La taberna

La noche transcurrió amenizada por los gritos de trasgoides y el entrechocar de los aceros. Resultaba difícil conciliar el sueño, pero Umrae necesitaba replantear sus conjuros para el acontecimiento del día que se avecinaba. Puesto que Elthelvar no había gastado apenas conjuros, podía permitirse el lujo de no descansar tanto. Además los elfos no necesitan dormir tantas horas para estar físicamente frescos. Por lo tanto haría guardias con Höel y Ryld. Ryld observaba por la ventana de la posada cómo las patrullas drow se adentraban en las calles hediondas, acercándose a la zona de la posada, y la alcanzarían por la mañana. Sin duda no quedaría la ciudad en calma hasta que se averiguase qué narices había causado el despegue pirotécnico del techo de la casa mercantil La Garra Negra. Frunciendo el ceño despertó a Höel pues era su turno de guardia.

A la mañana siguiente les sobresaltó el ruido de alguien aporreando la puerta de su habitación.

—Servicio de habitaciones. El desayuno.

Era evidente que no era cierto, por lo que se apresuraron a parapetarse. Umrae caminando por el techo como era habitual en ella, Elthelvar bajo una de las literas, Höel… bueno, Höel se quedó de pie sirviendo de parapeto a los demás. Ryld entreabrió la puerta para ver a un pseudo adolescente drow con el emblema de Nurbonis bordado en su camisa. Traía una oferta que no podían rechazar. Una oferta de pasarse al bando ganador y traicionar a la Casa Millithor desde dentro. Era lo usual entre los drows, pero no contó con la inusual lealtad de Ryld, ni con la tozudez de Höel, ni con la necesidad de Umrae de seguir fingiendo ser una sacerdotisa de Lolth traidora. Si volvía a una casa a la que rendía pleitesía la sacerdotisa a la que estaba suplantando, se descubriría que ella no era quien decía ser, por lo que su vida valdría lo que una moneda de cobre en el tesoro de un dragón. Elthelvar sólo quería matar drows, así que repasaba mentalmente sus conjuros más mortíferos.

Obviemos describir los ultrajes a los que sometieron al desdichado drow, pero digamos que cada vez que se levantaba, volvía a ser derribado y pateado por Ryld. El desgraciado gemía y gritaba suplicando por su vida, pero la misericordia no era algo que abundase en estos aventureros, y si bien Umrae y Ryld intentaban incapacitarle, Elthelvar logró detener el corazón del drow por puro terror ante un enemigo ilusorio que sólo él podía ver.

Los pasos metálicos subían a toda prisa por las escaleras, y Höel asomó la nariz por la puerta entreabierta. Al ver a los cuatro drows, armados hasta los dientes y en perfecta formación de combate sonrió maliciosamente. Como chacal a la carroña, Umrae despojó a tirones de lo que el contraído por el terror cadáver drow tenía de valor y comenzó a conjurar para hacerse invisible. Ryld elegantemente corrió y saltó por la ventana, seguida no tan elegantemente por Elthelvar; en la caída sólo se magulló un tobillo. Höel arrojó su último preparado alquímico y cerró la puerta tapándose los oídos. Los tabiques no pudieron soportar la explosión resultante y la puerta tampoco, pero las espaldas del enano si que aguantaron. En el ahora agrandado pasillo, los cuatro soldados de la patrulla recomponían filas y se lanzaban al ataque contra el enano. Umrae convocaba una araña del tamaño de un caballo venida de los infiernos que cortó la carga de dos de ellos, separándoles de su grupo. Höel, ahora tan grande como esa araña, estaba flanqueado por las dos literas, por lo que parapetado tras su escudo no dejaba hueco para que le entrasen golpes. Por esto se le apodaba “El Revellín” (aunque el término “Alcázar” tampoco estaría mal encaminado).

