El primer enfrentamiento entre la Prieuré y los Guardianes había terminado mal para estos. Habían perdido el Grial y sus grimorios personales, con conjuros e invocaciones y ahora estaban en un pequeño bote a media legua de una costa que se entreveía a la luz de la Luna. Por otra parte, conservaban sus pellejos, estasis y libertad, así que el tanteo no era tan desfavorable. Lo primero fue ganar la orilla. Arribaron a una pequeña aldea de pescadores en la que vivía un nephilim que les dio refugio. Lo segundo era planear su siguiente movimiento. Todos se habían fijado en el mal estado en el que había quedado el bajel de la Prieuré, así que supusieron que Sigbert buscaría refugio en un puerto donde pudiera reparar el barco. El puerto de importancia más cercano era Génova.
Y a Génova se dirigió Sigbert, a remo, porque el mástil no estaba para fiestas. La razón de ir a Génova no era tanto el puerto en sí como que el preceptor de la casa del Hospital de la ciudad era un caballero de la Prieuré. Aprovechando un inusual buen tiempo para abril, lograron alcanzar la ciudad en poco más de un día y atracar entre una galera hospitalaria y otra del Temple que estaban en el puerto. Tras saludar a las respectivas guardias de las galeras, el teutón acudió a la casa del Hospital para entrevistarse con su preceptor, frey Reinaldo de Verona. Las reparaciones del bajel comenzaron de inmediato, a cargo del Hospital, y varias patrullas fueron despachadas en busca de los Guardianes. Para justificar la ayuda del Hospital, y de paso para servir de empujón en la carrera de frey Reinaldo en la orden militar, Sigbert le dejó copiar algunos de los conjuros de los Guardianes.
El Emperador es uno de los Arcanos Mayores más poderosos, lo que no es de extrañar ya que, desde sus orígenes, ha buscado el poder. Dominar el mundo humano con herramientas humanas: economía, política… Los miembros del Emperador esperan que, al dominar el mundo, las sociedades secretas humanas desaparezcan o queden subordinadas a ellos, y así poder tener una nueva Atlántida, un mundo donde los nephilim vivan en paz.
La anárquica y extrañamente funcional estructura del Carro sufre una serie de cambios desde el siglo IX, cambios que se originan sobre todo en las escuelas árabes y cuyo resultado más visible será la eclosión de las universidades europeas a partir del siglo XII. La estructura interna se jerarquiza, apareciendo diversos grados de iniciación. Los antes dispersos adeptos del Arcano se agrupan ahora, formando escuelas con maestros, alumnos, planes de estudio… Utilizan las escuelas islámicas y judías y las universidades como tapadera. Además, la red de refugios sigue funcionando igual de bien, y es tan anárquica como siempre: un «oye, voy a abrir una sede en mi pueblo» es lo único que se necesita.