Origen

Es lunes y toca hablar de anime, pero llevo unas semanas sin terminar ninguna serie, así que no tengo nada de lo que hablar. Bueno, sí. Ayer fui al cine a ver Origen (Inception), el thriller cyberpunk de Christopher Nolan. Y como el cyberpunk es una debilidad, así como las aventuras y desventuras del grupo de mercenarios reunidos por la razón que sea, le voy a dedicar una pequeña entrada a la película.

A estas alturas del año, todos sabemos de qué va la película aunque no la hayamos visto. Un equipo experto en entrar en los sueños de los demás y robar información. Peculiar la idea de usar los sueños, pero en el fondo una trama bastante conocida: montar el tinglado para llegar hasta el objetivo y engañarle para conseguir lo que se busca. A ese respecto, Los fisgones o El golpe son los hermanos mayores de Origen. La película de Nolan aporta un ambiente novedoso con algunas situaciones muy peculiares debido a la irrealidad de los sueños y a jugar con los sueños dentro de los sueños.


El aficionado sabihondo y prepotente (primer plano) y el profesional

Pero, como ya he dicho más de una vez, de donde no hay no se puede sacar. El guión se cae por todos lados y, por mucho que Nolan sea un mago planificando escenas, la película no da mucho de sí, quedando como una agradable película veraniega efectista y de poco pensar. Tenemos un caso (el objetivo y la información a introducir) muy cogido por los pelos, un protagonista mal dibujado (interesante los fantasmas de la mujer, estúpido el problema con los hijos y su motivación) y un anticlímax a lo Gonzo (estudios Gonzo, los del anticlímax mortal de Last Exile, Chrno Crusade y otras, marca de la casa) con un diálogo largo y excesivamente explicativo que rompe el ritmo y hace aflorar algún bostezo (problema habitual del cine moderno: la necesidad de explicarlo todo alarga esa escena lo indecible; la falta de garra de Nolan en las escenas de relaciones de pareja hace el resto). Se suma una serie de sueños muy irregulares: una ciudad lluviosa con unas escenas de acción torpes y faltas de ritmo, la inolvidable pelea del pasillo del hotel y el escenario del Call of Duty final, en la nieve, que contrastan con los iniciales, mucho más imaginativos y ricos.

Por otra parte, el grupo protagonista es tan torpe (la idea del grupo, digo) como el protagonista. Donde uno espera encontrar al mejor grupo de profesionales del ramo de los asaltasueños, se encuentra con un grupo principalmente amateur (¡ah!, ¿dónde está Ronin?) y una fase de reclutamiento muy floja (o será que yo estoy exigente, después de verme hace unas semanas Los siete magníficos, Los siete samuráis y Los violentos de Kelly). Los actores hacen lo que pueden para levantar sus personajes, entre los que destaca el único profesional con estilo, Arthur, interpretado por Joseph Gordon-Levitt (tremendo, dibujando al personaje más sólido de la película sin casi apoyo del guión: su sobria presencia, sus movimientos fluidos, su mirada desaprobadora). Marion Cotillard, con el otro gran personaje de la película, es masacrada, al igual que Ken Watanabe, por un atroz doblaje en la versión en español. Sarah Dahan (y van tres; que la vuelva a doblar Alicia Laorden, por caridad) y Toru Tanabe echan por tierra el, por lo demás, buen trabajo de sus compañeros.

Remata la faena una banda sonora simplona que no realza en absoluto las escenas. Hans Zimmer, el mago de Millenium, El poder de uno (la que nos dio Ramón Trecet con esta), Los teleñecos en la isla del tesoro y Gladiator, lleva mucho tiempo sin hablarse con las musas de la inspiración.

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