mejor narrativa gracias a su original desarrollo.
Cacería de Bichos, en su versión sin maquetar ni imágenes, el de mejor producto gratuito.
Fanzine rolero, el de mejor fanzine.
Red de rol, el de mejor medio de difusión.
Han sido unos premios muy repartidos y, en algunas categorías, muy reñidos. También han sido los premios más injustos en estos tres años de vida. Y no porque los premiados no se lo merecieran (salvo lo de Dragon Age, que escapa totalmente a mi comprensión), o porque los nominados no se hayan ganado su derecho a estar ahí. 2011 ha sido uno de los mejores años en lo que a publicación rolera se refiere que hemos vivido en España y varios grandísimos productos se han quedado fuera de las nominaciones, apeados en la fase previa, porque no podían estar todos. Ha sido el año de la tercera edición de Aquelarre, de la cuarta de La leyenda de los 5 anillos, de la primigenia de La llamada de Cthulhu, y alguna con cambios radicales, como la nueva de Warhammer. El año en el que Cthulhutech vio por fin la luz. Y volvimos a pisar la Tierra Media de la mano de El anillo único y las heladas tierras de Escandinavia con Yggdrasill. La moda del retroclón siguió, esta vez a lo grande con Dragon Age y un sistema de juego no basado en el viejo D&D. Hablando de eso, D&D 4 tiró la toalla, pero no antes de dejar un rosario de hermosos manuales, aunque pocos pueden competir con el colorido de El Imperio Ígneo. También Ánima nos dejó su habitual libro anual y Cacería de Bichos vio por fin la luz. Ha habido ausencias notables, como R&P o Shan Hu, posiblemente el gran olvidado de los juegos españoles de este año, tanto como Mazes & Minotaurs lo es de los juegos traducidos (lo de M&M va camino también de ser tradición). Ha sido otro año (más) en el que la historia de España (o en general, una ambientación histórica) no ha tenido tirón para llevarse premio.