Mientras tanto abajo se desarrollaba otro combate. Dos magos de Sorcere de su último año de estudios trabajaban en compañía de una sacerdotisa de Arach-Tinilith, que había convocado la ayuda de una sierva de su oscura diosa, otra araña similar a la que Umrae invocó. Los magos llenaron la zona de telarañas mágicas que aunque no atraparon ni a Ryld ni a Elthelvar, desde luego que les impedía moverse con normalidad. Un conjuro se disipó inofensivamente cuando alcanzó a Ryld. Como la telaraña le impedía acercarse al mago drow, levitó para superar por lo alto las pegajosas hebras y alanceó sin piedad a su enemigo. Aunque la araña logró alcanzarla, su ponzoña no hizo mella. Pero la araña no tenía problemas para moverse a través de la tela, así que el impulsivo Elthelvar conjuró un sortilegio venenoso sobre su espada y acometió a la bestia infernal. La cuchillada no era mortal, pero el veneno sobrepasaba lo que la criatura podía soportar: convulsionándose se desplomó y volvió muerta al abismo del que vino. A Elthelvar le parecía deliciosamente irónico haber envenenado a una araña infernal venida del cubil de Lolth.

En la habitación, Höel tenía problemas. Vio cómo las lanzas de los drows se hundían en la quitina de la araña aliada y zarcillos de energía negra consumían la esencia vital de la criatura. Definitivamente no era el día de la araña demoníaca. Poco a poco, lento pero seguro, Höel acababa con un enemigo tras otro. Su hacha era lo más parecido a una viga afilada que rara vez acertaba, pero esos escurridizos drows desparramaban sus vísceras cuando no podían esquivar la guillotina del enano. La magia de los elfos oscuros podía chamuscar sus barbas, pero no doblegarían su voluntad. Un impacto de lanza en su costado y oleadas de debilidad recorrieron su cuerpo. La vida se le iba. Otro golpe afortunado como ese y sería el final de Höel. Por suerte Umrae estaba allí; invisible, pero estaba al fin y al cabo. Con su magia restauró el vigor y la salud del enano duergar y éste continuó talando sin piedad a un drow tras otro. Al final incluso Umrae se decidió a apuntillar con su arco a los drows, parapetada entre las literas. El camino estaba despejado, así que Höel agarró sendas Lanzas de Muerte. Ya las estudiaría con detenimiento, pero desde luego lo que podían hacer era espectacular. Se hizo invisible y salió corriendo escaleras abajo. Umrae volvió a desaparecer y voló por la ventana para ver el final del combate de sus aliados.

La sacerdotisa de Lolth recurrió a sus dones para campar a sus anchas por la telaraña, así que Elthelvar decidió echar el resto. Apeló a toda su magia y una esfera de ácido impactó en la drow que ya maniobraba para flanquearles. Su carne se desgajó de los huesos y extrusiones de ácido alcanzaron a los otros dos drows, matando a uno y rompiendo la concentración del otro. En ese momento Ryld arrojó un shuriken a su aturdido enemigo y nunca sabremos si el veneno le habría causado efecto, pues seccionó la yugular del mago y éste se desangró gorgojeando en el suelo.

Mientas Ryld rapiñeaba lo que podía, Elthelvar cortaba los dedos de los drows para no perder tiempo en arrancar los anillos que llevaban. Huyeron escondiéndose por todo el Braeryn, seguidos de Umrae. Höel se quedaba atrás como siempre, así que fue necesario hacerle un par de señas. Al final llegaron a la morada de la Casa Millithor, donde la guarnición estaba visiblemente preparada para un inminente ataque. La paranoia estaba tan presente que aun reconociendo a Ryld, dudaban de la veracidad de lo que sus ojos veían, así que fue necesario que algunos de sus hermanos y hermanas acudieran a la puerta para reconocerles. El reto era ahora presentar a la matrona Millithor a un elfo de la superficie como si fuese un drow. Pero por suerte la matrona Ki’Willis Millithor estaba tan impresionada con las proezas del grupo que inconscientemente deseaba creerse que tan capaces aliados combatirían a su lado. Una oportuna ocurrencia de Umrae, y un sutil empujoncito a la poco sociable Ryld, bastaron para convencer a todos de que Elthelvar era un Szarkai. Un raro espécimen de drow albino. Muy útil en los tratos futuros con la superficie, si es que llegaban a sobrevivir al ataque de Nurbonis.

Tras un día de preparaciones y de familiarizarse con las defensas de la morada Millithor, la alarma sonó. Sin duda los recientes disturbios en las calles hediondas habían precipitado los acontecimientos y la Casa Nurbonis lanzaba su ataque. Sólo una de las dos casas vería la llegada de un nuevo día. ¿Cuál de las dos será la afortunada? ¿Millithor o Nurbonis?

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