X jornadas de rol y estrategia de Sevilla

Este fin de semana El Dirigible ha celebrado sus jornadas de rol, después de dos años de parón. En un principio se anunciaron para primavera y luego para septiembre. Un problema burocrático (o burrocrático) de última hora les obligó a atrasarlas quince días más, con cabio de sitio incluido, pues se ha cambiado la Alameda de Hércules por Las Setas, ya saben, el mamotreto ese que han levantado en el centro que costó cuatro pastizales, un proyecto de un harquitecto hartista cuyos cálculos no valían ni como papel higiénico (vamos, que no se podía construir), pero como el señor alcalde de entonces padecía la misma faraonitis que Gallardón, se terminó levantando a base de millones.

Decía, que desvarío, que se han celebrado en dicho lugar, al aire libre pero cubiertos por el mamotreto ese, con chiquillería chillona jugando a la pelota o con el patinete, guiris sacando fotos y un montón de ruidosos bares que amenaza, perdón, amenizan la velada a los vecinos… si sobrevive alguno. Los días han salido espléndidos, pero la estación no perdona y a las 20:30 ya no se ve un higo, no digo ya mirar lo que marca el dado.

Por lo demás, pues bien, más o menos como las otras veces que he asistido, es decir, el viernes por la tarde está la cosa tranquila (se caen bastantes partidas por falta de jugadores), el sábado por la mañana se acerca más peña (se caen algunas partidas) y por la tarde se llena hasta la bandera.

El viernes me acerqué a curiosear y a tomarme algo con unos amigos y, ¡oh, sorpresa!, me tropecé con un En busca de la ciudad perdida de Garan, al que le tenía ganas y que ya está en casa, esperando que saque un rato para leerlo. Es un tipo de módulo que, en principio, no es para mí (ni me gustan los juegos para los que está diseñado, ni la idea de ir moviendo pjs por casillas como si fuera un juego de mesa), pero ando enamorado de La tumba del rey Toro, del mismo autor, hasta el punto de plantearme dirigirla (yo, que siempre digo “si un dungeon dura más de dos sesiones, algo has hecho mal”), así que… para la saca. Por el precio que tiene, con que saque un par de aventuras lo tendré más que rentabilizado.

El sábado por la tarde dirigí una aventura de Ánima. Una aventura que ya dirigí hace unos meses (dos tpk en la misma sesión) y pensamos todos que sería una buena opción para unas jornadas (4 escenas, que se pueden jugar o no, más largas o más cortas, con lo que se adapta al tiempo disponible y al ritmo que se lleve). Tras probar, creo que está bien si los jugadores conocen el juego, pero para la próxima optaré por otras opciones. Tuve un chaval que se estrenaba en el rol (espero, de verdad, que se divirtiera lo suficiente como para animarse a jugar una segunda vez), una chica con alguna partida a sus espaldas y tres curtidos veteranos. Me costó, he perdido manejo de grupos grandes, y no pasará a la historia como una de mis mejores partidas, pero espero que se lo pasaran bien.

Y el domingo, partida de sorpresa de Runequest III, como jugador. No pensaba jugar estas jornadas, ninguna partida me llamaba, pero no puedo decir no a un RQ.

En fin, no ha sido mal fin de semana. De haber tenido intención de ir de jugador, como en las de 2013 (cuando disfruté con Pangea y Comandos de Guerra), eso sí, me habría quedado en casa, pues la oferta no se ajustaba a mi demanda. Debe ser que me hago viejo.

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