El misterio del cadáver decapitado

Llevaba un tiempo dándole vueltas a una campaña de samuráis que tuviera como uno de sus protagonistas a un «oficinista» al estilo de los samuráis que salen en Seibei del Ocaso. Un procedimental de investigación, por lo menos en sus comienzos. Este verano, antes de vacaciones, salió la oportunidad de jugar un día y tuve que improvisar una partida. Y volví sobre esta idea, se lo planteé a los jugadores y así surgieron el cínico Saito Mori (Charlie) y el novato Tanaka Yasunobu (Menxar).

El día a día de Saito y Tanaka


Una partida improvisada, para que funcione, requiere preparación. Para no tener problemas con el escenario, elegí la ciudad de Aimi, que los jugadores y yo ya conocíamos de Sakura. Los tres estaríamos cómodos y, si la investigación se atascaba, siempre tendrían contactos a los que recurrir (el señor Saito, el oyabun Washamine…). No es que los personajes los conocieran, claro (la idea es que fuera la primera vez que pisaban la ciudad), pero los jugadores sí y un poco de saludable metajuego haría el resto. La parte de investigación la preparé mientras los jugadores se hacían los personajes, a partir de la idea que se me había ocurrido durante el desayuno. El qué, el quién, el porqué y el cómo son preguntas con respuestas obligadas e improvisarlas sólo trae inconsistencias que terminan sacando a los jugadores de la partida. Incumplí, eso sí, la Regla de las Tres Pistas (cruzando los dedos), porque no había tiempo para más y porque, al fin y al cabo, resolver el caso no era realmente necesario.

El resultado, muy resumido, fue el siguiente:

Estamos en el año anterior a los sucesos de Sakura. El hatamoto Maeda del clan Takashi, capitán del puerto de Setsu (ciudad que viene a ser la Yokohama de aquí) se enamora de unos hermosísimos caballos que ve en oficiales Asakura durante una visita a Tsuikikage, la capital imperial. Los caballos son Hirano, por supuesto, y ya sabemos que sólo unos pocos potros se ponen a la venta cada año. En el siguiente verano, envía a uno de sus vasallos, el intendente Kuchiki Tamenaga, a Aimi para comprar dos potros: uno para él y otro para regalárselo al daimio. El oficial se lleva consigo a dos subalternos, Saito y Tanaka.

Setsu (arriba a la izquierda) y Aimi (abajo a la derecha), origen de los pjs y escenario de la aventura, respectivamente

Kuchiki es muy aficionado al juego, las mujeres y la bebida y que no distinga entre el dinero propio y el de su señor a la hora de gastar, disgusta profundamente tanto a Saito como a Tanaka. Tras apalabrar la compra de los potros con el señor Hirano, Kuchiki alargó la fecha de entrega para poder disfrutar de su estancia en Aimi.

Para morir envenenado comiendo pez globo en compañía de una geisha.

El asunto olió mal desde el principio: Saito y Tanaka averiguaron que el pez globo venía de la mejor casa de Setsu, por lo que la mala preparación era poco probable. Además, se trataba de narezushi, sushi madurado (curado y fermentado), que, según el cocinero del local, anulaba el veneno que le pudiera quedar al pez.

Como Kuchiki había estado mostrando mucho dinero, el robo era un buen móvil. Saito había convencido a su superior de ocultar la mayor parte del dinero en la habitación de la posada, al poco de llegar a Aimi. Esto permitió al samurái evitar el robo (sorprendió al ladrón aún registrando la habitación y pudo ahuyentarlo). Esto fue clave, pues les permitía cumplir con su misión y salvar su honor y pescuezo.

El cuerpo de Kuchiki desapareció y volvió a aparecer, decapitado. Para la policía, era un caso de ajuste de cuentas por deudas de juego en el que la profanación posterior del cuerpo era un desahogo del malhechor por el robo frustrado.

Sin embargo, Tanaka, al revisar el cuerpo, encontró unos indicios desconcertantes que indicaban que el cuerpo o, por lo menos, la cabeza, no eran de Kuchiki, sino de alguien muy parecido a él. En la mente de los dos samuráis surgió la loca teoría de que Kuchiki seguía vivo, su muerte en la casa de geishas había sido fingida y el decapitado, un cadáver para despistar, quizás el ladrón que había fallado el golpe. Hipótesis que cobró fuerza a su vuelta, cuando se enteraron de que Kuchiki tenía un hermano gemelo, un bala perdida del que su familia renegaba y del que nada se sabía desde hacía diez o quince años. Para Saito, todo era una operación de Kuchiki para desaparecer antes que sus delitos fueran descubiertos.

Tras aquello, Saito y Tanaka fueron recompensados y se les encargó revisar todos los libros de cuentas (aduanas, partidas de cargas, declaraciones de impuestos) que habían pasado por la oficina de Kuchiki en los últimos años. ¿Qué saldrá de todo ello?

Fue una partida muy divertida, de investigación, roleo, tensión… y sin combates. Hubo buena química inmediata entre Saito y Tanaka y las personalidades de ambos (el pesimismo cínico y las perlas de sabiduría de oficinista resabido del primero, la voluntariosa inocencia del segundo) quedaron bien definidas desde el primer minuto. Se centraron en proteger el dinero del derroche de Kuchiki razonando que sin dinero no había potros, sin potros no había honor y sin honor, sólo había sepukku. Creo recordar que la desaparición del cuerpo la descubrieron porque fueron a examinarlo cuando la policía ya se lo había entregado a los guardianes de los muertos, los sacerdotes-sepultureros. O puede que me saltara la desaparición por apuros de tiempo y directamente lo encontraran decapitado en «la morgue». Y la exploración a fondo del decapitado para comprobar si de verdad era él (se olían que ahí había tongo casi desde el principio) se vio recompensada.

Vimos, por supuesto, a viejos conocidos: algunos aparecieron como cameos, otros intervinieron en la investigación (el señor Saito, jefe de policía, claro) y hasta la joven Sachiko tuvo su momento.

El tiempo dirá si volvemos a saber de Saito Mori y Tanaka Yasunobu.

Un comentario para “El misterio del cadáver decapitado

  1. La verdad, para ser un par de pj’s que se hicieron en un rato y de los que se decidió la personalidad sin pensarlo demasiado, nos quedó una pareja muy interesante y nos lo pasamos genial jugando con ellos.

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