Visitando a Lothard

La familia Lothard era una familia de comerciantes de Phaion con grandes tierras en las islas del sur. Se dedicaban al tráfico marítimo, tanto legal como ilegal. Por sus posesiones y posición dentro de la Asociación de Mercaderes de Eien estaba algo por debajo de la familia Visnij. El nombre de Lothard era el que aparecía en los documentos de Kuma, el prestamista. Los primeros intentos de Goran de obtener información habían fracasado, así que había decidido intentar algo más directo e ilegal: la ya clásica incursión nocturna™. El problema principal es que el propio Lothard, sus despachos, papeles y, en definitiva, todo, estaba en la fortaleza que la familia tenía en sus posesiones insulares.

Para solventar este pequeño problema, se formó un comando con la doble función de intrusión y apoyo, que se harían pasar por una adinerada familia de vacaciones, alojándose en un lujoso complejo hotelero en la otra isla, a escasas horas de la fortaleza. El grupo de intrusión estaba formado por nuestros conocidos Arik y Akane, pero no pudieron contar con Matt, que había dejado la vida de aventurero a favor de su progresión en la SARC, la sociedad secreta a la que pertenecía. Su baja fue cubierta por Clara, una exuberante y algo alocada chica que venía recomendada por Rika, la pitonisa aficionada, ex-selene y amiga (kouhai, si me permitís usar el término) de la madre de Goran. También se unió al grupo la menuda Soi Fong, la shinobi personal de Goran. Como apoyo iban Lioness Saver y Reqd Iz. Saver, pelirrojo de mediana edad, bajo y fornido, era un veterano de los Irregulares de Caer Dubh que se había convertido, en los últimos meses, en el segundo comandante de los Hombres de Visnij. Iz, el gigantesco hombre oso, era su compañero desde hacía unos tres años y, siempre que podían, trabajaban juntos.

El viaje fue tranquilo: un pequeño crucero en un lujoso barco y un par de días de relax en el hotel. Tras una primera batida de exploración, cruzaron el estrecho que separaba ambas islas con una barca alquilada en el propio hotel, desembarcaron en una cala resguardada y siguieron a pie hasta la fortaleza de los Lothard. La incursión fue rápida y limpia. Arik, Akane, Clara y Soi Fong saltaron las murallas hasta llegar al patio interior. Allí, Clara usó sus conjuros volverse incorpórea e invisible, cruzó el patio y entró en la fortaleza. El plan que habían elaborado era sencillo: revisar las distintas habitaciones en busca de algún miembro del grupo de Angélica y, por último, llegar a los aposentos de Lothard, en el último piso. Tuvo la mala suerte de que en el despacho estaba el propio Lothard hablando con Angélica, quien era capaz de ver hechizos, espíritus y demás cosas sobrenaturales. Por fortuna, la asesina tardó en reaccionar y Clara pudo dejarse caer a través del piso para luego teleportarse fuera de la fortaleza, junto a Iz y Saver. Akane, que compartía los sentidos con Clara, entre tanto, se ponía al frente de sus compañeros para salir lo más rápido posible de la fortaleza.

Una vez reunidos, y temiendo que toda la fortaleza, más de cincuenta soldados, según sus cálculos, se lanzara tras ellos, decidieron batirse en retirada y volver al hotel. Total, ya tenían la confirmación de que Lothard estaba en el ajo. El grupo cruzó deprisa el bosque de bambú que se extendía al sureste de la fortaleza, de forma que llegaron a la lancha con las primeras luces del alba. Rápidamente la botaron y partieron a fuerza de remos y, en cuanto pudieron, izaron la vela. Sin embargo, sus problemas comenzaron aquí, pues habían cometido dos errores.

El primero fue subestimar al grupo de Angélica. Clara aún no había llegado a la planta baja, intentando formular el conjuro de teletransporte, cuando la asesina, repuesta de la sorpresa, había salido del saloncito y estaba llamando a voces a Lance, el telépata. Este, junto con Sebàstien, el tirador, se alojaba en el primer piso, al otro lado del gran salón, y ambos estaban aún despiertos, jugando una partida de ajedrez. Al oír el grito de Angélica, Lance salió al pasillo porticado, justo enfrente y una planta por debajo, y separados por el hueco del gran salón, de la joven que, parca en palabras (y, todo hay que decirlo, con buenos subalternos), sólo necesitó una mirada para Lance entendiera y lanzara un escaneo de la zona todo lo poderoso que pudo.

Se podrían decir muchas cosas de Lance (como que jamás se meterá en una pelea si puede evitarlo), pero era un profesional y los días pasados en la fortaleza los había aprovechado para tomarle las medidas al castillo. Detectó a tres personas (Iz, Saver y Clara) fuera de la fortaleza y supuso, acertadamente, que eran los intrusos. Dejó a Angélica y al resto del grupo la tarea de la limpieza interior y él, seguido por Sebàstien, bajó rápidamente al jardín que estaba tras la fortaleza para salir por la poterna y rodear la fortaleza por la estrecha senda que corría junto al borde del acantilado para salirles al paso a los intrusos.

Sin embargo, para cuando ya habían dado la vuelta a la fortaleza sabía que los intrusos se batían en retirada y que eran seis, no tres. Por mucho que lo intentaron, no lograron alcanzarlos y llegaron a la cala para verlos doblar el cabo rumbo a la isla sur. A Lance le bastó, con todo, para reconocer al samurái, Akane. Dejándose caer, exhausto, en la playa, abrió un canal de comunicación mental con Angélica, para dar el parte.

El segundo error fue dar por supuesto que Angélica trabajaba para Lothard. No lo hacía. Tenía sus órdenes. Y mató a Lothard para cubrir huellas, siguiendo esas órdenes. Lo que ocurrió después, la muerte o desaparición de todos los habitantes de la fortaleza (hombres, mujeres y niños), el incendio de ésta hasta los cimientos, la voladura de las bodegas secretas y del muelle subterráneo, y todas las demás cosas que ocurrieron, no fueron culpa suya. De hecho, la cabrearon bastante.

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