El león de espinas

La primavera llegó al condado de Tres Valles con una agria mezcla de alegría y tristeza. La muerte de Josef Sergiev, de sir Andrei y de los hombres que los acompañaban era una pesada losa. Pero la vida sigue y el nuevo ingeniero de minas, Morslav, tuvo que preparar la mina para su explotación primaveral. Edan Garrison organizó batidas para descartar que nuevas lagor pudieran amenazar a los mineros y sir Franz Mauser repartió su tiempo entre sus labores de castellano y expediciones a la zona de catas para comprobar que nada salía de la ciudad subterránea y para evitar que se acercaran por allí curiosos. La existencia de la ciudad se mantuvo en secreto, sólo al tanto de los expedicionarios que la descubrieron, del conde Piotr y de su campeón y primo, sir Alexandr. Precisamente éste había partido a Eron, la capital de Dalaborn. Los templarios de Tol Rauko tenían allí una gran sede donde servía el tío de Piotr y Alexandr, a quien los dos primos habían decidido pedir consejo y ayuda.

Pero la comidilla en Czyna era el nombramiento de caballero del hijo de sir Andrei, también llamado Andrei. Nombramiento necesario para que se hiciera cargo de las tierras del padre y que prometía torneo, fiesta y mucha comida. Coincidió con los preparativos la llegada de Alexei, una leyenda entre los cazadores de la zona, un enorme armario empotrado de larga cabellera blanca y voz recia. Alexei acudía como emisario de su señor, lord Leonid, vecino al norte de Tres Valles, para pedir al conde Piotr que les dejara el zahorí de minerales por unos días. El conde autorizó la expedición y el propio Morslav estuvo de acuerdo. Además, aprovecharían para invitar a lord Leonid al nombramiento del joven Andrei. Anna iría con el grupo para servir de doncella de la joven hija de Leonid en el viaje.

Edan Garrison, entre tanto, había encontrado muertos a varios carboneros en la ladera norte del valle del Czesk, cerca del camino que deberían seguir sus compañeros. Algo que parecía relacionado con su misterioso pasado. Se lo comunicó a Mauser y el conde Piotr, que decidieron reforzar la comitiva de escolta de Morslav y Anna. Así, Franz Mauser fue personalmente y se llevó a los mismos que le acompañaron a la ciudad subterránea.

El viaje de ida no tuvo mayores incidentes. Siguieron la carretera del valle hasta la aldea de Brusno, donde cogieron el camino del norte. Hicieron noche en la granja de Misha, para acometer el difícil ascenso al Puerto del Pico. Dejaron a su derecha el naciente cañón del Gortva y atravesaron los espesos bosques del valle norte. Aquí se encontraron con el viejo Oleg, un trampero calvo y arrugado como una pasa que les acogió en una cabaña que olía a pieles mal curtidas y licor casero. El viejo Oleg era una leyenda de los bosques de la Cordillera de los Vientos e incluso Alexei, que no era para nada un chaval, había oído hablar de él a su padre, cuando chico.

El tercer día de viaje transcurrió en gran parte entre el bosque impenetrable y la pared el cañón del Gortva. Cuando el Gortva giró al este pudieron respirar tranquilos y acelerar la marcha y al caer la tarde entraban en las tierras de lord Leonid, un pequeño valle abierto a los vientos, de vegetación escasa. Tenadas y alguna granja esporádica salpimentaban el valle, con rebaños de cabras destacando contra el verde apagado de la hierba aquí y allá. La única población del valle era una aldea que se les antojó a los visitantes triste y paupérrima: dos docenas de cabañas de piedra, paja y turba, protegidas por una débil empalizada. El salón de lord Leonid, en el centro de la aldea, era una construcción rectangular de una sola nave, con un hogar alargado y como chimenea, un simple agujero en el techo. Unas mantas y un biombo, botín de pasadas campañas, daban un poco de intimidad por la noche, en una casa que compartían Leonid, su bella hija, sus familiares y hombres de armas, los perros, algún lechón que se colaba por los bajos de la puerta y, ahora, sir Franz Mauser, Edan Garrison, un Morslav Sergiev que echaba de menos su mansión de tres plantas, Iván Kursinskonv, Cedric Wynne y Anna.

El grupo estuvo en tierras de Leonid una semana. Morslav hizo su trabajo: encontró un nuevo filón en la agotada mina de Leonid, lo que le valió un grueso torc de oro como pago. Sus compañeros se dedicaron a hacer vida social: Anna ganó el tradicional torneo de lanzamiento de hachas arrojadizas una vez bebidos, Iván tumbó en un mano a mano a base de vodka al robusto Alexei y el exótico daevar, sir Franz Mauser, recibía atención personalizada de Lilya, la joven hija de Leonid, la de las largas piernas y hermosa cabellera color miel.

