Lo que ice en mis bacaciones

Como hacía mucho calor, Alphonse nos llevó a mamá y a mí al norte, que se está más fresquito (aunque allí el sol les ofende). El viaje fue muy largo y Alphonse se puso malito y tuvieron que llevarlo al hospital, donde se pasó toda la semana. Pero por fortuna, allí estaba su primo, Cristóbal IV, alias El Tanque, que nos llevó de excursión todos esos días: vimos los grandes robles de más allá de la Dehesa, subimos hasta los Hornos, en la Calvilla, camino de las Torres; cansados del dorado del pino albal, fuimos al Bosque Negro (no vimos arañas), al otro lado del Cerro, con sus altos pinos negrales, los sonidos amortiguados, el suelo arado por los jabalíes…

Subimos a ver las tumbas de Navas, y a las de Revenga, para variar. A Sanza, claro. Intentamos subir a las fuentes del Duero, pero la pista estaba cortada. Nos resarcimos otro día que subimos casi hasta los picos de Urbión. Cuando Alphonse estuvo recuperado, decidimos probar un poco de civilización y nos pasamos por Covarrubias, previa visita obligada a San Pedro de Arlanza, con su pinsapo cuajadito de piñas. También nos acercamos a ver Los siete infantes de Lara que representan cada año en Castrillo de la Reina (con tantos años como llevan haciéndolo bien podían buscarse un director escénico que les recuerde que teatro no significa recitar un texto de memoria).

En fin, unos días tranquilos, lejos de ordenadores e internet y rodeados de pinos y robles, hayas y servales, rancajos y helechos, fuentes, hormigueros de dos pies de alto, cordero, cecina, cordero, cordero, carreteras reviradas, majorettes (sí, no preguntéis), cordero, la familia… Unos días tranquilos, pese a los cafés a las 12 de la noche y la cerveza caliente (¡qué placer, a la vuelta, la cocacola bien fresquita de Villacastín, primer pueblo en diez días donde las guardaban en cámaras y el vaso llevaba más de dos cubitos!).

Ya estamos de vuelta y toca recuperar el ritmo: volver a publicar en el blog, asfixiarse, buscar trabajo, corregir traducciones… En resumen, que estamos de vuelta al servicio, yo y yo, la marina rastafari.

Nos vemos en el Forlon.

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Un comentario para “Lo que ice en mis bacaciones

  1. Unos en el paro disfrutando de vacaciones obligadas en un entorno tan tranquilo (si quitas a la familia, claro), y otros pasando calor y sin posibilidad de pillar vacaciones.
    Si es que no hay termino medio

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