El Ícaro — El mal del norte III, la noche más larga

La larga noche del 31 de agosto estuvo a punto de comenzar con tragedia. El Albatros dorado, que debía acercar al SG-6, el grupo del ingeniero Powell, a las grandes tuberías de la máquina, se comió una loma que la traicionera luz del anochecer confundió con la llanura. Nada grave: contusionados, daños menores en el casco y las jarcias hechas un desastre. Noche de trabajo en la oscuridad y el equipo se quedaba sin apoyo aéreo.

La misión de sabotaje discurrió sin novedad: tras caminar dos o tres kilómetros hacia poniente dieron con las grandes tuberías. Un reconocimiento desveló una estación secundaria de bombeo con presencia de la Máquina. Destruirla dañaría más el sistema que reventar un tramo de tuberías, así que Powell y Dragunov se pusieron a hacer cálculos. A las 23:30, la estación de bombeo volaba por los aires por una onda de sobrepresión provocada por el cuidado sabotaje de las válvulas línea abajo. Lo comunicaron, vía eru pelegrí, al puesto de mando en la Perla y volvieron al barco.

Se perdieron, claro. No dieron con la loma hasta las primeras luces del alba y para encontrarse con el barco abandonado. El reconocimiento subsiguiente dio con un nido de balzaks bajo el permafrost, que habían capturado a la tripulación para usarla como alimento o sacrificios. Los balzaks no esperaban ni las letales técnicas ki de Su Wei ni las armas de fuego de Dragunov ni los impenetrables escudos de Powell y, tras perder a varios guerreros y sacerdotes, se atrincheraron en lo más profundo de las galerías, esperando a que los invasores se fueran, cosa que hicieron en cuanto encontraron a los tripulantes del Albatros.

Entre unas cosas y otras, hasta media mañana no levantaron el vuelo, siempre con el temor de ser atacados por la Máquina. Pero volvían sin bajas y con unos cuantos juguetitos interesantes.

 

Los SG-2 (Conway, Callahan y Renaldo) y SG-3 (White, Kuro y Zoichiro) habían tomado posiciones en las salidas sureste y noreste de la estrella de la base de la Máquina, respectivamente. Habían llegado pronto gracias a las doncellas del bosque que les guiaban y tuvieron tiempo de hacer un reconocimiento y planear su jugada antes de que el SG-6 volara las tuberías.

El SG-2 atacaba la fábrica de drones. Edana Conway se deslizó por la entrada. Dejó a sus pies una de las balas del Dragunov con mina de fuego de Zoichiro. La segunda la disparó contra la línea de montaje, trescientos o cuatrocientos metros más adentro, apenas visible en la tenue iluminación. Luego, salió corriendo mientras a su espalda un zumbido creciente indicaba que los drones se habían despertados. En cuanto salió a la superficie, gritó mentalmente a Paolo que volara el túnel. Paolo hizo un gesto a Sassa Ivarsson, quien pasó la orden a Zoichiro a través del eru pelegrí y estalló el infierno.

El doctor Callahan bloqueó las salidas del túnel que habían localizado con sus conjuros, por lo que la fuerza de la explosión de las minas de fuego, y las explosiones secundarias que se produjeron, no tuvo escape. El túnel no lo aguantó y se vino abajo. Más de dos kilómetros y medio. Una cicatriz horrible, con corrimientos de tierra e incendios asociados. El bosque sufrió más daño en ese momento que todo el que le había causado la Máquina en los meses anteriores y si la doncella del bosque no les atacó en represalia, dando paso a un triangular nada amistoso, fue por la proverbial labia del erudito.

 

Al norte, al SG-3 no le fue tan bien con el ataque a la base del portador. El reconocimiento les llevó más tiempo, por lo que hicieron detonar sus minas después del SG-2 y con un éxito más limitado: el túnel resistió y el aero-transporte de la Máquina no fue destruido, por lo que Zoichiro, con su gran sentido del deber, lo intentó de nuevo. Esto permitió que llegaran refuerzos: drones, tecnócritas con sus pequeñas naves y algo más peligroso: un pretoriano. El recién llegado tumbó a Zoichiro con un solo ataque y se lo llevó consigo, dejando que sus subalternos terminasen el trabajo.

Kuro y White lograron derrotar a sus oponentes y retroceder al bosque. Allí y con sus radios dieron aviso de lo sucedido al capitán Paolo a través de Edana Conway.

Los tres oficiales coincidieron en que dejar al duk’zarist en manos del enemigo era lo peor que les podía pasar, así que se comisionó al SG-3, reforzado por el doctor Callahan para rescatar o eliminar a Zoichiro. Con ayuda de los poderes telepáticos de Sassa Ivarsson, localizaron al duk’zarist en el extremo norte de la estrella y allí se dirigieron, guiados, como siempre, por las doncellas del bosque.

Entre tanto, el duk’zarist había recobrado el sentido y, durante el interrogatorio a manos del pretoriano, logró engañarlo y alejarlo de la base (además de mantener informado a su gente a través de eru pelegrí que compartía con Ivarsson). Así, cuando llegó el SG-3, sólo había un tecnócrita, cargando a Zoichiro en una aeronave, y varias docenas de drones.