Una vez que Morslav hubo terminado su trabajo, Leonid agasajado a sus invitados y preparado el viaje, volvieron a Czyna. Como toda escolta para él y para su hija Leonid llevó a Alexei, demostrando así su confianza en los hombres del conde Piotr. Confianza que estuvo a punto de costarle caro, en el difícil tramo que bordeaba el cañón del Gortva: una extraña criatura de madera de espino y tamaño y forma de un gran felino surgió del bosque, tropezó y aterrizó torpemente en mitad del grupo, a punto de irse ladera abajo. Pero provocó el caos en el grupo: Anna cayó del caballo y el de Lilya se desbocó. También las mulas entraron en pánico, volcando el carro que transportaba los delicados instrumentos de Morslav. Mauser intentó salvar a la muchacha con tan mala fortuna que ambos cayeron por la ladera, estampándose contra un árbol que dejó a la muchacha con un brazo roto e inconsciente.

Arriba, Alexei cubría a su señor y Anna se deslizaba ladera abajo para socorrer a sus compañeros, mientras Iván, Cedric y Garrison rodeaban al monstruo. Ese fue el momento elegido por Morslav para provocar un derrumbamiento que hizo caer al león de espinas directo hacia Mauser y Lilya, aunque un shuriken afortunado de Anna y el poco equilibrio del bicho salvaron la situación.

El combate duró un abrir y cerrar de ojos, dejaba un solo herido, la hija de Leonid, y al grupo separado en dos, arriba y abajo del cañón. Era imposible trepar por la ladera con la herida, así que decidieron encontrarse en el nacimiento del cañón. Sin embargo, la noche se les echó encima. Mauser, Lilya y Anna encontraron refugio en una pequeña cueva junto al río. Anna los dejó un momento para limpiarse en sus aguas y cuando volvió unos jadeaos casi imperceptibles la hicieron darse la vuelta y alejarse a montar guardia, procurando no molestar. Eso es tacto, dicen. Tacto es lo que no tuvo Edan Garrison, que, tras dejar al resto del grupo descansando en la zona alta del cañón, lo había seguido por un mal presentimiento. Y entró en la cueva al grito de:

—¿Pero qué hacéis, desgraciados?

En fin, tampoco hay mucho más que contar. O quizás sí, como el encuentro entre Leonid y Piotr, viejos camaradas de armas de armas que sirvieron a las órdenes de Elías Barbados durante el derrocamiento de Lascar Giovanni y de donde Leonid se había traído un buen botín y su cojera; o las conversaciones sobre la necesidad de alianza frente a los inciertos nuevos tiempos que pilló Anna durante la cena; o la cacería del día siguiente, que estuvo a punto de acabar en tragedia cuando apareció el león de espinas y atacó al conde Piotr, momento que fue salvado por Iván Kursinskov, el héroe del día; o el torneo, que a falta de un número decente de caballeros tuvo en el enfrentamiento a pie su momento cumbre, ganado por Cedric Wynne; o el torneo de tiro con arco, que fue cosa de Anna, tras caer Garrison y Alexei a las primeras de cambio.

Pero la sorpresa de la jornada, sin duda, fue el anuncio de futuro matrimonio entre Lilya y el conde Piotr, noticia que llenó de zozobra al castellano, sir Franz Mauser, y, aparentemente, tampoco gustó a Alexandr, el hijo del conde. Lo que tampoco era de extrañar, porque el chaval iba para las quince primaveras y la joven le sacaba dos años escasos. Aunque, ante la mueca que se le escapó al enterarse de la noticia, el grupo no pudo evitar el preguntarse si había algo más…

3 comentarios para “El león de espinas

  1. El león de espinas estaba pasando una mala época, atacaba a todos excepto a su objetivo, y eso que una vez lo tuvo a menos de diez metros; ¿estaría constipado y no olía nada?.

    Y en cuanto a la boda, preveo que va a ser movidita. Esperemos que al menos no tengamos en unos meses un bebé color café con leche, que entonces no nos salva ni el máster (o por lo menos a sir Mauser).

  2. Menuda pájara, la tal Lilya…Mauser se las prometía muy felices, pero al final, y si se me permite el burdo juego de palabras, a quien se la han metido es a él…ya dicen que mezclar trabajo y placer no es buena cosa…pues en un régimen feudal , peor.Espero que te equivoques, Pírixis, y Franz…ehm…dispare balas de fogueo…aún así ya la tenemos liada…

  3. Y lo bien que lo pasaremos! Me tendré que poner vestido para la ocasión (espero al menos no tener que montar a caballo con él puesto en esta ocasión).

Deja un comentario