Tokyo magnitude 8.0

El estudio Bones (Wolf’s Rain, Nijuu Mensou, Eureka 7) nos trajo este verano una curiosa propuesta: un terremoto de gran magnitud (el 8.0 en la escala Richter que indica el título) sacude la ciudad de Tokyo. Desde el punto de vista de dos niños, Mirai (Satome Hanamura) y su hermano pequeño Yuuki (Yumiko Kobayashi), que han quedado aislados por el terremoto cuando visitaban solos una exposición en la otra punta de la ciudad, la serie nos intenta mostrar, de la manera más verosímil posible, los efectos que una catástrofe como esa podría provocar. A lo largo del viaje de vuelta a casa de los dos chavales, acompañados por Mari Kusakabe (Yuko Kaida, Shimei —la del parche— en Ikkitousen), una mensajera a la que el trabajo la pilló en la misma exposición y los ha tomado bajo su protección, veremos los edificios destruidos, los puentes que se caen, las labores de rescate, los muertos y heridos, todo ello con un diseño de fondos y vehículos espectacular y un dibujo de personajes algo extraño pero resultón.


El trío protagonista

Sin embargo, la serie no aguanta. Tras el buen inicio pierde fuelle rápidamente. Al principio intenta suplir las faltas del guión con la destrucción espectacular de un puente y de la Torre de Tokyo (escena ésta que no viene a cuento y metida con calzador para dar un poco de susto barato) y luego se inclina por el drama fácil y artificial a lo estrenos TV, más propio de una miniserie televisiva americana o alemana de esas tan sumamente malas y con las que nos bombardean las distintas televisiones. Al final, una obra fallida por demasiado pretenciosa. Si alguien quiere ver algo de catástrofes, que vuelva a El coloso en llamas, que lo disfrutará más.

PD: qué pedazo de autonomía tiene el móvil de Mari. Todos los episodios sale a plena batería pese al uso que le dan.

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