Full Metal Panic!

Full Metal Panic! es una serie de novelas ligeras de Shoji Gatoh e ilustradas por Shiki Douji, publicadas a modo de folletín (sí, como se hacía en Europa en el XIX con Dumas, Salgari…) y que ha sido adaptada a manga y anime. Nos presenta un mundo alternativo, donde la Unión Soviética aún existe y China está dividida en dos, tras una guerra. Hay tecnología que no debería existir, como los Arm Slave, mechas de combate, que recibe el nombre de Black Technology. La Black Technology, esto es, todo ese conocimiento científico y técnico que no debería existir en nuestro espacio-tiempo, llega a través de unos jóvenes que lo recuerdan, lo saben de manera innata. Reciben el nombre de Whispered y son carne de laboratorio para los grandes grupos de poder.

Una de las facciones es el grupo mercenario antiterrorista Mithril, afín a Occidente (o sea, una panda de terroristas capitalistas bien equipados para el otro bando), cuyo principal grupo operativo lo forma el submarino Tuatha Dé Danan, diseñado y al mando de la joven Teletha Testarrosa (Yukana: C.C., Lotti Gellar) una whispered. Las novelas y la serie arrancan cuando un equipo del Dé Danann es enviado a Japón para proteger a una posible whispered, una estudiante llamada Kaname Chidori (Satsuki Yukino, que usa el mismo tono que con Kagome en Inuyasha y de la que ya hablamos en ROD). El equipo está al mando de la sargento Melissa Mao (Michiko Neya, Maestro Delphine en Last Exile, Astharoshe Asran en Trinity Blood o Nancy en la comentada ROD) y cuenta con el experto tirador y mujeriego Kurz Weber (Shinichiro Miki, Urahara en Bleach, Shannon Casull en La princesa abandonada). El lío se monta con el que debe infiltrarse en el instituto para proteger a Chidori, el sargento Sousuke Sagara (Tomokazu Seki, visto por ahí, como Gilgamesh, Yuuichi Tate o Nobu, que espero alguien me diga de que serie son sin mirar la chuleta). Sagara es un militar experimentado a sus 16 años, y sólo eso. Lleva mamando guerra desde los cinco y es más lineal que Zanahoria a su llegada a Ankh-Morpork. Sus problemas para adaptarse a la vida civil, añadido a que Chidori no es, precisamente, una jovencita indefensa, serán francamente destructivos e hilarantes.

La primera serie, de la mano de Gonzo, nos llegó en 2002 con 24 episodios que adaptaban, más o menos, las tres primeras novelas. La serie es de las mejores de Gonzo, espectacular técnicamente y sin los bajones de ritmo, anticlímax y meteduras de pata varias habituales del estudio (si exceptuamos el tema tan, tan parecido al del Equipo A y algún episodios de relleno, demasiado absurdos y que sobran). El diseño de personajes, mechas, armamento y cachivaches varios es bueno, aunque la animación acusa los años si lo comparamos con The Second Raid. Los episodios alternan perfectamente acción y humor con el toque justo de sentimentalismo, y los seiyuus ya hemos visto que son de lo mejorcito. Es una serie que hay que ver, con uno de los mejores malos que he visto, Gaul, un auténtico hijo de perra psicópata (Masahiko Tanaka lo borda), grandes secundarios, escenas de acción bien planeadas y emocionantes.

La serie conoció una segunda parte, The Second Raid que esta vez nos llegó de las mágicas manos de Kyoto Animation y de la que hablaré en su momento, y una serie que recogía sólo la parte de comedia absurda, muy tontorrona pero con algunos episodios que no estaban mal, Fumoffu. Y, ¡por Dios!, que hagan ya una tercera.

No, no cuento nada más de la trama ni hago una sinopsis más allá de lo que he dicho. Si la habéis visto, ya sabéis lo que ocurre. Y si no, debéis verla.

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