Hijo de unos granjeros de Helenia, su aldea fue arrasada por unos monstruos lobunos y él fue el único superviviente: su madre logró esconderlo en el sótano y él permaneció durante horas o días en silencio, escuchando como las bestias se alimentaban de su familia, con su olor almizclado mezclándose con el de la sangre y las vísceras de sus víctimas.
Fue recogido por una caravana de nómadas zínner, que se ganaban la vida con pequeños espectáculos circenses. Vivió con ellos como uno más de la familia: comió con ellos, rio con ellos, lloró con ellos y, con los demás pequeños, comenzó a participar en los espectáculos. Esta nueva vida duró dos años, hasta que la caravana y la aldea donde estaban fueron atacadas por los mismos o similares monstruos. Esta vez, Vilhelm los oyó y, aterrorizado, se refugió en la iglesia de la aldea con una chiquilla de la caravana, Mara. Sobrevivieron ellos dos y el sacerdote. El inquisidor que acudió al informe del sacerdote encontró interesantes a los chavales, o bien se apiadó de ellos, y los envió a El Dominio, a Cadeus, para ser entrenados como inquisidores. Llegó a probar a Vilhelm y el agudo oído del niño lo sorprendió.




