El Telar: el templo y la biblioteca

El edificio que se levantaba tras el convento, pegado a él y comunicado por dos pequeñas puertas que daban al claustro, aparentaba ser un lugar de culto. Un cruce entre templo romano e iglesia cristiana, de planta rectangular y con varias capillas y salas laterales. La sensación de terreno sagrado del lugar era casi palpable y los efectos-dragón salvajes lo evitaban.

Los Guardianes del Grial no estaban de visita turística, así que no se fijaron en los bancos del Coro de los Hermanos ni en los del Coro de los Padres, ni en el pequeño almacén semioculto que había junto a la entrada y tampoco le prestaron mucha atención al enorme telar que presidía el templo. Sí se fijaron en las cuatro estatuas que, a modo de columnas, flanqueaban la puerta principal: un bello ser andrógino de cara angelical armado con una espada; una hermosa joven de largos cabellos que embraza un escudo; un hercúleo hombre barbado de cara maligna que empuña una lanza; y un viejo de larga barba con una gran llave en la mano. Los tres primeros tenían cada uno una capilla dedicada en el interior, mientras que el viejo quedaba a la izquierda del telar, delante de una gran losa negra.


El Templo del Telar. Al fondo, el altar mayor con el Telar del Destino y el Viejo a su izquierda. Las capillas laterales, de arriba abajo, corresponden al hombre barbado, a la mujer del escudo y al ser andrógino

El último edificio era el más extraño de todos. En el encontraron cocinas, despensas, una planta dividida entre el scriptorium y la sala donde tejían. Sin embargo, todo intento de alcanzar la tercera planta falló: la entrada estaba sellada y protegida mágicamente.

Consiguieron entrar por un túnel secreto que unía el edificio con el templo. La tercera planta, como pensaban, era la biblioteca: un laberinto de salas llenas de polvorientas y semicarbonizadas estanterías. Los restos de libros quemados se amontonaban en el suelo. Las paredes estaban igualmente ennegrecidas, pero parecía que algún tipo de conjuro protector impidió que el edificio ardiera por los cuatro costados. Había estanterías para libros modelo rollo o modelo libro, y algunas conservaban sus etiquetas. Así, con lágrimas en los ojos, encontraron dónde estuvo el Philosophia magica de Li Tin en 14 volúmenes; la Gran Encyclopedia de magia en 37 tomos; la Guía do campo de serpes et dragons; el Catálogo de criaturas de Briah, 3 tomos; el Atlas de Pharphar, con ilustraciones; La historia del Buen Rey Sandoval y la Reina de las Hadas y otros, algunos desconocidos, algunos míticos.


La tercera planta, la de la biblioteca. Un bonito laberinto de la mano de Umberto Eco

Registraron minuciosamente la biblioteca. Parecía que los Tejedores la habían destruido para evitar que cayera en malas manos y lo habían hecho a conciencia. Apenas lograron reunir unos fragmentos de hojas quemadas y casi ilegibles, pero, entre ellas, dos manuscritos salvados milagrosamente que les darían las respuestas que estaban buscando.

Bueno, a decir verdad, algunas respuestas. Y muchas más preguntas. Y por un alto precio: dos nephilim pagaron con sus vidas.

Huelga decir que el edificio y la biblioteca salieron directamente de El nombre de la rosa. Hablando de huelgas, si no recuerdo mal la planta del templo está basada en la iglesia de la Cartuja de Miraflores en Burgos.

Esta fue, creo, la última aventura con más de tres nephilim jugadores en la Edad Media. Desde aquí (a lo sumo desde la siguiente) Menxar, Pírixis y Yaltaka se comerían todos los marrones. Sobre todo, las dos primeras.

Los nombres de los dos nephilim reclutados y desechados en apenas tres partidas han aparecido al hacer arqueología criptográfica documental. Se llamaban Uriel y Raziel. El nombre del fénix sigue siendo un misterio. Pero nadie le llorará.

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2 comentarios para “El Telar: el templo y la biblioteca

  1. La historia del Buen Rey Sandoval y la Reina de las Hadas….

    Hace mucho tiempo que me prometiste que la escribirías, sigo esperando que lo hagas, lo que seguro que no esperabas entonces es como iba a terminar, jajaja.

    PD: menudo bolsazo que te llevaste…

  2. Ains, qué pena no haber tenido una mochila suficientemente grande como para meter tanto tesoro escrito.

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