Callahan falló en su intento de eliminar al duk’zarist: primero, voló la aeronave del tecnócrita, pero la camilla de acero tecnomágica a la que estaba atado Zoichiro salió renqueando entre las llamas. Luego, con la camilla tumbada de lado y con Kuro sobre ella manteniendo a raya a los drones, fue abriendo las ataduras, pero dejó la argolla del cuello para el final, confiando en que el peso del cuerpo le rompería el cuello. Intento vano, los músculos de los duk’zarist son de acero. Al final, y ante la vuelta del pretoriano, aceptó el rescatar a Zoichiro con vida.

Lograron escapar por los pelos: la magia de Callahan frenó al pretoriano lo suficiente y pudieron alcanzar el bosque. Allí, en la oscuridad, y gracias a la magia de Callahan y Zoichiro y las habilidades de Kuro y White, lograron despistar a sus perseguidores. Se reunieron con su guía y, siguiendo las sendas que sólo las doncellas del bosque eran capaces de ver, se retiraron hasta un claro al sur del bosque para ser recogidos por la Perla.

 

La noche no terminó ahí. Se extendió a lo largo de cuatro interminables sesiones (al menos dos de las nuestras, dobles) y me van a perdonar ustedes que no me explaye: casi no tengo notas y ya han pasado varios meses. Tras el rescate, decidieron acabar con el pretoriano, lanzando un segundo ataque contra el túnel noreste (el portador dañado) como cebo. Y lo consiguieron, bordeando, como suele ser habitual, el desastre. Liquidado el principal problema (los tecnócritas con sus escudos telequinéticos estaban indefensos ante los ataques de energía de los hechiceros de la expedición), fueron a por el astillero de portadores, túnel suroeste. Mandaron al equipo de Edana Conway con idénticos resultados: túnel hundido, corrimientos de tierras, bosque arrasado y contaminado. A base de explosiones y derrumbes empezaban a ver que la base de la Máquina era una estrella de cinco puntas con túneles de unos 7 kilómetros de longitud unidos por un anillo interior de 10 kilómetros de diámetro que rodeaba los dominios del Espíritu del Bosque, cubriendo así un área de 25 kilómetros de diámetro. Al alba, habían hundido un total de 16 kilómetros de galerías, algunas tan amplias, en sección, como para acomodar un astillero para fragatas voladoras. Creo que huelga decir que, aunque Callahan logró evitar la guerra con el bosque, no acabaron en buenos términos y el Espíritu se lo pensará muy mucho antes de recurrir a humanos para que le solucionen los problemas. En la última explosión, además, se vio envuelta la Perla, la nave de Svala Ojos de Hielo. Consiguieron salvarla con una alocada y desesperada maniobra, pero el motor de claudia quedó gravemente dañado.

Acabada con la oposición, aprovecharon la mañana para explorar el ramal que les quedaba, el noroeste. Éste albergaba una fábrica de maquinaria y grandes hélices que desveló los planes de la Máquina de levantar una nueva isla volante, activando el núcleo de claudia existente bajo el bosque y dotándola de capacidad de movimiento. El interrogatorio que sufrió Zoichiro apuntaba a que querían buscar a los elfos oscuros más allá del infranqueable Océano del Sur.

Tras todo esto, los expedicionarios volvieron al campamento de los elfos a negociar la recompensa (estómagos de búfalo gigante para reparar las bolsas de gas del dirigible). Volvieron todos, un logro impresionante. Llevaban heridos, el más grave Zoichiro, cuya derrota de un único golpe marcará un antes y un después en el desarrollo de tan difícil personaje, y una sorpresa: el embarazo de Su Wei, descubierto por Sassa Ivarsson y que trae de cabeza a los oficiales porque es el tercero en 6 meses, primero de una mujer de la expedición. Hasta tal punto desconcierta el tema que los oficiales decidieron mantenerlo en secreto hasta para la futura madre, que sigue sin enterarse de nada y se queja por haber sido apartada del servicio activo y porque, por prescripción médica (posibles efectos indeseables en el feto), no se le aplica curación mágica (sufrió heridas durante la exploración del último túnel).

 

Así terminó esta aventura y el Albatros dorado, cargado con las mercancías de los elfos, el dvergar Herschel y parte de los expedicionarios, puso proa a Ynys Mawr en busca de un merecido descanso. No así la Perla, que con tan graves daños en su levitador no podía alcanzar los 3000 metros de altitud a los que estaba el puerto de Nidik. Tras discutirlo, se dirigieron a la pequeña isla-astillero de Land o’ carl Risian, donde la habían construido y que no estaba lejos.

Los viajes del Ícaro, 3×05-08. Protagonistas: Capitán Paolo (paladín, nivel 8), sargento Dragunov (maestro de armas con sangre antigua, nivel 6), doctor Callahan (hechicero, nivel 6) [Charlie]; capitana Edana Conway (tuan dalyr, guerrero mentalista, nivel 5+2), Kuro (nephilim d’anjayni, asesino, nivel 6), Sassa Ivarsson (mentalista/hechicero-mentalista, nivel 7) [Menxar]; teniente Walter White (ladrón con esencia venenosa, nivel 7); Renaldo José Fernando Olivares (tao, nivel 8) y sargento Max Powell (hechicero con sangre antigua, nivel 5) [Sir_Petrus]. Con Frederick el fusilero, Herschel hijo de Glóin, las doncellas del bosque, Svala Ojos de Hielo, Ingolf y las tripulaciones de la Perla y del Albatros dorado.

Índice de la campaña.

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