Desde el castillo de Montségur se tiene una vista magnífica, que quita el aliento. Las noches, si el cielo está despejado y hay suficiente claridad, son muy hermosas, con las estrellas casi al alcance de la mano. Sin embargo, si tienes que descender por una pared casi vertical a la oscuridad, vértelas con la fuerte corriente del Lasset y cruzar las líneas francesas, de repente te entran ganas de algo más llanito, pendientes suaves y, sobre todo, una chimenea, un camastro cómodo, una manta calentita y una copa de vino y que busquen a otro para esta aventura.
Más o menos algo así se les pasaría por la cabeza a Menxar y al fénix de la Torre. Habían pasado dos días desde la reunión secreta. Esa misma mañana les habían dado las gracias por presentarse voluntarios y les habían mandado a despedirse de sus amigos y compañeros y preparar su equipo. Por la tarde, les habían explicado para qué se habían presentado voluntarios y lo que se esperaba de ellos. Hacía apenas una hora que habían ido a recogerlos, habían cogido sus equipos (su ropa, una mochila con una muda, algunas provisiones y avíos personales, armas y sus estasis) y se habían dejado guiar, cruzando el pueblo, atravesando la barbacana y las defensas exteriores y luego avanzando y tropezando por la cresta del pog hasta llegar al punto de descenso.
Recordemos que la Torre quiere que los humanos olviden a los nephilim. Para eso busca todos los objetos místicos y mágicos, todo el conocimiento oculto que puedan estar en manos de los humanos y por eso lucha contra las sociedades secretas. Es una lucha sin tregua y sin visos de terminar y son muchos los que dudan de que pueda acabar en victoria.