Basilisk Kouga Ninpou Chou

Gonzo ha sido el estudio que ha marcado la primera mitad de la década, con series de gran calidad técnica pero por norma afectadas de algún error que impedía clasificarlas como realmente grandes (anticlímax horrorosos, episodio dibujado por el becario y cosas así). 2005 fue el gran año de Gonzo y el principio del fin. En la primavera presentaron tres series enormes y dignas de ser recordadas en los años siguientes. Si ya es difícil colocar una serie entre las mejores del año, y conseguir que cinco años después se siga recordando con agrado, tener tres, todas juntitas, todas a la vez, es un logro que pocos han logrado alcanzar. Este trío inolvidable lo formaron Trinity Blood, adaptación de las novelas del mismo nombre, Speed Grapher, una de las series más curiosas e interesantes de toda la década, y la que hoy trato aquí, Basilisk Kouga Ninpou Chou.

Basilisk es la adaptación del manga del mismo nombre de Futaroh Yamada y Masaki Segawa y es una variante de Romeo y Julieta con ninjas. Situada tras la era de guerras de donde surgió el shogunato de Tokugawa, en el siglo XVII, narra la historia de dos aldeas ninjas (Kouga e Iga) enfrentadas desde hace siglos. Atadas por una tregua, en ambas aldeas conviven aquellos deseosos de seguir lavando afrentas en sangre (creando otras nuevas) y los que buscan la reconciliación definitiva, de la mano de la boda de los primogénitos de las familias dirigentes de ambas aldeas, Gennosuke Kouga (Kousuke Toriumi, visto por aquí como el pistolero rubio de Bakumatsu) y Oboro Iga (la popular Nana Mizuki). La tregua se rompe cuando Ieyasu Tokugawa, el primer shogun, elige decidir su sucesor con un enfrentamiento de diez guerreros de cada aldea.

Al ser un enfrentamiento entre ninjas, la honorabilidad se asume como inexistente. A lo largo de 24 episodios vemos un combate a muerte cruel, sin piedad para los protagonistas, algunos de los cuales desaparecen demasiado pronto y a otros les cogemos demasiado cariño. No hay un enfrentamiento de buenos y malos, aunque al principio podamos tomar partido por una de las aldeas y al final lo que nos quedan son los personajes, muy curiosos incluso los que antes se mueren.

La serie es técnicamente impecable: el dibujo, muy curioso y alejado de lo habitual, oscuro y tenebroso. La animación, más que correcta. La narración bien medida, aunque al principio los saltos de lugar y tiempo se pueden hacer confusos, juega muy bien con la violencia inicial para enganchar al espectador e ir metiendo la parte más emocional (como los recuerdos de los buenos días en cada aldea) conforme avanza la serie. La música, también oscura, acompaña bien a la serie, y por sí sola tiene algunas piezas destacables, con un opening muy pegadizo. Los seiyuus, algunos muy conocidos, otros no tanto, también están a un gran nivel.

La versión que tengo tiene una calidad muy baja para hacer capturas, así que me vais a perdonar que no ponga ninguna imagen.

Por otra parte, creo recordar que la serie fue licenciada en España en su día. No sé si fue echada por el canal Buzz ni cuál es su estado actual.

Esta entrada ha sido publicada en Anime.

Deja un comentario