En el festival folk de Plasencia

La semana pasada se celebró la XV edición del festival folk de Plasencia y allá que nos fuimos Menxar y yo. Nos era imposible asistir a todo, así que nos quedamos con los conciertos del viernes y del sábado, que eran por cartel los que más nos llamaban. Los conciertos se celebraron en Torre Lucía, un recinto cerrado a los pies de dicha torre, que quedaba flanqueado por dos lados por las murallas de Plasencia.

Empezamos el viernes con Oreka TX y su espectáculo Nömadak Tx, un viaje musical por extraños lugares (Mongolia, la India, el norte de Escandinavia, el Sáhara…) que combinaba la proyección de una película que recogía esos viajes en combinación con la música en directo, con la txalaparta como hilo conductor. Txalaparta (madera y piedra, más una de hielo en el vídeo), batería, percusión adicional (como un bidón), guitarra e instrumentos de viento (un tipo que parecía serio, pero resultó ser un guasón de cuidado) y voz, con más voces e instrumentos en el vídeo, originarios de los sitios que visitaron. Un espectáculo original y muy bonito que supo a poco.

Continuó la noche a cargo de The Urban Folk Quartet, trío de ingleses guasones que con una gallega igual de loca dieron el concierto más divertido de los dos días. Percusión, guitarra, mandolina, laúd, dos fiddles, mucho ritmo y calidad. Y Gamberro. ¡Qué risas! Y la boca abierta con el violín de Joe Broughton y el cajón de Tom Chapman.

Y para terminar, Lúnasa. Vale, no están McSherry ni McGoldrick ni Hennessy, pero Kevin Crawford es un flautista del copón, Hutchinson al bajo es Dios, y el resto de los músicos están a la misma altura. Sólo dos peros al concierto: el primero, que a estas alturas de la noche tenía los pies destrozados, y el dolor hacía menos disfrutable la música. El otro es que subieron el volumen y se perdió nitidez.

El sábado la noche empezó con Coetus, orquesta de percusión (quince en el escenario, si no me equivoco) que nos ofreció un viaje musical por España tanto con canciones tradicionales como propias (tremenda La batalla del bruc, muy hermosa La solterita), sólo voz (Eliseo Parra y Judit Neddermann como solistas) y percusión. Bueno, y una guitarra eléctrica en una de las canciones. Fue un concierto que supo a poco (sí, me repito, pero es la verdad) y muy aplaudido por todos.

Tras un descanso en el que sonó un grupo sin personalidad que nos hizo emigrar en busca de un sitio tranquilo donde tomarnos algo (mira que son pequeñas las cañas en la ciudad de los higadillos, más parecen chatos que cañas) y cenar, volvimos para el plato fuerte, Wolfstone. Vale, no es el Wolfstone que vi en Salamanca en el ’98, pero siguen teniendo esa potencia. Stuart Eaglesham, voz (aunque con la garganta algo tocada, parecía) y guitarra acústica, Duncan Chisholm al violín y Steve Saint, flautas y gaita, acompañados de los jóvenes: el guitarrista Davie Dunsmuir (tremendo), el batería Alyn Cosker (para recordar el momento en el que le dejaron emocionarse) y el bajista Colin Cunningham, que repartió su tiempo entre el bajo y una cámara de vídeo con la que grabó a sus compañeros.

El momento del fin de semana, sin duda, fue cuando tocaron Ballavanich. No sé qué tiene esa canción, pero es la que viene a la cabeza al pensar en Wolfstone. Gritamos, aplaudimos, aparecieron móviles para grabar el momento y Ballavanich sonó. En años venideros, los asistentes enseñarán el video borroso y el sonido horrible pillado por el pobre móvil a amigos, sobrinos, hijos y nietos, con cara soñadora y una lagrimita cayendo, y esos les mirarán con cara de no entender nada.

La parte mala la puso cierto público asistente al que los conciertos ni le iban ni les venían. Un grupo, especialmente ruidoso, conseguía hacernos partícipes de su conversación ¡por encima de la gaita escocesa de Saint!

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Un comentario para “En el festival folk de Plasencia

  1. Joder, si lo llego a saber, cambio la fecha de la visita a Extremadura.

    Ea, esperaré para daros envidia al próximo concierto de Alasdair Fraser en mi pueblo 🙂

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