Mientras el Albatros dorado se estrellaba en la Isla de los Niños, La Perla de la capitana Svala Ojos de Hielo se alejaba de Ynys Mawr con rumbo noreste para llevar a cabo la tercera de las misiones SG. Como en las anteriores, debía dejar a tres grupos de tres hombres en distintos puntos, con la misión de establecer relaciones con las poblaciones que encontraran, obtener información que les permitiera volver a casa y conseguir recursos para el futuro invierno. Al mando de la misión iba la capitana de corbeta Edana Conway, en su primera misión de campo lejos del dirigible. Ella y los cabos Dragunov (artillero) y Powell (escudos) formaban el equipo de apoyo que quedaría a bordo de La Perla.
Los primeros días pasaron rápidos y aburridos. Mientras que las primeras misiones de White y Paolo habían cubierto la zona al sur de la ruta de la isla, las llamadas Tierras Altas del Sur, a ellos les tocaba explorar la zona norte. Pero allí sólo había bosques interminables. Ingolf, el piloto, les desaconsejó desembarcar por allí: los bosques no tienen nada de interés, dijo, y están habitados por feroces elfos. Tardaron tres días en llegar a la cuenca del río Grande, con la línea de los Montes Revan destacando en el horizonte. Allí los bosques se aclaraban y vieron numerosas granjas y aldeas. En día y medio desembarcaron a los tres grupos y siguieron bordeando los Revan para cartografiarlos. Eran una serie de sierras de poca altitud y orientadas casi de norte a sur que separaban la zona occidental del continente de las grandes llanuras orientales.
Nada pasó hasta el atardecer del sexto día, cuando los envolvió una niebla tan espesa que no se veía la proa desde la popa. Totalmente cegados, Ingolf dio orden de dejar de pedalear y ganar algo de altitud para evitar estrellarse contra los cercanos montes. La tripulación, sin nada que hacer, se dedicó a sestear, a jugar a los dados y a preparar la cena. Ingolf vigilaba a popa, atento a cualquier racha de viento. Powell estaba acodado en el puesto de vigía de proa, con Ciri y el osezno a su lado. Edana estaba arrebujada en su manta, taciturna. Desde que dejaron a los SG en tierra, el comportamiento de Dragunov y Powell rozaba la insubordinación y la tripulación de Svala tampoco la tomaba en serio.
—Eh, Powell, ¿no te parrece que la niebla no es natural?